Claro y oscuro

Uno de estos domingos, Luis Marían Anson, fulminó al ministro Wert, entre otros anatemas, calificándolo de “nefebilato”, y me imagino bloqueada la web de su Real Academia por un aluvión de consultas de sus lectores. ¿Qué cosa viene a ser un “nefelibato”? Mi mujer, en plan disco duro, me recuerda su etimlogía griega –de “nefele”, nubes, y “baíno” andar, es decir, “el que anda por las nubes”—y de paso unos ripios de Antonio Machado que aparecen en su “Cancionero Apócrifo”: “Sube y sube pero ten/ cuidado, Nefelibata,/ que entra las nubes también/ se puede meter la pata”, a lo que yo añado, rebuscando en mi lejana memoria, un pasaje de “Rayuela” donde Julio Cortázar emplea, a su vez, ese cultismo, así como alguna otra de Rubén Darío que aparece en “Mar latino”. ¿Es preciso que el escritor llanee en su prosa o cabe esperar que la complique recurriendo a palabras poco usadas? Soy neutral en este punto pero, en general, me quedo con el principio renacentista que copiaron de Juan de Valdés no pocos escritores de aquel tiempo, incluida santa Teresa, y que rezaba brevemente: “Escribo como hablo”. Pero luego recuerdo la vieja idea de Amando de Miguel resumible en que lo que cabe expresar en el lenguaje oral no tiene por qué caber en el escrito, así como la repetida anécdota de don Eugenio d’Ors cuando le dijo a su secretaria, que veía claro cierto texto suyo: ¿Qué está claro, dice usted? Pues oscurezcámoslo”. Rubén, que era un exhibicionista, escribió aquel infame cuasi alejandrino que decía “Que púberes canéforas te ofrenden el acanto” y el propio Azorín –renovador de nuestra prosa contemporánea—es fama que llevaba un cuadernito en el que recogía los términos inusuales y decía, por ejemplo, de un malvado, que “finó en la contumacia”. Seguro que Anson mete su “nefelibato” por la rendija irónica pero seguro también que nefelibato ha debido de dejar a muchos de sus lectores.

 

Conste que ese término no es aceptado por la RAE hasta 1984, lo que acaba de excusar la eventual ignorancia de su significado por parte del lector, y sugiere que Anson lo utiliza “iocandi causa” y no por prurito alguno de presunción. A un escritor hay que exigirle transparencia siempre que su asunto lo permita, lo cual no siempre significa simplicidad, como me dijo alguna vez Blas de Otero, que luchaba a brazo partido con su escritura cristalina. Para defender lo contrario se precisa por lo menos, a mi modesto entender, ser no poco nefelibato.

Rebajas de enero

En la UGT andaluza, y en respuesta al clamor social levantado por sus mangazos y el propio disgusto de muchos de sus militantes, han decidido esperar a la “rebajas de enero” para aclarar en un congreso qué responsabilidades le corresponden a sus dirigentes. Vamos a comernos el turrón tranquilos –deben de haber pensado Méndez, Pastrana y Fernández Sevilla—que, pasado el solsticio, Dios dirá. Y eso supone un ultraje o, cuando menos, una indelicadeza para el contribuyente y para sus militantes, escandalizados hace tiempo ya ante la magnitud y torpeza del mangazo demostrado, por mucho que la “Junta hermana” eche balones fuera y se ponga de perfil. Lo de la “tolerancia cero” es el primer farol que se le apaga a doña Susana Díaz.

El hombre desnudo

Todo indica que los EEUU y Europa han resuelto a cencerros tapados la crisis provocada al desvelarse el espionaje masivo a que nos tiene sometidos el ojo imperial. Un asunto espinoso, qué duda cabe, sobre todo si se somete a la prueba evangélica de ver quién puede tirar la primera piedra, empezando por nosotros los españoles, sabedores de que aquí se ha espiado hasta al Rey. No es ya que haya que discretear al hablar por teléfono y contar con que por la calle y un poco por todas partes nos espía implacable una red de cámaras alcahuetas, sino que, en especial si se visita Inglaterra, habrá que mirar bajo la cama y bajo el colchón porque hasta en los hoteles, según reconocen los servicios secretos, se anda espiando a troche y moche. La policía de Milán, por otra parte, ha puesto en funcionamiento un sistema de memoria cuya base incluye unos 20.000 datos por robo y es capaz de almacenar información lo mismo sobre la talla o el color del vestido, el modo de caminar del vigilado, su forma de empuñar el arma, el acento del mangante e incluso su olor. Bueno, del ladrón o de usted que me lee y de un servidor que le escribo, ya que por el momento esos trebejos informáticos carecen de voluntad y, en consecuencia, de criterio selectivo. ¿Eso es bueno o es regular? Pues miren, no estoy seguro, pero no pierdan de vista el hecho porque lo único cierto es que ya no estamos en la intimidad ni debajo del edredón.

