Anguita

IU no es lo que fue. Ni mucho menos. Comparen el palabreo insolvente de los Valderas con las críticas de Rejón, pongo por caso. Ahora es Julio Anguita el que se descuelga con valor afirmando que él no apoyó en pacto con el PSOE en Andalucía mientras considera que el mismo pacto en Extremadura “sí ha servido para algo”. Y añade como un eco de sí mismo: “Negociar un programa y no estar bajo la consigna y estandarte de ‘todos contra el PP’, porque hay otros que “hacen cosas parecidas”. Mala suerte la nuestra al perder los pocos dirigentes capaces y promocionar a los inútiles. Anguita sigue vivo. Los “pactistas” remunerados muertos como momias.

El viejo oficio

El proyecto de castigar a los clientes de prostitutas ha sido contestado en Francia por un manifiesto firmado por 343 (“cabrones”, sería la traducción literal) que piden libertad para ese esparcimiento inmemorial –“¡Touche pas à ma pute!”, o sea, a mi puta, ni reñirle—de inmediato contestado por otro, en este caso de 90 féminas movilizadas en Alemania por Alice Schwarzzer, que reclaman, por derecho, la abolición de esa suerte de esclavitud considerada como el más viejo oficio de la Humanidad. ¿Quién ha dicho que prohibir la prostitución sería como prohibir la lluvia? ¿No se acabó aboliendo la esclavitud, ese sólido pilar de las sociedades clásicas y modernas? Vieja y controvertida cuestión que ya en el XVIII pretendió resolver sin éxito Cabarrús y que en el umbral de la España romántica, en 1822, una ley planteó bajo la excusa de la “tolerancia” considerando que el servicio de la ramera protegía el hogar, ideología de remoto trasfondo agustiniano, que sólo invertiría sus términos ya en el siglo XX. Franco, que no en balde había sido legionario, estableció en 1941 un Registro Oficial en el que se controlaba a las rabizas proporcionándoles un carné sanitario con el correspondiente aval médico, pero en 1956, acaso por influencia del Opus, según se decía, la prohibió de raíz mediante un decreto-ley que, lógicamente, jamás habría de cumplirse –¡la agustiniana cloaca, ya se sabe!— aunque diese lugar a ruidosas expulsiones masivas como la que en Sevilla ordenó un Gobernador numerario de la orden citada. La prostitución ha llegado a plantearse como un derecho inalienable de la mujer –el derecho al propio cuerpo—pero las feministas de la Schwazzer ven a esas 700.000 putas que se afanan en Alemania como víctimas de una nueva esclavitud, la “white slavery”, razón por la que levantan su bandera contra los “cabrones” viriles que reclaman libertad absoluta para sus escarceos.

 

Hoy ha cambiado ese negocio, ciertamente, evolucionando desde el proxenetismo del rufián hasta la sociedad anónima, de tal manera que las viejas “casas de tolerancia” se han reciclado en presuntos hoteles en las que la legión inmigrante es forzada a trabajar a destajo. Habrá comercio del cuerpo mientras exista la desigualdad extrema, y los clamores alienados de las propias víctimas no harán caer, desde luego, las murallas de Jericó. La “nueva esclavitud” es otro subsector de peso en nuestro PIB. Ya me dirán que puede enfrentar a eso el progreso moral.

Suma y sigue

Devastadora la declaración ante la Guardia Civil de la interventora jefa del Servicio de Fiscalización de la Junta sobre el saqueo de los ERE. “Nunca en mi carrera profesional he visto nada igual”, asegura, mientras el Consejo Consultivo de Andalucía –que no es sospechoso ni mucho menos– se ve obligado a parar en seco el intento de enterrar vivos los expedientes de las subvenciones ilegales renunciando, en consecuencia, a recuperar el dinero despilfarrado: “La Administración no actúa ni adopta compromisos al margen de todo procedimiento”, advierte. El tema se le va poniendo color de hormiga a la presidenta Díaz, forzada a aclarar si es heredera o cómplice del gran desmán.

Bob Esponja

Estoy al día de las aventuras de Bob Esponja por influencia, mejor por imperativo, de mi nieto. Le tengo simpatía al personaje, tanto como a su jefe Don Cangrejo, a la estrella de mar Patrick, al cascarrabias Calomardo, al desdichado Patricio o a la ardilla anfibia Arenita. La saga de los intentos de robo de la fórmula de ‘Cangreburgers’ por parte de Plancton viene a ser como un ingenuo Simenón infantil, así como la aventura de la ballena-top Perlita sugiere actitudes juveniles bien reconocibles. Contra la serie y su personaje, los borricos del Tea Party traen desde hace años una perra tremenda porque ven en ellos un instrumento subliminal del ecologismo y de esa progresía que teme y denuncia sin tregua el cambio climático. Pero ahora, con motivo de un episodio en el que el jefe despide a Bob para ahorrase unas perrillas, los borricos han girado en redondo hasta reconvertir sus críticas y denuestos en alabanzas al supuesto giro que permite ver en Bob, como consecuencia de su despido y de su rechazo del seguro de paro, nada menos que toda una crítica al “Estado-Providencia”, justo cuando en los EEUU se ha reducido drásticamente el programa de ayuda alimentaria que afectaba a casi cuatro millones de ciudadanos sin recursos. “Bob critica ese modelo estatal y defiende la autosuficiencia”, argumentan sin mucha convicción contra el asistencialismo. Yo no entiendo casi nada, lo confieso,  pero tengo para mí que mi nieto y sus amiguetes no deben de haber olido estas morcillas políticas porque me consta que siguen atentos a la pantalla.

