Navidad agitada

Es verdad que “la gente”, como dice Podemos, se interesa cada día menos por el tejemaneje político. De otro modo esta Navidad hubiera sido de infarto: dimisión como diputado del otrora consejero Luciano Alonso; huida en Cádiz del concejal podemita González Bauzá arrastrado por el contratazo de las basuras; forzada dimisión del empresario troglodita de la Cámara sevillana que agredió a la dirigente Teresa García de la forma más grosera –felicidades a la Cámara en la persona de su presidente Francisco Herrero—; y, en fin, anunciado mutis por el foro del juez de los ERE –¿cuántos magistrados han llevado ya el caso?—que deja nuevamente los interrogantes colgando. ¿Quién dijo aquello de Noche de Paz? Aquí no gozamos ni de armisticios.

C´s, socio para todo

Escándalo en el Parlamento, provocado por la negativa del rudo presidente de la Cámara a permitir el paso de las familias afectadas por el debate de la Ley de Atención Temprana que afecta a 20.000 niños andaluces de edades comprendidas entre los 0 y los 6 años. Al final, entre el PSOE y Ciudadanos cerraron el paso a la ampliación en 25 millones la ayuda necesaria para atender a ese importante servicio frente a la oposición del resto de las fuerzas políticas. Lo del PSOE no necesita explicación; los designios de C’S, en cambio, como los de Dios, son inescrutables, aunque, eso sí, siempre acordes con la voluntad del “socio” de gobierno. Al PSOE no le faltó nunca un Ciutti servicial y oportunista en la crónica de la autonomía.

“La nuestra,” “de ellos”

 

Lo de Canal Sur no tiene remedio ni con un director “provisional permanente”. La pasta que cada año le da la Junta para producción de programas va, desde el inicio de la aventura, a manos de personas vinculadas al PSOE o a la Junta, a las que se les encomiendan dos tareas: una, idealizar a su “patrón” y ocultar o disminuir en lo posible a la oposición política ¿A cambio? Pues a cambio entregarles las llaves del arca del dinero público. Eso ocurre desde el comienzo de los tiempos, pero en esta año de gracia, y sólo hasta agosto, 6 de esas productoras “amigas” se han adjudicado el 62 por ciento de la inversión dejando el resto para las 19 “no adictas”. “La nuestra” es “de ellos”, está claro. Y así nos va.

Políticos y sanitarios

Hay quien dice que las bondades de la sanidad andaluza  –que las tiene– se deben a sus sanitarios y a se producen a pesar de los políticos. Ni entro ni salgo, pero constataré que mientras la Junta prolonga el contencioso con los profesionales de su medicina pública, éstos baten récords de eficacia, por ejemplo en el ámbito de los trasplantes de órganos y otros alardes científicos que, evidentemente, no responden a la providencia de la Junta sino al  saber y a la voluntad de los equipos médicos. En Andalucía se llevan a cabo intervenciones espectaculares mientras se mantiene la guerra entre el SAS y sus facultativos o se eternizan los usuarios en las listas de espera. Dicho sea a voz en grito ya que la Junta nunca lo reconocerá.

Habanera triste

El peor síntoma que revelaba el castrismo en Cuba era la falta de medicamentos y el indicador más humillante, la falta de papel higiénico durante años. Bien, pues en Andalucía acabamos de enterarnos en el Parlamento que hay colegios que ruegan a los padres de alumnos que aporten cada uno un rollo de ese papel y otro propio para la cocina. ¡Conque no había “recortes”, ¿eh?! Eso se llama tocar fondo, enfrentar a los escolares con unas condiciones tercermundistas que para nada se compadecen con el gasto, tantas veces suntuario, que se dedica a organismos inútiles o repetidos. La “reforma sanitaria” fue la primera promesa del “régimen”. Más de 30 años después estamos donde estamos.

Fiebre alta

Arde la sanidad andaluza, la Junta parece dispuesta a cargarse un sistema público de salud más que aceptable –esta misma semana se señalaba a un Hospital sevillano como señero—por su desenfrenada autarquía y su alejamiento de los profesionales sanitarios, auténticos salvadores del SAS. No se pueden mantener esas listas de espera, ni esas aglomeraciones en Urgencias, ni esos “recortes” en el recetario, ni… Pero todo tiene un límite y parece que doña Susana ha comprendido que el injusto desafío al personal sanitario puede estallarle entre las manos. Sus promesas improvisadas llegan tarde, justo cuando la protesta ha salido a la calle ya en Huelva, Granada y Málaga. La sanidad es el gran proyecto y el mayor fracaso de la Junta.