La costilla de Adán

Una vez más nos sorprende el hecho, descubierto ahora de nuevo por la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea, de que la violencia de género, la perpetrada sobre la mujer por el macho insensato, ha adquirido proporciones realmente inverosímiles. Una de cada tres mujeres europeas han sufrido violencia física y sexual, lo que supone que las víctimas en Europa alcanzan la cifra de 62 millones de mujeres, con el agravante inexplicable, en principio, de que resultados tan temibles resulta que son todavía más graves en los civilizadísimos países nórdicos, en los que el 52 por ciento de las danesas y el 47 de las finlandesas declaran haber padecido alguna vez la violencia machista. España, con todo y ver cada dos días una mujer asesinada por el cónyuge o similar, resulta que todavía puede darse con un  canto en los dientes por hallarse entre los países menos afligidos por esa barbarie. No dudo de que esa violencia es consecuencia del nuevo papel social de la mujer, inaceptable para un varón que, siquiera inconscientemente, levanta su criterio sobre una tradición ideológica inicua en la que hay que incluir desde los clásicos antiguos hasta un Rousseau o un Schopenhauer, por no hablar de un Bossuet que, por referencia a la famosa costilla, recordaba a la mujer la prudencia que le correspondía por proceder de un “hueso supernumerario”. Nunca me ha dejado de asombrar el grado de absurda estupidez en la que han incurrido muchos de nuestros mayores genios. ¿No dicen que Einstein le pegaba a su mujer? Pues eso.

 

La mayor revolución humana ocurrida desde el Neolítico ha sido la salida de la mujer de su casa para incorporarse al mundo del trabajo, un hecho que desconcierta la imagen de virilidad absorbente construida a través de los siglos por la evolución lineal de nuestras mentalidades. El macho no acaba de asumir esa igualdad radical que choca con una tradición mítica racionalizada luego incluso por los racionalistas quizá porque los supera el sueño de una incuestionable monarquía familiar del varón. Y no sólo los baturros van por esa vía. Un visionario como Cioran sostuvo que entre hombre y mujer se abrían dos caminos, la ferocidad y la indiferencia, y que lo presumible es que acabaran eligiendo el segundo, es decir, que sin necesidad de ruptura ni explicación, continuarían indefinidamente alejándose el uno del otro. Véase como los sabios también se equivocan.

El gran paseíllo

En el “paseíllo” de nuestro telediario de cada día le ha tocado ahora el turno a los gerifaltes de la patronal, en concreto, a la cúpula de la Confederación Andaluza de Empresarios (CEA), a causa del presunto fraude de las VPO. Ya es triste ver a todo un ex-presidente retrasar medroso el trámite presentando un certificado médico, pero el espectáculo de la ira popular a pique de linchar a otros altos dirigentes habla por sí solo –a reserva de las responsabilidades que los jueces determinen– de cómo van las cosas en este inmenso patio de Monipodio. Casi no queda estamento que no haya hecho el “paseíllo”, desde la princesa altiva a quien habita en ruin barca. Aquí haría falta que se viera un ejemplar de una vez por todas.

Memorias de guerra

Una iniciativa del Gobierno belga anda ofreciendo al viajero toda clase de facilidades para que recorra las huellas que Napoleón dejó en Valonia durante los cuatro días de junio que median entre su partida de Beaumont y su fatídica llegada a Waterloo, odisea de la que el año próximo se cumple el segundo centenario. Por su parte, el ayuntamiento de un pequeño pueblo del sur japonés, Minami-Kyushu, rampa de partida en su día de los pilotos kamikaces, se ha dirigido a la Unesco para solicitar que sean declaradas patrimonio de la Humanidad una colección de 333 cartas de despedida de aquellos pilotos, lo que ha provocado la natural reacción de protesta por parte de China y de Corea del Sur, víctimas inolvidables de la agresión nipona. No hay límites para la mala memoria, como se ve, en especial cuando ésta pueda contribuir a fomentar cierto turismo sadomaso especializado en revisitar los lugares de la tragedia, como si la guerra en sí misma fuera un acontecimiento a rememorar y no un episodio para el olvido. Quienes visiten Valonia encontrarán a su disposición un amplio repertorio de señalizaciones, mapas, guías y hasta circuitos “gps” que les permitirán revivir el dudoso placer de retratarse junto a la cama con bacinilla donde presuntamente durmió alguna noche el Emperador o alojarse en la posada donde hace dos siglos lo hicieran el agresor y su Estado Mayor camino del desastre final. Mientras que quienes lleguen a animarse a visitar el “Museo de la Paz (¿) de Minami-Kyushu puede que escuchen el lamento de un veterano kamikace fracasado, Tadamasa Itatsu, que nunca ha podido olvidar la vergüenza de no haber conseguido morir matando en nombre de su Emperador. La guerra sigue teniendo su atractivo morboso, por supuesto para quienes no hubieron de sufrirla.

