Degenerando

Los “ninis” de Griñán han celebrado el anuncio de que el Presidente no se presentará a las próximas elecciones como una proeza democrática que, en cualquier caso, les abre paso a ellos. Ni Andalucía pudo llegar a menos, ni ellos pudieron soñar siquiera con llegar a tanto, como confirmando la sentencia que dio don Juan Belmonte cuando le preguntaron cómo se las había arreglado cierto banderillero para llegar a Gobernador Civil: “Degenerando, hijo, degenerando”. Si el interregno de Griñán ha resultado gris y escandaloso, da miedo pensar cómo podría llegar a ser el “Régimen” en manos de estos aficionados.

El burdel moderno

No hay por qué cargarle a san Agustín todo el peso de su lamentable comparación del lenocinio con las letrinas de la ciudad. Lo mismo que Agustín piensan, tantos siglos después, infinidad de “usuarios” y teóricos de la prostitución, en especial desde la óptica socialdemócrata y verde, partidarios decididos de la “normalización” del puterío y la elevación del estatus de los prostituidos hasta igualarlos en el terreno laboral. ¿Por qué no vigilar de cerca a chulos y curradores, por qué no permitir que la mujer (del varón no suele hablarse, es curioso) pueda cotizar a la seguridad social para garantizarse unos servicios sociales imprescindibles y un futuro siquiera mínimamente digno? En Francia las “maisons d’ envie” o “maisons closes” fueron cerradas al acabar la Guerra Mundial, Franco las ilegalizó sin excepciones y en Alemania se procedió a la legalización del negocio del cuerpo en 2001 dando lugar –según una encuesta que publica Der Spiegel—al mayor burdel de Europa en el marco de una verdadera industria controlada, como en España, por empresas camufladas como turísticas que se han convertido en el chulo colectivo de esas esclavas sexuales. Claro que un negocio que produce al año más de 14.000 millones de euros y que cuenta con 200.000 trabajadoras en un país es un subsector demasiado importante como para que pueda ser sometido a un control siquiera mínimo, lo que ha provocado una situación aún más miserable de las presuntas protegidas, cuyos salarios, entre otra cosas, se han venido abajo por la competencia de mujeres importadas de Bulgaria, Rumanía y otros países del Este miembros de la UE desde 2007. Resulta desolador el panorama de “ofertas” y “oportunidades” que, en la práctica ha llegado a suponer para algunas desdichadas la obligación de satisfacer nada menos que cuarenta “servicios” al día. Agustín no se equivocaba tanto, después de todo, al emplear su triste comparación.

Propuestas rayanas en lo delictivo y miserables descuentos a la clientela ocultan la desoladora realidad de una nueva esclavitud que la supuesta protección legal no ha hecho más agravar en su dependencia. Se alquilan los cuerpos (y quién sabe si las almas) al amparo de esa cobertura normativa que lejos de acabar con el “oficio más antiguo del mundo” no ha conseguido más que degradarlo. Baudelaire, que era un visionario, decía que no existe placer que no pueda ser reducido a la prostitución. A la nueva industria, maldita la falta que le hacen estas filosofías.

El fiscal/defensor

Al ex-fiscal De Llera no lo ha hecho Griñán consejero de Justicia para que arregle ese clamoroso enredo burocrático sino para que actúe como su abogado defensor en el caso de los Eres fraudulentos y las prejubilaciones falsas. Por eso, aunque suele protestar que no hace declaraciones para evitar su deformación periodística, no deja de hacerlas cada vez que se tercia defender al Presidente de su responsabilidad –quizá no sólo “in vigilandi”—en la trama de ese escandalazo. Antier mismo proclamó con rotundidad la inocencia del Presidente olvidándose de que eso sólo está en condiciones de hacerlo la juez que instruye el sumario. Vaya papelón que le ha tocado a De Llera en este asunto que cada día que pasa se agrava más.

Un nuevo Irán

Mi llorado amigo Eugenio Trías mantuvo en sus últimos años una fuerte inclinación por Irán, para cuya peculiaridad reclamaba discreción al tiempo que auguraba, en medio de las peores circunstancias, la posibilidad de una evolución razonable. Lo he recordado ante la noticia del triunfo de la moderación, encarnado por el clérigo Hasan Rohani, ante el que se han felicitado varias potencias occidentales, frente al radicalismo insensato y provocador de Ahmadineyad. Rohani anuncia la apertura del país a una convivencia razonable, dentro de los límites que le impone el control religioso de Consejo Supremo de Seguridad presidido por el “líder supremo”, como han advertido sin demora los Guardias de la Revolución. Pero la victoria aplastante de Rohani no se explica si el país no hubiera evolucionado internamente, es decir, si el voto no fuera el reflejo de unos intensos cambios sociales propiciados por una nueva mentalidad cada vez menos compatible el rigorismo islamista, cambios que van desde el comportamiento bursátil hasta las actitudes íntimas, como lo prueba el descenso radical de la natalidad y la profunda mudanza de las costumbres y actitudes sexuales que certifican el rápido aumento de los divorcios o del aborto, así como el retraso de la edad matrimonial por no hablar del auge de la prostitución tanto femenina como masculina. A Rohani lo ha votado un país que, previamente, ya había afilado su voto en la intimidad en busca de una liberalización hasta ahora negada por el fanatismo radical. Los cambios políticos responden a silenciosos procesos de mutación. La imperceptible micropolítica es la causa de que, tarde o temprano, cambien los rumbos y se impongan las tendencias.

