Velocidad de crucero

La forzosa inacción de la juez Alaya ha provocado una especie de confianza en los amenazados por el “caso ERE”, que ven en la complejidad de esa maraña y en la marcha minuciosa de la instrucción, una esperanza de salir ilesos del brete. Por eso ha producido cierta sorpresa, en general, el ritmo rápido que ha tomado el procedimiento y las duras medidas adoptadas por la juez, demostrando que el “caso” estaba ramificado por media España. Hace bien esa juez expeditiva que quiere dejar todo bien atado antes de imputar a aforados, pero debe darse cuenta de que tiene en sus manos un enredo que concita la expectación nacional precisamente porque se espera que se impute a los de arriba.

El nuevo opio

El pasado jueves fue elegido presidente por la Asamblea Nacional Popular de China el camarada Xi Jimping que ya era secretario general de Partido Comunista desde el XVIII Congreso. Lo fue no por dos ni por tres tercios sino por 2.952 votos de los que sólo uno fue en su contra mientras que tres optaron por la abstención, probablemente a la fuerza porque, como cuentan que ocurría en las Cortes franquistas, siempre se contaba con unos cuantos incontrolados perfectamente conocidos e incluso había que encargar a otros cuantos que se salieran del tiesto para hacer más verosímil el sufragio. Hay regímenes que nunca han perdido una votación en sus asambleas, pero siempre es conveniente, por la cosa de las apariencias, que se manifieste siquiera una mínima disensión, que en el caso de la elección del vicepresidente Li Yuanchao ha alcanzado los ochenta votos en contra y treinta y siete abstenciones. Así se consolida la China comunista que, a pesar haber incrementado el gasto militar a lo burro, todavía crece a un 7’7 por ciento del PIB que miran con estupor y alguna envidia desde Occidente los gurús del neoliberalismo. Italia está en recesión y ante un futuro imprevisible, pero muy posiblemente tendrá que repetir elecciones para remediar la situación en la que la han dejado los guasistas que han votado a Berlusconi y a Beppo Grillo. Para que vean que nada tiene que ver la libertad con el crecimiento, desgraciadamente, y que está por explicar este vértigo económico de un régimen como ése, empeñado en mantener la momia de Mao y en reconocerse comunista.

No hay cifras fiables sobre la miseria ni sobre la pobreza en aquel enorme país. Las que hay se refieren sólo al despegue meteórico de una economía que ha logrado apoderarse de la deuda internacional; está invirtiendo de modo desaforado en África; y controla, en creciente medida, el comercio interior de las democracias occidentales aparte de haberse convertido en su fábrica común. Habrá que revisar la teoría, pues, y considerar la posibilidad de que los chinos hayan dado con el momio de un sistema comunista que produce un puñado de millonetis al día, mientras nosotros nos pudrimos alardeando de libres en la charca de la recesión. Y ya lo ven, un solo voto en contra, la práctica unanimidad engalanada con el discrepante, y el negocio viento en popa. No me tienta ese modelo mandarín, desde luego, pero menos si cabe la kermesse italiana.

Si hay caso

La mentira tiene las patas cortas como acabamos de comprobar en el caso Invercaria, del que el portavoz der Griñán dijo hace bien poco que “no había caso” pero que ya tiene siete imputados en la buchaca. Esta situación de la Junta bien merecería una jerarquía respetable y capaz de afrontar un debate parlamentario en condiciones, dentro del que se explicara cómo es posible que se haya acumulado tanta podre bajo la piel de la autonomía. No lo harán, pero en el pecado han de llevar la penitencia porque el tiempo pasa que vuela, incluso en la campana pneumática de la Administración de Justicia.

Dios y el Papa

Muchas y muy distintas están siendo las reacciones ante la elección del papa argentino por parte de los hispanoamericanos. Un zote como Maduro, el sucesor de Chávez, ha asegurado que su antecesor ha influido a buen seguro sobre el Paráclito para que alumbrara a los cardenales el camino de esa elección trascendental. Gran elogio le ha dedicado también desde Ecuador el postchavista Rafael Correa contrastando con la lógica frialdad del mensaje de la Kirchner. En general, las corrientes llamadas progresistas califican al papa Francisco de reaccionario porque se las trae tiesas en asunto como el de los matrimonios gay o el aborto, y recuerdan su petición de perdón por su tibieza durante la dictadura militar en el año 2.000, pero hay sectores en todas las orientaciones, incluido el peronismo, que ven en él, al margen de un motivo de festejo chauvinista, una oportunidad histórica aún por descifrar. Pero hay una adhesión que me llama la atención sobre todas las demás y es la del gran Maradona –“Dios”, como saben, para el sector forofo de aquel gran país–, quien ha dejado en Internet una entusiasta nota en la que celebra el nombramiento, que atribuye, como el éxito futbolístico del Mundial del 86, a esa “mano de Dios” que hizo decir entonces en Argentina que el Dios del balón redondo era paisano no sé bien si de Borges o de Gardel. El “Pelusa”, que se declara católico ferviente y que ya tuvo ocasión de intimar algo con el papa Wojtila, razona que si la presente elección se debe, en efecto, a esa mano de Dios es que el corazón de la religión reside en su país. Voy a guardar como oro en paño este documento para comprarlo con el que este dios tan terreno escribirá en su día, estoy seguro, como obituario de Fidel, este dios de los “cabecitas negras”.

