Patas cortas

La mentira tiene las patas cortas, dice el adagio. Vean el contundente palo que la Intervención General de la Administración del Estado propina a la Junta de Chaves y Griñán al afirmar que, durante diez años, el Gobierno andaluz engañó al Parlamento con todas las de la ley. La juez instructora tiene ahora en su mano esa maza que no ha fabricado ella y que aplasta sólo con mostrarla la mendaz estrategia de seguida por ambos Presidentes y su más absoluto desprecio al Parlamento. Desde luego, si esa lobada que abre la posibilidad de que todas las ayudas concedidas en ese plazo resulten nulas, llega a perpetrarla un particular, hace tiempo que se le había caído el pelo. La estafa de los ERE se ha convertido, ahora sí, en la prueba del nueve de nuestra democracia.

Christmas negro

En Alcalá de Guadaíra, panera sevillana, han muerto un matrimonio y una hija de catorce años. Intoxicados, envenenados –no sé cómo debería decirse– por consumir alimentos en mal estado, ignoro si recogidos de algún contenedor (he oído que algunos súpers aderezan con legía sus desechos para evitar responsabilidades) u obtenidos directamente por donación graciosa. Lo único cierto es que no tenían qué llevarse a la boca y por eso tenían que comer lo que les cayera en las manos, si es que les caía algo. ¡Qué cosas, una familia arrasada por el hambre en pleno 2013, con las luces navideñas recién encendidas, los buenos augurios frente a la crisis, la expectativa de crecimiento del consumo, y en un Ayuntamiento perteneciente a una Comunidad gobernados ambos por la izquierda hace más de 30 años! Christmas negro para navidades blancas, un tachón en el alma de esta sociedad autista que no se entera de que en el tercero derecha o en el bajo C malvive una familia hambrienta, superviviente a base del excedente del excedente, mendigando comidas caducadas o rebuscando sobras en las basuras. ¡Gloria in excelsis Deo…!, no digo que no, y que no decaiga la fiesta, que siga el festín de los unos en tanto que los otros desfallecen sumidos en la más absoluta miseria, ninguno de nosotros, al fin y a la cabo –ni siquiera los dirigentes de esta balsa a la deriva—somos responsables de que un padre de familia afane por ahí sin mucho miramiento el pienso indispensable para su gente. ¿Es posible que haya gente que muera de hambre en medio del jardín de las delicias? Pues sí lo es: literalmente.

 

Pero ofende que eso ocurra mientras rebosan los grandes almacenes, al tiempo que nos desayunamos cada mañana (los que podemos) con las pruebas del saqueo perpetrado por los partidos, por los sindicatos, por la patronal, en las Administraciones llenas de imputados, de convictos y hasta de confesos. ¿Pero será posible, a estas alturas, que una familia sucumba en Alcalá de Guadaíra por nutrirse con la podre que, en migajas, cae de la mesa de Epulón? A su Ayuntamiento “no le constaba” esa necesidad, la Junta puede que no se haya ni enterado, el Gobierno queda lejos y los pastores andan todos por Belén. Que descasen en paz, pues. Y que un incidente no turbe el espíritu navideño. Más hambre hay en África, ¿no? Seguro, pero el hambre tiene una geografía, ojo. Y una Historia. Y hasta una Política.

Las notas de IU

IU desafina no poco desde que se alquiló al PSOE. Quizá por eso va su portavoz y condecora a la nueva Presidenta con un notable por su gestión, augurando que, a final de curso, la notabilidad alcanzará el sobresaliente. ¿Qué diría esos portavoces si IU siguiera al relente, como los pastorcicos de Belén, en lugar de gozar de la poltrona, el aire acondicionado, la moqueta, el coche oficial, el pastón, las dietas y demás gabelas, en vez de sudar la gota gorda sosteniendo ruinas morales y legales? Cosas veredes. Esta tarde veremos qué tiene que decirle Julio Anguita sobre el particular a los amigos de El Mundo.

