Viva la vida

La política de “recortes” que está afectando a sectores tan sensibles no rige para todos igual. Un ejemplo tremendo: la rectora de Málaga mantiene un gabinete en el que se hallan integrados dos camareros y tres chóferes, aparte de contar con seis periodistas en la nómina del vicerrectorado. Y ello mientras se denuncia un día tras otro la desesperada situación económica de las Universidades, a las que la Junta adeuda una fortuna, y se reducen a fondo las propias plantillas de profesores. Por cierto, esa universidad aparece penúltima en el ránking de las universidades españolas. Sin comentarios.

Adivina quién viene

Los americanos han sabido hacer la autocrítica de su racismo generalizado –se acuerdan de “Adivina quién viene esta noche”?–  aunque siempre empinados sobre el sentimentalismo. Los europeos, grandes racistas de toda la vida, son más cautos en este aspecto desde que el racismo pasó a ser incorrecto desde la perspectiva política. Aquí se dice eso tan socorrido de que uno no es racista pero que no toleraría vecinos gitanos en el descansillo ni daría el beneplácito a la boda de la hija con el negro (fíjense en que no se dice tanto del hijo con la negra). ¿Es la Izquierda o es la Derecha la que afrontará con mayor humanidad el tremendo problema de las migraciónes masivas? Yo creo que las dos por igual. Recuerden cuando, con Mayor Oreja de ministro, se le suministró haloperidol a unos africanos intranquilos en un vuelo de repatriación. O cuando Sarkozy desmanteló los asentamientos y puso en el aeropuerto, con billete sólo de ida, a los “roms” que la opinión pública rechazaba de plano. Pero, ah, no pierdan de vista a Hollande, la “esperanza blanca” del malparado socialismo francés, poniendo de patas en la calle a rumanos y búlgaros, como acaba de hacer, desde el convencimiento de que es ilusorio esperar la “integración” de esos colectivos culturalmente tan distintos y cuya conducta deja mucho que desear. Sarko, una vez que le criticaron sus medidas invitó a la presidente de la Comisión Europea a llevarse esos inmigrantes a su país, y ahora Valls, un socialista de origen español, se ha liado la manta a la cabeza y ha echado a unos y a otros por la vía rápida. En Padua hace años que está levantado un muro de 84 metros de longitud por tres de altura, en el que la puerta del gueto se cierra cada noche. Y ahora son los socialistas franceses, los mismos que, por boca de Martine Aubry, se erigieron en defensores dictando moratoria tras moratoria, quienes rompen la baraja y los ponen en la calle.

 

Me temo que el racismo, como tantos otros delitos morales, son fáciles de maquillar pero sin desaparecer nunca del psiquismo colectivo, lo que ha logrado imponerlo igual a tirios que a troyanos. Nadie quiere a esos nómadas inadaptados que ejercen su siempre discutible derecho a buscarse la vida, pero, ojo, ni en la derecha ni en la izquierda. Ya dije aquí alguna vez que el gran fenómeno del siglo XXI serán las migraciones y su cara confortable, el turismo. No se imaginan cuánto siento comprobar día tras día que llevaba razón.

Dos Juntas

En el fondo, mantener, como va a hacerlo la Junta, a los 27.000 trabajadores colocados “a dedo” –los comúnmente llamados “enchufados”—equivale a costear dos Administraciones autonómicas, una, digamos genuina, y otra, paralela. Para el “régimen”, sin embargo, es vital disponer de ese contingente de fieles, tan útiles a la hora de gestionar cuestiones incómodas, a pesar de la reiterada prohibición de los jueces de que esos trabajadores contratados realicen funciones reservadas por la ley a los funcionarios. Por eso se ha usado una vez más la ley de Presupuestos para blindar su situación ofreciendo a las “Agencias” la contratación entre ellas a quienes les apetezca. El Poder quiere gestores ciegos y sordos además de afines aunque el contribuyente tenga que pagar el doble.

