Sucesos de verano

Si en Berja es una pantera negra el objeto de inquietud y en San Roque la presencia de un tiburón, en Cádiz capital son los fantasmas de las “redes sociales” –ese instrumento de comunicación masivo, refugio de tanto cobarde y tanto insensato– las que traen de cabeza al personal, desde que algunos malnacidos han decidido dedicar su ocio a maltratar e. incluso, amenazar de muerte a la alcadesa. No hay nada peor en este mundillo virtual que el rencor y la mala uva de los fracasados, pero no debería bastar con esta constatación en la que la Fiscalía debe entrar a saco para poner las cosas en su sitio. A Teófila la insultan y amenazan por su éxito político aquellos que no ha sido capaz de ganar en las urnas desde hace veinte años y más aún los que no lo serán nunca.

El pobre lince

Las noticias que nos llegan desde los criaderos de linces son desoladoras. Parece ser que, en efecto, en lo que va de año, nada menos que diez de esos gatos monteses han sido atropellados en accidentes de tráfico, y ello a pesar de que el hombre benefactor que hoy vela por su suerte le ha construido esos pasos subterráneos que muy probablemente no se le hubieran construido a la población humana a no ser tras una serie insostenible de accidentes. Burgos dijo con su tino proverbial que a lo mejor resultaba más barato ponerle un apartamento en Matalascañas a cada lince que mantener las medidas tuitivas que el ecologismo militante ha impuesto en Doñana, a pesar de que no faltan corrientes conservacionistas de denuncian con frecuencia la gran estafa en que, según ellas, se resumen los planes de protección de especies amenazadas. ¿Tiene sentido conservar el lince “en libertad” a base de proporcionarle conejos de granja? Hoy resulta que hay muladares en los que determinados servicios público depositan la carnaza imprescindible para que nuestras rapaces mantengan su ritmo de crecimiento, algo así como comedores asistenciales para el pajarerío, en un momento que demanda más bien abrirlos para que reponga fuerzas “homo sapiens”, esa especie ta amenazada. Sería curioso ver una lista conjunta de todos los animales por los que vela la Administración a instancias del meritorio ecologismo, entre otras cosas para hacernos una idea de cuánto nos cuesta mantener ese sistema que hace posible que, de ven en cuando, un consejero/a se retrate en el momento preciso de abrir la jaula del animal salvado.

Ya más en serio habría que decir que a lo peor lo que nos está ocurriendo es que no caemos en la cuenta de que el actual nivel de vida colectivo impone una carga medioambiental tan severa que resulta incompatible con la zoología , e incluso con la botánica, tradicionales, de tal manera que sólo es cuestión de tiempo que tengamos que escoger entre linces y humanos en el correspondiente capítulo presupuestario. Yo he visto, palabra, “sembrar” de culebras un predio para proteger al águila culebrera y me consta incluso que se ha procedido a “reponer” víboras en la Pata del Caballo tras el pavoroso incendio que abrasó media Huelva y media Sevilla. El “poverello” de Asís se quedaba aquí en mantlllas al lado de nuestro animalismo, pero seguro que también echaría una ojeada al rebaño humano que ramonea a duras penas bajo la crisis.

Tú y yo

El PSOE reclama en Madrid a todo trapo la confesión pública de Rajoy mientras el PP pide en Sevilla que Rubalcaba explique por qué su partido ha consentido la mayor trama de corrupción conocida, a saber, la de los ERE y las prejubilaciones falsas. O sea que unos por otros y la casa por barrer a te la mirada entre atónita e indignada del ciudadanos contribuyente que es el que, en fin de cuentas, paga las facturas del tinglado de la antigua farsa. Todo el mundo mangando, por lo visto, incluidos los sindicatos y algunas minorías, mientras la estimativa pública asume en falso que no existe la posibilidad que exista una política no ya honrada, pero al menos, legal. Y en Andalucía, encima, cambiando de caballo en medio del río crecido y encaramando en el macho a una amazona descalza. Si este monipodio de la política no es un milagro, que venga Dios y lo vea.

