Spirimanía

Muchos médicos andaluces han suspirado siempre por la política y muchos políticos por la medicina. Quizá de ahí la enojosa gestión del servicio público de salud, quién sabe. Ahora está de moda el “doctor Spiriman”, a quien prefiere el populismo frente a la Junta, seguro que por su cuarterón demótico. La Junta se planta para acabar cediendo, mañana en Huelva como antes en Granada. Y yo me pregunto si no sería más lógico poner nuestra sanidad en manos de expertos cualificados en lugar de repartirla graciosamente entre apparátchik y movilizadores espontáneos. El SAS debe depender de la Junta, no de un agitador de conciencias. Hasta que así no sea mal nos irá a todos.

Entornos peligrosos

Hace tiempo que el entorno principal de la Junta de Andalucía no precisa mayor descalificación. Pero lo peor acaso es la continuidad de las corrupciones en el círculo íntimo de la propia Presidenta. Es tremendo, por ejemplo, el informe de la UDEF sobre el enredo de la Junta de Compensación de Almensilla, es decir, el nuevo “caso Dioni”, y en especial en sus referencias al que califican de “gurú digital” de Susana Díaz, un tal Ismael Perea, al que los investigadores señalan como autor de la creación de una red clientelar, numerosas condonaciones indebidas, confección de facturas falsas y disposición de importantes cantidades de las cuentas de la Junta de Compensación que presidía. Es decir, de todo el infame repertorio de presuntos tipos punibles, una vez más acogido a la sombra protectora del poder.

Algo intolerable

Gritar “Alá es grande” no es hoy una jaculatoria: es un grito de guerra. En un país que vive en el cuarto nivel de seguridad resulta intolerable que un moro quebrante la legítima paz del viernes santo sembrando el terror en la calle. O que “cuatro golfos” se entretengan en romper una tradición multisecular sin mayor motivo. Pero más lo es la lenidad con que la Justicia trata estos desmanes. Terrorismo es cualquier acto dirigido a sembrar el terror; por qué no considerar terroristas sino simples alteradores del orden a esa canalla cuya acción –repetida ya varios años-  bien puede provocar una catástrofe. ¿Es que no hay autoridad? Pues puede que la haya pero no lo parece. Dicen que hay leyes de sobra. A la vista está, sin embargo, que esas leyes son papel mojado.

La pasión de escribir

Pocas experiencias he tenido en esta vida como mi primer encuentro con Alfonso, allá a mediados de los 60, a quien encontré en el madrileño Barrio Blanco, en casa de Blas de Otero. Por entonces habíamos pasado del “tremendismo” a la “nueva narrativa” y andábamos enzarzados en la polémica que oponía los dos modelos narrativos bajo las siglas –que creo recordar que salieron de Juan Benet— de “la berza y el sándalo”. Era un momento confuso pero rico en el que dominaba el talento de Ferlosio mientras una nueva generación reinventaba los acentos más fuertes del realismo con el malogrado Luis Martín Santos y su “Tiempo de silencio” a la cabeza y unas cohortes escindidas –desde Carmen Laforet a Martínez Menchén pasando por García Hortelano y Armando López Salinas— por el tirón de “lo social” que había de competir con los textos que, desde el exilio americano, nos enviaban Max Aub, Francisco Ayala, Ramón Sender o Manuel Andújar.

Grosso era un escritor pasional, tan moralmente enérgico como vitalmente débil, que luchó contra la enfermedad y el ambiente asfixiante de la Dictadura, viajó ansiosamente por medio mundo –nunca olvidaré sus relatos a la vuelta de Cuba–, insatisfecho siempre con una escritura expeditiva pero de subidos acentos líricos que perseguía incansable, por todos los medios, la crítica de una sociedad cerrada. Obras tempranas como “Un cielo difícilmente azul” o la inicial “La zanja” se verían superadas por otras de crecientes quilates literarios como “Inés just coming” (en plena erupción del 68) para estallar, ya con mano firme, en “Guarnición de silla” o la hermosa y andalucísima “Florido mayo”. Nada que ver con el Grosso final, rehén de los mercachifles de la industria editorial, forzado a escribir una novela año (¡) para sobrevivir, con su castigada familia, en su retiro del Aljarafe.

Ayudados por Morales Padrón hubimos de procurarle entre unos cuantos cierta ayuda pública cuando ya el gran escritor era un fantasma deambulando por Sevilla sedado por un potente ansiolítico, tierno siempre y como ausente, obsesionado por el yugo del pacto editorial, finalmente casi ausente, acaso recitando por el parque de María Luisa versos de Claudio Rodríguez o de José Ángel Valente. La muerte no tardó en aliviarle aquel calvario en el que rompía una intensa y apasionada vida de escritor. España, que hace a sus hijos y los gasta, dijo alguien. Grosso es, entre ellos, uno de los más torturados.

Supermán llega tarde

El Supermán de Ciudadanos (antes independiente pro PSOE), el gran Marín, ha aparecido en la penúltima viñeta del tebeo para anunciar que la próxima vez -la próxima,  ¿eh?- exigirá a quien mande en el PSOE presuntamente ganador la “armonización” del impuesto de sucesiones, es decir, que ya no pesará sobre los andaluces la injusta carga que hace tiempo no pesa sobre la mayoría de los otros españoles. Oiga, ¿cuándo se le ha ocurrido esa proeza?

¿No pudo negociarla en la anterior ocasión, cuando Susana no tenía más remedio que aceptar sus condiciones? Cuentos, los precisos. C’s ha sido corresponsable de todos los abusos perpetrados por doña Susana en esta legislatura en que tenía en sus manos, como lo tuvo en Madrid, forzarla a hacer lo que le diera la gana.

 

Más sobre Kichi

Habrá que seguir comentando ocurrencias de Kichi por más que el personaje no valga la pena. Ahí lo tienen -Salvochea de la señorita Pepis- porfiando con la Justicia una cuestión tan clara como es la bandera constitucional de España: roja y gualda y sanseacabó. Incluso republicanos de toda la vida reconocen hoy que esa decisión radical de sustituirla por un símbolo abolido no tiene defensa posible, pero para  Kichi, como para los batasunos o los “agraviats” catalanes, no hay más Constitución ni más ley que su arbitraria voluntad. No traguen ustedes con que una bandera ilegal es un símbolo inocuo; es más bien el anuncio y garantía de que cualquier atropello legal cabe en la mente de estos “asaltantes de los cielos”