La otra prensa

La Gran Bretaña es conocida como un país civilizado y respetuoso con la libertad ajena. Su prensa amarilla es, por el contrario, una de las más detestables. En estos momentos se sustancia en aquella sociedad un brioso pulso entre ese periodismo encanallado y las víctimas del espionaje de la intimidad, que se cuentan por muchos cientos y no sólo por los abusos del magnate Murdock. Hablamos de un país en el que los padres son capaces de explicar a sus hijos el cambio de sexo de su profesor de una manera sencilla y, de paso, leerles la cartilla, una sociedad abierta en la que es posible que la dirección de un colegio comunique a los padres una decisión de ese calado con esta frase modélica: “El señor Upton ha pasado recientemente por un cambio significativo en su vida y hará una transición para vivir como una mujer”. Qué lejos de este país nuestro de cabreros, ¿no? Pero también hay que decir que, junto a tan admirable cultura del respeto, ha crecido la ortiga irritante e invasora de esa industria del cotilleo que es el periodismo alcahuete. En el caso del “señor Upton”, devenido en “señorita Meadows”, acabamos de ver ese tumor bajo la poderosa lente que suele proporcionar la tragedia, y hemos contemplado la terrible escena del suicidio de una profesora que, según había improvisado un periodista cretino, “no sólo había elegido el cuerpo equivocado sino el trabajo equivocado”. Ya ven qué miseria, y ya ven que contradiós, que con la complicidad de la prensa huelebraguetas, ha conseguido que una profesora que, según esos padres admirables, “nació con el cerebro de una mujer y el cuerpo de un hombre”, se haya visto acosada hasta el extremo de quitarse la vida. El cretino, un tal Litteljohn, puede estar miserablemente contento. Sus lectores, también.

Aquí aún no hemos llegado a tanto –¿o sí, y no lo sabremos?–, por más que hayamos asistido durante estos últimos años a un festival en un pudridero en el que colaboran, cuando se tercia, periodistas y políticos. En nombre de la libertad de expresión, faltaría más, y con la misma indiferencia con que una jauría de lobos daría cuenta del conejillo sorprendido. Y de semejante guarrada no es responsable sólo el “medio” amarillo ni sus feroces predadores, sino también, y en primer término, diría yo, la muchedumbre moralmente asilvestrada que devora cada día su ración de “qué dirán”. Un réquiem por esta penúltima víctima y todo el asco del mundo para sus verdugos virtuales.

Lanzas y Cía

Entramos en la primavera con esa indigna foto del “conseguidor” ugetista Juan Lanzas, o la del ex-director de Empleo Guerrero sonriendo a la galería camino de la trena, más los detalles filtrados del auto de la juez Alaya describiendo la inconcebible osadía de estos mangantes y la presunta complicidad de algunos políticos. Pero no nos engañemos: un Juan Lanzas no surge por generación espontánea ni golfea en solitario, sino que es fruto podrido de la corrupción político-sindical y cuenta, naturalmente, con su mesnada de golfos adjuntos. ¿Y no se enteraron de esto los responsables máximos de la autonomía? Pues vaya un modo de ejercer la responsabilidad “in vigilando”.

Chipre

No estoy de acuerdo con quienes ven en el intervención europea en Chipre sólo un paso más del “protectorado” alemán en que se ha convertido la UE. Es verdad que ésta ha actuado de una manera pésima, desdiciéndose en una semana dos o tres veces y que, se mire como se mire, la medida aplicada a los depósitos –al margen de sus causas—no es más que una confiscación, un expolio si se prefiere, que menos mal que ha elevado el listón hacia los capitalistas más ricos eximiendo a las clases medias. Y digo que no estoy de acuerdo porque siempre me parecerá bien que se desmonte un paraíso fiscal aunque para ello haya que emplear métodos que comporten ciertos riesgos colaterales. Chipre, además de un apoyadero geopolítico, ha sido siempre una base financiera para los micénicos, para Alejandro, para Bizancio, para los árabes o los venecianos. Ricardo Corazón de León la conquistó durante su aventura cruzada para vendérsela a los templarios poco después y, tras perderla éstos, convertirse en un feudo franco apoyado por el Papado (vean a Hill, “A History of Chiprus”) que veía en la isla una excelente sede financiera. Una isla nacida para paraíso fiscal, en una palabra –como las Caimán, como Gibraltar, como Andorra…–, que en estos tiempos de la globalización ha revalorizado ese papel. ¿Por qué lamentar que se desmantele un “paraíso” refugio de los beneficios del mal? A salvo los legítimos intereses de los ciudadanos de a pie, celebro ese zarpazo al “capitalismo sumergido” y celebraría más aún que hubiera ocasión de desmantelar unos cuantos “paraísos” más.

