¿El PSOE, también?

Se agranda el vergonzoso coladero por el que se iba el dinero público de la Junta a las sedes del PSOE y de la UGT, en concepto de gastos corrientes o a base de retorcer la finalidad de las subvenciones. La verdad es que si ello se comprueba más a fondo se explicaría, en términos “regiministas”, la condescendencia de la Junta a la que habría que pasar a conceptuar como connivente. Los partidos sacan pasta allí donde gobiernan sin control, lo mismo en Valencia que en Andalucía. Me temo que estemos ante una crisis ética y jurídica mucho mayor de lo que permiten entrever los titulares hasta ahora publicados.

Astucia del hombre

Siempre viviremos pendientes del pulso perenne que mantienen impertérritos el hombre y la Madre Naturaleza. Para aquel se trata,

por lo general, de defenderse de sus trampas o de arrancarle alguna ventaja, en uno y otro caso sobrepasando las leyes naturales, esto es, el código espontáneo que lo real plantea al individuo. Me entero de un caso estupendo de esta especie que pone de relieve hasta qué punto esa tensión se mantiene enérgica en todos los tiempos, pues se trata de una epidemia agrícola aparecida en la India que ha dado al traste durante un  tiempo con el importante subsector que produce la papaya, plaga debida a la presencia de un diminuto insecto, inferior en tamaño al ojo de una aguja, el “Paracoccus marginatus” que, procedente de América central acabó causando pérdidas que un medio francés bien informado calcula en 180 millones de euros, es decir, nada menos que en 15.000 millones de rupias, una fortuna para aquellos modestos agricultores. Y bien, lejos de rendirse a la invasión, los sabios han echado mano de un  recurso decimonónico –sí, sí, ya usado en el siglo XIX–, consistente en diseminar por los predios sembrados unas avispas aún más ínfimas que, sin embargo, al parasitar a los insectos invasores y depositar en ellos sus huevos provocarán la ruina del invasor devorado por las futuras larvas. No es preciso siempre, como puede verse, recurrir al veneno mortífero que altera el medio ambiente y lo daña sin remedio, al menos mientras haya en el repertorio ingenios de probada eficacia. En toda la India del sur, los agricultores suristanes han recuperado su medio de vida animando de nuevo las plantaciones dañadas sin necesidad de herir el medio común.

 

Cada vez es más frecuente el uso de estos agentes neutralizadores que libran al agricultor de las plagas que le quitan el sueño a base de implantar otra plaga letal para los invasores pero carente de efectos nocivos. Esa Madre sigue siendo incontrolable cuando se desmelena en catástrofes pero resulta vencida también en muchas ocasiones por la astucia y el saber humanos que bien conoce el principio homeopático que aconseja defenderse de un mal usando otro. Nuestros nietos no conocen ya el espectáculo estomagante del gusano en la manzana pero tampoco saben lo que nos cuesta esa integridad en términos medioambientales. En India acaban de demostrar que nuestros abuelos ya sabían cómo evitar ese daño.

Patronal bajo sospecha

El festín de los “agentes sociales” se ha visto de repente interrumpìdo.- No erran sólo los sindicatos los que malversaban el dinero o retorcían sus contabilidades, sino también la propia patronal, la Confederación de Empresarios Andaluces (CEA), en estos momentos investigada por la Justicia que no ve claro, ni mucho menos, los manejos de una fundación dependiente de la CEA, cuyo desfase contable se cifra ya en 12 millones de pesetas y ha provocado un pequeño seísmo en la consejería de Obras Públicas de la Junta. Ha fracasado de la peor manera la estrategia de “concentración”, hay que asumirlo. El problema es qué hacer ahora.

El peligro amarillo

Es posible que fuera Jack London quien lanzara la expresión “el peligro amarillo”. Quizá en “The Unparalleled Invasion”, escrita a principios de siglo, donde imaginaba ya una China superpoblada, desbordada de activos y energías, que encontraba la solución en un expansionismo sin límites  contra el que los países occidentales no tendrían otro remedio que la guerra sucia: bombardear sus poblaciones con agentes infecciosos para diezmar la población. Esa obra es prácticamente contemporánea de la primera reacción revolucionaria china que llevó al poder a una incipiente burguesía en perjuicio de los explotadores extranjeros, y en ella London ve con una claridad desconcertante un poco lo mismo que hoy está ocurriendo, a saber, la colonización comercial de Occidente por parte de los laboriosos chinos. Ése era el peligro amarillo– que se dice (y es cierto) que también Napoleón mentó alguna vez—y no las patochadas  embutidas en el mito de Fu Man Chu –nuncio del futuro “Doctor No”– que mantuvo sin sueño a buena parte de mi generación. Hoy no hay más que salir a la calle o abrir los ojos para notar la presencia china que, en efecto, coloniza las calles de nuestras ciudades, pero por encima de esas impresiones “de visu”, leo en Financial Times que el año de gracia de 2013 los chinos superaron por primera vez el comercio mundial, por encima de los propios Estados Unidos, con unas mareantes cifras que prefiero eludir, pero que se resumen en el hecho de que aquella potencia, mientras aquí nos mecemos en la cuerda floja de la recesión, creció nada menos que en un 7’6 por ciento, algo por debajo de la cifra del ejercicio anterior y, para que se hagan una idea, logró un superávit comercial de más de 250.000 millones de dólares. Quizá ni Napoléon ni Conrad andaban tan despistados.

