Coto cerrado

Parece ser que el Gobierno se dispone a modificar la ley de Inmigración a cuyos defectos funcionales atribuye situaciones tan dramática como la vivida en Ceuta días atrás, cuando, en el intento de abordar nuestra costa, perdieron la vida ahogadas en el mar nueve personas. Hay declaraciones contradictorias sobre el suceso –desdeño ahora las críticas de una Oposición que en su día actuó de manera similar–, incluso entre la dirección de las fuerza policiales que intervinieron, las de la Guardia Civil, y el propio ministro de Interior, al haber negado aquel y admitido éste la utilización disuasoria de disparos con pelotas de goma para frenar a los desfallecidos “invasores”. Y también, como en cada ocasión en que el tema resurge, se oyen vehementes reclamaciones a la Unión Europea de cuya acción decidida se espera la única solución posible a esa marea humana que aguarda en el alfoz de nuestras ciudades africanas el momento propicio para saltar a este imaginario paraíso. Las imágenes que hemos podido ver, son realmente espantosas, y muestran hasta qué punto toda esa farfolla de la solidaridad descubre su inutilidad práctica. A qué engañarnos, la nueva Europa se cierra a cal y canto frente a ella, por más discursos que prodigue mostrando su mano acogedora, pero situaciones como la trágica de Lampedusa o la nuestra de Ceuta prueban que el flujo inmigrante no se va a detener en ningún caso augurando futuras catástrofes como las mencionadas.

 

Lo que está claro es que, debate socioeconómico aparte, estos episodios inadmisibles proclaman, por su parte, el fracaso de esa idea de Europa como clave y cumbre de la civilización y, en consecuencia, como matriz de unos derechos humanos universales en los que –ésa es la única verdad—casi nadie piensa en serio. Porque no es España, como no es Italia, la que cierra la puerta ante la riada africana y asiática, sino una Unión Europea que no está dispuesta a aceptar el imperativo multinacional en que se cifra la última esperanza de los países pobres, por más que no carezca de sentido la alarma creciente en las sociedades desarrolladas. Y eso, no hay que darle vueltas, es, en el fondo, xenofobia si es que no llega a ser incluso racismo puro y duro por parte de quienes ven amenazados su monopolio del bienestar. ¿En qué términos estaríamos hablando si los muertos en el intento hubieran sido nueve blancos europeos? En esta pregunta se encierra las requisitoria más dura contra la tragedia del exclusivismo.

Prisas para todos

La segunda visita de la presidenta Díaz al Rey ha dejado más que escamados a sus rivales directos, ante la posibilidad de que su objeto fuera tratar (o, sin más, comunicarle) su intención de convocar elecciones autonómicas anticipadas. Y hay que reconocer que la cosa tendría sentido pleno dado que Díaz se ha visto elevada en un imprevisto globo que lo suyo sería aprovechar antes de que se consolide el candidato rival y, por supuesto, antes de que estalle sin remedio alguno de los “casos” de corrupción que, de hecho, la tienen cercada. La foto encantada de esa republicana junto al Rey habla por sí sola.

La única verdadera

Crecen los rumores sobre la presunta conversión al Islam del líder separatista radical Oriol Junqueras. Según uno de los múltiples que pululan en Internet, un político marroquí, Abdelkarim Buceta, ha revelado que esa conversión ha sido uno de los secretos mejor guardados del entorno del líder catalán, asegurando que, en los últimos tiempos, Junqueras ha sido adoctrinado por alguna autoridad religiosa residente en Cataluña además de haber seguido un curso intensivo de recitación del Corán. Pero en la misma Red he escuchado con atención una charla suya, en la que explica con detalle la naturaleza de su fe todavía (diciembre de 2013) cristiana, al parecer, es decir, de la que anima su espíritu, más que por la reflexión intelectual, por efecto de una experiencia “de carácter personal y familiar”, que, en resumidas cuentas, le proporcionó  unos “valores culturales universales” que son propios del cristianismo por más que éste, como experiencia final, desborde sus límites. Dice Junqueras que son esos valores los que animan su acción política y que, en caso de contradicción entre su conciencia y aquella acción, él elegiría su conciencia. Da gusto oírle, el gesto reposado, desgranar una tras otras esas convicciones profundas a las que, sin embargo, parece que se dispone a cambiar la etiqueta quizá porque crea que, como se dijera hace poco desde Terra Lliure, el Islam es un poderoso “instrumento revolucionario”. Como Garaudy en su tiempo, salvadas todas las distancias, Junqueras parece que va a pasar desde el radicalismo izquierdista al catolicismo y de éste a la fe mahometana antes de consumar su intento de romper España, ese corral del Occidente corrompido, y echar al mar incógnito su balsa de piedra. Vaya con Dios.

