La peor estafa

Desde Huelva hasta Almería, nada menos que 17 provincias, ha desmantelado la autoridad montajes más o menos sofisticados para estafar al desdichado más extremo: el inmigrante sin papeles. Un negocio que no es nuevo y que, en ocasiones, se ha producido en las mismas narices de esa autoridad, una maldad incomparable tal vez que debería ser castigada con una severidad ejemplar y más un país que tanto sabe de emigraciones y tanto debe a la inmigración. Nadie tan indefenso como esos parias y por eso mismo tan expuesto a la rapacidad canallesca de una delincuencia que tampoco debe de ser tan difícil de detectar en esos pueblos y en esos tajos tan pequeños. Con todo lo que estamos viendo en esta sociedad enloquecida, estafar a un hombre pobre que busca un trabajo para vivir, no queda muy lejos de lo peor.

Maldita Herencia

La heredera de L’Oréal, esa millonaria francesa de 88 años que mantiene en vilo a la opinión desde hace demasiado tiempo, ha sido puesta bajo tutela de la hija que defiende con uñas y dientes su derecho a la herencia mientras le niega a su madre el de disponer de su fortuna. La tutelada había prometido largarse al extranjero y declarar la “guerra nuclear” a su hija en el caso de producirse esta decisión judicial, pero todo indica que, finalmente, habrá de aceptarla y limitarse a contemplar la gestión que su yerno haga de sus capitales, así de limitadas son las capacidades del anciano sin ley y con ella. Se acabó, pues, la sugestiva novela de la anciana millonaria que hacía de su capa un sayo del bracete de un fotógrafo mucho más joven y beneficiario ya de espléndidos regalos, como si el derecho de propiedad tuviera edad y, en consecuencia, fuera limitable por los mismos expectantes herederos que defienden tan rotundamente el derecho propio. Mala cosa, el derecho de herencia. ¿A que conocen ustedes de cerca multitud de casos en que ese derecho ha roto sin remedio familias siempre unidas? Frente a un Marx que no veía preciso eliminar la herencia confiando en que la abolición de la propiedad privada la convirtiera algún día en fruta madura, Bakunin hizo vibrar a la Primera Internacional con el argumento de que ese derecho sustituía la desigualdad natural entre los individuos por la desigualdad artificial de clase, algo que Babeuf había entrevisto ya antes de que le cortaran la cabeza y que seguiría haciendo ruido durante decenios, como es natural, sin grandes resultados. En España acabamos de vivir un astracán similar resuelto, ciertamente, con mayor habilidad por la vieja dama protagonista, pero recurriendo también, ay, a la componenda que implica la renuncia a su derecho genuino. Sé que hay que defender a los hijos frentes a la eventual prodigalidad de los padres pero, díganme, ¿y quién defiende a los padres de la rapacidad tantas veces clamorosa de los hijos?

Dicen que Lilliane Bettencourt padece una “demencia mixta” y un Alzheimer “moderadamente severo”, pero yo lo que creo es que tiene demasiada pasta y excesivas ganas de vivir, dos inquietantes capacidades vistas a ojo de buitre. Si malviviera en una residencia privada de su talonario, seguro que esos herederos dejaban en paz a la jueza y a la opinión pública, y hasta es posible que le agradecieran al romeo de mamá sus visitas y su compaña. La herencia es un mal asunto, un mal necesario tal vez, pero jodido. Veo la cara de esa anciana surcada por los años y no encuentro el modo de darle a la hija (y al yerno) la parte de razón que, por lo visto, les asiste.

Infamia en directo

Desde la Audiencia sevillana se emitirá, a cargo del erario público, una “señal institucional” mientras dure el juicio por el triste caso de Marta del Castillo. Foco y plató para el despreciable criminal confeso que se mofa de la Justicia tanto como se mofó de la Policía y, por supuesto, para su corte rufianesca. ¿Qué aporta a la sociedad tan suculenta ración de morbo, quién gana con la publicidad de tanta miseria, qué puede aportar el espectáculo en directo del fracaso de la autoridad y del triunfo del pingoneo? Hay transparencias que no son sino turbiedades y ésta de retransmitir ese teatro es una de ellas porque servirá a esa chusma inhumana para extremar su propaganda. Me malicio que esos abyectos no sólo van a salir medio qué de la prueba, sino que hasta puede que acaben forrados a cuenta de su crimen.

