Los verdaderos ricos

Allá en los tiempos del Barroco español se especuló mucho sobre el estatus del hombre. Sobre los que carecían de todo –en una sociedad altamente conflictiva a causa de su aguda crisis– se discutió hasta negarles su derecho a mendigar, enredándose en una espiral conceptual que dio de sí el estupendo concepto de “verdaderos pobres” a los que ese derecho podría respetárseles sólo una vez diferenciados de los “pobres falsos” por medio de una tablilla de bronce en la que la autoridad garantiza su condición. Me he acordado del tema –que tratan desde el doctor Pérez de Herrera hasta Domingo de Soto y que reaparece de continuo en el sermonario—al escuchar estos días, por aquí y por allá (quiero decir por Europa y por América), el debate sobre ese impuesto que, desde Obama a Rubalcaba, dicen que van a imponer a los “ricos” una vez que los millonetis franceses se han adelantado proponiendo ellos mismos que se les aumente el 3 por ciento su carga impositiva. Pero, vamos a ver, ¿quién es un “verdadero rico” hoy día? Para Obama no hay duda, pues dice muy expresivamente que, por ejemplo, el propietario de una petrolera o el de un yate, pero aquí entre nosotros no parece tan fácil la cosa, aunque Tomás Gómez, preguntado por Carlos Herrera, nos dijera ayer que un rico era, por ejemplo, Botín, es decir, el mismo personaje que esta legislatura se sentaba confidente a la derecha de ZP en el Olimpo financiero de la Moncloa. ¡Cuidado con pobres y ricos, ojo con que no nos roben la cartera esos tipos fantasmales tan fáciles de confundir hoy como hace cinco siglos! Uno que hasta antier fue asesor de ZP acaba de advertidnos, por lo demás, sobre los riesgos de fuga que implican estos rejones fiscales, es decir, lo mismo que dijera la vicepresidenta Salgado cuando explicó por qué el Gobierno de izquierda ni le tose a los refugiados en la “sicab”, ese paraíso en medio del purgatorio.

La socialdemocracia – porque habrán notado que aquí de socialismo no habla ya ni dios—la tiene tomada con el personal que gana sobre 3.000 euros al mes. Y ahí tienen una coincidencia más entre ese “titanic” y la variada pelambre del 15-M, que le va a venir muy bien para abroncar la calle en cuanto el liberalismo conservata logre echar al violinista por la borda, que todo parece que se andará. En USA resulta que el consumo de lujo ha aumentado un diez por ciento y me imagino que lo mismo debe de haber ocurrido en España a cencerros tapados, con la diferencia de que allí el magnate Buffet se pregunta cómo es posible que su secretaria pague más impuestos que él y aquí, en cambio, el expresidente Glez. diga que quiere que las elecciones las ganen sus amigos. ¿O sea, Slim?

“Macht ball”

¿Quién le habrá aconsejado a Griñán boicotear el acontecimiento deportivo que significaba para Córdoba y para Andalucía la celebración entre nosotros de la Copa Davis, con foto de Nadal al fondo? No es difícil conjeturar que la broma la va a salir electoralmente por un pico pero, insisto, lo difícil no es entrever ese augurio, sino dar con la razón que haya podido convencer de ese desatino a nuestro primer mandatario, imaginar la media voz de esos consejeros friquis animándolo a dejar tirada a una capital y una provincia por la que él mismo ha sido diputado tantas veces. Se le ha escapado de las manos una baza que le ponían a huevo. No es extraño que los rivales se estén frotando las suyas.

La casa por la ventana

La Defensora del Pueblo en funciones ha dejado sin resuello a sus Señorías en el pleno del Congreso al anunciarles por sorpresa que va a solicitar al Gobierno que estudie la posibilidad de reformar el Código Penal de manera que el despilfarro perpetrado en las instituciones públicas pase, de ser una mera anécdota casi previsible, a constituir delito. Ante el insólito anuncio, le ha faltado tiempo a un diputado catalanista para manifestarse “asombrado” en nombre de sus compañeros, y a otro, astilla del mismo palo, para largar la soflama de que esa Oficina del Defensor no es, en definitiva, más que “el brazo ejecutor de la catalanofobia” (nótese la audacia de la paranoia) funcionando “al servicio de la derecha nacionalista española”. Los demás se han limitado a mirarse perplejos unos a otros, pero no me cabe duda de que la noticia sería acogida con entusiasmo, de ser divulgada como merece, entre la inmensa mayoría de este castigado pueblo, porque lo que ha hecho la Defensora no es más que ponerle voz al disco rayado de una opinión pública que no comprende el actual espectáculo de los Ayuntamientos arruinados, las autonomías empeñadas hasta las cejas y las miles de empresas públicas que devoran nuestro erario. Millones de españoles se plantean hace tiempo esa pregunta clave, a saber, por qué si un empresario privado falsea su contabilidad va derecho al trullo mientras que si un político enreda cuentas, gasta facturas falsas y acaba embargando a su institución no está sujeto a sanción alguna. Y eso es, sencillamente, lo que, no poco ingenuamente, plantea ahora esa Defensora que mucho me temo que por ese camino tiene cruda su confirmación en el cargo.