Lo malo de estas excepcionales ocasiones es que lo mismo has de agradecer el elogio que te dedica un selecto que el que te endosa un malevo, y en el caso de Maradona especialmente, dada la afición del papa Bergoglio al fútbol y al tango. Nunca llueve a gusto de todos, ni siquiera en Argentina, ese país edípico y descalabrado del que nos ha llegado este inesperado pontífice que, como Wojtila, ha recordado alguna vez a alguna lejana novia. Alguien se ha lamentado de que no esté ya ahí Borges para escuchar su comentario pero, como a falta de pan buenas son tortas, ahí está nada menos que el dios nacional dándole la bienvenida desde su destierro dorado en Dubai.

La crisis, para los demás

Sueldo de una diputada regional de Almería, doña Rosalía Martín: 3.029 euros de salario; 1.640 más por residir tan lejos del Parlamento; otros 783 por ser portavoz en comisiones; 648 por desempeñar la secretaría de IU; 491 por presidir la comisión de Asuntos Europeos y 333 por vicepresidir la Comisión de Seguimiento y Control de la Financiación de los Partidos Políticos. Y no es la única en su provincia en cobrar más que el Presidente de la Junta. La crisis, evidentemente, no va con ellos, sino con “los demás”, con los que quedan fuera a la intemperie. No he visto un comunismo más rentable en mi vida. Yo diría que en esas condiciones cualquiera lo sería.

La mala memoria

Está a punto de cumplirse el 75 aniversario de la anexión de Austria por Hitler, la famosa Anschluss, y un intenso movimiento crítico sobre el acontecimiento está volviendo a cuestionar la opinión pública austriaca. Los austriacos, de los que se dice que son tan listos que han hecho creer al mundo que Hitler era alemán y Freud austriaco, parecen empeñados en corroborar la dura estampa de su pueblo que Thomas Bernhard me temo que dejó consagrada para siempre, y nada más apropósito para confirmarlo que los resultados de un sondeo encargado por la revista Stern que se ve básicamente confirmado por las encuesta de Der Standard y del británico The Independent. No voy a desgranar datos, sino que me limitaré a reseñar la coincidencia de fondo de todos ellos en el sentido de que el ciudadano medio parece haber olvidado aquella locura hasta el punto de que casi la mitad de la población –un 42 por ciento concretamente—manifiesta hoy que “la vida no era tan mala bajo los nazis” mientras más de la mitad de ella cree firmemente que estos, los nazis, obtendrían representación parlamentaria hoy en caso de ser autorizados a concurrir a las elecciones. La apoteósica recepción que ahora hace tres cuartos de siglo le dieron los vieneses a Hitler no fue, tal vez, un efecto pasajero del ambiente de la época sino algo más profundo en el psiquismo nacional. ¿Creerán que cuatro de cada diez ciudadanos austriacos estiman como probable una vuelta a la persecución antisemita? Pues eso es, al menos, lo que ellos mismos le dicen al encuestador. Puede que aquel pavoroso escarmiento no fuera, a pesar de todo, suficiente para abrir ciertas molleras y que la ominosa imagen del país rendido a un maniaco dictador estuviera ahí agazapada todavía, quién sabe si aguardando otro momento oportuno. Lo cual, qué duda cabe, no deja de ser escalofriante.

Las heridas cicatrizan, los pueblos olvidan y es sólo cuestión de tiempo comprobar que pocas veces se escarmienta del todo. Comprobar en estas encuestas que la memoria de la nación oprimida y de los terribles crímenes que entonces se perpetraron nos deja una triste sensación que abre la puerta de par en par al puro pesimismo. También en España padecemos desde hace un tiempo esta flaqueza de la memoria que constituye el acceso más propicio a la reincidencia. Quizá la pintura de Bernhardt era, más que un retrato de época, una descarada exhibición de la más honda psicología.