Tócame Roque

Lo que ha estado ocurriendo en Gibraltar es algo más que un abuso a juzgar por los proyectos de ampliar el territorio colonial no sólo construyendo arrecifes artificiales sino trasladando –literalmente—playas andaluzas dentro de sus límites. La Fiscalía ha abierto diligencias previas de información a raíz de la denuncia de un grupo ecologista que asegura que entre el 21 y 26 de junio cruzaron la raya un buen número de camiones cargados con la arena de una playa cercana lo que, con toda evidencia, descubre unos propósitos expansionistas definitivamente intolerables. La UE debe inspeccionar ese desmadre y corregir una política simplemente depredadora.

El animal mítico

En pleno ferragosto se ha disparado el rumor mediático, que es lo suyo, por un lado informando sobre un nuevo complot en torno a la muerte de Lady Di, que ahora se sugiere que podría haber sido obra de un agente secreto para evitar un matrimonio tan dinásticamente incómodo, y por otro, descubriendo por fin el enclave exacto de la famosa Área 51 en torno a la que, desde hace decenios, los partidarios del misterio menor y, en especial, los ufólogos, han tejido una espesa leyenda conspirativa. No hará falta rebuscar en las redacciones viejas instantáneas del monstruo del lago Ness, pues, ni descubrir nuevas caras en la casa encantada de Bélmez, porque la leyenda de esas instalaciones secretas americanas en las que se ha venido maliciando que el Imperio llevaba a cabo experimentos inconfesables desde el incidente de Roswell, se ha venido abajo al desclasificarse ciertos documentos y acceder la CIA a reconocer que ese Área 51 existe, en efecto, en el desierto de Mojave, en Nevada, pero no como laboratorio para oscuras investigaciones ufológicas sino como base secreta en la que probar los aviones espías U-2 y Oxcart. Parece que los avistamientos documentados por pilotos comerciales durante años no serían inventos sino las imágenes auténticas de ese prototipos que, al volar a alturas elevadísimas, reflejaban los rayos solares de manera que permitía confundir el ingenio con una nave inflamada que cruzaba inopinadamente el cielo. Necesitamos, sobre todo en vacaciones, noticias de esta naturaleza, capaces de superar la atención de la terrible realidad y darle, de paso, al hombre la ilusión de que hay ahí mismo, sólo que secuestrada por los poderes secretos, una fenemonelogía capaz de abrir a la imaginación dimensiones inimaginables y a los simples peatones la oportunidad de desarrollar cada cual su propia versión fantástica de la realidad.

Los medios no hacen nada malo dando pábulo cada verano a esa necesidad de lo extraordinario o a ese afán de lo maravilloso no convencional con que el hombre alivia tal vez sus limitaciones naturales, ni más ni menos porque, como advirtiera Cassirer y aquí hemos repetido tantas veces, la criatura humana es, antes y sobre toda otra condición, un animal mítico. Podrán comprobarlo ahora viendo cómo, a pesar de la desmitificación oficial, la conspiranoia prosigue su curso. Los sueños de las noches de verano no tienen límite desde que el hombre es hombre.

UGT contra las cuerdas

La decisión de la Fiscalía del TSJA de ordenar a la policía que investigue la posible responsabilidad penal en el manejo impropio de fondos destinados al desempleo para pagar la propaganda política del sindicato, pone a UGT contra las tablas en la medida en ya no valdrá el recurso de la negada por respuesta sino que sus responsables van a tener que explicar uno a uno los documentos publicados y en los que se aprecia, negro sobre blanco, la ilegalidad de esa gestión. No vale seguir negando la mayor y, escudados en su privacidad, ocultar los documentos probatorios de presuntos delitos, porque la pelota ya no está en la “caverna derechista” sino manos del Alto Tribunal. Que enseñan los documentos y los expliquen, porque con tratar de eliminar al mensajero no se prueba ninguna inocencia.

En justo término

Mi columna sobre el libro de Acemoglu y Peterson, “Por qué fracasan los países”, no ha pasado desapercibida entre mis lectores, algunos de los cuales (dos en concreto) me recriminan no sólo mi exceso de entusiasmo sino, ya de paso, mi presunta mudanza ideológica hacia posiciones digamos más conservadoras. Admito como probable mi exceso de entusiasmo porque la lectura del libro me resultó especialmente estimulante a pesar del recelo con que la inicié por haber leído hace un año lo menos la dura descalificación de mi viejo y admirado amigo Gabriel Tortella, quien la tildaba de “simplista”, y reparado más tarde en los puntos sobre las íes que le impuso Carlos Sebastián. Vamos a ver: lo que yo dije y sostengo es que este libro abre perspectivas interesantes, interesantísimas para mí, para descifrar la lógica de la historia que a unos empobrece y a otros monta en burra, por más que ni esa tesis ni ninguna que yo conozca me ha merecido nunca una confianza definitiva: todas las grandes tesis (la de Smith, la de Marx, la de Freud, la que comentamos) empiezan y acaban en un monismo y desconfío de toda hermenéutica que de un monismo emerja. La de Acemoglu y Peterson me resulta estimulante pero bien sé que, como todas las demás, están sujetas al riesgo que cualquier día salte un Voltaire y las cruciifique como éste hizo con Pascal, con Fontenelle o con Réamur antes de liquidar a Leibnitz en el “Cándido”. En ciencias humanas escasean la tesis omnicomprensivas que abarquen los problemas en su totalidad, pero es cierto que Acemoglu y Peterson no dejan de insistir una y otra vez en el valor y peso de la contingencia sobre el desarrollo de la Historia. No hay claves exclusivas que den cuenta del acontecer social. Ni n este caso ni en ninguno.