Con el tiempo se verá claro que la crisis ha provocado, junto a la devastación de amplios sectores sociales y al descrédito de todo un Sistema, que aflore sin ambages la podre que escondía la sentina de nuestra vida pública, patrimonializada por los partidos (por unos y por otros, aunque por unos más que por otros) desde la tesis boba expuesta en su día por una ex-ministra de que “el dinero público no es de nadie”. Nunca ha sido tan enorme la insolvencia de nuestras instituciones ni nunca la actitud escandalosa alcanzó cotas tan inverosímiles como las alcanzadas por espectáculos de depredación como los actuales. Y ello explica que la gente se pregunte por qué quienes de esa manera desvergonzada despilfarran nuestros impuestos, lejos de responder ante el juez por sus mangancias y trapacerías, se vean recompensados con nuevos y mejores cargos. Lo que la Defensora pide es, por el momento, una quimera. Pero, ojo, porque mañana, de vuelta de la almoneda, quién sabe.

Alcaldes, fuera

Pocos argumentos tan cínicos como ése de que los alcaldes no deben ser diputados porque han dedicarse en exclusiva a sus pueblos –mientras esos alcaldes fueron del PSOE fue siempre al revés, esto es, se decía que un alcalde en el Parlamento acercaba su pueblo al centro de decisión política—o como ese otro, absolutamente mendaz, de que no es bueno que un político cobre dos sueldos puesto que esa posibilidad no existe con la actual normativa. Lo que el PSOE pretende es descabezar una Cámara en la que, eventualmente, podría tener el papel de Oposición, quién sabe por cuantas legislaturas. En pocas ocasiones una maniobra en enroque político ha resultado tan burda como ésta de imponerle a los pueblos a quién pueden votar y a quién no.

El tesoro lepero

Cualquier cosa podía esperarme yo de mis amigos leperos menos verlos metidos de hoz y coz en un cuento de tesoros, hoy que los niños han olvidado ya esas fantasías, entretenidos como están con las peripecias de Bob Esponja y el desafío de sus “nintendos”. Pero ahí lo tienen: esta misma semana ha habido que levantar cinco losetas de la iglesia de Santo Domingo –la misma que cuando el tsunami de Lisboa perdió su espadaña—en busca de un tesoro anunciado por un anónimo que, durante un ensayo, encontró el miércoles pasado, y por casualidad, un grupo flamenco que ensayaba sus artes en el templo. Un viejo papel caligrafiado a lápiz, depositado bajo una de las losas, enviaba al futuro el consabido mensaje: “Año 1936. Los rojos me persiguen, he escondido mi mejor tesoro cinco losas a la izquierda. Si muero, espero que caigan en buenas manos”. Y el párroco decidió investigar el misterio, quién sabe si sugestionado por el famoso asunto del oro de Rennes-le-Château que consagró el camelo brillante de Gérard de Sède hace más de cuarenta años y que ha convertido aquella aldea en un centro turístico de primer orden, siempre en el ámbito penumbroso y sugestivo de cátaros, templarios y masones. No había nada, por supuesto, bajo el enlosado lepero y, en cierto modo, casi me alegro porque el rollo del tesoro era lo que le faltaba a ese pueblo notabilísimo para rematar una de las famas más impropias que yo he conocido. Mejor así: Lepe ha sido y es (desde los “Canterbury Tales” por lo menos) un pueblo industrioso que no se merece otra leyenda que la muy auténtica de su talento.

Hoy día no hay ya tesoros a salvo de los detectores que gasta la rapiña arquelógica y menos aún leyendas de tesoros ocultos como la que yo mismo oía contar en mi casa familiar y que, como tantas, resultó ser una farsa embromada. Si acaso quedan hoy tesoros hay que buscarlos, no en los mapas de islas ignotas, sino en las gerencias de urbanismo, no en la clave canalla y romántica del capitán Flint sino en las trapacerías y el arte menor de los poceros, giles, rocas y sandokanes, que no buscan doblones sino expedientes, ni ducados sino recalificaciones. No es hodierna la imagen de la tripulación maldita ni quedan ya islas que no vengan en las cartas de marear, del mismo modo que no es creíble para un cura de Lepe –¡aunque lo haya sido!—una patraña como la que explotó tan misteriosamente aquel Berénger Saunière que sostenía con diablos su pila de agua bendita. Un genio del catolicismo disidente dijo, va ya para dos siglos, que cuando Dios condenó al hombre al trabajo escondió en éste un tesoro. Quizá. Al menos los leperos han trabajado toda la vida como atenidos a esa sentencia.

Vivir de los símbolos

El presidente de la Junta, José Antonio Griñán, le ha espetado al presidente del PP, Javier Arenas, que “puesto que usted es de derechas, defienda con arrogancia su ideología”. Pero enseguida, el coordinador general de IU, Diego Valderas, ha terciado en el pulso para reprocharle al propio Griñán su “política de derechas”. Así se gana el sueldo estos simbolistas, definitivamente de espaldas a una ciudadanía que hace mucho que sabe que no existe la menor diferencia entre los principios de las políticas de unos y otros desde que la llamada derecha fue ocupando posiciones tradicionales de su oponente mientras la sedicente izquierda se amilanaba bajo los escombros del Muro. ¿Es de izquierdas prolongar a 30 años el contrato en prácticas, lo es abolir el límite de la contratación eventual, como ha hecho el PSOE dejando que el PP se erija en defensor del contrato fijo? Van a tener que buscarse otro reclamo para seguir viviendo del cuento.