Cómo anda el patio

“La fcorma de actuar del Gobierno con Andalucía se asemeja al acoso político y al bloqueo financiero desplegado por el Gobierno Aznar”, Miguel A. Vázquez, portavoz de la Junta. “Están dejando morir a un sector estratégico como la construcción”, Círculo de Empresas Andaluzas para la Construcción. “Marisol Yagüe pudo equivocarse pero no hubo delito”, abogado de la ex-alcaldesa de Marbella. “El PSOE es una gran familia. ¿En qué familia no discuten dos hermanos?”, Susana Díaz, consejera de Presidencia. “No creo que los trabajadores lean el BOJA”, Juan Márquez, ex-director de Empleo a la juez Alaya. “Pedir indiscriminadamente tanta información  no conduciría más que a bloquear la Comisión” parlamentaria sobre los ERE, Ignacio García (IU), presidente de la Comisión.”El Parlamento andaluz me ha llamado e iré con mucho gusto”, Manuel Chaves, ex–presidente de la Junta.

El parto de los montes

La montaña, como era previsible, acabó pariendo un ratón, y después del desastre que ha supuesto en los últimos años el partidismo nato de los miembros del Tribunal Constitucional, los partidos mayoritarios han resuelto el inabordable problema con la expeditiva fórmula de repartirse los nuevos magistrados y dejar uno, en plan cuota, para contentar a CiU y otro para IU. Yo recuerdo que, en agosto de 2011, la hoy vicepresidenta anunciaba que el PP incluiría en su programa electoral una propuesta para reformar el sistema de elección de esos magistrados (que no siempre son jueces) “para fortalecer su profesionalidad e independencia” de forma que sus nombramientos fueran separables de las mayorías parlamentarias, una fórmula con que se deshacía de su anterior sugerencia de un sistema de magistratura vitalicia como el vigente en Norteamérica. También Gallardón anunció en diciembre pasado su doble intención  de modificar el procedimiento para elegir los vocales del CGPJ y los requisitos de los candidatos a miembros del TC. Y hace poco, Esperanza Aguirre, lanzó un órdago a la grande al proponer la disolución de sea superinstancia y crear una Sala en el Supremo para velar por el cumplimiento de la Constitución, como ocurre en muchas democracias. Pues bien, ya han visto lo que dura el compromiso: repartiéndose escrupulosamente en dos esa tarta supremísima dejando la imprescindible cuña para contentar a algún minoritario. Todo hace temer, en consecuencia, que nada variará en el futuro, es decir, que seguiremos augurando los fallos con nada más que contar esos votos que –salvo una sola excepción hasta ahora—son simples votos de partido.

La primitiva idea de que el Poder Judicial se constituyera a solas le duró a Guerra medio minuto. A nuestra democracia le va a costar otro par de mandatos sin separación de poderes. Esta democracia averiada se basa en la superioridad arbitraria del Legislativo, como si ello fuera alguna garantía de neutralidad o ventaja de justicia, y ahí vamos, de peor en peor, dispuestos ahora a reemprender la porfía de los partidismos judiciales a los que ni el PP ni el PSOE están dispuestos a renunciar. La partitocracia tiene sus reglas y sus costes, a ver qué creían. Y los partidos –todos—tienen sus cuentas con la Justicia que han de ser puestas a buen recaudo. El pueblo no sabe de ellas. Estoy por decir que menos mal.

IU entre dos fuegos

¿Cumplir el compromiso de investigar la corrupción? Valderas sabe que eso le costaría lo que le queda, que son los cargos. ¿Romper la baraja y unirse al PSOE como un lazarillo para salir lo antes posible del brete de la Comisión parlamentaria? Puede que Valderas no sepa que CON ello liquidará la poca confianza que todavía inspira esa coalición. Empezar negando al PP –la mayor fuerza de la Cámara—dos tercios de sus comparecientes significa ni más ni menos que IU está pasando de ser el azote del PSOE a ser su guardaespaldas ,y permite concluir que de esa Comisión no saldrá luz alguna aunque sí la evidencia de las complicidades. Valderas ha dilapidado en el primer cuarto de hora, como hubiera sido previsible, su escasa credibilidad. Ni él podría haber llegado a más ni nuestra autonomía a menos.

