¡Esto es carnaval!

Esto es-carnaval y esto-sí-que-es una- chiri-gota: Kichi de Cádiz, el alcalde de la camiseta y la mochila, el mismo que recibe de uniforme podemita a un Almirante de la Armada y a quien se tercie, se puso antier de chaqueta y corbata para recibir a la presidenta de la Junta cuyo “cambio de rumbo” (¿?) afirma haber constatado. La verdad, uno acostumbrado ya al mochileo de ese munícipe “sans façon”, casi le gustaba ya más con su indecorosa indumentaria, pero hay que comprender que en Carnaval y en Cádiz lo suyo es disfrazarse y ocultar al personaje genuino. Veremos ahora si conserva el atuendo de respeto o vuelve a lo suyo. A algunos, en todo caso, nos ha defraudado ese “tipo” que hace de las anteriores recepciones un claro deasire.

¡Gracias generosos!

La Junta ha cedido, al fin, ante la “marea blanca” –que no era otra cosa más que un potente artefacto en la quilla de ese buque fantasma que va siendo ya la sanidad andaluza– deshaciéndose del viceconsejero de Salud y del Gerente del SAS. ¿Ven cómo hay ocasiones en que aguardar a que escampe el chaparrón acaba costando caro? El portavoz de la Junta, que es gran imaginativo, ha agradecido con vehemencia a los dos cesados su “generosa dimisión”, pero es obvio que lo ocurrido en realidad es algo mucho más grave: ni más ni menos que el clamor popular de quebrado la silla de don Tancredo y asestado un golpe tremendo al sistema de público de salud. Darle las gracias encima a los defenestrados es demasiado incluso para ese portavoz.

La caldera escolar

A las razones hechas públicas por la profesora de Marchena sobre la insostenible situación de una docencia sin la mínima autoridad, se junta la afirmación de un experto de que uno de cada tres estudiantes infantiles o adolescentes es víctima del acoso escolar, y también, nuevamente, la noticia de que desde los despachos de la Junta –esta vez en Montilla como antes en Ayamonte— se aprueba incluso a los alumnos pésimos suspendidos por sus profesores, en los despachos políticos. Todo sea por contentar al personal y encubrir el abandono y el fracaso escolar que, año tras año, confirma el prestigioso Informe Pisa. Incluso reducir al profesor a marioneta y saltarse a piola (a pídola, por supuesto) su incuestionable derecho a la calificación.

Dso crespones negros

Desde el otoño acá hemos perdido dos de los grandes pensadores de esta España tan escasamente reflexiva. Se fue Gustavo Bueno, el insobornable, el radical de la razón, el intratable dialogante ne menos que tuvo la “corrección política”. Una vez, en la tv, la reconvino ingenua la locutora con el tole-tole de que toda opinión merece respeto. “¡Quien han dicho eso!”, se rebeló Gustavo. Acaso tengo yo que respetar a uno que venga diciendo que acaba de pasar un burro volando?. Todo un pensador y, si me lo permiten, un moralista a ultranza, incapaz de aceptar el sofisma más nimio. Y con una obra memorable, escrita sin dejar de hablar –su escuela asturiana da fe de su influencia—que, más o menos, hemos ido digiriendo siquiera algunos no siempre conformes con sus postulados. Su magno proyecto, “El cierre categorial”, ésa penúltima reflexión sobre la Ciencia y su circunstancia –que debe no poco, a mi juicio, a las dos obras mayores de John D. Bernal—constituye para muchos de nosotros una de las claves de bóveda del pensamiento filosófico –más buen epistemológico— de la postmodernidad. Nos hablábamos casi mensualmente, sobre todo desde la desdichada hospitalización de su mujer, y no me he topado con mayor afecto y comprensión que el que me regaló ese “intratable”. Cuando me ofreció clausurar en Sevilla el Congreso de Filósofos Jóvenes aceptó mi entonces vago agnosticismo con una exquisita sensibilidad.

Con él se ha ido también Gonzalo Puente Ojea, una de las cabezas más potentes que he conocido, más allá de su obsesiva y creciente obsesión ateísta que le hizo abominar incluso de los agnósticos. Gonzalo, diplomático de carrera, escribió en los años 70 una obra memorable, “Ideología e Historia”, en la que aclaró definitivamente, entiendo yo, muchos aspectos controvertidos del cristianismo primitivo así como del papel histórico de la corriente estoica. Aunque luego, a su vuelta del Vaticano –donde le enviaron maquiavélicamente los provocadores del gonzalismo—se enzarzara en una inacabable pelea ideológica con la creencia religiosa. José (Pepín) Vidal Beneyto y yo le cedíamos nuestras dos clases una vez al año en la Facultad de Sociología de la Complutense, cuando todavía no andaba extraviado en esta postrera obsesión. Dos pérdidas demasiado importantes para nuestra precita reflexión nacional, insustituibles tal vez aunque nos refugiemos en sus decisivas obras. Dos españoles muy singulares que suponen una irreparable pérdida para nuestra cultura.

Decíamos antier

Decíamos antier en este mismo recuadrillo que el partido Ciudadanos, o sea C’S, no se limitó en Andalucía a lubricar la investidura de Susana Díaz sino que tramó con ella en secreto un acuerdo de legislatura como una casa. Y ayer mismo comprobábamos en el Parlamento andaluz que, en efecto, melindres y morisquetas aparte, el partido de Albert Rivera sostiene al “régimen” del PSOE con todas sus consecuencias, dando la espalda a problemas populares tan graves como el expuesto por las llamadas “mareas blancas” para propiciar el silencio parlamentario. Abrasado por el ansia de poder, este partido tiene ya poco que ver con el que avalaran Boadella, Arcadi Espada y otros. A quien se parece cada día más en Andalucía es a su socio, el PSOE de toda la vida.

La Junta va por libre

Nadie va a extrañarse a estas alturas de los desplantes al Gobierno de la nación de una Junta autonómica que, como la andaluza, ejerce de oposición a Madrid cuando no es su partido el que gobierna. Esa Junta se sigue autodenominando “gobierno” a pesar de los tajantes reparos judiciales y hasta hay consejero –el de Medio Ambiente– que se presenta, sin que nadie lo llame al orden, como “regional minister”. Su última hazaña ha sido plantar en el Senado a la Vicepresidenta del Gobierno (del de verdad) “delegando” su representación en la extremeña. ¡Ay, si a alguien se le ocurre plantar a Guerra en sus buenos tiempos! Cada día se hacen más cuestionable unas Autonomías que no respetan ni por asomo al Gobierno de su propio Estado.