 

Lo curioso es que la forma política de ese estado emergente sea el “capitalismo de Estado”, una abstrusa iniciativa burguesa férreamente controlada por el mismo Partido Comunista que no hace tanto enviaba al campo de “rehabilitación” al más pintado por el hecho de llevar gafas, ese signo tan “burgués, ya ven. Claro que un “capitalismo de Estado” como ése cae más cerca de la firma mercadista que de la utopía del colectivismo y claro también que tal crecimiento no escapa a la ley de que cuando uno gana un duro –en fin, un “yuan”-.- lo que ocurre es que otro lo ha perdido. Mi nieto, inocencia en flor, se empeña en comprar en los chinos y yo, pobre de mí, se lo consiento.

El maletín del verdugo

El fenómeno de la tortura, del martirio infligido por el más fuerte al adversario indefenso, parece que respondiera a un arquetipo intemporal. Las mismas ocurrencias, idénticas maldades: hay pocas novedades en el repertorio de los verdugos. Un mismo espíritu pavoroso inspira la memoria de Hannah Arendt, Primo Levi, Giorgio Agamben o Robert Merle,  sabedores todos ellos, en definitiva, de que esa expresión supina del Mal responde a un repertorio corto de recursos, impuesto acaso por la limitación del propio cuerpo torturado. No hay “progreso” prácticamente entre el martiriologio clásico y el que el mundo descubrió horrorizado en Auschwitz o en Treblinka, réplicas serviles del utilizado por las diversas Inquisiciones. Voltaire recordaba en su requisitoria el caso del caballero de La Barre, el joven aristócrata al que, acusado de haber repetido canciones impías además de  no haberse levantado el sombrero al paso de una procesión, se le cortó una mano, se le arrancó la lengua y fue quemado poco a poco con el pretexto de hacerle confesar el número de sus pecados. No hay más que echar un vistazo al informe aparecido sobre las torturas perpetradas en los pretorios sirios de Al Asad para reencontrarnos con la misma relación de crueldades –cuerpos lacerados, lentos ahorcamientos, descargas eléctricas sobre cuerpos famélicos, casi inhumanos ya en su agonía—que tropezamos en cualquier otra ergástula. En su infame imaginación el verdugo quizá no sabe que repite el gesto inmemorial de sus antecesores respaldado por la misma sinrazón que animó a alguno a cercenar los pechos de una virgen, arrancar las uñas de un resistente o  exorbitar los ojos de un guerrero. El Mal es inmenso, las maldades, minúsculas y rutinarias.

 

El problema está en quién le pone el cascabel al gato en un “(des)orden internacional” dentro del que los EEUU mantienen ergástulas como Guantánamo, utiliza aviones-calabozos para torturar a sospechosos fuera del territorio nacional (en España, sin ir más lejos) o veja los prisioneros de guerra como hizo en Abu Ghraib. Asad es un tirano que cuenta a su favor con el hecho de que en su contra luche Al Qaeda pero, sobre todo, con la inaudita tolerancia de eso que llamamos Occidente. Y con el hecho de que todo Poder “comprende” esa desmesura que es, llegado el caso, su derecho al martirio ajeno. No lean, si pueden, esta última crónica, que no será la última, por supuesto, ni distinta de la anterior.

Vista de cerca

Lo va a tener fácil la oposición en el Parlamento andaluz para vapulear a la nueva Presidenta de la Junta. No es lo mismo, evidentemente, pasillear en un partido que enfrentarse a una tarea tan compleja como es la gobernación, y eso se le notó a la legua a Díaz en su primera comparecencia. Y es que no hay “política infusa” que valga ni puede esperarse grandes resultados de estos “appáratchiki” sin mayor formación que lo fían todo a la intuición y la suerte. Díaz dio, en su primera comparecencia, toda una lección de vacuidad que, con seguridad, se ha aprendido al dedillo la Oposición.