A la fuerzan ahorcan

Ayer recorrió los pasillos del Parlamento el espectro de la “pinza”. PP e IU, en efecto, votaron juntos aunque no revueltos una proposición no de Ley presentada por el Partido Popular para que la Junta se deje de roneos y pague de una vez, como venía haciendo desde principios de siglo, la asistencia letrada de los presos que ella misma suspendió en 2012. Una raya en el agua, si se quiere, pero un gesto interesante en la medida en que IU aprovecha para mostrarle a Griñán la llave maestra que guarda Valderas en su faltriquera. Para que vea IU lo fácil que podría resultarle forzar a su socio mayoritario al menos en situaciones graves y justificadas en lugar de jugar el papelón de mamporrero.

Héroes y tumbas

La población del pueblo natal de Videla se ha negado en peso a que su cuerpo sea enterrado en aquel, Mercedes, a unos cien kilómetros al norte de Buenos Aires. No quieren que con esa tumba se reproduzca el fenómeno ya ocurrido en Irak ante la tumba de Sadan Husein o en Ramala ante la de Yaser Arafat, es decir, que se convierta en lugar de peregrinación de los fundamentalistas inasequibles al desaliento, o como en Predapio, en una atracción turística que no baja de cien mil visitas al año hasta el enterramiento de Mussolini. En el Valle de los Caídos, en Cuelgamuros, se registra un frecuente trajín de visitantes que quieren ver la pesada losa que cubre los restos de Franco, hasta el punto que no han faltado exigencias de desalojo por parte de los fundamentalistas del otro bando, que también los hay, lo mismo que en El Escorial ronda diariamente el turisteo deseoso de conocer el mausoleo de los reyes fundado por Felipe II. En Rabat un suntuoso mausoleo acoge frente al mar las cenizas de Mohamed V y de su padre, bajo el sugerente marfil blanco y la plegaria rumorosa e incesante del clérigo de guardia. Yo mismo he visto en La Recoleta de Buenos Aires el panteoncito familiar de Evita, finalmente rescatada de los necrófilos, y en el que campea el discutido lema “Volveré y seré legiones”, y siempre que contemplo en Los Inválidos la tumba de pórfido encarnado de Napoleón se me pone por delante la imagen gris de Hitler rindiendo tributo a quien tal vez le inspiró su pesadilla imperialista. Videla no tendrá mausoleo, de momento, y quizá pueda verse en ello un acto de justicia de la Historia tratándose de quien privó a tantas víctimas de tener el suyo al arrojarlas desde el aire, parece que incluso vivas, al Río de la Plata. Una leyenda rica y misteriosa ha hecho que nunca se haya sabido dónde reposa el cuerpo del héroe Alejandro, otra oscura y miserable se anda tejiendo en torno a ese sátrapa inclemente que se ha llevado al otro barrio su museo memorístico de horrores. Parece lo justo.

No sé qué acabará ocurriendo al final de esta historia, ni si la gente de Mercedes cederá al cabo y abrirá el cementerio al tirano. Sin honores militares, sin liturgias ni honras fúnebres. Sábato decía de él que, visto de cerca, era un hombre “vulgar y estremecedor”. A quien tuvo en sus manos vidas y haciendas sus paisanos le niegan un nicho. Hasta Hannah Arendt sabía que, a veces, sólo a veces, la vida tiene reservada al Mal la horma de su zapato.

La otra vida

Hay en España más de tres mil aldeas abandonadas. Las dejaron, seguro que sin mirar atrás, lugareños de toda la vida que se habían quedado solos cuando los jóvenes y medianos se fueron a la ciudad en busca de más vidilla. Las he visto en Madrid, en Andalucía, pero sobre todo en el Norte, en Galicia y Asturias y hasta he tenido el privilegio de recalar en alguna de ellas con sus cinco habitantes, sus hórreos abandonados, su escondida fuente y sus vacas dejando oír lentamente el concierto de sus badajos. Un par de ministerios y otras tantas autonomías han inventado un plan conjunto de recuperación de ese país silencioso, pero en Internet crece la oferta barata e incluso la invitación de comprar un pueblo completo, un pueblo para uno solo, como el país personal de que hablaba Gog. El tirón de la cultura urbana, con sus muchas ventajas, resiste la competencia de una ruralidad de la que va desapareciendo la vida, pero esta crisis ha contribuido a equilibrar esa competencia sugiriendo idealizada la utopía de la vida genuina, la paz de la Madre Naturaleza, el reencuentro con un modelo perdido de existencia incomparablemente más simple y más puro que la agregación urbana. Claro que volver sobre nuestros pasos implica renunciar a valiosas ventajas, en cierto modo renunciar al modelo de vida convencional para inspirar hondo entre la bruma neolítica, renunciar a vivir al día a cambio de vivir un siempre en el que se refugia acaso el humanismo primitivo. Pacíficos invasores de la pálida y confusa Europa andan comprando esos pueblos nuestros, con sus casas en ruina, su iglesia cerrada a cal y canto y su cementerio olvidado. Los despierta al amanecer el lento comején de los cencerros, los duerme la nana narcótica del viento entre los álamos, un silencio intemporal los devuelve a la realidad última. Que le vayan dando a la ciudad, al aire podrido, al embotellamiento y a la prisa.