El despiste nacional

Hace poco me extrañó ver a un fervoroso comunista presumir en el Parlamento andaluz exhibiendo una camiseta de la Selección en la que se había trastornado el diseño de manera que, para responder a la enseña republicana, la espalda y un hombro iban en rojo, el pecho y el otro en morado, y festonada, en fin, con una suerte de herpes gualda que recorriera desde la cadera al cuello. De lo que no se había percatado el repúblico era de que el escudo que lucía esa prenda representaba, bien que de mala manera, a la monarquía reinante. Son cosas que ocurren, no ya por ignorar la heráldica, sino, sencillamente, por no tener ni idea de esa Historia que el de la camiseta mamarracho pretende, al parecer, cambiar. Bueno, pues eso no es nada, si se tiene en cuenta que el que lucen bajo la estrella mundialista nuestras lumbreras tiene, según la Academia Matritense de Heráldica, un grave defecto –la falta de la bordura roja alrededor del escusón con las tres lises sobre campo azul, que la convierte en símbolo de la Casa Real… de Francia—mientras que otros observadores más minuciosos le llegan a achacar hasta nueve errores. La citada Academia hizo llegar su consejo a alguna alta institución y ni siquiera recibió respuesta, pero a mí no me extraña que esa procelosa cueva que es la Federación carezca de interés o sensibilidad, sino, por supuesto, que la Casa Real española no haya detectado –y si lo ha detectado, peor—semejante desliz. Éste es un país raro en el que la hinchada debe tararear el himno porque éste carece de letra cantable y en el que ni siquiera el Rey ni el Príncipe que acostumbran a asistir a los grandes encuentros se han percatado de ese detalle que, ya digo, a mí, plim, pero a ellos, que viven del símbolo, debería inquietarles en extremo.

 

¿Se figuran ustedes a un soviético de los de antes luciendo sobre la camiseta la hoz cruzada con una piocha, a un masón al que le cambiaran sobre el mandil el compás por una bigotera, a un vasco ante esa ikurriña, que Arana copió de la enseña británica, pero a la que le hubieran revuelto todos sus colores? Oigan, repito que mis respetos simbólicos van por otra senda, pero yo no soy ni el Estado ni un miembro de la realeza, y a estos dos sí que debería importarles, y mucho, su identidad simbólica. Hemos quedado campeones luciendo sobre el pecho la prueba de nuestro insignificante despego.

Descubrir la pólvora

Se indigna y denuncia un periódico en su primera página un hecho terrible: que desde el ministerio de Empleo se hubiera filtrado a un periódico amigo datos sobre el ERE que prepara el PSOE y que, de momento, deben ser secreto. Vale, tremendo de ser cierto y comprobado, pero ¿de verdad puede ese periódico (¡ni ninguno!) rasgarse las vestiduras por una filtración? Lo del caso Gurtel, lo de Camps, las instrucciones judiciales de determinados jueces y ex-jueces, cientos de circunstancias relativas a la vida privada de muchos personajes…, ¿puede sorprender a alguien, a estas alturas, una filtración? La viga y la paja, como siempre. Si hubiera que retratar a esa ministra, ese periódico no tendría sitio para ella en la inmensa galería de sus propios filtradores.

El circo judicial

Los jueces de la antigüedad ejercían mayestáticamente un oficio que habían heredado de los reyes. Se sentaban a la puerta de palacio, delante de la mezquita o en la plaza pública no para que la Justicia fuera un espectáculo sino para que resultara transparente. La sociedad no tenía derecho a convertir en espectáculo lo que debe ser el ejercicio casi sagrado de castigar al delincuente y reparar al lastimado. Es decir, todo lo contrario a lo que está ocurriendo hoy en España, no solamente en los miserables “reality show” que nos mete en casa el negocio televisivo, sino en los propios Juzgados en los que debería prevalecer un orden silencioso y no la algarabía provocada por las filtraciones. Miren lo que está pasando con el juicio de Isabel Pantoja, porque de eso se trata –del juicio a Isabel Pantoja—más que de cualquier otra cosa. Nada tiene que ver, por supuesto, el hecho de que un personaje famoso haya participado en algún saqueo de fondos públicos o que no haya colaborado con la Justicia, para que ese personaje sea expuesto en la picota y ofrecido como víctima a la hiena de una opinión envidiosa, y lo que acabo de escribir se refiera tanto a Pantoja como a cualquier presunto reo en absoluto merecedores del castigo añadido que supone la innecesaria mortificación de sus responsabilidades. Tal como pudo comprobarse hace unos años en la escandalosa detención nocturna de la tonadillera, vamos a asistir ahora, si los magistrados no lo remedian, al calvario que supone la exposición al escarnio plebeyo con que sublima el instinto una masa ahora tal vez más necesitada que nunca de sublimaciones. “Ecce femina” repetirán los telediarios esta temporada como si la corona de espinas no fuera un abuso exclusivo de la barbarie.

 

A los poderes públicos les conviene esta diversión que tanto puede contribuir a velar problemas mucho más lacerantes. Una Justicia que se preste a ese juego, sin embargo, no merece el exclusivo honor de velar por el derecho de todos, y una acción, por deplorable que sea, no tiene por qué ser sometida a la vergüenza pública sino, simplemente, sancionada del modo más discreto. A Pantoja la va a freír ahora esta Justicia “agradaora” que colabora con un Poder que anda con una mano detrás y otra delante. ¿Qué menos que esa esponja narcótica para una muchedumbre despojada? El “panem et circenses” de los romanos es nuestro “pan y toros”.