La HGP

Un activista romántico como Jorge Semprún, nos contaba una vez en París algo que luego repetiría, ya más formalizado, en sus   “Memorias de Federico Sánchez”. Hablábamos de la huelga con todos sus apelativos y eufemismos –la “Huelga Nacional Pacífica” o HNP, la Huelga General Política o HGP , la que con cierta sorna llamábamos la ADN porque la organizaba la Asociación Democrática Nacional de Carrillo, ya en los años 70—y Semprún venía a decir que ese instrumento, a fuerza de politización y burocracia, se había convertido en la última encarnación del hegeliano Espíritu Absoluto, en una fantasía legitimadora, que en absoluto bastaba para modificar el universo resistente de la realidad. Nosotros le recodábamos que el movimiento obrero primitivo había sido mantenido por los propios trabajadores hasta el lindero de la hambruna, y tenía organizadas, como cuenta Anselmo Lorenzo de “El proletariado militante”, sus “cajas de resistencia” de las que salía el viático imprescindible para sostener a los activistas, a los parados y sus familias. Hoy mismo en Alemania, donde los sindicatos no son subvencionados sino que viven de las cuotas de sus trabajadores, funcionan también las “cajas de huelga” para asistir a los huelguistas, empezando por ese IG-Metall –el mayor del mundo quizá—que tanto ayudó al PSOE en la etapa de los “Flick y Flock”. En España, en cambio, los sindicatos son gigantescas máquinas subvencionadas por el impuesto ciudadano que funcionan en el marco de una “concertación” con la patronal, indiscernible del verticalismo sonriente de Solís, unas empresas rentabilísimas que comercian con los cursos de formación, siempre más pendiente de los trabajadores que de los parados y, por supuesto, un pulpo unido por un tentáculo al poder que les paga. Eso se llama disparar con pólvora ajena desde un empleo como otro cualquiera. Un dato: Cándido Méndez no ha cotizado un solo día por cuenta ajena. ¿Se puede ser más “profesional”?

Que la calle se iba a poner imposible si ganaba el PP estaba cantado, tanto como que la crisis casi terminal en que andamos sumidos exigiría medidas de sacrificio colectivo si pretendemos continuar formando parte de esa cuasifederación que es la UE y del único mundo llamado “libre” que hoy conocemos. Y ahí está ya el primer embate, la HG teatralizando una tragedia que no va a resolver nada, sino todo lo contrario, asediando al Gobierno con sabotajes legales. Así empezaron los griegos en la plaza Sintagma y miren cómo están, hechos unos zorros. Aunque, eso sí, los huelguistas españoles perderán hoy su salario, al contrario que sus colegas alemanes. Aquí no cobran más que los barandas, y claro, tienen que justificar la manteca.

Frases de resaca

“El pueblos nos ha dicho que quería que continuáramos gobernando pero también que podíamos hacerlo mejor”, Mar Moreno, consejera de Presidencia.

“La gente ha estado ahí, sosteniéndonos”, la misma.

“Vamos a levantar un muro frente a las reformas del Gobierno de Rajoy”, Pedro Jiménez, coordinador de IU en Huelva.

“De la crisis sólo se sale con medidas antisistema”, Juan M. Sánchez Gordillo, alcalde y diputado autonómico de IU.

“Antes que pagar la deuda hay que crear empleo”, José Luis Centellas, diputadon nacional de IU.

“El PSOE ha perdido 600.000 votos y tiene que hacer un ejercicio de humildad”, Diego Valderas, coordinador regional de IU.

“El PSOE ha perdido bien”, José. L Sánchez Teruel, secretario provincial del PSOE de Almería.

“No estaba muerto que estaba de cañas”, presidente José Antonio Griñán.

La marca blanca

Con esa ingenuidad revolucionaria sólo comparable a su tozudez, el alcalde Marinaleda, Juan Manuel Sánchez Gordillo, no ha esperado ni medio segundo para decir, sin cortarse un pelo, que va a pedir un referéndum vinculante para que las bases se pronuncien sobre un posible pacto de gobierno de su coalición con el PSOE. Juan Manuel, que es un revolucionario –repito—impenitente, ha explicado también que él es partidario de forzar políticas de izquierda en el Parlamento y no de repartirse las poltronas de la Junta, porque considera un error –quizá recordando el fiasco que supuso la alianza en el Ayuntamiento de Sevilla– amarrar IU a cualquiera de los dos grandes partidos. Y es muy serio eso que ha dicho. Al PP se han ido asqueados tres escaños de este PSOE en descomposición y a IU otros seis, y Gordillo parece querer decir que ese aluvión de “cabreados” no ha votado a IU contra su propio partido para que, al final, IU acabe sirviéndole de escabel. O dicho de otra manera, hay una izquierda ingenua que ha votado a IU justo para que el PSOE no continúe en el Poder y ese sector no va a conformarse con que IU sea, simplemente, una “marca blanca” del PSOE que éste aproveche para continuar gobernando desde la insolvencia y la corrupción. ¿Lo ven? Hay radicales que conservan la coherencia y hay burócratas que sólo buscan el Poder al precio que sea, pero en cualquier caso, la calamidad que supone que IU sea determinante en la autonomía andaluza no va a permitir, presumiblemente, un arreglo estable entre trileros por la razón elemental de que hoy, en medio de esta crisis abierta, no queda otro camino que el de las reformas. Un Marx o un Kropotkin no apoyarían nunca al Gobierno del “fondo de reptiles” que, desde hace más de treinta años, mantiene a Andalucía al final de la cola europea. Yo creo que eso es lo que el alcalde de Marinaleda –como antes, con muchos menos motivos, hicieron sus camaradas extremeños—ha comprendido. Los revolucionarios suelen ser astigmáticos pero no miopes.