Mitos de timba

Le he pedido a Gonzalo García Pelayo, ese sabio de lo aleatorio que ha desplumado a tantos casinos, su opinión sobre mi colección de historias o leyendas, no sé, que versan sobre tahúres portentosos y genios dedicados al saqueo de las timbas. Lo de esos tres italianos a los que la policía ha echado el guante en Cannes por levantar una fortuna en pocas horas utilizando unas lentillas que les permitían ver las imperceptibles marcas de tinta que identificaban las cartas de una baraja introducida en el garito por un cómplice. O lo de esa misteriosa dama húngara que habría ganado cerca de dos millones de euros utilizando un minúsculo ordenata oculto en su telefonillo que, al permitir medir la velocidad de la bola en la ruleta, determinaba en una fracción de segundos seis casillas en las que indefectiblemente había de alojarse finalmente. También le he contado a Gonzalo el caso de un trío fullero  que, hace ya unos años, creo que en 2004, desplumó más de una treintena de casinos utilizando una cámara oculta que desde la manga de uno de ellos permitía filmar al crupier. Gonzalo es una leyenda en este campo pero con la particularidad de que él jamás recurrió a la trampa sino a la observación  atenta que, apoyada en el cálculo de probabilidades, le permitió ganarle la partida a unas mesas que jamás hubieran perdido si hubieran sido perfectamente aleatorias, pero que, ignorantes de sus propios defectos, permitían al estudioso detectar tendencias. “La probabilidad prevista para cada bola es de 1/37, dado que en la ruleta hay 37 casillas incluido el cero, eso es todo. No se le gana a la ruleta correcta, se le gana a la que está físicamente mal”. Gonzalo cree poco en estas noticias divulgadas y es muy probable que lleve razón en que, en la mayoría de las ocasiones, lo que circula por ahí son inventos más o menos verosímiles acogidos a sagrado bajo le irresponsabilidad periodística, pero que no resisten un análisis serio. Me ha defraudado, la verdad, porque no voy a negarles que la mera posibilidad de la trampa al tramposo me sedujo siempre.

 

Pronto veremos la película de Eduardo Cortés que, bajo el título de “De Pelayos” cuenta la fascinadora historia (porque esta vez no es leyenda) del círculo de Gonzalo, hijos y amigos incluidos, esa troupe a la que el Tribunal Supremo amparó frente a los casineros que la rechaza argumentando que lo que hacía para quebrar casinos “no sólo era legal sino que resultaba ingenioso”. ¡Los ropones rindiéndole homenaje, quizá sin saberlo, al dúo Pascal-Fermat! Entre los muchos triunfos que le conozco a Gonzalo, ninguno mayor que ése.

Obstrucción municipal

¿Qué hacer si un Ayuntamiento es heredado en la más absoluta ruina y, encima, las Administraciones gestionadas por el PSOE, es decir todas, deciden asfixiarlo por completo prolongando –hasta las elecciones por lo menos—el cierre hermético de todos los grifos? En Valverde del Camino se vive ahora mismo una huelga general porque la Diputación, la Junta y el Gobierno se niegan en redondo a concederle crédito para escapar a la quiebra en que los gestores del PSOE han dejado al pueblo, sin duda con la absurda intención de enfrentar al nuevo gobierno municipal –que ha volcado el puchero—con los trabajadores y con el propio pueblo. PSOE e IU se niegan, mientras tanto, a respaldar en el Parlamento una salida decorosa. El viejo caciquismo era una broma comparado con el actual.

Juez al agua

Habrían de leer ustedes el voto particular que un magistrado del TSJA ha añadido a la sentencia que inhabilita al juez Serrano por el hecho ya famoso de haber prolongado la estancia de un  menor con su padre separado para que aquél que pudiera asistir a una procesión en Sevilla. Van en encontrarse en ella con muchos razonamientos de cajón que los otros dos jueces del tribunal se han pasado por el forro, y hay que decir, de entrada, que ese Tribunal –cuya dignidad no cuestiono ni por asomo—consta de tres miembros designados digitalmente, en definitiva, por el poder. ¿Y cuál de los tres ha sido en este caso el instructor del caso? Pues aquel que, al menos teóricamente, además de o no ser juez de carrera, fue elegido por el Parlamento, es decir, el teóricamente más próximo la postura partidista que, en el caso de Serrano, no cabe duda que cifra su enemiga en que el juez juzgado se ha convertido en un auténtico emblema de la muy razonable objeción a esa Ley de Violencia de Género cuyo tenor no quedará otro remedio que variar a causa de su patente carácter discriminatorio contra el varón. ¿Y quién fue el redactor del voto particular? Pues el único miembro del Tribunal que, juez de carrera, procede de otra Sala para suplir la ausencia legal del instructor. Puede que ustedes me digan aquello de “verde y con asas”, pero como yo no quiero pleitos y menos con la Justicia, no añado ni una hipotética tilde a semejante y lógica deducción. Creo, con la mano en el pecho, que a Serrano se lo han llevado por delante por discrepar de lo “oficialmente correcto” y de ahí no me apeo, con la satisfacción añadida de comprobar que mi ínfimo criterio coincide con el de un numeroso colectivo de jueces con todas las de la ley. Es más, ¿cree alguien que si Serrano llega a pertenecer a una asociación de jueces de las que pesan en nuestro sistema y no a una testimonial, lo hubieran despachado con tanta alegría? Vamos, anden.

 

La Justica predecible es lo último o lo penúltimo en una sociedad que aspire a respetar el derecho. Y aquí es previsible ya desde las instancias lugareñas hasta las más encumbradas. ¿Hará falta recordar el ridículo pulso TS-TC a propósito del Estatut catalán? Como la esperanza es lo último que se pierde, aún confío en que a Serrano lo absuelvan en lugar de indultarlo, como vergonzantemente solicita el TSJA. Y en esa tesitura, también espero que la Fiscalía –a la que no le faltan talentos– deje de hacer el ganso imputando un día y retirando cargos al siguiente. Porque éste no es un caso cualquiera sino un escarmiento general al que nuestros ropones deberían resistirse como quien defiende la última empalizada.