La bisagra feliz

IU es la bisagra feliz. Vive de lo que muere el PSOE, al que denuncia por activa y por pasiva, al que incluso insulta, pero en cuya puerta de viene dejándose los nudillos desde que se fueron, ay, Anguita y Rejón. La felicidad, ni más ni menos, es lo que promete Valderas si se logra superar el bipartidismo del PSOE y el PP, pero, eso sí, con la condición de apoyar al primero si lo necesita, a pesar de sus múltiples miserias. El indeseable PSOE de hoy puede ser el socio de mañana porque de lo que se trata es de tocar pelo tras la faena y dar la vuelta al ruedo, a hombros si es posible. Esto no es doble moral, esto es poca vergüenza. Si Arenas salva ese búnker puede que salve a Andalucía, de paso, de estos chamarileros oportunistas.

La pata quebrada

Otra vez un imán que predica (presuntamente) el castigo a la mujer por parte del marido. Como aquel de Fuengirola, ahora es el de Tarrasa el que, al parecer, según las grabaciones de los Mossos, aconsejaba a sus parroquianos negando la igualdad de la mujer y hasta cuestionando el derecho a la integridad física y moral de las hembras. ¡Cuidado con hacerlas sangrar a causa de los castigos, ojo con partirles algún hueso! No hace falta mientras se sepa manejar el buen bastón que haya en casa o al macho no le falten puños y saber boxístico. Lo que es un escándalo es el desarrollo de los derechos de la mujer en Occidente, a ver a dónde vamos a llegar por este insensato camino. ¿No dice la aleya 38 de la sura 4 del Corán que “Los hombres son superiores a las mujeres porque Dios les ha otorgado la preeminencia sobre ellas, y porque las dotan con sus bienes”? ¿Acaso no continúa la revelación en ese mismo lugar diciendo que “Los maridos que sufran desobediencia de sus esposas pueden castigarlas, dejarlas solas en el lecho y hasta golpearlas”? Pues eso es lo que repite el imán, como si continuáramos en el siglo VII, sólo que en el XXI y no en el desierto primordial sino en el ámbito civilizado que ha consolidado ya irreversiblemente la igualdad entre los sexos y consagrado los derechos después de tan largo proceso. En mi opinión, el debate con este tipo de fanáticos ha de resultar siempre inútil porque semejante brecha en el tiempo no será salvable hágase por más que se pretenda ceder ante unas exigencias culturales radicalmente opuestas a los principios civilizados, como sería inútil tratar de imponer hoy muchas prescripciones veterotestamentarias, conservadas como reliquias pero obviamente obsoletas. El Occidente cristiano por origen y cultura ha acertado históricamente al adaptarse, siquiera relativamente, a los nuevos tiempos y a sus exigencias. Es el universo mental islámico el que permanece anclado en su suelo medieval y eso resulta incompatible con cualquier perspectiva humanista que merezca tal nombre. Yo al imán de Tarrasa, más que aplicarle la ley, lo enviaría de regreso a su país y santas pascuas.

En Francia, donde la polémica sobre la emigración centra el debate electoral, acaban de negarle el voto a los inmigrantes ante el temor de que una eventual mayoría suya pudiera acabar imponiendo en el país sus tabúes alimentarios o sus costumbres sociales. Y es que Culturas hay muchas y diversas pero Civilización no hay más que una, y en ésa sería demencial consentir el regreso al pretérito imperfecto. El imán debe entender que aquí no hay más sura que valga que la Ley vigente. Y si no lo entiende, para eso está la Justicia.

Los ERE, cosa de todos

Demoledora declaración del ex–director general de Empleo ante la juez instructora. Sin vacilaciones ha dicho que todo lo por él perpetrado era conocido por sus superiores, señalando sin tentarse la ropa a tres consejeros –Viera, Zarrías y Pérez Saldaña—y directamente a los dos Presidentes, a Chaves, de quien dice que forzó la resolución de uno de los expedientes,  y a Griñán, a quien atribuye la aprobación del procedimiento empleado, que la juez considera ilegal. Estaba cantado, en todo caso, haya no haya contrafuegos dispuestos para evitar la propagación del incendio. En la crónica de la autonomía, con haberse visto casi de todo, jamás se había visto tanta desvergüenza.