 

Confieso que siempre me intrigó el fenómeno de la conversión islamista de gentes que proceden de la izquierda por más que me resista a aceptar que el setenta por ciento de los conversos españoles en los tres últimos lustros proceda de la izquierda radical o… de los nacionalismos. Gustavo Bueno ha contado con detalle en “El Catoblepas” la conversión al Islam de Blas Infante, quien dijo también, más o menos, que su nacionalismo “antes que andaluz” era “humano”. Confieso mi estupor. Una vez vi a Garaudy –a quien acompañábamos algunos antiguos fervorosos—echarse por tierra en Córdoba para rezar apuntando a La Meca. Algo no encaja del todo, aunque ignoro si en mi  cerebro o en los suyos.

Prisas para todos

La segunda visita de la presidenta Díaz al Rey ha dejado más que escamados a sus rivales directos, ante la posibilidad de que su objeto fuera tratar (o, sin más, comunicarle) su intención de convocar elecciones autonómicas anticipadas. Y hay que reconocer que la cosa tendría sentido pleno dado que Díaz se ha visto elevada en un imprevisto globo que lo suyo sería aprovechar antes de que se consolide el candidato rival y, por supuesto, antes de que estalle sin remedio alguno de los “casos” de corrupción que, de hecho, la tienen cercada. La foto encantada de esa republicana junto al Rey habla por sí sola.

I promessi sposi

Tanto como la leyenda, seguramente cierta, de la novia juvenil de Wojtila, llamó la atención de muchos, al conocerse los primeros perfiles del papa Francisco, su presunta afición por “Los novios” de Manzoni, ese monumento romántico de las devociones italianas, que confieso no haber apreciado nunca por lo que tiene de folletinesco, sin dejar de admirar el retrato de época que, con tanta pericia historiográfica, logra hacer el autor de su país en tiempo de la dominación española. Tengo entendido que uno de esos personajes, el cura don Abbondio, no poco de grotesco y más pusilánime, pudiera ser –como me comentó un día Vintila Horia– el origen de esa pulla tan divulgada, “ser más tonto que Abundio”, que mi debilidad por la suya me impide asumir. No entraba hasta ahora en el repertorio del papa ese gesto de convocar a las parejas para hablarles del noviazgo y del matrimonio en román paladino como un Berceo postmoderno que quiere que se le entienda todo, parapetándose cucamente en ese eufemismo de “evitar la cultura de lo provisorio” para apuntar a un modelo amoroso profundo e intenso que quizá (y sin quizá) puede que rechine con la realidad contemporánea, pero resulta inobjetable en su trasfondo íntimo que él recomienda enraizar en el “amor cotidiano”. No dudo que la escena será criticada por aquí y por allá pero es obvio que por intentarlo no pierde nada un pontífice que sabe que hoy día se separa, más o menos, un matrimonio de cada dos y que, en consecuencia, una catequesis realista de la familia ha de apostar a ciegas por un modelo comprensivo de las debilidades y por el desuso de ciertos convencionalismos de índole fundamentalista que han perjudicado no poco a la institución en sus apasionados inicios. Dice el papa que las parejas deben regirse por la triple norma que exige “pedir permiso, dar gracias y solicitar perdón”. No me cabe duda de que ese padre cura tendría colas en el confesionario.

 

No hay pareja perfecta ni es insólito que los platos vuelen en medio de la trifulca doméstica, y es sobre esa convivencia real donde se asienta la propuesta posibilista pero radical que sugiere el papa a los novios. Manzoni nos contó la historia de unos amantes a contrapelo cuyo amor prohibido acaba triunfando sobre la misma tragedia. Es posible que fuera eso lo que sedujera al joven Bergoglio y a lo que sido fiel hasta el solio el papa Francisco.

Pañuelos y corbatas

Si la primera exigencia planteada por el candidato del PP a la presidenta Díaz ha sido la de resolver de una vez la deuda mantenida hasta la asfixia por los Ayuntamientos, la penúltima nueva sobre el gasto municipal consiste en la deuda que el consistorio social-comunista de Benalmádena contrajo al encargar corbatas y pañuelos por valor de varios millones de los antiguos que ahora tendremos que pagar entre todos, además de los intereses de demora. ¡Entramparse comprando corbatas y pañuelos en tiempos de crisis! Urge que se vea un ejemplar en el terreno municipal donde el despilfarro alcanza ya, a salvo mucho gestor honrado, desde el puticlub a la moda a pesar de deber hasta de callarse.