El paso cambiado

Frente al hostigamiento del copresidente Valderas y sus públicos comentarios sobre/contra la juez Alaya, ahora resulta que viene a Sevilla Cayo Lara, el coordinador general de IU, y hace un elogio de la acosada poniéndola por las nubes. En IU llevan el paso cambiado, como se ve, todo lo contrario que en la Junta, donde su fiscal/consejero de Justicia no desaprovecha ocasión para tirarle un puyazo a sus compañeros enfrentados jurídicamente a los intereses de la Junta. Dice Lara que ya le gustaría a él que el “caso Gürtel” fuera al mismo ritmo que los que lleva Alaya. A muchos ciudadanos, también.

La chispa de la vida

Los lobbies americanos son de una eficacia fuera de toda duda. Consiguen que se haga o deje de hacer lo que conviene a sus empresas, es decir, hacen lo mismo que aquí hacen otros que no son lobistas, pero a las claras. Hay muchos ejemplos, pero uno que me ronda por la cabeza desde que tuve noticia de él, es concretamente el logro de que el boicot impuesto por los EEUU a Sudán por promover ciertos terrorismos y haber dado asilo nada menos que al difunto Bin Laden, se haya aplicado con rigor sobre aquel país, en cualquier caso hambriento y martirizado, salvo en lo concerniente a la exportación de goma arábiga, una mercancía de la que son clientes supremos dos colosos de la economía yanqui: la Coca-Cola y la Pepsi-Cola. ¿La razón? Pues que esa sustancia, savia de una pseudoacacia indígena, resulta ser un emulsionante clave a la hora de fabricar esos refrescos, dado que sin ella el azúcar no se mezclaría con el agua sino que acabaría decantándose en el fondo de la botella o de la lata. ¡Como para prohibir su importación en EEUU por muy canalla que resulte ser el régimen sudanés y muy bárbara que sea su oposición rebelde! Cuando el embargo del petróleo a los árabes, un sobrino del secretario general de la ONU se puso las botas traficando con él, que el dinero no tiene patria, y, además, como decía el emperador romano que gravó las letrinas, “non olet” aunque de ellas provenga. A los sátrapas del Congo –incontables víctimas ya a sus espaldas—se les compra igualmente el coltán de nuestros juguetes electrónicos a pesar de que conste que su explotación es sencillamente inhumana. Los lobbies tienen mucha fuerza, la conciencia muy poca.

Ya no está de moda hablar de imperialismos ni colonialismos, tal vez porque esos conceptos, en un planeta globalizado, no respondan ya al diseño mental que popularizó Franz Fanon en los años 60, ni sean comprensibles más que en el ámbito conceptual sofisticadísimo de las nuevas relaciones internacionales. Pero, como se ve, no porque cerremos los ojos o la boca han dejado de funcionar esos sistemas, si me apuran, mucho más inhumanos ahora que entonces, lo mismo si pensamos en las industrias deslocalizadas con que se explota a la humanidad más desvalida, que si situamos la acción en los elegantes despachos de diseño desde los que actúan los lobbistas. No voy a poder beber una coca en adelante sin representarme a los sudanesitos que se dejan la vida recogiendo la goma en sus bosques de acacias.

Al vuelo

Las pillan al vuelo. Fíjense en que nada más asomarse a una Ley de Transparencia ya se le han ocurrido a la Junta dos cosas: una, incrementar la burocracia –es decir, la clientela política—creando de la Nada , valga la redundancia, hasta 26 entes de nueva planta, que si una Agencia, que si un comité, que si una comisión, que si un organismo por consejería para gestionar esta nueva función; y segunda, nombrar sobre todo ese entramado, una autoridad que será la única de elección parlamentaria que no necesitará mayoría cualificada para su elección. Ya ven lo que se puede esperar de esa “transparencia” que comienza por dejar fuera a la minoría mayoritaria del Parlamento.

Una cena lejana

La plana mayor de la política francesa se ha volcado en elogio a la muerte de Pierre Mauroy. En el 84 fui con el presidente Borbolla desde Bonn a Lille para asistir a una reunión del comité de Regiones Europeas presidido por el viejo zorro Edgar Faure a la sombra del alcalde de la ciudad, Pierre Mauroy, aquel “toujours ouvrier” no poco idealizado pero rebosante de simpatía y talento político. Por allí nos encontramos –Borbolla y yo íbamos de dignos peatones pero nada más—con un Pujol que llegó en su comitiva escoltado por Maciá Alavedra y un enjambre de secretarios y cogecosas, flameante en la limusina el banderín cuatribarrado. La reunión era, por supuesto, una puesta en escena y de ella sólo recuerdo (y encuentro en mis notas) los brillantes comentarios de Mauroy sobre el difícil porvenir del socialismo y las pullas, brillantes y malévolas de un Edgar Faure empeñado, no sé por qué, en hablarnos de Racine. Mauroy nos invitó a una asfixiante cena en el Ayuntamiento y tuvo especial deferencia con Borbolla y hasta conmigo, una vez que pegamos la hebra del fracaso de las enérgica economía que él había vivido en su difícil mandato como primer ministro de Mitterrand y, en general, sobre el azaroso futuro que aguardaba al socialismo en la postmodernidad, que entonces aún no se llamaba así. Entre dientes despotricó fuerte y flojo de Faure quien le ponía los comentarios a huevo con sus observaciones sobre una Europa de la que el introductor del IVA en su país no creo que esperara demasiado. Recuerdo que Pujol no logró la atención en ningún momento a pesar de pasarse la cena braceando como un gnomo empeñado en pontificar.

