Clase y casta

Al cómico que mantiene en el alambre la vida pública italiana se le ha ocurrido declarar su deseo de que se produjera “una invasión alemana” de su país para ejemplarizar, con la presunta dignidad tudesca, a la garduña italiana. Se queja Grillo de que en sus Parlamentos vivaqueen por lo menos 30 diputados condenados por graves crímenes, y por eso se mira en ese espejo alemán justo cuando acaba de estallar en Baviera un escándalo de nepotismo que bien pudiera dejar tocada del ala a la mismísima Merkel, una vez que se ha sabido –y a un tiro de piedra de las elecciones—que los políticos del CSU han metido por la gatera en la función pública a sus familiares más directos, incluso burlando una ley dirigida a evitar ese abuso que fue aprobada en el año 2.000. Se ve que mantenerse ileso ante las tentaciones del poder es empresa difícil pero, sobre todo, lo que queda claro es que la política se ha convertido, un poco por todas partes, no ya en una profesión vitalicia sino en un chollo familiar. Grillo parece haberse tragado el cuento, derivadamente weberiano, de la ética protestante, pero la verdad es que en todas partes, por desgracia, cuecen las mismas habas. En Francia hasta un ex-Presidente como Chirac hubo de sentarse en el banquillo, aunque si en España hubiera que poner coto a esa práctica de las clientelas, las autonomías se iban a quedar como un solar. Está claro que eso de “Colócanos a tós” no lo inventaron en Órgiva para gritárselo a Natalio Rivas.

Supongo merecida la sanción que le han impuesto a Pedro Pacheco por contratar a dos mendas de su confianza en sendas empresas municipales jerezanas, pero hágase la salvedad de que en la política española el que no corre vuela. Echen una ojeada a las nóminas de las cuatro mil empresas públicas que existen en España, a las de las Diputaciones reconvertidas en auténticos asilos para “arrecogíos” de partido o en las de los propios Ayuntamientos, y se convencerán de que no es en un país u otro, sino en esta partitocracia que soportamos en la culta Europa, donde hunde sus raíces ese mal invasor. La diferencia es que por allá arriba estas prácticas rebelan al personal y los culpables suelen hacer el gasto, mientras que aquí, salvo excepciones, la impunidad parece garantizada desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca. Tengo la oreja tiesa, atenta a la zapatiesta que probablemente montará la señora Merkel.

Belmonte

En el lío de Invercaria, del que la Junta dice que “no hay caso” sin perjuicio de personarse en el procedimiento como perjudicada, lleva trazas de no quedarse muy lejos del saqueo de los ERE. Empezando por un director que señala hacia arriba para eludir su responsabilidad y siguiendo por el peregrino hallazgo de que esos miles de millones los manejan –según confesión propia—contratados por razones de amiguismo pero sin la menor preparación. Si la diligencia de los jueces lo permite, no cabe duda de que esta nueva bomba puede rematar el derribo moral y jurídico de un “régimen” que se ha convertido en una cortijada.

Deudas culpables

Ha conmovido al país entero la noticia de que en un colegio de Alicante la empresa concesionaria del comedor, asfixiada por la aplastante deuda que tiene contraída con ella la Junta correspondiente, se ha visto forzada a dejar sin comer a 260 escolares. Lo de menos en este asunto es la anécdota –si es que así puede llamarse a esa broma—del cierre del comedor, porque lo que, a mi juicio, conviene subrayar, aunque sólo sea para desenmascarar el truco de no pocas Administraciones, es el hecho de que cualquier compromiso contractual asumido por una institución pública que estar recogido inexorable y específicamente en su propio Presupuesto, y por tanto haber dinero en la caja para hacerle frente, y si no lo está o falta pasta es que han dado mal fin a ese dinero público. ¿Por qué no se plantea de una vez que esta crisis económica que padecen muchas de nuestras instituciones no tiene razón de ser, dado que si es verdad que la crisis general ha agravado la situación en su conjunto, para nada ha debido afectar a los conceptos consignados en los Presupuestos? Si una consejería contrae con una empresa el compromiso de pagarle lo que sea a cambio de un servicio determinado, es forzoso entender que ese concepto figura en su ley de Presupuestos y, en consecuencia, no puede existir razón alguna que justifique la excusa de la no liquidez? Muchos de estos tramposos deben dinero a las empresas porque lo han derrochado en otros capítulos. No es, por tanto, la empresa de catering la que ha dejado sin comer a los niños alicantinos sino los malos gestores de su consejería del ramo que han encontrado en la crisis la llave maestra para eludir sus obligaciones sin dejar de hacer cuanto les viene en gana o estiman preferente. Nunca a un truco tan elemental le ha sacado tanto partido la mala administración.

