Pobres jueces

Mal debe de andar la cosa cuando el pleno de los jueces decanos, celebrado en Sevilla, se ha centrado en la lucha contra la corrupción, para combatir la cual reclaman varios remedios. Uno, que se restrinjan los indultos de condenados por corrupción, otra que se presupueste debidamente la Justicia de manera que no se vea forzada a convertirse “en mendicante ante quien precisamente debe controlar” y, en fin y ya era hora, que se cree un cuerpo de expertos contables dependientes de la judicatura y no de Hacienda, como hasta ahora. Todo indica la convicción generalizada de que la podre no hay quien la elimine y menos en las circunstancias actuales.

Nuestros fetiches

Ando convencido de que cada era tiene su mitología, su mundo imaginario y superior cuyo sentido axiológico hace tiempo que no es ningún secreto para los etnólogos. El culto de reliquias fue el gran chollo que los mercaderes que iban a Oriente disfrutaron durante la Edad Media, pero la reliquia no es el único objeto de culto en este mundo secularizado en el que el fetiche la ha sustituido con ventaja. Miles de americanos han comprado a precio de oro cachivaches que dicen que pertenecieron a Elvis Presley o a Michael Jackson del mismo modo que nuestros trasabuelos se entrampaban por un hueso de santo o por un trebejo que en vida sirvió a un ermitaño. Son asombrosos los inventarios de reliquias que poseemos, como asombroso resulta el número de astillas de la Santa Cruz venerados en Occidente y sobre el que ironizó alguna vez René Guénon. Las sociedades secularizadas que vivimos han renunciado, en gran medida, a la reliquia en favor del fetiche, es decir, del objeto mágicamente conectado no ya con el héroe antiguo sino con el personaje –pura “magia de contacto”—como prueba el éxito de la subastadora RM Aunctions que le ha sacado a un pardillo 600.000 euros por el coche anfibio que “James Bond”, ya en la persona de Roger Moore, salvó de la quema en “El espía que me amó”. Un coche, por cierto, que ni siquiera es conducible en carretera, lo que quiere decir que es, simple y rotundamente, una “cosa” perteneciente al sagrado, un amuleto tal vez o acaso nada más que un instrumento “contagiado” por el héroe. Hay subastas a cientos en las que los devotos de famosos adquieren sus muebles o su ropa interior pujando como fieras entre ellos, inconscientes, por supuesto, de encarnar una devoción nueva en un mundo “humano, demasiado humano” que, ay, ha perdido la fe.

 

Fue Marx quien insistió en la índole misteriosa de la mercancía que concede a ésta una curiosa autonomía respecto a sus productores y percibe en ella la capacidad de confundir al consumidor aparentando, desde un materialismo extrañamente simbólico, la plena autonomía de las cosas. ¿Por qué se gasta ese membrillo una fortuna en poseer un coche inútil aunque impregnado de una cierta pátina proveniente del héroe? Él no lo sabe pero lo hace ni más ni menos que como fiel de una devoción inmanentista que ocupa el lugar que otrora llenó la trascendencia. El hombre barrunta esa otra dimensión perdida de tejas arriba y la busca empeñado de tejas abajo.

Cien días

La nueva Presidenta de la Junta, Susana Díaz, ha cumplido sus primeros cien días en el puente de mando. Con rumbo fijo o al pairo, esto es, sin que se haya notado el relevo. Que se me diga algo de relieve realizado en estos tres meses, aparte de declaraciones de transparencia y buenos propósitos. En mi opinión, Díaz no va a ninguna parte ni va a corregir nada grave durante la travesía, sino que aguarda agazapada la ocasión de una convocatoria de elecciones aprovechando la debilidad de todo su entorno. El populismo no necesita más que de la empatía para triunfar y ella parece la más lista del cotillón. La responsabilidad de que esta perspectiva suponga para Andalucía un nuevo descenso no se le puede imputar en exclusiva a quien se limita a representar su papel frente a una sociedad desvitalizada.