¿Racine? Mauroy sacaba punta afilada al empeño literario de Faure, lo que no dejó de impresionarme puesto a considerar sobre la grave diferencia entre aquellas élites cultas y la tropa española, pero recuerdo que nosotros le devolvimos la pelota metiendo por medio las sombras de Sartre, de Camus, de Flaubert y hasta de Villon, lo que nos permitió mortificar algo al viejo Faure que había saltado de la IV a la V República y, de pasada, descubrir un insospechado fondo de lecturas en el “político obrero”. Todas las voces coinciden hoy, como digo, en elogiar a este hombre singular y cercano que ha sobrevolado ileso su selva partidista entre Mitterrand y Michel Rocard, que ya es sobrevolar. Nos confió su deseo de venir algún día a Ávila, ignoro por qué razón. Que yo sepa se ha ido sin celebrar esa visita.

Moro muerto

Al que podía haber sido presidente francés, Dominique Strauss-Kahn, liquidadas sus cuentas con la empleada del hotel que lo acusó de forzarla en su habitación, y sobreseído el caso de la denuncia de la periodista francesa que aprovechó la ola para surfear sobre un dudoso pasado, le queda aún abierta la investigación judicial de Lille acusado nada menos que de proxenetismo. Hace pocos días, sin embargo, el fogoso político reapareció en Cannes acompañado de su nueva pareja como si nada hubiera pasado, y sin sospechar siquiera que le aguardaba una nueva denuncia, esta vez la de una periodista italiana, Myrta Merlino, que afirma haber sido agredida –también en la habitación de hotel del prócer, ojo—a finales de los años 90, es decir, hace casi quince años, cuando trataba de hacerle una entrevista. Menos sumisa que la mucama negra de Nueva York, Merlino cuenta que se defendió del ogro a bofetadas logrando así escapar del asedio, pero, la verdad, este tipo de cosas no se pueden contar quince años después si se pretende ser creído. Es posible, desde luego, que la versión de Merlino sea cierta, pues todo permite suponer que un sujeto como ese juguete roto es capaz y capataz de acosar a cualquier cosa que se mueva, pero reconozcamos que cuando una periodista sufre un ataque semejante tiene en sus manos armas bastantes para hacer que el escándalo estalle. Quince, trece, once años después, francamente, no es que uno dude de la posible veracidad de los hechos denunciados, sino que no resulta fácil tragarse un silencio tan largo en quien tenía voz sobrada para gritar sobre la marcha. Miren, Strauss-Kahn es un salido, un cerdo quizá, un incontinente o si lo prefieren un enfermo que no merece, en cualquier caso, el derecho a representar a una nación. Ahora bien, tampoco es cosa de reconvertirlo en buco propiciatorio de la primera desmemoriada que recuerda al cabo del tiempo que un prócer trató de violarla. Ni siquiera un tipo despreciable como él, merece quedar a merced de la arbitrariedad de la primera oportunista que quiera saltar a la fama.

Dicho sea todo lo anterior sin entrar en consideraciones sobre la llamada “erótica del poder” en virtud de la cual cierto tipo de mujer se sentiría atraída incluso por un cerdo como Strauss-Kahn o por un payaso ninfómano como Berlusconi. Hasta el más rastrero tiene derecho al beneficio de la duda, sobre todo frente a estas desmemoriadas que han brotado en racimo aprovechando la ocasión.

A pique

Sostiene Guerra que la juez Alaya está escribiendo la novela de los ERE y las prejubilaciones falsas pero los hechos que vamos conociendo día tras día más nos acercan al psicodrama. Una novela picaresca bien pudo escribirse del “caso Guerra”, eso sí, y si me apuran también de este desbarajuste en el que sabemos dónde está el patio aunque conozcamos todavía la cara de Monipodio. La realidad es que hemos tocado fondo, que nos hemos ido a pique como autonomía de la mano de un PSOE que ha confiado demasiado en Rinconete y Cortadillo. Guerra lo sabe de sobra y por eso recurre a la pirotecnia.