Vivir del cuento

La saga de las corrupciones que afectan a nuestros dos grandes sindicatos “de clase”, UGT y CCOO, ha alcanzado verdaderamente un nivel intolerable. Hace tiempo que el negocio de la “formación” navega bajo sospecha, pero ahora no se trata ya de sospechar nada sino de afrontar la realidad, una realidad que no es otra que el fracaso o la pudrición, si prefiere, de unos “agentes sociales” que, perdida por completo su identidad y su sentido utópico, han degenerado en una simple burocracia ya veremos hasta qué punto delincuente. Piensen en los orígenes, en figuras como las de Pablo Iglesias, Anselmo Lorenzo, Mora, Farga Pellicer y tantos otros luchadores abnegados que jamás dejaron de trabajar por sus manos y nunca, por descontado, se propusieron vivir a costa de su tarea revolucionaria. Es verdad que han cambiado muchas cosas en la sociedad, también que, ya en los años 60, André Gorz avisaba que el sindicalismo debía refundarse si no quería perecer, como lo es que, mientras duró la dictadura franquista –a la que se le puede reprochar todo menos la brutal  desregulación del empleo que nos han traído social-demócratas y liberales—quienes se dedicaban a la defensa de los trabajadores actuaban con severidad, decididamente sometidos a la exigencia de un movimiento obrero hoy inimaginable. Piensen en Nicolás Redondo o en Marcelino Camacho y, aunque no sea agradable ninguna comparación, díganme si cabe parangón alguno con los actuales dirigentes. O piensen en aquellos luchadores que soportaban la represión sin tregua mientras organizaban sus “cajas de resistencia”, y pónganlos frente a una dirigencia como la actual que viste “prêt-à-porter”, viaja en coche de alta gama y encima se lleva ilegalmente millones de euros del contribuyente desviados de su objetivo final. ¿Alguien se imagina a aquellos guerreros librar una factura falsa o darse el capricho de un crucero por el Báltico?

 

Decididamente, lo dudo. Ya sé que a quienes denunciamos alto y claro estas cosas nos acusan de prófugos si no de algo peor. Lo que importa, en todo caso, no sería eso, que personalmente me trae al fresco, sino la evidencia –ya de sobra probada—de que este sindicalismo oportunista es, además, un instrumento podrido que resulta imprescindible refundar. Es más, me temo que ya sea tarde hasta para las posibles explicaciones. El largo silencio ante denuncias tan demoledoras dejan tan desnudos a Méndez y a Toxo como al rey de la fábula.

Marx el incomprendido

No se me arremolinen, oigan, que no soy yo la fuente de este título no poco paradójico, sino un asistente vaticano de primer orden, el profesor Stefano Zamagni, de la universidad de Bolonia y de la John Hopkins, hombre de confianza de los dos últimos pontífices y pluma decisiva, según dicen, de la encíclica “Caritas et veritate” en la que Benedicto XVI, como ya había hecho su antecesor, no dejaba de censurar los abusos del capitalismo. Zamagni asiste también con su consejo a Romano Prodi, así que hace a pelo y a pluma doctrinales, y se ha plantado en la Universidad de Loyola para decir alto y claro que el papa anda diseñando una reforma profunda de la Curia y de la Santa Sede, de paso que ha pontificado (Zamagni) sobre la inevitabilidad de un capitalismo “necesario para la gente” que él, en plan Duguesclin, ni condena ni defiende. Sostiene el sabio –como ya hiciera hace decenios Sorokin—que las revoluciones valen para destruir pero no para construir, y propone una defensa de Carlos Marx al que dice que “la crisis le ha dado la razón”, para añadir que el marxismo es un “diagnóstico acertado, pero una terapia errada”, aparte de sugerir que Marx no perseguía ninguna revolución sino que fue Lenin quien, traicionándole, la impuso por las bravas. “Tú lees la encíclica “Rerum Novarum” y lees “El Capital”, quitándoles el título, y no sabes distinguir quien es uno y quien es otro” (sic), sostiene, ya embalado, no sin añadir que aquella es mucho más fuerte que “El Capital” porque sostiene que “la explotación es un pecado contra Dios”. Uff, que mal rato. Hay gente capaces de hacerte sentir nostalgia de los Althusser y los Lukács a base de añadirle sifón a una doctrina que anda, por el momento, hibernada, quién sabe si en espera de mejor coyuntura. Yo que el papa Francisco me ataba los machos.

 

Proliferan estas banalizaciones de ese “corpus” doctrinal que, disperso entre la economía, la sociología, la antropología o la historia, puede decirse que dinamizó el pensamiento durante casi todo el siglo pasado y aún sigue latente hoy bajo el alud de los convencionalismos. Lo que no podía imaginarme es que los banalizadores llegaran hasta la cámara papal y anduvieran por ella como Pedro por su casa (nunca mejor dicho). ¡Hombre, se agradece una voz que reclame atención ante esta merienda de blancos, pero se agradecería en ella un tono más discreto y repensado! Tirar por la trocha más a mano no suele llevarnos casi nunca a buen puerto.

Anguita

IU no es lo que fue. Ni mucho menos. Comparen el palabreo insolvente de los Valderas con las críticas de Rejón, pongo por caso. Ahora es Julio Anguita el que se descuelga con valor afirmando que él no apoyó en pacto con el PSOE en Andalucía mientras considera que el mismo pacto en Extremadura “sí ha servido para algo”. Y añade como un eco de sí mismo: “Negociar un programa y no estar bajo la consigna y estandarte de ‘todos contra el PP’, porque hay otros que “hacen cosas parecidas”. Mala suerte la nuestra al perder los pocos dirigentes capaces y promocionar a los inútiles. Anguita sigue vivo. Los “pactistas” remunerados muertos como momias.