El doctrinarismo islamista va a encontrar, en fin de cuentas, ese muro de la opinión renovada cortándole el paso, tal vez porque no hay política posible al margen de la tendencia universal de una cultura que, en la sociedad mediática, tiene a ser cada instante más universal. La ubicuidad de la imagen –tv, Internet…– ha hecho que las modas también sean ubicuas y eso no hay disciplina impuesta que pueda contenerlo. E Irán ni iba a ser una excepción, como no acaba de serlo, en última instancia, ni siquiera Afganistán. La vida tiene su propia dinámica ante la que la política dispone de escasas posibilidades de éxito duradero. Se confirma que, ante el fanatismo, la moderación puede también ser el camino más corto hacia el progreso.

El modelo Colau

Es significativo que la protesta pública sea tan selectiva que apunte siempre en una dirección política, nunca en la opuesta. Por ejemplo, ya es raro que en la Andalucía de máximo paro y máximo latrocinio apenas se oiga el rumor de la calle que, sin embargo, resuena con estruendo en tantas Españas. ¿Por qué esa estrategia peronista funciona tan activamente frente a las instituciones simbólicas mientras ni está ni se la espera en este puerto de Arrebatacapas? Ojalá nunca llegue aquí esa tumultuosa moda, pero ojalá también su sustancien de una vez las acciones judiciales que nos han convertido en el escándalo nacional.

Lo de Messi

A propósito de la presunta defraudación fiscal de Messi medio mundo se ha acordado de Lola Flores, la pobre, es decir, del espectáculo que montó Borrell para que se viera “un ejemplar”, como hubiera dicho ella, en aquella España a la que resultaba preciso, por lo visto, aflojarle la rigidez heredada de la autarquía franquista y los impuestos indirectos. Lola dijo cosas memorables entonces, por ejemplo, que ella –“que-había-paseado-la-bandera-de-España-por medio mundo”—dejaba de ser la Lola de España para pasar a ser la Lola de Hacienda, o aquella estupenda ilusión de que si cada español aportara una peseta a su causa, se acabaría su problema y la España cañí podría dormir tranquila. Messi, en cambio, se ha limitado a colgar en su página un breve desmentido y mostrar de paso su sorpresa, como si fuera imaginable que la fiscalía se querellara con alguien relevante sin que antes la Agencia Tributaria hubiera removido cielo y tierra, incluyendo la encuesta al presunto defraudador. Si escarmentando a Lola se trataba de asustar al país remolón, con la querella a Messi lo que Hacienda trata de hacer, tal vez, es acercar el alfiler a la inmensa burbuja del fútbol, esa bolsa de fraude a la que sería difícil buscarle parangón, y no sólo a las estrellas de ese firmamento sino a sus clubs, a sus representantes y a sus ollas tapadas. El toque está en saber cuántos Messi andarán por ahí rematando a puerta vacía en los paraísos fiscales y sin dejar un duro solidario en las arcas de la fervorosa nación que los mantiene como a rajás, sin dejar de considerar lo problemático que habría de resultar volcar ese puchero en un país abducido por el telefútbol que va de lunes a domingo. Meterle mano a la banca es como coger a un elefante por la trompa, pero desinflar la burbuja del fútbol no debe irle a la zaga a esa proeza.

Lo que no deja de ser estupendo es que la nación ande en vilo por una querella a un potentado como ese chico mientras permanece empantanado su “ejército de reserva” en el médano de la crisis, que se le dé más espacio y titular a una “figura” que a los miles y miles de zambombazos que se le dan a los empresarios del común, por no hablar de los propios trabajadores. ¿Cómo se explica tanta conmoción por lo de Messi en un país en el que tienen que declarar pulcramente a Hacienda hasta los pensionistas? ¡Ay, si Lola anduviera por ahí canturreando incansable la epopeya romántica de la Zarzamora! Seguro que Montoro no faltaba ni una noche al colmao.