Cien días

La nueva Presidenta de la Junta, Susana Díaz, ha cumplido sus primeros cien días en el puente de mando. Con rumbo fijo o al pairo, esto es, sin que se haya notado el relevo. Que se me diga algo de relieve realizado en estos tres meses, aparte de declaraciones de transparencia y buenos propósitos. En mi opinión, Díaz no va a ninguna parte ni va a corregir nada grave durante la travesía, sino que aguarda agazapada la ocasión de una convocatoria de elecciones aprovechando la debilidad de todo su entorno. El populismo no necesita más que de la empatía para triunfar y ella parece la más lista del cotillón. La responsabilidad de que esta perspectiva suponga para Andalucía un nuevo descenso no se le puede imputar en exclusiva a quien se limita a representar su papel frente a una sociedad desvitalizada.

Un espía, una guerra

Acabamos de conocer la verdad sobre el asunto de las armas biológicas que dieron pie a los EEUU y a sus aliados para invadir Irak por segunda vez. Es una historia tan sencilla y eficaz que merecería estar en una novela de Le Carré pero que, vista de cerca, como ahora es posible contemplarla, revela hasta qué punto las hazañas del espionaje pueden resultar elementales y hasta chapuceras. Lo que respaldó básicamente la convicción de los “aliados” y aseguró la existencia de una “industria de la muerte” en el Irak de Sadán, es decir, lo que permitió que un tipo serio como Colin Powell asegurara poseer información fidedigna y de primera mano y al presidente Bush aterrar a los pueblos asegurando que Sadán fabricaba industrialmente armas para difundir la peste, la viruela o la gangrena, no fue más que el testimonio de un aventurero irakí emigrado a Alemania, ingeniero químico, que, para eludir las duras condiciones de vida de su situación de inmigrante, contó a los servicios alemanes una versión apocalíptica del tema , inventando el brillante motivo de los laboratorios móviles que, según él, circulaban por las ciudades los viernes, es decir, los días de oración… Consta ahora que la versión de esa “fuente segura” no era otra que el resumen de lo que el propio refugiado acababa de leer en Internet y, en concreto, la propuesta de crear esos laboratorios itinerantes formulada, efectivamente, por un investigador aunque rechazada por Sadán a causa, al parecer, de su complejidad. Tanto los servicios alemanes como la CIA arrumbaron el testimonio de esa “garganta profunda” pero el zambombazo del 11-S condujo a los mismos servicios a retomar la cantinela del informador. “¿Qué error!”, confesó Powell a un periódico francés cuando ya la invasión se había consumado e Irak había sido destruido. La mentira, en todo caso, ya había dado su avío.

 

Se pudo destruir país sobre el inquietante testimonio de un mentiroso imaginativo por más que nadie haya excusado luego, siquiera, la absoluta falsedad del argumento bélico. Víctimas, viudas y huérfanos, ejércitos de refugiados padecen desde entonces por una guerra de motivo falso y dudoso desenlace. No queda otra moraleja que aceptar hasta qué punto la mentira es tan útil como la verdad cuando la decisión agresiva está tomada de antemano. Aquel Rafid al-Janabi consiguió un pasaporte y una ayuda a cambio de la debacle de su país. En cuanto a los “aliados”, sólo ellos saben lo que consiguieron.

Patas cortas

La mentira tiene las patas cortas, dice el adagio. Vean el contundente palo que la Intervención General de la Administración del Estado propina a la Junta de Chaves y Griñán al afirmar que, durante diez años, el Gobierno andaluz engañó al Parlamento con todas las de la ley. La juez instructora tiene ahora en su mano esa maza que no ha fabricado ella y que aplasta sólo con mostrarla la mendaz estrategia de seguida por ambos Presidentes y su más absoluto desprecio al Parlamento. Desde luego, si esa lobada que abre la posibilidad de que todas las ayudas concedidas en ese plazo resulten nulas, llega a perpetrarla un particular, hace tiempo que se le había caído el pelo. La estafa de los ERE se ha convertido, ahora sí, en la prueba del nueve de nuestra democracia.