 

No escarmienta la especie de sus locuras sino que se recrea en ellas alentada en ocasiones por el propio Poder y siempre por la desmemoria colectiva que con tanta facilidad entierra el horror y la miseria para plantar encima un equívoco bosque de interpretaciones. La locura napoleónica o el atentado nipón reviven siglos después reconvertidos en parques temáticos en los que el recto juicio y el imperativo de razón no tienen sitio que valga mientras el oscuro instinto que infiltra la curiosidad es saludado en nombre de la Cultura. Servidas por las oficinas de turismo, seduce esa guerra que Voltaire explicó que, como la medicina, es inevitablemente un  arte asesino y conjetural.

El salidero de la Junta

Probablemente la causa mayor del crecimiento de la deuda de la Junta, que alcanza ya casi los 20.000 millones de euros –más de un 13 por ciento del PIB andaluz– se deba a que esa deuda crece a un ritmo mucho mayor que sus ingresos. Pero el gran agujero sigue estando en las 53 empresas públicas, es decir, en la “Administración paralela” creada, entre otras cosas, para eludir los controles que según sus gestores ralentizan la gestión. Esos entes son la clientela electoral del partido en el poder, la gran mamela que ese poder ofrece, con dinero de todos, a quienes lo sostienen con  sus votos, y eso, lógicamente, tiene mal arreglo. Hablar de “sostenibilidad” en estas condiciones es pura retórica.

Panmujom

Casi setenta años después, el rescoldo de la Guerra Fría sigue vivo en Corea. Aquella guerra que marcó a mi generación no acabó nunca, como nunca acaban las guerras que se liquidan con un armisticio, es decir, con un trazo sobre un mapa que parte en dos al país de que se trate y en mil pedazos su entidad familiar. Todavía hay en Corea, en efecto, dos bandos familiares luchando por reencontrarse, padres separados de sus hijos, hermanos de sus hermanos, a todos los cuales el armisticio de Panmujom, la divisoria del Paralelo 38, ha arrebatado de cuajo su vida en la atmósfera irrespirable de una guerra congelada. Desde allí llegan noticias sobre el parón que ciertas maniobras militares han provocado en los planes, no ya de reagrupación familiar, sino al menos de reencuentro entre las parentelas rotas que, desde el año 2000, se viene pactando por grupos entre las dos mitades de la nación, a pesar de la evidencia de que la inmensa mayoría de los separados cuenta, a estas alturas, con una edad límite si es que no ha muerto ya. Son estremecedoras las imágenes de esos reencuentros, los rostros arrasados en lágrimas de quienes tratan de reconocer su sangre en otros rostros devastados, a su vez, por el tiempo y la miseria, el rumor entrañable de la fraternidad prohibida que no pudo ni imaginar Picasso cuando entrevió allí la fallida réplica de su “Guernica”. Y ahora puede que ni eso, dado que, con la excusa de la provocación, los dementes del Norte han encontrado un motivo suficiente para evitar el contacto, inevitablemente desmoralizador, de sus propios parias con sus afortunados parientes del Sur. Hay guerras de nunca acabar y ésta –como hasta no hace tanto la primero llamada de Indochina y luego de Vietnam—es, sin duda, una de ellas.

 

El largo parón de aquella contienda –con la que se forró la industria armamentística americana y el planeta entero naufragó de nuevo en el abismo maniqueo—ha puesto de relieve la tremenda superioridad del sistema de explotación capitalista sobre el régimen de explotación sovietizante que mantiene a pan y agua a un pueblo esclavizado, evidenciando una vez más la virtualidad de la teoría de Rudolf Bahro de que la competencia bélica ha sido y será el gran acierto de los liberales y el sempiterno error de los colectivistas. Contemplamos la emoción de esos parientes llorosos, abrazados a la nostalgia de una existencia perdida, que claman contra la falsa paz de unas contiendas sin otra causa que la ambición.

La “Gürtel” andaluza

Por lo que se sabe hasta ahora, la ramificación de la trama “Güertel” en Andalucía no resiste la comparación con las hasta ahora descubiertas por ahí. Aunque si resulta probado que aquí también se mangó dinero para financiar la política, al calificativo que corresponda a los mangantes y a quienes los autorizaron, hay que añadirle el de tontos de remate. En especial si se considera que en el PP se conoce el saqueo de los ERE desde hace mucho como se conoce ya públicamente el enorme montante de esa estafa tras la que está hasta el “apuntador”. Si es verdad que desde el PP mangaron “a plazos” para pagar facturas en un pueblo mientras enfrente ocurría lo que ocurría, serás como para mandar al paro a todos sus responsables.