Ni caso

La Junta pasa de las sentencias de los jueces y mantienen en sus puestos, a pesar de la rotundidad de lo sentenciado, a miles de esos “enchufados de su confianza. Es más, por lo que cuentan, hubo un  momento en que se adoptaron algunas medidas cautelares –como retirarles las claves de acceso a determinados programas informáticos considerados “sensibles”—pero luego han debido pensar que es más lo que se juegan reponiendo a los funcionarios de carrera en sus puestos que toreando a la magistratura. No se explica por qué Griñán consiente este desacato múltiple a no ser que, aparte del objetivo de blindar a los “suyos”, se fie cada día menos de quienes legalmente son los únicos que deberían meter mano en la Función Pública.

La toxina talismán

No es justa la fama de la toxina botulímica, ese activo veneno empleado desde hace tiempo en la restauración de las pieles avejentadas y, en ese sentido, fuente de una imaginaria eterna juventud. Es verdad que se ha usado y abusado de ella por parte de una clientela presumida y de unos profesionales poco discretos, pero los últimos informes anuncian que su aplicación en tratamientos sanitarios va mucho más allá del hasta ahora empleado por la cirugía estética. Una primera aplicación de la que tuve noticia fue la que ciertos oftalmólogos americanos descubrieron como remedio del estrabismo, al comprobar que su inyección corregía el mal posicionamiento de los ojos sin necesidad de recurrir a la cirugía, pero enseguida, siguiéndole el rastro, pude enterarme de que su utilización resultó también útil a otros supuestos neurológicos, tales como el tratamiento del blefaroespasmo o la tortícolis, así como en aquellos casos en que el inconveniente a corregir fuera el exceso de motricidad muscular de cualquier miembro o incluso en el control de los problemas de funcionamiento derivados de determinadas afecciones prostáticas. Hay remedios que acumulan mala fama igual que los hay que gozan de una inexplicable leyenda, pero en el caso de esta debatida toxina –recurso de ricos viejos empeñados en perpetuar la eterna juventud—parece que la investigación paciente ha logrado descubrir, como en tantos otros casos paradójicos de la Naturaleza, ocultas virtudes que la redimen de su mala reputación y nota, para convertirla en remedios espectaculares en beneficio del hombre. Es muy antigua la intuición humana de que en la médula del mal subyacen acaso milagrosos remedios y éste que nos ocupa es uno de ellos que poco a poco se va abriendo paso en la experiencia científica. El “botus” de los revistones sentimentales no es sólo el efímero remedio de las arrugas privilegiadas sino un remedio plurivalente acogido de buena gana por los expertos de muy diferentes ramas de la medicina. Celestina no tenía ni idea de lo que encerraba su famoso laboratorio. La civilización  avanza a contracorriente de la magia vulgar.

Hay bien sumergido en el mal como hay mal encastrado en el bien. Y esta lección que hoy nos da el “botus” me recuerda la idea de Proust de que solamente el mal nos permite, al excitar nuestra curiosidad y deseo de penetrarlo,  acabar comprendiendo unos mecanismos que, sin partir de él, nunca habríamos llegado a conocer. Hoy el “botus” nos remite a ciertas caras ajadas, mañana puede que estemos hablando de recursos clínicos que sólo él puede proporcionar. “Yo soy el espíritu que siempre niega”, dice ufano Mefistófeles a Fausto. Hasta el demonio puede resultar ingenuo si la ciencia se empeña.

Mientras peor, mejor

Resulta desolador que haya que oír por ahí comentarios o críticas que evidencian la ceguera partidista. Sin ir más lejos esas voces que, desde la Junta y su partido, claman ya impacientes por los inevitables “recortes” que ha de hacer el Gobierno, como si esa austeridad forzada no nos concerniera a todos por igual y como si la Junta no hubiera incrementado su endeudamiento en un 25 por ciento en un solo año para repartir las subvenciones con que amarra a sus clientes políticos. Los mismos que tildaban de antipatriotas a quienes anunciaban la crisis que ellos negaban, esperan ahora su difícil remedio en la asperaza de las medidas que todos hemos de adoptar. ¡Que gane el partido y se hunda el mundo! Vamos a ver esta temporada lo cara más fea del perro de presa político.