Cerrar el grifo

No llueve ni a tiros este otoño. Una especie de ambigua estación, soleada y fría, se alarga ya hasta internarse en pleno Adviento llevando la inquietud, como tantas y tantas veces, al labriego que mira inquieto al cielo. Se recuerda incluso nuestra precariedad en el negocio del agua, las restricciones no tan lejanas en las que tal vez haya que buscar el origen del alarmismo en torno al calentamiento global, aquella mala racha en que los responsables del comprometido suministro aconsejaban no dejar gotear el grifo cuando no imponían sanciones por sobreuso. Un tópico, eso de la sequía aunque, en efecto, parece innegable que, estadísticamente hablando al menos, hay periodos lluviosos y periodos sin nubes, y hasta ha habido quien haya arriesgara pronósticos sobre una supuesta periodicidad del clima. ¡Se agotan las reservas de agua potable del planeta! He ahí un grito de alarma apocalíptico, que resuena con frecuencia por doquier, pero que un estudio científico que acaba de aparecer en la revista “Nature” arrasa con la noticia de que existen, contra una opinión sempiterna, inmensas reservas de agua dulce bajo los océanos, tantas que ha llegado a calcularse en cien veces superior a toda al agua consumida en el planeta durante el siglo pasado y lo que llevamos de éste. No se había tenido en cuenta, por lo visto, que ese depósito inmemorial e intacto, está ahí, como un reservorio previsor a la espera de que el hombre lo alcance si la necesidad lo acaba empujando en la superficie de la tierra. Dicen los sabios que fue el calentamiento progresivo de la Tierra, hará veinte mil años o así, cuando esos fabulosos depósitos de agua quedaron sepultados por capas arcillosas anteriores a la llegada del agua salada. La verdad es que se queda uno como más tranquilo.

 

Por parte de los desdramatizadores, que también los hay, suele alegarse que nuestra obsesión por el agua no se compadece con el despilfarro que hacemos de ella, y por supuesto, tiene mucho que ver con las malas políticas. Lo sabemos desde Joaquín Costa a Juan Benet, que propuso cuando aún se consideraba una ilusión, trasvasar el agua de la España húmeda a los secarrales del Sur, un proyecto casi lírico comparado con el tironeo partidista de los nonatos Planes Hidrográficos. Nos harían falta más poetas en las cuencas y en los pantanos, aunque ahora sepamos ya lo previsora que fue la Madre Naturaleza al poner nuestras reservas a buen recaudo.

Balance funeral

Casi se agradece ya que los observadores hayan ido dejando enfriar el calentón mediático del funeral de Mandela. Se ha dicho y repetido casi todo, unos desde la hagiografía, otros metidos de lleno en el “reality show”, los de más allá –bien pocos, por cierto—haciendo balance de la odisea de Madiba y de su relativo fracaso posterior, es decir, de esa Sudáfrica que padece 18.000 homicidios anuales, de ellos –17 diarios en Johannesburgo–, de un país totalitario y brutal que, una vez democratizado, se estrella contra la delincuencia común hasta el punto de tener que levantar muros electrificados e instalar puertas blindadas en los domicilios. Lo que más juego ha dado ha sido la foto de Obama con la “première” danesa, la rubia peligrosa que sacó de quicio a Michelle Obama, con el bobo de Cameron estirando el pescuezo para salir en aquella. Luego el numerito del mimo para sordos que ha resultado ser un espontáneo sin puta idea del lenguaje de los signos, aunque no se haya quedado atrás el “handshake”, el apretón de manos entre Obama y Raúl Castro que aún no se sabe si sobrepasó el lindero del protocolo o no fue más que una casualidad. Y la herencia del mito, los 13 millones que deja Madiba a su jauría familiar –¡quién iba a decirlo!—y que nos ha permitido contemplar una vez más la comida de las fieras, celebrada, en esta ocasión, “corpore insepulto”. Los mitos son así, ambiguos, polisémicos, contradictorios incluso, y no hay que buscar en ellos más que su ejemplo principal: lo demás –la morralla de la vida—importa poco. Tras los fastos, la vida continuará en Sudáfrica, oro, diamantes, emporios de frutales, cabañas y piaras, vinos de excelencia, miserias y grandezas del país que Madiba redimió recluso en cuatro metros cuadrados.

 

No han faltado ingenuas expresiones de estupor ante esas dobleces del mito, voces sorprendidas por el contraste  entre el éxito histórico que fue acabar con el “apartheid” y la derrota cívica que sufre la joven democracia. Da lo mismo. Madiba, el gran Mandela, bebió hasta apurar el amargo vaso que le correspondía y dejó el resto –nada menos que la vida normalizada—a la posteridad. El balance de Mandela es rotundo aunque en la vuelta al hogar le aguardaran, como a Ulises, circes y polifemos. Lo demás, la incidencia, el serial incluido, poco importa. Ya verán como a Michelle Obama se le pasa el cabreo más pronto que tarde.

Y ahora la Patronal

Todo indica que Santiago Herrero deja su sillón en la patronal andaluza, la CEA, inquieto por el ruido de togas. Hasta el “banco malo” ha ido a la Fiscalía con la denuncia del presunto desvío de fondos en la promoción de viviendas VPO de la que sería responsable una fundación de la patronal a su cargo, lo que, junto a las denuncias anteriores, abre la posibilidad de que, tras el escándalo sindical, asistamos ahora a un rifirrafe con los patronos. ¿Se acabó la “concertación social”, ese reparto a manos llenas, u osará la presidenta Díaz reeditar aquella alianza con unos “agentes sociales” en la picota? Algunas cosas van a tener que cambiar, sin duda, en el festín autonómico.