Consenso y rodillo

Malamente podrá Ciudadanos explicar a sus electores por qué ha dado manos libres a la Junta de la que es “socio para todo” y, muy en especial, por qué ha apoyado, durante años, el rechazo sistemático de todas las enmiendas de la leal Oposición, más de 3.000, según el cálculo de Stella Benot. Mucho hablar de “diálogo” y “consenso” pero a la vista está que al Poder –acaso a todo Poder— le mola más el “conflicto”. ¿Para qué un Parlamento tan costoso entonces (permítanme la pregunta retórica), no podríamos ahorrarnos nuestros buenos millones prescindiendo de tan inútil mascarada parlamentaria? ¿O es que resulta creíble que ninguna de esas 3.000 enmiendas rechazadas fuera razonable? C’S en Andalucía es el sostén jurado del “régimen” y suyas son también, en consecuencia, las responsabilidades.

Un bien colateral

Algo bueno, aunque sea colateralmente, había de tener un juicio como el de los ERE, tras tanto tira y afloja. Y lo tendrá, aunque sea en beneficio de los propios manguitos de la Audiencia Provincial de Sevilla, cuyas viejas e indignas “toilettes” –en ocasiones compartidas por sus Señorías con los justiciables— van a ser dignificadas ahora a toda máquina con motivo de celebrarse en ese edificio el plenario famoso. Hay que guardar las formas, por lo visto, teniendo en cuenta el foco que va a caer sobre esa Audiencia mientras se juzga nada menos que a dos ex-Presidentes y a la tira de altos cargos, presumiblemente observados con lupa por la prensa “canallesca” que, sin duda, abarrotará el edificio. Eso es lo que se llama un “beneficio colateral” y lo demás son tonterías.

Villancicos “inclusivos”

Han dejado chico al profeta municipal que predicara un día el solsticio de invierno. Miren y juzguen: el Ayuntamiento de Sevilla paga un cartel de Navidad ilustrado con un arcángel inequívocamente gay; un alcalde monterilla dispone que en el Portal de Belén figure, no un Niño Dios, sino una “niña Jesús”; y a otro que tal baila no se le ocurre más que montar en su camello a una “Reina Maga”. Es la ola “inclusiva”, el airón idiota de una ideología invasora pensada, no con el cerebro, sino con la entrepierna. Han vuelto del revés el equívoco famoso del villancico gitano que se cantaba por “alegrías”: “Una vaca y un mulo,/ m’e quivocao, /que era un buey y una mula/ aquel ganao”. Hay tontos de capirote y tontos “inclusivos”. ¿Hay quién lo dude?

Humor judicial

Contemplado desde fuera, el paisaje procesal de los ERE está resultando desconcertante. Vaya que la juez sustituta de Mercedes Alaya ande devanando, como Penélope, la madeja del presunto gran saqueo o que todas y cada una de las líneas de investigación propuestas estén siendo paralizadas a ojos vista; que prescriban ésta o aquella responsabilidad clamorosa; o que el gentío barrunte que todo ese lío habrá de quedar en agua de borrajas, pues eso depende del incuestionable criterio de la magistrada. Ahora bien, eso de que la juez sustituta reclame –no se lo pierdan– ¡a Burkina Faso! la extradición de uno de los presuntos que se fugó en su día, merece un premio extraordinario al humor judicial. Si esa decisión la llega a tomar su antecesora, es probable que el fiscal-exconsejero Llera nos hubiera divertido con uno de sus famosos chistes.

La Junta sorda

Las protestas en la calle contra los “recortes” de la Junta en materia de salud acaban de cumplir un año con resultados variables: el trucoplan de las “fusiones” hospitalarias ha fracasado por orden judicial; sus responsables han sido destituidos y vueltos a recolocar sin dilación; ayer mismo volvía el gentío a manifestarse tras haberlo hecho antes toda Andalucía; y el “doctor Spiriman”, su profeta, teme ser liquidado burocráticamente y a instancias de algunos colegas ofendidos. La Junta sigue sorda ante un clamor que la experiencia avala sobradamente. ¡Mala cosa, ahorrar en sanidad! Sobre todo teniendo abiertos tantos salideros como la Junta tiene en sus nóminas y mangaderos. Puede que echen a Spiriman, no digo que no, pero con ello no acabará ese conflicto provocado por una política tramposa y abismada en sí misma.

Riau, riau

Ignoro cómo se resolverá el llamado “juicio de la Manada”, pero tengo claro ya lo difícil que resultará extirpar la fibra más íntima del ideario macho, así como hasta qué punto las “redes sociales” constituyen un territorio peligroso. Un grupo salvaje que viola a una chica en el transcurso de una bacanal pública. ¡Pues vaya un problema! Que no vayan solas por ahí y, si van, que aferren el cinturón de castidad, porque consideren lo difícil que ha de resultar para un juzgador, a toro pasado, determinar el grado de consentimiento de una presunta violada. Vamos, que si van y se arriesgan, pues que pechen luego con las consecuencias. ¿Qué es eso de denunciar “a posteriori” a unos carpetovetónicos –que se llamen a sí mismo “la Manada” es lo de menos, ¿no?–, incluso si alardean de su hazaña? ¿Que hay entre ellos algún militar y hasta un novicio de Guardia Civil? ¡Pues más a favor de su presunción de inocencia! Ya hubo un juez que sentenció que llevar minifalda supone una provocación y, en consecuencia, una eventual atenuante, si es que no una eximente, para el macho irreprimible. “La mujer, la pata quebrada y en casa”, dice un adagio. Y otro: “El hombre es fuego, la mujer, estopa; viene el diablo y sopla”. ¿Lo ven? La estopa, el diablo, cualquiera es responsable, menos el macho.

No sé qué decidirá el tribunal pero, la verdad, el caso no es tan complejo como se pretende. ¿Que cinco tíos fornidos se pasan por la piedra a una piba de dieciocho años? ¿Y dónde está el problema? A esa edad una mujer puede abrir o cerrar las piernas a discreción, pillar una cogorza o morrearse con un desconocido, incluso puede hacer cosas mucho más peligrosas, como votar en unas elecciones libres, ¿o no es verdad? Y nada digo si la piba sigue viviendo al día siguiente sin flagelarse ni beber lejía –como hubieran hecho sus castas abuelas– o apareciendo en las “redes” junto a otra que luce una camiseta obscena. Por no hablar del benéfico efecto disuasorio que su ejemplo ha de ejercer sobre tantas coleguitas. Lo que es de locos es pedirle a los jueces que castiguen a unos verracos que no han hecho otra cosa que obedecer a su naturaleza. ¡Riau, riau!

Todo eso y mucho más llevamos oído antes de que conozcamos la sentencia. ¡Con lo elemental que es el caso: cinco garañones hilvanándose a una mujer libre en un portal y robándole luego el teléfono! El sí o el no se lo llevó el viento, de manera que habrá que creer a los violadores. Porque ya me dirán cómo va a ser igual la libertad de una hembra que la de un macho. El patriarcado es una cosa muy seria, oigan, para jugárselo en las “redes” o ante un tribunal. Y menos por lo que haya podido suceder en un portal oscuro, ¿no creen?