El modelo Colau

Es significativo que la protesta pública sea tan selectiva que apunte siempre en una dirección política, nunca en la opuesta. Por ejemplo, ya es raro que en la Andalucía de máximo paro y máximo latrocinio apenas se oiga el rumor de la calle que, sin embargo, resuena con estruendo en tantas Españas. ¿Por qué esa estrategia peronista funciona tan activamente frente a las instituciones simbólicas mientras ni está ni se la espera en este puerto de Arrebatacapas? Ojalá nunca llegue aquí esa tumultuosa moda, pero ojalá también su sustancien de una vez las acciones judiciales que nos han convertido en el escándalo nacional.

Lo de Messi

A propósito de la presunta defraudación fiscal de Messi medio mundo se ha acordado de Lola Flores, la pobre, es decir, del espectáculo que montó Borrell para que se viera “un ejemplar”, como hubiera dicho ella, en aquella España a la que resultaba preciso, por lo visto, aflojarle la rigidez heredada de la autarquía franquista y los impuestos indirectos. Lola dijo cosas memorables entonces, por ejemplo, que ella –“que-había-paseado-la-bandera-de-España-por medio mundo”—dejaba de ser la Lola de España para pasar a ser la Lola de Hacienda, o aquella estupenda ilusión de que si cada español aportara una peseta a su causa, se acabaría su problema y la España cañí podría dormir tranquila. Messi, en cambio, se ha limitado a colgar en su página un breve desmentido y mostrar de paso su sorpresa, como si fuera imaginable que la fiscalía se querellara con alguien relevante sin que antes la Agencia Tributaria hubiera removido cielo y tierra, incluyendo la encuesta al presunto defraudador. Si escarmentando a Lola se trataba de asustar al país remolón, con la querella a Messi lo que Hacienda trata de hacer, tal vez, es acercar el alfiler a la inmensa burbuja del fútbol, esa bolsa de fraude a la que sería difícil buscarle parangón, y no sólo a las estrellas de ese firmamento sino a sus clubs, a sus representantes y a sus ollas tapadas. El toque está en saber cuántos Messi andarán por ahí rematando a puerta vacía en los paraísos fiscales y sin dejar un duro solidario en las arcas de la fervorosa nación que los mantiene como a rajás, sin dejar de considerar lo problemático que habría de resultar volcar ese puchero en un país abducido por el telefútbol que va de lunes a domingo. Meterle mano a la banca es como coger a un elefante por la trompa, pero desinflar la burbuja del fútbol no debe irle a la zaga a esa proeza.

Lo que no deja de ser estupendo es que la nación ande en vilo por una querella a un potentado como ese chico mientras permanece empantanado su “ejército de reserva” en el médano de la crisis, que se le dé más espacio y titular a una “figura” que a los miles y miles de zambombazos que se le dan a los empresarios del común, por no hablar de los propios trabajadores. ¿Cómo se explica tanta conmoción por lo de Messi en un país en el que tienen que declarar pulcramente a Hacienda hasta los pensionistas? ¡Ay, si Lola anduviera por ahí canturreando incansable la epopeya romántica de la Zarzamora! Seguro que Montoro no faltaba ni una noche al colmao.

El derecho de Adán

Todo parece indicar que en la reunión del G8, es decir, de los ocho hombres que deciden políticamente en el planeta, no se va a conseguir gran cosa aparte de la foto. No sin cierta ingenuidad se esperaba de este cónclave un acuerdo de fondo contra la evasión fiscal, es decir, un portazo definitivo a los “paraísos fiscales” en los que se consuma el expolio general en esta fase del capitalismo explotador. ¡Pero cómo iba a conseguir Cameron un acuerdo sobre ese portazo si su país, la Gran Bretaña, tiene algunos de los paraísos más prósperos que se conocen! Ya es bastante, se dice con razón, el hecho mismo de que este encuentro en Irlanda haya consentido que el tema vaya en su guión, pero ni ahora en Lough Erne, ni en el próximo a celebrar en Rusia existirá la menor posibilidad de cerrarlo. Habrá que esperar, cuando menos, hasta que se reúnan en Alemania en 2015 para que la vieja aspiración de tanta gente tenga alguna posibilidad de progresar. Hace bien poco Francia y Suiza se las tuvieron tiesas a propósito de ese levantamiento del secreto bancario que es el auténtico catalizador de los dineros negros y rojos que mueven subrepticiamente esta economía globalizada, y en Francia –como poco antes en España—los ricos evasores, que se cuentan por miles, han solicitado árnica a su Gobierno para normalizar la situación fiscal de esas fortunas. En el fondo se trata de que todos los países, los ricos como a los pobres, tengan acceso a esa información básica hasta hoy extremadamente confidencial. ¡Cómo para abrir la mano en el asunto! El sistema capitalista funciona sobre esta trampa suprema que arman entre todos porque a todos conviene.

