Justicia y “omertá”

Aún resuenan en el Congreso las voces de los diputado Cosidó y Gil Lázaro interpelando sesión tras sesión a Rubalcaba, entonces ministro de Interior, sobre el famoso “chivatazo”, o séase, el caso de ciertos policías que avisaron a ETA para que no cayera en la trampa legítima montada por los de antiterrorismo. El caso, además, está demostrado en lo fundamental, puesto que el juez tiene grabadas las conversaciones de los “chivatos”, por más que esa prueba aceptada no alcance al alto nivel político: hemos de suponer, pues, que unos policías decidieron por su cuenta y riesgo traicionarse a sí mismos sin que sus superiores se enteraran de nada y menos que ninguno, claro está, el ministro. Ya ven, un caso que nadie en sus cabales se tragará en su actual versión pero que quedará en relativa agua de borrajas ya que el silencio encubridor de los acusados funciona en régimen de pura “omertá”. ¿Vamos a extrañarnos del escepticismo creciente entre esos ciudadanos convencidos de que aquí nunca ocurre nada, de que los poderosos o, simplemente, a los avecindados en la collación del Poder, no alcanza jamás la mano dura de la Justicia? Pues probablemente no, lo cual supone un serio hándicap para el Estado de Derecho cuya existencia real exige la confianza y el apoyo de los ciudadanos, y no digo nada sobre lo que hechos semejantes han de suponer para la credibilidad del propio Congreso, en el que una mentira tiene el mismo peso que una verdad rotunda. Lo previsible es que este “caso Faisán” se salde con unas cuantas condenas por la parte baja del escalafón. Ver a toda una cúpula policial en la cárcel, incluyendo al ministro y al secretario de Estado, como ocurriera cuando el secuestro de Segundo Marey, no parece hoy ni siquiera posible. De todo se aprende, hay que comprenderlo.

Nadie espere justicia en este caso que constituye un escarnio para las víctimas y una vergüenza política sin precedentes, y no desde la hipótesis de que los que carguen con la culpa tendrán su “compensación” sino desde el simple sentido común que nos dice que la alta dirigencia nunca dejará huellas de sus presuntos delitos. La gente descree de la Justicia por eso mismo, porque ve negado lo que salta a la vista, porque ve cómo la tela de araña retiene a los menores pero se rompe indefectiblemente con los graves y mayores. Pocas veces llegaremos a saber quién es el “míster X” de los delitos de Estado. Quizá ninguna.

La gran manta

Los llamados “agentes sociales” se han convertido, en el clima de la “concertación”, en socios además de adversarios. Escuchen si no al presidente de la patronal andaluza decir sobre los probados mangazos de UGT que sí, que el hecho “daña la imagen” de la concertación dichosa, pero que no afecta a los acuerdos en sí. O sea, que da lo mismo interactuar con un agente probo que con uno mangante con tal de que la subvención siga llegando puntual. Unos no tienen perdón. Los otros tampoco.

Profecías cumplidas

Varios periódicos, entre ellos el NYT, andan comentando esta temporada los aciertos rotundos de las profecías lanzadas por Isaac Asimov hace medio siglo justo y cabal. La ciencia-ficción tiene esa capacidad asombrosa de imaginar con precisión lo que será realidad en el futuro, adelantándose a los tiempos como hiciera Verne y, antes que él, no pocos visionarios desde Luciano a Cirano de Bergerac, demostrando que el papel de la imaginación es esencial para el desarrollo tecnológico y, en definitiva, civilizatorio. A propósito de Asimov se recuerda su anuncio de la llegada de robots a Marte confirmada por el éxito del “Curiosity” y el reciente anuncio de que la colonización del planeta pudiera producirse hacia 2023; la proliferación de robots todavía lejanos de sus “cerebros positrónicos” pero cada día más eficientes; el desarrollo del transporte sin contacto con el suelo, realidad hace tiempo en los trenes de sustentación magnética y fantasía en el proyecto “Hyperloop”, que viajará ¡a 1000 kms/hora!; la revolución en las comunicaciones visuales y auditivas, hoy convertida en auténtico signo de los tiempos; el aumento descontrolado de la población mundial; la comunicación sin hilo, es decir, la liberación de la electricidad respecto de sus contactos; y en fin, la aparición de los vehículos autónomos, los “cerebros mecanizados”, como ese coche sin piloto que anuncia ya la Nissan para 2020. Una tras otra, las profecías del autor de “Yo robot” se han ido haciendo realidad transformando la convivencia en términos que quizá ni él mismo hubiera imaginado. El tiempo se ha desbocado en estos cincuenta años y va atropellándose a sí mismo no sabemos hacia dónde pero, sin duda, hacia latitudes que ponen en cuestión nuestra elemental antropología y, más allá de ella, nuestra concepción global de la realidad. Se ha dicho que un historiador es un profeta que mira hacia atrás. Uno está por creer que un novelista de este ramo ve las cosas con mucha mayor claridad.