El tiempo lento es un tesoro supremo. La soledad un premio de sabios. La postmodernidad ha parido el pasado, su exigencia y rigores parecen devolvernos la memoria del territorio original, el milagro de todo eso que crece por libre, los prístinos olores de la leña quemada, del agua en el regajo, de la yerba invasora, de la tierra empapada por la lluvia y de la flor silvestre. Hay una vida posible al margen del ruido y la furia, libre del código inhumano, del monóxido y del telediario. Tres mil aldeas tientan al urbanita con una oferta intacta de paces indecibles.

No lo tragaban

Esa rareza que es la unanimidad sólo se produce en el Parlamento de Andalucía cuando los partidos se asustan de alguna amenaza, y el Defensor del Pueblo, José Chamizo, una amenaza era para esa clase tantas veces ociosas, tantas otras injusta, siempre privilegiada. La primera vez que Chamizo fue al Parlamento a informar, sus Señorías se levantaron y se fueron al bar, y Chamizo, ni corto ni perezoso, recogió su papela y se largó también, lo que contribuyó al respeto en que se le ha tenido hasta que se cansó de largas cambiadas y les dijo de todo menos bonitos a los profesionales de la política. Por eso no lo han soportado ni un minuto más. El PP juntando las manos con el revoltijo PSOE-IU es caso que no se ve todos los días.

La primera vida

Dos acreditados periodistas, Ralf G. Reuth y Günther Lachmann, acaban de lanzar en Alemania un libro, inmediatamente traducido al francés, que trata del pasado de la canciller alemana y de su papel colaborador con el régimen comunista de RDA, a cuyas Juventudes perteneció desempeñando tareas relacionadas con la “agitprop”. Bucear en la biografía política es frecuente en los países democráticos que proceden de una dictadura –a veces con resultados tan impactantes como el hallazgo de que Günter Grass había pertenecido a las Waffen SS—quizá porque la tentación debeladora se rebrinca ante el éxito, unas veces con aire simplemente justiciero y en otras ocasiones deslizándose sobre la inevitable malevolencia. Merkel, que atraviesa un mal momento por la crisis de Baviera, y que tendrá que ir en septiembre a nuevas elecciones, ha encajado el golpe con estudiada tranquilidad, pasando de afirmar que ella jamás comulgó con el comunismo aunque en él ejerciera tareas culturales, a refugiarse en el argumento de la inseguridad de la memoria afirmando, de paso, con razón, que ella nada tiene que ocultar y que esos buceos son inevitables en torno a toda personalidad emergente cuando las tortillas se vuelven y la gente ha de seguir viviendo en una atmósfera por completo diferente. Se deduce del libro –bien documentado, escrito sin forzar las tuercas—que Merkel guarda su alma en su almario, pero a mí no me parece que, salvo descubrimientos más comprometedores, que su política actual deba ser juzgada por sus viejas actividades. Cuando en Francia se divulgó la foto de Mitterrand
joven posando con miembros de Vichy y hasta de la Gestapo, el vendavalillo duró poco y él ni siquiera dijo esta boca es mía.
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No siempre es fácil escapar al pasado. En Austria llegó a presidente un nazi, Andreotti colaboró con el fascismo en su juventud y Putin fue jefe de cocina en el KGB antes de convertirse a la democracia mafiosa. Algo que no puede extrañarnos en España si paramos mientes en que la mayoría de los maestros de mi generación –intachables luego casi sin excepción—militaron en el franquismo de la primera hora y críticos tan implacables como Haro Tecglen o el propio Cela ejercieron de maestros de capilla en la España democrática a pesar de sus pasados entusiasmos por el Dictador. No creo, por eso mismo, que éste sea el mayor problema de Merkel en esta hora crucial. La memoria es algo demasiado delicado para manejarlo sin el obligado guante de seda.

Por si las moscas

No se entiende ni poco ni mucho que la Junta “blinde” penalmente a sus altos responsables, asegurándoles la defensa letrada en caso de que acaben imputados. ¿Tan poco se fían ya unos de otros, tan verosímil es que esos políticos delincan que se cree lícito y razonable asegurarlos a costa del contribuyente? No se blinda a los funcionarios, que yo sepa, sino sólo a los de arriba, de manera que mientras que los auténticos profesionales han de correr el riesgo a pecho descubierto, los transeúntes nombrados a dedo no dan un paso sin coraza legal. La Junta ha llegado a un punto de insolvencia moral que hasta se cura en salud de las eventuales corrupciones.