En cierto modo –decía un econominsta americano recientemente—hoy no es concebible el funcionamiento del sistema económico mundial sin contar con esa institución fraudulenta. En Gibraltar hay tantos bancos como vecinos, lo mismo que en la isla de Man, y eso quiere decir, sin lugar a dudas, que los trajines del dinero negro constituyen acaso el principal activo del Sistema. Los Estados, es cierto, necesitan ese dinero para rellenar el agujero negro que les ha abierto la crisis, pero ni así está en sus manos el arreglo. Al ministro francés de Hacienda le acaban de descubrir su calcetín suizo, lo mismo que a ciertos miembros de la familia real española, ¿comprenden? Habrá paraísos disponibles por mucho tiempo. Son el gran instrumento del capitalismo postmoderno. Sin él estaríamos hablando de otra cosa.

Barbas en remojo

IU ha echado sus barbas a remojar por lo que pudiera derivarse de la instrucción del caso de los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas, un saqueo en el que ha participado demasiada gente. Por eso su portavoz parlamentario se ha apresurado a señalar que “sus” tres consejeros nada tienen que ver con el gran chanchullo, sin dejar de mostrar su inquietud para el supuesto de que la investigación llegara a salpicar al cogobiernillo. IU va en la cuerda floja, y hay que reconocer que su postura no es cómoda, pero eso es algo que la coalición sabía antes de pactar con el PSOE. IU no acaba de descubrir a la “caterva de golfos y golfas que se han enriquecido”. Si los denuncia ahora es precisamente para que lo parezca.

La TV pública

Desde que en la primera huelga general organizada por los “sindicatos de clase” al “Gobierno hermano” no se había conocido, que yo sepa, en toda Europa, un “apagón” tan espectacular como el que ha cerrado la TV griega dejando al viejo país de la razón sordo y mudo. Vale que los trabajadores y técnicos hayan paliado ese apagón mediante la conexión a Internet garantizando con ello la continuidad relativa (e incómoda) de las emisiones, pero el hecho mismo del cierre de una tele pública resulta inquietante por muchos conceptos. Claro que cuando el primer ministro griego se escuda en que la medida la toma por imposición de la UE, de Bruselas para entendernos, no dice que la TV griega costaba ¡cinco veces más! que una cadena privada, lo mismo, más o menos, que sucede en Italia o aquí. No cabe duda de que para la opinión pública la existencia de una opción pública supone –o debe suponer—una garantía de pluralismo y libertad en suma, pero la propia experiencia que nosotros poseemos nos dice también que, al menos aquí, una TV pública es la voz de su amo y nada más. ¿Cómo es posible que Cataluña no cumpla con el déficit pero tenga tres canales de una televisión perfectamente amaestrada, altavoz en cada momento, del partido en el Gobierno, por qué una tele como la andaluza ha de costar más cara que las cadenas privadas que tiene mucho más éxito y mucho mayor audiencia de ella? Pues porque, a cambio de la fidelidad perruna, el gobierno de turno le ofrece al medio barra libre y acaba por engullir a una clientela “de facto” que no tiene por qué ser partidista ni gubernamental pero que acaba siéndolo por imposición de la realidad. Pienso que, a lo mejor, una leal competencia entre una TV pública y la competencia privada podría ser una solución. Los partidos –todos los partidos—piensan, como es natural, algo por completo distinto.

Un país sin TV es hoy por hoy inconcebible, en cualquier caso, y si la UE aprieta las tuercas para regularizar situaciones tan complejas como la griega, debe, en cualquier caso, evitar ese corte umbilical que supone dejar al gentío sin el ruido de fondo de sus vidas. Apuesto por una televisión pública como prerrequisito de la democracia, pero no veo por qué confundir “público” con “partidista”, ni comprendo por qué ha de salir más cara la pública que la privada. La democracia griega está hoy entre paréntesis a la espera de que caigan en esa cuenta los demócratas europeos.

Esperpento andaluz

Con haber visto ya casi de todo, no recuerdo una escena más esperpéntica que el encuentro televisado en directo entre Mario Conde y Diego Cañamero, con su debate ridículo y su tramoya “novecentista”. Ni la arenga del ex-banquero embargado ni la risible amenaza del revolucionario profesional –segunda versión notablemente empeorada del paripé que mantuvieron en su día el duque de Huéscar y Sánchez Gordillo—son otra cosa que un esperpento que a Valle-Inclán no se le habría ni ocurrido. ¡Mira que pedir un “banco de tierras” a una Junta que mantiene incorrupto el cadáver de la “reforma agraria”! Nunca la política fue más teatro (o más circo, según se mire) ni el movimiento obrero alcanzó cotas semejantes de folclorismo.