Un espía, una guerra

Acabamos de conocer la verdad sobre el asunto de las armas biológicas que dieron pie a los EEUU y a sus aliados para invadir Irak por segunda vez. Es una historia tan sencilla y eficaz que merecería estar en una novela de Le Carré pero que, vista de cerca, como ahora es posible contemplarla, revela hasta qué punto las hazañas del espionaje pueden resultar elementales y hasta chapuceras. Lo que respaldó básicamente la convicción de los “aliados” y aseguró la existencia de una “industria de la muerte” en el Irak de Sadán, es decir, lo que permitió que un tipo serio como Colin Powell asegurara poseer información fidedigna y de primera mano y al presidente Bush aterrar a los pueblos asegurando que Sadán fabricaba industrialmente armas para difundir la peste, la viruela o la gangrena, no fue más que el testimonio de un aventurero irakí emigrado a Alemania, ingeniero químico, que, para eludir las duras condiciones de vida de su situación de inmigrante, contó a los servicios alemanes una versión apocalíptica del tema , inventando el brillante motivo de los laboratorios móviles que, según él, circulaban por las ciudades los viernes, es decir, los días de oración… Consta ahora que la versión de esa “fuente segura” no era otra que el resumen de lo que el propio refugiado acababa de leer en Internet y, en concreto, la propuesta de crear esos laboratorios itinerantes formulada, efectivamente, por un investigador aunque rechazada por Sadán a causa, al parecer, de su complejidad. Tanto los servicios alemanes como la CIA arrumbaron el testimonio de esa “garganta profunda” pero el zambombazo del 11-S condujo a los mismos servicios a retomar la cantinela del informador. “¿Qué error!”, confesó Powell a un periódico francés cuando ya la invasión se había consumado e Irak había sido destruido. La mentira, en todo caso, ya había dado su avío.

 

Se pudo destruir país sobre el inquietante testimonio de un mentiroso imaginativo por más que nadie haya excusado luego, siquiera, la absoluta falsedad del argumento bélico. Víctimas, viudas y huérfanos, ejércitos de refugiados padecen desde entonces por una guerra de motivo falso y dudoso desenlace. No queda otra moraleja que aceptar hasta qué punto la mentira es tan útil como la verdad cuando la decisión agresiva está tomada de antemano. Aquel Rafid al-Janabi consiguió un pasaporte y una ayuda a cambio de la debacle de su país. En cuanto a los “aliados”, sólo ellos saben lo que consiguieron.

Patas cortas

La mentira tiene las patas cortas, dice el adagio. Vean el contundente palo que la Intervención General de la Administración del Estado propina a la Junta de Chaves y Griñán al afirmar que, durante diez años, el Gobierno andaluz engañó al Parlamento con todas las de la ley. La juez instructora tiene ahora en su mano esa maza que no ha fabricado ella y que aplasta sólo con mostrarla la mendaz estrategia de seguida por ambos Presidentes y su más absoluto desprecio al Parlamento. Desde luego, si esa lobada que abre la posibilidad de que todas las ayudas concedidas en ese plazo resulten nulas, llega a perpetrarla un particular, hace tiempo que se le había caído el pelo. La estafa de los ERE se ha convertido, ahora sí, en la prueba del nueve de nuestra democracia.

Christmas negro

En Alcalá de Guadaíra, panera sevillana, han muerto un matrimonio y una hija de catorce años. Intoxicados, envenenados –no sé cómo debería decirse– por consumir alimentos en mal estado, ignoro si recogidos de algún contenedor (he oído que algunos súpers aderezan con legía sus desechos para evitar responsabilidades) u obtenidos directamente por donación graciosa. Lo único cierto es que no tenían qué llevarse a la boca y por eso tenían que comer lo que les cayera en las manos, si es que les caía algo. ¡Qué cosas, una familia arrasada por el hambre en pleno 2013, con las luces navideñas recién encendidas, los buenos augurios frente a la crisis, la expectativa de crecimiento del consumo, y en un Ayuntamiento perteneciente a una Comunidad gobernados ambos por la izquierda hace más de 30 años! Christmas negro para navidades blancas, un tachón en el alma de esta sociedad autista que no se entera de que en el tercero derecha o en el bajo C malvive una familia hambrienta, superviviente a base del excedente del excedente, mendigando comidas caducadas o rebuscando sobras en las basuras. ¡Gloria in excelsis Deo…!, no digo que no, y que no decaiga la fiesta, que siga el festín de los unos en tanto que los otros desfallecen sumidos en la más absoluta miseria, ninguno de nosotros, al fin y a la cabo –ni siquiera los dirigentes de esta balsa a la deriva—somos responsables de que un padre de familia afane por ahí sin mucho miramiento el pienso indispensable para su gente. ¿Es posible que haya gente que muera de hambre en medio del jardín de las delicias? Pues sí lo es: literalmente.

 

Pero ofende que eso ocurra mientras rebosan los grandes almacenes, al tiempo que nos desayunamos cada mañana (los que podemos) con las pruebas del saqueo perpetrado por los partidos, por los sindicatos, por la patronal, en las Administraciones llenas de imputados, de convictos y hasta de confesos. ¿Pero será posible, a estas alturas, que una familia sucumba en Alcalá de Guadaíra por nutrirse con la podre que, en migajas, cae de la mesa de Epulón? A su Ayuntamiento “no le constaba” esa necesidad, la Junta puede que no se haya ni enterado, el Gobierno queda lejos y los pastores andan todos por Belén. Que descasen en paz, pues. Y que un incidente no turbe el espíritu navideño. Más hambre hay en África, ¿no? Seguro, pero el hambre tiene una geografía, ojo. Y una Historia. Y hasta una Política.