 

Hilan delgado los simbólogos de los partidos cuando revuelven hasta los seriales infantiles en busca de apoyos subliminales contra sus respectivos credos. Y ven mal, por ejemplo, que una serie se oponga a la destrucción de la atmósfera mientras celebran que un pringadillo indefenso como Bob proclame que el tiempo libre y la sopa boba no lo atraen tanto como el honrado trabajo. ¡Eduquemos a la gente nueva en el credo neoliberal para segarle hierba bajo los pies a la utopía redentorista, nunca se debe subestimar la trilita revolucionaria que encierra un dibujo animado! Bob Esponja es hoy para mi nieto lo que para nosotros, en los años de plomo, fueron Roberto Alcázar y Pedrín, el Capitán Trueno o el Guerrero del Antifaz. Pero Franco, al menos, cerraba los ojos ante la galipa de Carpanta en tiempos del racionamiento. El Tea Party debe de ser la rehos cuando un reaccionario Bob Esponja se convierte en su ideal.

Urgencias inseguras

Una escena frecuente en los servicios de Urgencia de la sanidad pública andaluza con la que hubieran flipado Richard Foro o Gustavo Doré: la del clan gitano, huy, perdón, de etnia gitana que irrumpe en el Hospital imponiendo su propia ley ante el temor de seguratas y sanitarios. El domingo pasado tuvo lugar la última representación del género en un centro de Salud sevillano, donde el clan exigió la atención inmediata y se plantó en peso en la consulta médica y, tras ser invitados a desalojarla, apalearon el mobiliario e hirieron a cinco a dos médicos, dos enfermeras y un celador. Algunos llaman esto “multiculturalismo”. Y lo llamo, simplemente, falta de autoridad.

El eterno colonialismo

Con frecuencia vamos enterándonos de los despojos sufridos por las poblaciones indígenas a manos del colonialismo implacable. Para ocupar sus territorios se ha llegado a la infamia de sembrar de ropa infectada las selvas cuando no de irrumpir en ellas como banda de salteadores y siempre en nombre de poderosas multinacionales. La farmaindustria lleva años recabando información botánica de los chamanes para aprovechar sus recursos naturales, una cortesía si se compara ese procedimiento con la abrupta actuación de los colonialistas en el África profunda. De un periódico indonesio, The Yakarta Post, traduzco la última de esas hazañas, perpetrada por los sicarios de una compañía minera francesa con la ayuda de la propia policía local de la isla de Halmahera, en la que los indígenas han sido forzados a vender sus terrenos a 60 céntimos de dólar el metro cuadrado, según dicen “con la pistola en la sien”. En Halmahera halló Wallace, durante una convalecencia, su teoría evolutiva de la formación de las especies que compartió con Darwin, y en ella perduran todavía grandes reservas de bosques bajo cuyo subsuelo aguarda impaciente un colosal yacimiento de níquel, que es en esta ocasión lo que buscan los depredadores, dado el crecimiento de la demanda de ese metal, imprescindible para baterías, teléfonos móviles y otros productos industriales de moda. “En una década no quedará ni una sola tribu aislada en el mundo”, ha dicho a este diario el geógrafo y premio Pulitzer Jared Diamond que bien sabe de lo que habla. El nuevo colonialismo cuenta hoy con medios de sobra para acabar con el neolítico.

 

Este neocolonialismo, a diferencia del primitivo que denunciara Franz Fanon en los años 60, es el protagonista de las modernas desigualdades, que ha convertido al colonizado en un nuevo proletario, como confirmando el pronóstico de Barthes (“Mythologies”) de que el colonizado actual asume por completo la condición ética y política del proletario clásico, el “buen salvaje” ignorante de las inmensas riquezas que posee y a merced de los especuladores asociados a sus propias oligarquías, ese mono desnudo que no sospecha siquiera su condición de magnate imposible. Nadie da un paso por defender a un aborigen de las Molucas o a una tribu expoliada del Amazonas, sometidos todos al imperativo inapelable de un Sistema en cuyo censo no figuran. Lo que es nuevo acaso es la imagen de la pistola en la sien frente a la que resulta del todo fácil cerrar los ojos.