El lujo de heredar

Suprimir la herencia fue el sueño infantil del izquierdismo decimonónico –recuérdese a Bakunin y al Congreso de La Haya–, un sueño jamás logrado que, sin embargo, está consiguiendo de hecho la rapacidad fiscal de algunas de nuestras autonomías, entre ellas la nuestra. No tenía desperdicio el trabajo que antier firmaba aquí A.R.Vega, incluyendo los trenos y lamentaciones de algunas víctimas. “No sé por qué tenemos que pagar tanto en Andalucía cuando en Madrid no se paga”, lamentaba una de ellas; “No quiero que a mis hijos mileuristas les pase lo mismo cuando yo muera”, se quejaba otra. No quieren reconocer que el déficit de esta pródiga taifa no se debe a que la autonomía ingrese poco sino a que gasta demasiado e, incluso, sin ton ni son.

Pie en pared

Alguien, tendrá que poner pie en pared para que el imprescindible movimiento igualitario entre los sexos no acabe volviéndonos  a todos tontos del bote. Ya conocíamos solecismos como ésos de “jóvenes y jóvenas” o “miembros y miembras”, pero a dónde no esperábamos que llegaran es a la confección de un/a “calendariA” en el que los meses pasan a llamarse “enera, febrero o marza”. Y sin embargo lo ha editado la Unidad de Igualdad de la Universidad de Granada cuyo responsable, Miguel Lorente, fue ya Delegado del Gobierno en Materia de Igualdad en el nosocomio zapateril. Se trata de evitar el “transcurso de un tiempo cómplice con la desigualdad y la violencia”, dice… ¿No habrá Rector en esa universidad o acaso todo el monte es ya orégano?

Paseos con el sabio

Cuando don Ramón Carande iba a Madrid solía “parar”, como él decía, en el Hotel Inglés, un viejo establecimiento que sobrevivió hasta no hace tanto al comienzo de la popular y sicalíptica calle Echegaray, epicentro de la farra madrileña atestado día y noche de forasteros, juerguistas y suripantas. A él no le molestaba ese ambiente, yo diría incluso que lo ignoraba bajo el peso de su antiguo hábito viajero. Don Ramón era gran andador aunque marchaba lentamente, siempre bastón en mano y atento en todo momento a un alrededor en el que se interesaba visiblemente por el bello sexo. De mañana iba a la Real de la Historia, en la calle del León, cuya espléndida biblioteca conocía al dedillo y luego, en no pocas ocasiones, a la antigua Universidad de San Bernardo donde amigos como Valdeavellano, Maravall o Díez del Corral intercambiaban con él ideas y proyectos hasta que los relevábamos otros más jóvenes, siempre encabezados por Gonzalo Anes, uno de los pocos cultivadores de la historia económica –en la que se había iniciado con Pierre Vilar–, para acompañarlo de vuelta a su hotel en interminables caminatas jalonadas de frecuentes altos en bares y tabernas.

Don Ramón era –supongo que ya septuagenario– la vitalidad misma, incansable en su charla docta y en sus prodigiosas exhibiciones de memoria, al tiempo que paradigma de una caballerosidad por entonces ya rara, y que sabía explotar en los más jóvenes hasta el mínimo indicio de interés por el saber histórico. En una de aquellas ocasiones le ofrecí un valiosa edición del “Seminario erudito” de Valladares que él había encargado en la hermosa librería Miranda y, a cambio, me dio –ya en Sevilla— un ejemplar dedicado de “Sevilla, fortaleza y mercado”, esa primicia asombrosa de su talento, tal vez eclipsada luego por el fulgor de “Carlos V y sus banqueros”, que tanto admiraba mi maestro Maravall y de la que Nöel Salomon nos decía en París que había sido la gran admiración del gran Fernand Braudel .

Recuerdo aquellas caminatas madrileñas, nuestras paradas en las librerías de viejo, su frecuente elogio de la vida campesina y hasta sus humorados chascarrillos, tantas veces “humanos, demasiado humanos”. Continuamos aquellas travesías ya en Sevilla, acólitos hasta la puerta de su casa en la calle Placentines. Hoy su despacho es sala de un prestigioso restaurante por el que su espíritu vaga en zapatillas nimbado entre memorias del César Carlos.

Vía de agua

El “régimen” andaluz hace agua. No había visto yo, en efecto, una expectativa de votos menor de la que augura la encuesta de Capdea, de la universidad de Granada, que es, por lo demás, lo menos que se despacha en sospechoso para la Junta. Estar bajo el 30 por ciento y a dos puntos del PP es un resultado perverso para quien, como Susana Díaz, pretende hacerse con el gobierno del PSOE en toda España. Claro que sus dos oponentes actuales –Pachi López y Sánchez—le echan la pata perdedora a cualquiera, pero ni eso facilitará seguramente a la candidata Díaz su maniobra en el futuro Congreso. ¿Cómo va a levantar su partido quien baja hasta en los sondeos más amistosos? Peor se lo ponen, pues, a los administrados andaluces, por lo menos de aquí al otoño.

Habas comunes

No sólo en Andalucía cuecen habas. Tal como aquí ocurriera con los tejemanejes de UGT – la foto de la “mariscada”, las facturas falsas y demás—al viejo sindicato se le acumulan los enredos y mangazos por todo el país. El último “caso” ha ocurrido en Asturias, donde el reconocido negocio de la “formación profesional” que aquí andan tratando de enterrar,  acaba de acaba de estallar allá – tras el anterior escándalo de su líder histórico, Fernández Villa– con el grave resultado de la prisión de un puñado de dirigentes. Los “agentes sociales”, reconvertidos en montajes empresariales, están demostrando, junto a su escasa utilidad sociolaboral, no ser ajenos a la pandemia de las corrupciones en términos que cuestionan su actual legitimidad.

Palabras mayores

Hay que suponer que a la cúspide de la Junta no la inquietan ya ni poco ni mucho las imputaciones –¡huy, perdón, “investigaciones”!— de sus altos cargos. Hay, sin embargo, una dura carga de profundidad en la expresión utilizada por la Guardia Civil a la hora de definir el presunto mangazo presuntamente perpetrado en el Ayuntamiento de Alcalá de Guadaíra –un agujero de 400.000 euros— en el que la fiscalía y el juez creen partícipes a media docena de altos cargos –del concejo y de la Junta–, incluido al ex-alcalde y hoy diputado Limones. Esa expresión es nada menos que “trama mafiosa” y se refiere a un oscuro asunto de desvío de dinero público para pagar gastos particulares. A Pachi López y a Sánchez se las están poniendo como a Fernando VII.