Las notas de IU

IU desafina no poco desde que se alquiló al PSOE. Quizá por eso va su portavoz y condecora a la nueva Presidenta con un notable por su gestión, augurando que, a final de curso, la notabilidad alcanzará el sobresaliente. ¿Qué diría esos portavoces si IU siguiera al relente, como los pastorcicos de Belén, en lugar de gozar de la poltrona, el aire acondicionado, la moqueta, el coche oficial, el pastón, las dietas y demás gabelas, en vez de sudar la gota gorda sosteniendo ruinas morales y legales? Cosas veredes. Esta tarde veremos qué tiene que decirle Julio Anguita sobre el particular a los amigos de El Mundo.

Cerrar el grifo

No llueve ni a tiros este otoño. Una especie de ambigua estación, soleada y fría, se alarga ya hasta internarse en pleno Adviento llevando la inquietud, como tantas y tantas veces, al labriego que mira inquieto al cielo. Se recuerda incluso nuestra precariedad en el negocio del agua, las restricciones no tan lejanas en las que tal vez haya que buscar el origen del alarmismo en torno al calentamiento global, aquella mala racha en que los responsables del comprometido suministro aconsejaban no dejar gotear el grifo cuando no imponían sanciones por sobreuso. Un tópico, eso de la sequía aunque, en efecto, parece innegable que, estadísticamente hablando al menos, hay periodos lluviosos y periodos sin nubes, y hasta ha habido quien haya arriesgara pronósticos sobre una supuesta periodicidad del clima. ¡Se agotan las reservas de agua potable del planeta! He ahí un grito de alarma apocalíptico, que resuena con frecuencia por doquier, pero que un estudio científico que acaba de aparecer en la revista “Nature” arrasa con la noticia de que existen, contra una opinión sempiterna, inmensas reservas de agua dulce bajo los océanos, tantas que ha llegado a calcularse en cien veces superior a toda al agua consumida en el planeta durante el siglo pasado y lo que llevamos de éste. No se había tenido en cuenta, por lo visto, que ese depósito inmemorial e intacto, está ahí, como un reservorio previsor a la espera de que el hombre lo alcance si la necesidad lo acaba empujando en la superficie de la tierra. Dicen los sabios que fue el calentamiento progresivo de la Tierra, hará veinte mil años o así, cuando esos fabulosos depósitos de agua quedaron sepultados por capas arcillosas anteriores a la llegada del agua salada. La verdad es que se queda uno como más tranquilo.

 

Por parte de los desdramatizadores, que también los hay, suele alegarse que nuestra obsesión por el agua no se compadece con el despilfarro que hacemos de ella, y por supuesto, tiene mucho que ver con las malas políticas. Lo sabemos desde Joaquín Costa a Juan Benet, que propuso cuando aún se consideraba una ilusión, trasvasar el agua de la España húmeda a los secarrales del Sur, un proyecto casi lírico comparado con el tironeo partidista de los nonatos Planes Hidrográficos. Nos harían falta más poetas en las cuencas y en los pantanos, aunque ahora sepamos ya lo previsora que fue la Madre Naturaleza al poner nuestras reservas a buen recaudo.

Balance funeral

Casi se agradece ya que los observadores hayan ido dejando enfriar el calentón mediático del funeral de Mandela. Se ha dicho y repetido casi todo, unos desde la hagiografía, otros metidos de lleno en el “reality show”, los de más allá –bien pocos, por cierto—haciendo balance de la odisea de Madiba y de su relativo fracaso posterior, es decir, de esa Sudáfrica que padece 18.000 homicidios anuales, de ellos –17 diarios en Johannesburgo–, de un país totalitario y brutal que, una vez democratizado, se estrella contra la delincuencia común hasta el punto de tener que levantar muros electrificados e instalar puertas blindadas en los domicilios. Lo que más juego ha dado ha sido la foto de Obama con la “première” danesa, la rubia peligrosa que sacó de quicio a Michelle Obama, con el bobo de Cameron estirando el pescuezo para salir en aquella. Luego el numerito del mimo para sordos que ha resultado ser un espontáneo sin puta idea del lenguaje de los signos, aunque no se haya quedado atrás el “handshake”, el apretón de manos entre Obama y Raúl Castro que aún no se sabe si sobrepasó el lindero del protocolo o no fue más que una casualidad. Y la herencia del mito, los 13 millones que deja Madiba a su jauría familiar –¡quién iba a decirlo!—y que nos ha permitido contemplar una vez más la comida de las fieras, celebrada, en esta ocasión, “corpore insepulto”. Los mitos son así, ambiguos, polisémicos, contradictorios incluso, y no hay que buscar en ellos más que su ejemplo principal: lo demás –la morralla de la vida—importa poco. Tras los fastos, la vida continuará en Sudáfrica, oro, diamantes, emporios de frutales, cabañas y piaras, vinos de excelencia, miserias y grandezas del país que Madiba redimió recluso en cuatro metros cuadrados.