Christmas negro

En Alcalá de Guadaíra, panera sevillana, han muerto un matrimonio y una hija de catorce años. Intoxicados, envenenados –no sé cómo debería decirse– por consumir alimentos en mal estado, ignoro si recogidos de algún contenedor (he oído que algunos súpers aderezan con legía sus desechos para evitar responsabilidades) u obtenidos directamente por donación graciosa. Lo único cierto es que no tenían qué llevarse a la boca y por eso tenían que comer lo que les cayera en las manos, si es que les caía algo. ¡Qué cosas, una familia arrasada por el hambre en pleno 2013, con las luces navideñas recién encendidas, los buenos augurios frente a la crisis, la expectativa de crecimiento del consumo, y en un Ayuntamiento perteneciente a una Comunidad gobernados ambos por la izquierda hace más de 30 años! Christmas negro para navidades blancas, un tachón en el alma de esta sociedad autista que no se entera de que en el tercero derecha o en el bajo C malvive una familia hambrienta, superviviente a base del excedente del excedente, mendigando comidas caducadas o rebuscando sobras en las basuras. ¡Gloria in excelsis Deo…!, no digo que no, y que no decaiga la fiesta, que siga el festín de los unos en tanto que los otros desfallecen sumidos en la más absoluta miseria, ninguno de nosotros, al fin y a la cabo –ni siquiera los dirigentes de esta balsa a la deriva—somos responsables de que un padre de familia afane por ahí sin mucho miramiento el pienso indispensable para su gente. ¿Es posible que haya gente que muera de hambre en medio del jardín de las delicias? Pues sí lo es: literalmente.

 

Pero ofende que eso ocurra mientras rebosan los grandes almacenes, al tiempo que nos desayunamos cada mañana (los que podemos) con las pruebas del saqueo perpetrado por los partidos, por los sindicatos, por la patronal, en las Administraciones llenas de imputados, de convictos y hasta de confesos. ¿Pero será posible, a estas alturas, que una familia sucumba en Alcalá de Guadaíra por nutrirse con la podre que, en migajas, cae de la mesa de Epulón? A su Ayuntamiento “no le constaba” esa necesidad, la Junta puede que no se haya ni enterado, el Gobierno queda lejos y los pastores andan todos por Belén. Que descasen en paz, pues. Y que un incidente no turbe el espíritu navideño. Más hambre hay en África, ¿no? Seguro, pero el hambre tiene una geografía, ojo. Y una Historia. Y hasta una Política.

Las notas de IU

IU desafina no poco desde que se alquiló al PSOE. Quizá por eso va su portavoz y condecora a la nueva Presidenta con un notable por su gestión, augurando que, a final de curso, la notabilidad alcanzará el sobresaliente. ¿Qué diría esos portavoces si IU siguiera al relente, como los pastorcicos de Belén, en lugar de gozar de la poltrona, el aire acondicionado, la moqueta, el coche oficial, el pastón, las dietas y demás gabelas, en vez de sudar la gota gorda sosteniendo ruinas morales y legales? Cosas veredes. Esta tarde veremos qué tiene que decirle Julio Anguita sobre el particular a los amigos de El Mundo.

Cerrar el grifo

No llueve ni a tiros este otoño. Una especie de ambigua estación, soleada y fría, se alarga ya hasta internarse en pleno Adviento llevando la inquietud, como tantas y tantas veces, al labriego que mira inquieto al cielo. Se recuerda incluso nuestra precariedad en el negocio del agua, las restricciones no tan lejanas en las que tal vez haya que buscar el origen del alarmismo en torno al calentamiento global, aquella mala racha en que los responsables del comprometido suministro aconsejaban no dejar gotear el grifo cuando no imponían sanciones por sobreuso. Un tópico, eso de la sequía aunque, en efecto, parece innegable que, estadísticamente hablando al menos, hay periodos lluviosos y periodos sin nubes, y hasta ha habido quien haya arriesgara pronósticos sobre una supuesta periodicidad del clima. ¡Se agotan las reservas de agua potable del planeta! He ahí un grito de alarma apocalíptico, que resuena con frecuencia por doquier, pero que un estudio científico que acaba de aparecer en la revista “Nature” arrasa con la noticia de que existen, contra una opinión sempiterna, inmensas reservas de agua dulce bajo los océanos, tantas que ha llegado a calcularse en cien veces superior a toda al agua consumida en el planeta durante el siglo pasado y lo que llevamos de éste. No se había tenido en cuenta, por lo visto, que ese depósito inmemorial e intacto, está ahí, como un reservorio previsor a la espera de que el hombre lo alcance si la necesidad lo acaba empujando en la superficie de la tierra. Dicen los sabios que fue el calentamiento progresivo de la Tierra, hará veinte mil años o así, cuando esos fabulosos depósitos de agua quedaron sepultados por capas arcillosas anteriores a la llegada del agua salada. La verdad es que se queda uno como más tranquilo.

 

Por parte de los desdramatizadores, que también los hay, suele alegarse que nuestra obsesión por el agua no se compadece con el despilfarro que hacemos de ella, y por supuesto, tiene mucho que ver con las malas políticas. Lo sabemos desde Joaquín Costa a Juan Benet, que propuso cuando aún se consideraba una ilusión, trasvasar el agua de la España húmeda a los secarrales del Sur, un proyecto casi lírico comparado con el tironeo partidista de los nonatos Planes Hidrográficos. Nos harían falta más poetas en las cuencas y en los pantanos, aunque ahora sepamos ya lo previsora que fue la Madre Naturaleza al poner nuestras reservas a buen recaudo.