Cañones o mantequilla

A los estudiantes de mi generación se nos enseñaba al asomarnos a la Economía ese dilema que parecía resumir la opción básica de los sujetos sociales: se trataba de elegir entre “cañones o mantequilla”, es decir, de escoger un modelo de producción que atendiera preeminentemente al mantenimiento de la población o, por el contrario, primara la producción armamentística. Lo he recordado al enterarme de que Corea del Norte acaba de proponer a los EEUU reanudar las conversaciones sobre la desnuclearización de la península y, en consecuencia, readmitir a los inspectores que vigilaban sus actividades atómicas,  a cambio de un vasto programa de asistencia alimentaria, un gesto sin duda elocuente que lo dice todo sobre el fracaso del régimen radical y sobre la situación efectiva de la población en ese desgraciado país. Ya cuando la crisis de las “vacas locas”, el antecesor de este mandatario solicitó a Inglaterra que se enviaran a su país los animales sacrificados para ser consumidos por un pueblo hambriento al que las amenazas del temible síndrome le traían sin cuidado frente a un solomillo, una propuesta que, como es lógico, no fue atendida por considerarse irracional, pero que dejaba entrever más de la cuenta el deterioro interno de aquella sociedad. Y ahora, de nuevo, esos feroces e irreductibles radicales solicitan al despreciable mundo capitalista las migajas imprescindibles para su supervivencia, abriendo paso a una inesperada mejora de las relaciones que pudiera afectar a medio mundo. No está mal, más vale tarde que nunca y, sobre todo, bien está lo que bien acaba, suponiendo que esta historia, antier todavía impensable, acabe bien. Los coreanos dejarán de enriquecer uranio y amenazar con sus misiles a cambio de leche en polvo y carne enlatada. En Corea es alto el porcentaje de ciudadanos que reconocen haber visto a alguien morir de hambre sin salir de su familia. “Lo primero es el buen gobierno de la tripas”, decía Cervantes, que sabía, por experiencia propia, de qué iba la vaina.

Algún día es posible que sepamos lo que ha costado a sus pueblos el rentoy atómico de sus gerifaltes, lo mismo en Pionyang que en Teherán, pero sin olvidar a los demás implicados en ese atroz negocio, el más desmesurado e inútil despilfarro perpetrado por la especie humana. En Corea, de momento, ya sabemos que el cuerpo no aguanta más y que hasta el mendrugo rancio que le arroje el más denostado enemigo ha de ser aceptado besándole la mano después tantos años de sufrimiento oculto tras la propaganda. Nada más triste que contemplar cómo quiebra el “eje del mal” a la altura del estómago.

Solos

Nos hemos quedado solos frente al resto del Estado al rechazar en solitario la propuesta de reducción del déficit planteada por el Gobierno. ¡Quieren gastar más todavía, hablan de ampliar la deuda los mismos que han metido decenas de miles de enchufados en la nómina, los responsables de la millonada de los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas, los que en Invercaria se “inventaban” los expedientes para forrar a los amigos políticos! Y son los únicos de España en no aceptar una medicina que, por amarga que resulte, nadie rechaza. Otra vez solos, pero ahora en la ruina más absoluta, con la mayor legión de parados de la historia, solos en la cola de Europa. Si esto no es el fin de un “régimen” desde luego lo parece.

Trampas del lenguaje

En un mismo día se producen dos precisiones de primer orden sobre el lenguaje en nuestra sociedad. Por su parte, la RAE, harta de coles, se ha dejado caer con un meditado informe disciplinario explicando que el llamado “lenguaje no sexista” –lo de “miembros y miembras”, ya saben–no concierne a la gramática sino a la ideología y, en como consecuencia, no tiene otro valor que el que guste conferirle el oportunismo político. Y por la suya, una alta responsable de un chiringuito millonario de la Junta de Andalucía ha explicado sin rubor que si ella “estuviera comprometida con le Ética no trabajaría en esta Organización”, y vaya por delante que la mayúscula la pongo yo (en una grabación no se distingue la ortografía) por cuanto tiene de fuerte sugerencia mafiosa. Allá en el Norte, en fin, un empresario amigo de un ex-ministro de Obras Públicas afirma, por su lado, que él “pertenece a la liga oculta” y su interlocutor le contesta que, en efecto, él mismo estuvo comiendo con el baranda, tras su encuentro en una gasolinera, “en un sitio así, muy privado”, como debe ser, con lo que está plenamente de acuerdo el primero: “Yo también procuro siempre quedar en un sitio donde no se nos pueda ver… y él (el ministro, claro) me va arreglando las cosas”. La Organización, ahí la tienen, el “tinglado de la antigua farsa” explicado sin paliativos ante las candilejas por el cómico o la cómica de colmillo retorcido, la cita en el exclusivo restaurante italiano en cuya cisterna conviene mirar primero no sea que ande oculto en ellas un par de pistolas, sólo que ahora disfrazado todo bajo el cuello banco. Nada como el habla para poner las cosas en su sitio, ningún argumento con semejante capacidad subliminal y al mismo tiempo literal, para dejar claro, en cada momento, quién es quién. Esto que está ocurriendo en España no es una saga de incidentes aislados e inconexos, sino el producto de una Organización que no tiene en cuenta, como es natural, otros límites que los de su propio interés. Lo estamos viendo a las claras pero lo confirma el testimonio espontáneo de los organizados.

Ahora resulta, además, que esa directora antiética es la misma persona que colocó al hijo del entonces presidente Chaves, lo que demuestra que la Organización incluye a sus cabos y sargentos pero también a sus generales y generalísimos, con perdón, es decir desde la cabeza del organigrama hasta el chófer que se ocupa –¡y a qué precio!—de comprarle la coca al camellito, o al alcalde que se solaza en el puticlub con cargo a la visa municipal. Ya digo que la mayúscula es mía, pero a ver quién de ustedes, con la mano en el corazón, se atreve a discutírmela.