La interacción entre los avances tecnológicos y la evolución moral ha sido visible en todo momento histórico pero en ninguno se ha visto confirmada esa dependencia como en éste en que vivimos, dentro del cual la “cultura material” parece pujar con las moralidades en una desbandada hacia adelante que no es posible siquiera entrever dónde acabará dando con nuestros huesos. La postmodernidad nos desborda cada día como un pez que nadara por delante de su cabeza.

La gran tumba

¿Cuántos desdichados se tragó ya le gran tumba de agua que es el Estrecho? Llevan años ahogándose los que nos llegan de África huyendo de la miseria y en busca de una vida mejor, unos migrantes a los que se les niega el pan y la sal y con los que trafican no sólo las mafias que los embarcan tramposamente sino los propios Estados que consienten ese tráfico. Este verano han estado llegando por decenas, por centenares, en balsas de juguete, hombres, mujeres y niños juntos, para acabar en manos de otras policías o en el fondo del mar. No hay en este momento un escándalo humano como ése cuya responsabilidad la UE nos ha dejado a nosotros en exclusiva.

La guerra tibia

¿Ustedes aceptan, de verdad, el embrollo tejido en torno a la cuestión Siria? ¿Damos por cierto que la inocente pregunta de un periodista al jefe de la diplomacia americana ha abierto de par en par la puerta a una negociación en la ONU y, en consecuencia, ha dado de sí tanto como para desahogar la angustiosa situación de Obama y ceder el protagonismo a Rusia? ¿O será que la pregunta haya sido calculada para dar ocasión a Kerry de “columpiarse”, a Rusia de coger al vuelo ese columpio, a Francia para esquivar su problema devolviendo la cuestión a la ONU y, en fin, a Obama para liberarse del cepo que él mismo se puso al lanzar esa amenaza de intervención de castigo que una inmensa mayoría no respalda en USA? Nunca podremos responder a estas preguntas más que en términos conjeturales pero a la vista está que las relaciones internacionales tienen, cuando quieren, amplios márgenes para enfriar las guerras y acercar posiciones. Claro que, salga lo que salga de la bendita negociación, el Asad seguirá siendo un peligro, la expeditiva Rusia de Putin habrá mejorado su imagen, el presidente francés se habrá quitado de encima el mayor peso del mandato, pero ni el pueblo sirio ni sus cientos de miles de transterrados verán resuelto su casi insoluble problema político. Yo creo que a Obama se la han puesto como a Fernando VII entre el periodista y el diplomático, y que los demás han aprovechado la ocasión en beneficio de sus respectivas imágenes. Está bien que hayamos evitado otra guerra, que no se haya añadido más sufrimiento a ese pueblo inocente, incluso que mejoren las imágenes de los protagonistas que se reparten la hegemonía planetaria. Lo malo es que a el Asad le saldrá gratis –como antes a tantos otros—su guerra canalla y que ha quedado demostrada la insolvencia de nuestra organización internacional. El polvorín sigue intacto entre tantos polvorines. Y hasta la próxima.

Otra cosa es que el meollo de la cuestión –el gaseamiento criminal e impune de la población civil—quede ahí, ni más ni menos que los que anteriormente se produjeron, a merced de unos sátrapas contra los que la ONU nada puede como no sea que a un periodista se le escape una pregunta oportuna en el momento justo. ¿Qué, nos lo creemos o no nos lo creemos? ¿Estamos ante un “castellet” hábilmente calculado o habrá sido todo producto del azar? Yo a ese periodista le daba por lo menos la Medalla del Congreso. O le Premio Nobel de la Paz. ¡No se lo han dado a Kissinger y a Obama!

No ha pasado nada

Aquí no ha pasado nada, al parecer, pero todos y cada uno de los concernidos en el “caso ERE” andan de acá para allá descalificando a calzón quitado a la jueza y sosteniendo, al tiempo, que su último auto no cambia nada en el paisaje político. Bueno, pues entonces, ¿a qué tanta declaración, tanta entrevista y rueda de prensa por parte de quienes nada tienen que temer? Crece la opinión de que Alaya va a salirse con la suya, al menos inicialmente, aparte de haber forzado un cambio en la Presidencia de la Junta. Por eso mismo también crece el miedo y la inquietud entre los concernidos y el desaliento de quienes lo fiaron todo a un eventual fracaso de la instrucción. Por más que el “catalanazo” les haya servido de cortina de humo, aquí tiene miedo ya hasta el apuntador.