Otra cosa son los modos, la política europeísta, ese fracaso de la burocracia bruxelense que en una semana ha dicho a un tiempo blanco y negro, para terminar con el absurdo exabrupto del beocio que preside el Eurogrupo y que ha hecho temblar las bolsas en medio planeta. Chipre, como los demás garitos de su índole, deberían ser intervenidos sin escrúpulos tanto por los neoliberales como por los socialdemócratas, porque ese oficio de los tesoreros ciegos es uno de los graves impedimentos de la normalidad económica, imposible mientras un capitalismo negro duerma en paz bajo la manta del dinero blanco. Como en Suiza, mismamente, donde se ha hecho del delito un mérito con la aquiescencia de todos. Otra cosa es qué será de Chipre –miembro de la UE al cabo—cuando le abran los cofres secretos. La crisis está forzando estas sorpresas que hacen tambalearse al sistema entero.

Tiempo lento

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha confirmado la condena que pesaba sobre el ex–alcalde de Camas u otros tres implicados más en un caso de cohecho ocurrido en 2005, cuando se dice que intentaron comprar a una concejal de IU. Pues muy bien, que cada palo aguante su vela, pero ¿no les parece que ocho años son muchos años a la hora de impartir Justicia? La Justicia tardía no es Justicia, sostuvo el romano, y seguro que la mayoría de los ciudadanos corrobora hoy. Nuestra democracia quiebra estentóreamente en estos retrasos agotadores que llegan a quitar sentido y utilidad a las decisiones judiciales.

Torso desnudo

En una página da Facebook tunecina, “Femen-Tunisian Fanpage”, se asoma una joven liceana, aún por graduar, mostrando al ciberespacio el torso desnudo sobre el cual puede leerse, escrita en árabe, una frase demoledora: “Mi cuerpo me pertenece y no es el honor de nadie”. Se llama Amina y sobre ella ha caído sin tardanza en su web tanto ardientes alegatos de defensa como descalificaciones sin cuento y amenazas directas de muerte por parte de los más radicales, mientras los incipientes movimientos feministas se han desmarcado de la acción provocadora alegando la inconveniencia que supone organizar polémicas inútiles y “dar más grano que moler” al extremismo islamista. A lo cual Amina que, la verdad sea dicha, está como un queso, replica desde la ingenuidad convincente de sus dieciséis años que a ver por qué razón nadie se inmuta ante el torso desnudo del varón mientras que la exhibición del femenino provoca tanto escándalo. “Dennos nuestros derechos y llevaremos el niqab si fuera preciso”, dice antes de protestar frente a la incomprensión alegando que más les valdría a todos, incluidas las feministas tibias, plantarse ante la situación real de la mujer tunecina actualmente acosada, agredida e incluso violada. “El cuerpo de una mujer no pertenece a nadie, ni al padre, ni al marido, ni al hermano”, remacha Amina, y uno mira esa imagen ilustrada con el garabato alárabe, valga el arcaísmo, y está tentado de darle la razón por completo a la amazona. En India y Pakistán, como en otros muchos lugares sometidos al integrismo, se registran a diario agresiones de esos “dueños” imaginarios, una veces con ácido corrosivo, otras con el filo de la navaja, pero hay gestos cada día más elocuentes –ahí está el de Amina—que prueban como tiemblan los cimientos bajo esa arcaica construcción ideológica. Habrá que ver en qué acaba este “trending topic” conseguido por la rebelde colegiala. El primer día hubo ya en la página cuatro mil comentarios.

En estas historias, en el ambiente interior, en la velada intimidad, es dónde se comprueba con claridad el “conflicto de civilizaciones” de que hablaba Huntington, aunque, lamentablemente, de esa arcaica noción varonil de la honra tenemos en nuestro propio ámbito muestras sobradas. No hay que dejarse engañar porque aquí ahora se retraten voluptuosamente las amas de casa en los almanaques porque antes de posar ante la cámara suelen dejarle la comida preparada al marido tolerante.

¿Principio del fin?

No sabemos si la vuelta de la juez Alaya supone el principio del fin o el fin del principio, pero todo indica que la investigación del “caso” ha cogido una velocidad imparable y que la jueza parece dispuesta a solventar la macroinstrucción a base de ir cerrando, una tras otra, piezas separadas. La declaración de Griñán prueba que no saben que decir ya –su propuesta de comparecer en el Congreso para investigar juntos los ERE y el asunto Bárcenas resulta ridículo—y su pretorio está visiblemente desbordado. Ahí está Amparo Rubiales atribuyendo el escándalo a que Griñán es “el hombre más odiado y más temido por la derecha española”. Y el propio Griñán diciendo que no teme nada de nada, protegido como va por la complicidad de IU.