¡Dejen que uno se entusiasme de vez en cuando, caramba! Yo sigo diciendo que el libro en disputa es atractivo, está lleno de ejemplos sugerentes y propone una clave –la de que la institución política determina la economía– que resulta no poco convincente en un momento, como el que vivimos, tan relativamente pobre en teorías. ¿No se ponen hoy como chupa de dómine a los grandes hitos del pensamiento sin que nadie aporte iniciativas superiores? Admito esas críticas a mi fervor pero sigo recomendando un libro que consigue atraparte de un modo muy singular en medio de la atonía generalizada en que nos movemos.

Heredar el mérito

Tomo prestado al marqués de Salvatierra el aguzado título con que supo encabezar su discurso de ingreso en nuestra Real Academia de Buenas Letras: “Heredar el mérito”. Lo hago entre la admiración y mi distancia ideológica de una concepción de la sociedad muy diferente a la suya pero, en todo caso, valiosísima a la hora de entender el papel de la aristocracia, pues como me dijo alguna vez Tuñón de Lara en su casa de Pau, “la ideología no cabe en la Historia…, pero sí cabe”. Qué más da. Yo escribo hoy desde la emoción estas páginas con el recuerdo de la fallecida Duquesa de Medinaceli, Doña María Victoria Fernández de Córdoba, una mujer de perfil extraordinario, culta, llana, fiel a sus principios y adornada sin excepción de esa cualidades que se le exigen a la almas grandes. ¿Heredar el mérito? Al excelente título de Rafael Atienza, yo propondría corresponderle con otro, encerrado en la logomaquia, “merecer el mérito”, esto es, hacerse digno de una excepcionalidad heredada por el esfuerzo y la virtud propia, que es lo que yo he comprobado durante años ante esa figura excepcional que fue esta duquesa casi secreta, que lo mismo se desvivió por los hambrientos de la postguerra que supo vincular su patrimonio –hasta donde le permitió la ley– en una Fundación Ducal que ponía a salvo de cualquier arbitrariedad un patrimonio artístico e histórico inigualable, vinculando en él de por vida lo mismo la sevillana Casa de Pilatos que el valleinclanesco Pazo de Oca, o el Hospital Tavera de Toledo, hoy sede del Archivo Histórico Nacional por decisión suya y de quien ha sido durante todos estos años su hijo entrañable y mejor consejero, Ignacio Medina, duque de Segorbe. El mérito se hereda, vale, pero ante todo, “se merece”.

La extinta Duquesa, “Mimi” para su círculo íntimo, ha sabido salvar de la quema un patrimonio colosal involucrando en su conservación e integridad a la Real Academia de la Historia y al Museo del Prado, y dejando en manos de su hijo Ignacio una difícil gest ión de un patrimonio que hace solo unos días asombraba al mundo en Florencia recuperando restaurado al “Sanjuanito” de Miguel Ángel destrozado durante la guerra civil. ¡Claro que se puede heredar el mérito! Como doña Victoria, entrañable “Mimi”, culta, curiosa, políglota y zumbona, pero fiel siempre a sus valores. Ella ha salvado del riesgo y de la incuria a un fabuloso patrimonio. A eso le llamo yo “merecer el mérito”.

IU frente a los ERE

Ha dicho el nuevo baranda de IU, Antonio Maillo, que sería absurdo negar que Griñán se ha ido de la política huyendo de la quema de los ERE y las prejubilaciones falsas, subrayando que serías “produndamente injusto” que la coalición se comiera ese marrón en el que no tuvo arte ni parte. ¿Se habrá puesto de acuerdo con sus manijeros de la Junta o habrá hablado por cuenta propia? No lo sé, pero al afirmar que la continuidad de los consejeros “tocados” por el caso, “ni nos vincula ni nos deja de vincular” como socios del cogobierno parece dejar entrever las tensiones que todo cuanto pueda poner en peligro esa alianza y sus mamelas correspondientes, ha de levantar en el interior de su organización. Maillo tiene que elegir entre la exigencia innegociable de responsabilidades al PSOE y la unidad de un partido al que su antiguo responsable, Luis Carlos Rejón, acusa de estar actuando en política como una ONG pero no “como un partido político serio” con tal de mantenerse en el poder. Maillo lo tiene crudo frente a los que darán lo que sea –incluso un telón para los ERE–con tal de seguir en el cargo.