 

Confieso que soy un  adicto a esa serie de la CBS americana, “Person of interest”, en la que un sabio (ni qué decir tiene que un poco discapacitado) y un ex-agente secreto (ni que decir tiene que de lo más completo), pero ambos expeditivos samaritanos, ayudan a las personas que “La Máquina” – que es capaz de localizar, mediante símbolos, a la víctima igual que a los potenciales delincuentes— señala de modo inequívoco. ¿Ven cómo el Poder parece condenado a actuar como un “voyeur” si pretende mantener la seguridad en esta sociedad tan compleja y enigmática? El problema está en que esa suerte de “deus ex machina” lleva su terminal hasta la mano caprichosa de alguien sin rostro ni voz que se conoce sólo como “Control”, y ya me dirán como dormir tranquilos sabiendo que ese ojo sin párpados no nos pierde de vista. El viejo dilema, libertad-seguridad, lleva camino de resolverse a costa de nuestro fuero íntimo. Wells se quedó corto con su utopía. Usted, por si acaso, corra la cortina.

Junta contra gobierno

Si con ocasión de la ley de Calidad de la Enseñanza que hizo el PP en su anterior mandato, la Junta se mostró dispuesta a boicotearla con la insumisión, ahora, con motivo de LOMCE, ha dirigido desde Educación una circular a los docentes andaluces en los que se les pide, de hecho, que se opongan a su aplicación. El Gobierno, según la Junta, “ha ocasionado un deterioro palpable de la enseñanza” (¿) y la nueva ley “servirá de marco normativo para legitimar estas medidas”. El susanato no va a diferenciarse mucho, por lo visto, del estilo de Chaves o de Griñán: la Junta dedicará toda su energía a oponerse al Gobierno de la nación. La pregunta es si un país puede sobrevivir mientras sus Administraciones tienen por objetivo primordial zancadillear al Gobierno legítimo.

No tengo miedo

Desde que llegó al solio el papa Francisco anda dividida y no poco revuelta la grey. Unas amigas a las que estimo y cuyo compromiso conozco se exaltan con el argumento de que las críticas y acciones del pontífice son más que nada amplificaciones mediáticas, ciertas en el fondo, sí, pero “sacadas de contexto por los periodistas”, al tiempo que oigo rumores sobre cierta apuesta que circula por la Red en torno a un hipotético magnicidio para acabar con sus reformas, y al que Francisco contesta en unas vigorosas y serenas declaraciones con un rotundo y evangélico “No tengo miedo”, aunque admita la posibilidad de recibir “una trompada”. ¿Contexto dicen? El papa ha desafiado en poco tiempo a la amenaza oculta pero también a los eclesiásticos y a la conciencia de los propios fieles a los que ahora previene contra “la feroz idolatría del dinero”, pero ha tenido tiempo, además, para predicar el respeto a los “diferentes” y recomendar a su Iglesia alejarse de sus tópicos emperres –el sexo, el divorcio o el aborto–, para cesar a la cúpula del Banco Ambrosiano e imponerle un veedor de su confianza e, incluso, para relevar al cardenal Bertone y para algo tan espectacular como encargar una auditoria ¡externa! de las finanzas vaticanas, además de  proclamar que ningún consagrado puede dormir tranquilo mientras haya en el mundo un solo niño con hambre o sin techo. Es verdad –advierte Francisco—que el escándalo se magnifica porque “hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece”, pero también que a ello contribuye la lejanía de la propia Iglesia, su olvido de la “projimidad”. El papa ve las culpas repartidas y acusa al Sistema mundial de imponer un modelo sin sentido ético, un “economicismo autosuficiente”

ensimismado en su ombligo dorado. ¡Conque sacado de contexto, eh! Para mí que el gran y último escándalo es precisamente esta resistencia pasiva de ciertos sectores fieles ante un papa –¿quizá como en el caso de Juan Pablo I?—dispuesto a revolucionar el redil empezando por los rabadanes.

 

Un ignaciano que se bautice a sí mismo como Francisco raramente podría haber sido aceptado por todo el espectro ideológico, tan diverso, de una comunidad mundial no poco aborregada y regida con mano de hierro por una oligarquía con derecho de cooptación. No es raro que augures y arúspices vigilen el vuelo de los pájaros o escudriñen las entrañas buscando el puñal de Bruto. El papa no tiene miedo ni siquiera a sabiendas de que el Evangelio es de papel.

El globo y el bolo

Al PSOE andaluz le ha bastado con un “globo” para intentar salir del atolladero en que se ha metido. Al PP regional, en cambio, no parecen quedarle energías ni para proponer otro. El frenazo en seco que Rajoy le ha dado a Zoido no tiene explicación y complica más todavía la acefalia en que desde la salida de Arenas vive la formación. ¿Actuó Zoido por su cuenta, lo que hubiera sido una temeridad? ¿O Rajoy se interpuso tras dejarlo actuar, lo que implicaría un grave desatino? Los dos, PP y PSOE, tienen hoy la única ventaja de la debilidad del “otro”. Probablemente, nunca la política de esta autonomía anduvo tan disminuida.