IU “marca blanca” del PSOE, algo impensable en los tiempos de Julio Anguita y Luis Carlos Rejón, desgraciadamente idos. Y los ingenuos que han querido castigar al PSOE descolgándose al desgalgadero de IU se encuentran ahora con que lo que han hecho es salvarle los muebles a ese Presidente que no han querido mantener y que, curiosamente, acabará siéndolo dos veces ¡sin ganar una sola elección! Se entiende al argumento de la mayoría aritmética, pero es más que probable que el PSOE acabe siendo la tumba de IU. Aquí no existe altura política para hacer la “Grosse Kaolition” que ha salvado a Alemania de la quema. Aquí seguimos más cerca de Sertorio y de Perpena que de la Merkel.

El despojo andaluz

Admito que la reforma financiera obligue a fundir esas prohibitivas taifas que eran nuestras entidades de crédito y, en consecuencia, que a Cajasol se la tragara Banca Cívica y que a los dos se las zampe ahora CaixaBank. Pero lo cierto es que la economía andaluza –que tanto ha perdido en estos últimos decenios—se le acaba de escapar también su principal instrumento financiero para ir a parar, encima, a una Cataluña cuya dirigencia plantea justo en este momento su separación de “las aguas sucias” de España. Vamos de mal en peor, aumenta nuestra dependencia, pintamos cada día menos en el panorama nacional y, sin embargo, los andaluces que pedían el cambio no lo han propiciado. ¿Sarna con gusto no pica? Hay refranes que, en ocasiones, los carga el diablo.

Sociología perpleja

La gran cuestión que debe explicar la sociología tras su fracaso en las elecciones autonómicas no es por qué, a  pesar de la notable caída del PSOE y su crítica circunstancia, el cambio probable no se ha producido en Andalucía. ¿Qué podían concluir los sociólogos cuando un 73 por ciento de los ciudadanos encuestados se mostraban convencidos de la necesidad de un cambio político en la región? Parece obvio que el optimismo de los sondeos favorables al PP se basaba en la idea de que quien quiere un cambio no vota lo mismo y, sin embargo, así ha sido, con toda evidencia en un amplio sector de nuestro electorado. Ni siquiera vale argumentar que la izquierda “desencantada” ha buscado acomodo en una IU como la actual, a no ser que se tenga de esa izquierda movediza un pésimo concepto, pues resulta obvio que a la victoria pírrica del PP hay que añadir la también pírrica oportunidad que se le ofrece al PSOE de gobernar con los “comunistas” –que es como ha llamado toda la vida a sus eventuales socios– a los que despreciaron siempre  hasta llegar a esa reciente frase anfibia de Griñán de que “gobernar con IU no es lo mejor ni lo peor”. La única razón lógica que explica el fracaso de los sondeos es que sus gabinetes no han sopesado . un hecho clave: que el peso del clientelismo organizado por el PSOE en Andalucía no permite ninguna alternativa, es decir que hay un vasto sector de la población que “depende” del partido. Esa población puede confesar en los sondeos, por ejemplo frente al espectáculo de la corrupción galopante de los últimos tiempos, su hastío y su convencimiento de que un gobierno fracasado y sumido en la corrupción aconsejaría un cambio, pero a la hora de votar está claro que se encuentra maniatada. El PSOE ha perdido en Andalucía todo lo que podía perder, pero no el apoyo incondicional de su clientela. Ésa tiene que vivir y sabe que de su voto depende el sustento. Hay cosas tan claras que no se ven.

Y he calificado de pírrica la derrota gananciosa de Griñán porque gobernar con IU –sus más tradicionales y acérrimos enemigos—va a ser un espectáculo que sin duda puede condicionar de modo gravísimo los planes de reforma del Gobierno y de la UE, es decir, nuestra única salida de urgencia de la crisis. Tanto que no me extrañaría que –salvo una rendición incondicional de l PSOE—esa coalición no resistiera mucho tiempo en una legislatura que va a ser de órdago. En el pecado llevan la penitencia, desde luego, aunque bien es cierto que los flagelados serán los andaluces que equivocaron a las encuestas y los que no. La democracia no funciona en Jauja. Lo pueden ver a su alrededor.

Desconcierto general

Se comprenden albricias y llantos de unos y de otros, pero lo que ahora debe ocuparnos es el futuro. Y el futuro no puede ser otro que el retrucadísimo de un pacto de gobierno PSOE-IU que, sin  duda, pondrá en graves dificultades la gobernación de Andalucía y la de España en su conjunto. El PSOE tendrá que dar a sus socios lo que le pidan y éstos deberán apretar filas con los que hasta hoy han llamado corruptos y traidores –pelillos a la mar– a cambio de un poder que nunca pudieron soñar. El desconcierto general que reina desde que se conoció el escrutinio se irá agravando a medida que se conozca esa alianza y veamos cómo funciona –¡en plena recesión!—un partido agotado al que apoya otro anclado en el XIX.