 

No han faltado ingenuas expresiones de estupor ante esas dobleces del mito, voces sorprendidas por el contraste  entre el éxito histórico que fue acabar con el “apartheid” y la derrota cívica que sufre la joven democracia. Da lo mismo. Madiba, el gran Mandela, bebió hasta apurar el amargo vaso que le correspondía y dejó el resto –nada menos que la vida normalizada—a la posteridad. El balance de Mandela es rotundo aunque en la vuelta al hogar le aguardaran, como a Ulises, circes y polifemos. Lo demás, la incidencia, el serial incluido, poco importa. Ya verán como a Michelle Obama se le pasa el cabreo más pronto que tarde.

Y ahora la Patronal

Todo indica que Santiago Herrero deja su sillón en la patronal andaluza, la CEA, inquieto por el ruido de togas. Hasta el “banco malo” ha ido a la Fiscalía con la denuncia del presunto desvío de fondos en la promoción de viviendas VPO de la que sería responsable una fundación de la patronal a su cargo, lo que, junto a las denuncias anteriores, abre la posibilidad de que, tras el escándalo sindical, asistamos ahora a un rifirrafe con los patronos. ¿Se acabó la “concertación social”, ese reparto a manos llenas, u osará la presidenta Díaz reeditar aquella alianza con unos “agentes sociales” en la picota? Algunas cosas van a tener que cambiar, sin duda, en el festín autonómico.

La herencia yacente

Feo espectáculo el que está dando la parentela de Madiba, el gran Mandela, disputándose a dentelladas su herencia, calculada en trece millones de dólares. Esposas, hijas y nietos acabarán por revivir el viejo verso de Horacio en las Bucólicas: “Carpent tua poma nepotes”, serán tus nietos (o tus sobrino-nietos) quienes recogerán tus frutos”. ¡Qué pena, ¿no?, una comida de las fieras en pleno funeral! Hace un año, una de sus hijas, embajadora en Argentina, presentó una demanda para lograr el control de ciertos fondos millonarios hasta entonces en manos de un viejo amigo de Madiba y de un compañero de prisión, pero si no recuerdo mal, fue tal el revuelo que se organizó que la diplomática hubo de retirar su demanda. Mandela ha dejado al morir dos fondos benéficos, veinte trust para su descendencia directa y dicen que “lujosas propiedades en todo el mundo”, lo que acaso explica el estallido de avaricia entre los beneficiarios que no han respetado siquiera los días de luto oficial, sino que han organizado su pelea con Madiba de cuerpo presente. Dos de sus nietas, justo las que gestionan la explotación del número 46664 que Mandela llevó en la prisión de Robben Island, se han prestado también a la emisión de un serial de sobre su vida en Johannesburgo, emitido en EEUU y (sólo) supuestamente autorizado por el insigne abuelo. Una vergüenza, en resumen, que se sustanciará ahora en el reparto de las 110 empresas incluidas en la “marca Mandela”. Es vieja la discusión sobre el derecho de herencia. Bakunin sostuvo –frente a Marx, por cierto—que mientras exista perdurará “no la desigualdad natural de los individuos, sino la desigualdad artificial”, y sugería la posibilidad de acumular los legados en fondos sociales. Pero no se precisan citas de autoridad ante la experiencia generalizada de que la herencia suele ser un asunto espinoso.

 

Miren, si no, a la escena sudafricana, la muchedumbre dolida espantando su tristeza a ritmo de samba, diez días de luto riguroso profanados por las intrigas de familia ante la mismísima capilla ardiente, negros y blancos, ricos y pobres rindiendo armas ante el caudillo pacífico que hizo realidad el milagroso fin del racismo, mientras los nietos, como augurara Horacio, afanan impíamente las manzanas del árbol de la muerte. Ni Madiba se ha librado de esta maldición secular, inaugurada con el plato de lentejas que Esaú dio ingenuamente a Jacob sobre el fondo inalterable de la condición humana.

Ni caso a IU

El PSOE no le echa la menor cuenta a IU en el cogobierno, teóricamente montado sobre un pacto concreto. Ni el “banco de tierras” –que ya es imaginación–, ni el impuesto a las “grandes superficies”, ni la reforma de la Ley Electoral andaluza ni, en fin, de momento, tampoco el “banco público”. La Junta de Díaz deja hablar y hablar a IU y luego se hace la “longuis” como si fuera sorda: tiempo al tiempo, todo se andará, más adelante, pero ni un proyecto asumido. IU está demostrando que se conforma con el reparto de cargos, empleos y coches oficiales. Y el PSOE está tranquilo porque lo sabe de sobra.