El pobre lince

Las noticias que nos llegan desde los criaderos de linces son desoladoras. Parece ser que, en efecto, en lo que va de año, nada menos que diez de esos gatos monteses han sido atropellados en accidentes de tráfico, y ello a pesar de que el hombre benefactor que hoy vela por su suerte le ha construido esos pasos subterráneos que muy probablemente no se le hubieran construido a la población humana a no ser tras una serie insostenible de accidentes. Burgos dijo con su tino proverbial que a lo mejor resultaba más barato ponerle un apartamento en Matalascañas a cada lince que mantener las medidas tuitivas que el ecologismo militante ha impuesto en Doñana, a pesar de que no faltan corrientes conservacionistas de denuncian con frecuencia la gran estafa en que, según ellas, se resumen los planes de protección de especies amenazadas. ¿Tiene sentido conservar el lince “en libertad” a base de proporcionarle conejos de granja? Hoy resulta que hay muladares en los que determinados servicios público depositan la carnaza imprescindible para que nuestras rapaces mantengan su ritmo de crecimiento, algo así como comedores asistenciales para el pajarerío, en un momento que demanda más bien abrirlos para que reponga fuerzas “homo sapiens”, esa especie ta amenazada. Sería curioso ver una lista conjunta de todos los animales por los que vela la Administración a instancias del meritorio ecologismo, entre otras cosas para hacernos una idea de cuánto nos cuesta mantener ese sistema que hace posible que, de ven en cuando, un consejero/a se retrate en el momento preciso de abrir la jaula del animal salvado.

Ya más en serio habría que decir que a lo peor lo que nos está ocurriendo es que no caemos en la cuenta de que el actual nivel de vida colectivo impone una carga medioambiental tan severa que resulta incompatible con la zoología , e incluso con la botánica, tradicionales, de tal manera que sólo es cuestión de tiempo que tengamos que escoger entre linces y humanos en el correspondiente capítulo presupuestario. Yo he visto, palabra, “sembrar” de culebras un predio para proteger al águila culebrera y me consta incluso que se ha procedido a “reponer” víboras en la Pata del Caballo tras el pavoroso incendio que abrasó media Huelva y media Sevilla. El “poverello” de Asís se quedaba aquí en mantlllas al lado de nuestro animalismo, pero seguro que también echaría una ojeada al rebaño humano que ramonea a duras penas bajo la crisis.

Tú y yo

El PSOE reclama en Madrid a todo trapo la confesión pública de Rajoy mientras el PP pide en Sevilla que Rubalcaba explique por qué su partido ha consentido la mayor trama de corrupción conocida, a saber, la de los ERE y las prejubilaciones falsas. O sea que unos por otros y la casa por barrer a te la mirada entre atónita e indignada del ciudadanos contribuyente que es el que, en fin de cuentas, paga las facturas del tinglado de la antigua farsa. Todo el mundo mangando, por lo visto, incluidos los sindicatos y algunas minorías, mientras la estimativa pública asume en falso que no existe la posibilidad que exista una política no ya honrada, pero al menos, legal. Y en Andalucía, encima, cambiando de caballo en medio del río crecido y encaramando en el macho a una amazona descalza. Si este monipodio de la política no es un milagro, que venga Dios y lo vea.

La guerra invisible

Los datos que van conociéndose sobre los efectos de los ataques de los drones –aviones no tripulados– van siendo cada día más inquietantes. Tras el atentado del 11-S los estrategas andan enredados en un nuevo tipo de guerra, la guerra invisible, una contienda silenciosa que sólo en Pakistán ha causado ya unas tres mil muertes y en la península arábiga cerca de cuarenta desde finales de julio. Inútilmente la ONU ha exigido una encuesta a los países concernidos pero ni una sola voz ha respondido a su petición e incluso hay países, como Yemen, que han autorizado de manera expresa a los EEUU para llevar a cabo esas acciones que Obama ha definido como una guerra contra “presuntos terroristas y su organización” y algún especialista como un tipo de acción bélica en la que los resultados son patentes pero las víctimas permanecen invisibles. Los americanos, que son tan suyos tocante a la transparencia, debaten esta temporada si el uso de drones es legal y aportan a favor de la guerra invisible la autorización genérica que el Congreso dio a la CIA y al Pentágono para usar la fuerza militar contra el terrorismo en cualquier circunstancia, y en contra ciertos reparos leguleyos que poco han de poder contra una práctica de eficacia ya de sobra comprobada. ¡Se acabó el formalismo bélico, esa liturgia inmemorial que establecía las circunstancias bélicas desde un óptica y una estética variablemente caballeresca, para dar paso a un belicismo sin reglas capaz de crear zonas de terror permanentes pero también de obtener unos resultados espectaculares! En el siglo XXI las guerras han dejado definitivamente de ser torneos y los medios no necesitan ya de justificación alguna. Se ha dado una vuelta de tuerca al garrote vil de Maquiavelo y la verdad es que resulta difícil objetar esa práctica tan rentable para el agresor.

La nueva “guerra fría” va a alcanzar pronto su punto de ebullición si se confirma el anunciado aviso de la autoridad americana de una inminente campaña terrorista contra Occidente. Y sin duda, en esta ocasión, va a contar con el apoyo de una opinión pública desconcertada por la amenaza de un enemigo también invisible que, además, está ya dentro de casa, y que no podrá quejarse si esa hospitalidad se vuelve inquina y esa inquina se resuelve en represión. El terror no tiene derecho alguno. Lo malo que es que en esta nueva guerra muchos justos paguen por pecadores.