El clavo ardiente

No es una novedad la campaña que se está llevando a cabo en las prisiones de diversos países europeos con el objetivo de proporcionar la Biblia a los reclusos. Se parte de la idea de que la lectura del Libro funciona como un remedio a la soledad y constituye eventualmente un depósito de esperanza que acaso desde la desdicha resulte más fácil recuperar. En las cárceles de Argentina descubrió Jesús Quintero, con su perspicacia y su “savoir faire”, a más de un converso que aseguraba haber encontrado en la lectura sagrada un motivo bastante para su conversión, y recuerdo muy bien el caso de un aterrador asesino múltiple, el “Loco del martillo”, que confesaba a nuestro gran entrevistador –como tantos otros en su serie sobre las ergástulas españolas, la mejor y más inquietante de su amplia producción—el cambio que para su concepto de la vida había supuesto el Pentateuco o el consuelo de los Psalmos. En los centros españoles se han promovido experiencias de esa naturaleza y me consta que en no pocos de ellos hay grupos marginales, como los de raza gitana, que cultivan una suerte de “góspel” a la española a la que llaman “el Culto”, normalmente por iniciativa de iglesias o comunidades ajenas a la ortodoxia que trabajan por la reinserción espiritual de los presos. En mi sentir, Quintero dejó entrever astutamente que la mayoría de aquellos biblistas conversos se aferraban a esa lectura por entretenimiento pero también movidos por una inefable intuición soteriológica que los dignificaba como personas y les abría un incierto aunque sugerente horizonte de futuro. Seres intratables hablaban con unción en aquella gran serie de altos sentimientos y elevadas pulsiones jamás experimentadas en sus duras vidas hasta que llegó sobre ellas la luz de la Palabra y eso era algo que el espectador podía creer o no creer, pero que, en todo caso, no dejaba de conmover a quienes contemplaban la escena desde el otro lado de los barrotes. No todo el mundo es Quevedo o Silvio Pellico entre la población reclusa, como es natural.

Con Biblia o sin ella temo que nuestro sistema penitenciario se haya quedado obsoleto en un mundo que circula a la velocidad que lo hace éste. Y claro que la Biblia puede reorientar o incluso enderezar morales, pero parece evidente que lo que hace falta es una reinvención del sistema que, garantizando la seguridad de la sociedad en su conjunto, no penalice añadidamente a sus forzados clientes. Me cuentan que en un reciente recital de ese “Culto” gospeliano, celebrado en la cárcel de Huelva, resonaban con fuerza acentos proféticos. Nunca se sabe dónde se agazapa la redención. No está de más comenzar la búsqueda por las mazmorras.

Ahora Rubalcaba

Todo el mundo quiere ahora mucho a Andalucía desde el PSOE. No lo han manifestado durante treinta años, mientras ha estado a la cola de Europa, como está, ni cuando alcanzaba cotas insostenibles de desempleo, pero ahora que representa la mayor fuerza dentro del partido, uno tras otros se significan andalucistas y no se encasquetan el traje de faralaes porque no los dejan. El último, Rubalcaba, que ayer desembarcaba del AVE dispuesto a conseguir lo mismo que consiguieron quienes inventaron a ZP: el apoyo de la mayor federación española. Van a mimarla de aquí a marzo, luego ya veremos. Pero no está de más que quede en evidencia lo que son, en realidad, los intereses partidistas.

Persecuciones

A la relación de países en los que actualmente se persigue a los cristianos que ofreció el otro día en esta columna añado hoy los sucesos de Navidad en Nigeria, donde un grupo islamista sectario ha atacado con bombas a las iglesias cristianas provocando no menos de 40 víctimas mortales. Han protestado ante ese hecho lo mismo el Vaticano que Washington, Francia, Gran Bretaña o Alemania, pero todos sabemos, desgraciadamente, que esas protestas diplomáticas sirven para poco si es que sirven para algo. Nigeria no es un país marginal, por otra parte, sino una enorme nación prácticamente invertebrada, de 160 millones de habitantes rígidamente divididos entre musulmanes del norte y cristianos del sur, más o menos a partes iguales, lo cual da una idea de la amenaza que supone en su seno una estrategia sectaria que, entre otras cosas, podría llevar con facilidad a otra de esas  guerras civiles africanas en las que los muertos ni se cuentan y en las que el salvajismo es la norma, en ocasiones con la anuencia, expresa o tácita, de las potencias occidentales. Acabamos de oír al flamante ministro de Exteriores despreciar por inconsistente la estrategia de la llamada “alianza de civilizaciones”, pero hechos como el que comentamos ponen de relieve, en cualquier caso, el absurdo que supone insistir en el debate sobre la mera posibilidad de partir peras con pueblos anclados en una visión medieval del mundo para los que la vida tiene el escaso valor que demuestran sus acciones de un extremo al otro del planeta. Es inútil polemizar, como se ha hecho semanas atrás en Francia y otros países, sobre el “derecho” a satirizar hasta el escarnio a la religión cristiana que asiste a ciertos espontáneos y que parece constituir ya una moda recurrente que lo mismo encontramos en un pueblo de Extremadura que en Venecia o en París.

Hoy se ve justificado ese ataque con tal de que vaya dirigido contra esa religión, pues de apuntar a otros grupos (qué se yo, los islamistas o los homosexuales) acciones de esa naturaleza serían  consideradas como gravísimas transgresiones. No se puede llamar negro a un negro ni maricón a un maricón, resulta gravísimo aludir a un defectuoso físico si no es con un eufemismo consagrado, pero no hay veda que proteja a los cristianos ni en minoría ni en mayoría. Una religión que tuvo en tiempos pecados tan inhumanos, no tiene hoy, desde luego, menor penitencia, mientras lelos descerebrados se empeñan en concertar voluntades y acercar criterios a los que separan demasiados siglos psíquicos. ¿Es posible imaginar siquiera las consecuencias que tendría hoy una ola de atentados masivos contra pacíficas o insurgentes mezquitas? Yo, desde luego, me lo imagino perfectamente.