Lo malo es que hemos llegado a aceptar como obvia esa excusa de que no hay dinero en la caja, sin ocurrírsenos siquiera preguntarle al cajero el porqué, como si la crisis legitimara una especie de quiebra legítima y normal incluso en relación a aquellos conceptos presupuestados en su día. Es urgente promover la idea de que de esas situaciones jurídicamente anómalas son responsables inexcusables quienes los han provocado, y desmontar el cuento de que la crisis legitima la morosidad de lo contratado. O bien todo esto es una trola fenomenal y vivimos en una Jauja impune. Hay responsables del ayuno de esos escolares, por supuesto. Sólo falta meterles mano.

Quién mal anda…

La dura sentencia que le ha caído encima a Pedro Pacheco puede resultar eso, dura, pero no es ninguna “barbaridad”, como dice él. Lo que ocurre es que no se puede ir por la vida pública como ha ido él, en plan jeque, por mucho que se alegue que sus electores se lo han consentido. Quien mal anda, mal acaba, por supuesto, aunque sorprende tanto rigor por un par de contratos tramposos mientras en Andalucía las Administraciones se saltan a la torera una Giralda encima de otra. En la Diputación de Huelva hay un “asesor de aeropuertos” sin que exista aeropuerto alguno y en todas las demás hay enchufados que trabajan para el partido y nos pasan la factura. Pacheco es demasiado, por supuesto, pero no es la excepción sino más bien la regla.

Las clases medias

Recordaba alguien hace poco que Franco cifraba el éxito de su proyecto social en la extensión definitiva de una “clase media” cuyo papel de colchón entre los dos términos de la antinomia tradicional garantizaba, según él, la paz social. La idea no era nueva, pues a mediados del XIX, un andaluz, Andrés Borrego, que había comprobado en Francia las ventajas que esa zona neutra aporta al equilibrio de toda sociedad, luchó durante años predicando ese credo al que prestaría gran atención Galdós y que ha sido luego estudiado con detalle tanto por A. de la Oliva como por Concepción de Castro o por mi llorado amigo Diego Ignacio Mateo del Peral. No le falta razón, en todo caso, a cierta crítica radical que sostiene que ese mito de las clases medias como garantía de la estabilidad social es un invento de la alta burguesía que debe mucho, sin duda, al doctrinarismo francés. Una clase-colchón, una suerte de amortiguador del conflicto entre los dos polos tradicionales –ricos y pobres—que, por no hablar más que de España, es tan cierto que la última Dictadura contribuyó en buena medida a inflar como que el pasado idilio de la “new age” reforzó hasta alcanzar cierto paroxismo, antes de que la crisis actual cayera sobre ella con su efecto aplastante. Ella es hoy el gran sujeto doliente de nuestra circunstancia y de su recuperación dependerá, sin duda, la vuelta de la normalidad.

Es curioso que Fraga coincidiera con Marx al describir el proceso de proletarización de las clases medias, y muy donosa la idea de Salustiano del Campo de que la clase media se ha proletarizado menos de lo que se ha aburguesado la clase obrera. Pero ha sido, a mi juicio, la antropología la que dio fuerza a la idea de que esa “masa media” podría resultar el único protagonista posible del desarrollo económico. Lo que no sabemos es si el abrumador peso de la crisis sobre ese “colchón” provocará nuevas polarizaciones expresadas en radicalismos como los que ya resuenan por ahí, y si el desastre laboral que aflige a sus nuevas cohortes acabarán confirmando los inquietantes pronósticos entrevistos por Mills o Dahrendorf. Quizá volvamos sobre nuestros pasos hasta dar en el viejo campo de batalla, con los ricos mucho más ricos, los pobres depauperados y esa clase media proletarizada. Puede que la crisis, más que una mala coyuntura, resulte ser la puerta a unas sociedades sólo reconocibles en la barbarie bipolar que creíamos históricamente superada.

IU se echa al monte

Cayo Lara ha puesto de chupa de dómine al ex-presidente Chaves por haber consentido desahucios y, de paso, lo ha medido de mala manera con el difunto Chávez. Al presidente Griñán, ni reñirle, por supuesto, mientras dure esta merienda de blancos en la que ya se alaba sin complejos y se proponer como modelo el desastre bolivariano, mientras Valderas se envanece de practicar un “radicalismo solvente”. IU busca desangrar al PSOE por la izquierda en beneficio propio y, de momento, le va bien, incluso echándose al monte. Lo que no se podrá decir, desde luego, es que lo está haciendo a cencerros tapados sino en las misma barbas de Griñán.