Pobreza y mérito

Se cuestiona cada día más la sociedad subsidiada. ¿Existe un derecho a “no ser pobre” al que el Poder debe atender con solicitud o, por el contrario, esa ayuda debe estar supeditada al mérito? Una tendencia crecientes entre los sociólogos del trabajo es vincular ambos conceptos, es decir, uncir la noción moral de “derecho”, que tanto ha contribuido a estigmatizar al subsidiado, a la idea de “mérito”, es decir al esfuerzo recompensado. Leo con retraso el libro de Élisa Chelle, “Gouverner les pauvres”, en el que se reconoce esa evolución ideológica que, para entendernos, nos transporta desde la beneficencia a la política social, insistiendo en la necesidad de prestigiar ésta última como un instrumento imprescindible para la humanización de las relaciones sociales y, muy especialmente, en la visión de la acción del Estado más como un plan racional y dignificador que como el cumplimiento rutinario de un deber moral y, por qué no decirlo, también como un seguro de la paz social. Chelle no ve al privado de fortuna como un indigente a merced de la piedad ajena –tal como losveían, por ejemplo, nuestros escritores barrocos—sino como un sujeto social, sencillamente como un “ciudadano” que no mendiga sino que fuerza a la sociedad a tenerlo en cuenta en sus Presupuestos. La tendencia que comento apunta a que no debe haber más pobre subvencionado que el que trabaja y a que ese trabajo, como cualquier otro, debe funcionar como un pilar de la identidad social, en la idea de que el que trabaja no sólo busca una renta sino una suerte de legitimación social.

 

No más pobres indigentes, no más teorías sobre la picaresca que corroe la dignidad humana en esos niveles sociales que, entre otras cosas, suelen andar más alejados de lo político que las clases medias por no hablar de las dominantes. Sí, vale, pero ¿y cuando no hay trabajo, cómo “merecer” en medio de una sociedad abatida por el paro, acaso se come de la mera voluntad de trabajar? A veces temo que esta vertiginosa transición desde el liberalismo político al liberalismo económico, nos puedan devolver a aquella visión clásica de la pobreza en la que se legitimaba al pobre como mendigo colgándole del cuello una tablilla de bronce. Dice la autora que el control de la pobreza ha provocado que gastemos más ya en la burocracia controladora que en la pobreza misma. Eso debería bastarnos ya para replantearnos esta involución.

Rumor electoral

Embalados como vamos hacia las elecciones autonómicas –no me cabe la menor duda—la encuesta pagada por la Junta que comprueba que el PSOE decrece en sus expectativas mientras el PP las aumenta respecto al año pasado, ha caído como un jarro de agua fría. La Presidenta dice no hacer caso de los sondeos, que no lograrán desviarla de su objetivo, pero habría que ver lo que piensan por dentro ella y su pretorio. Porque la verdad es que si, tras las facilidades que el PP le ha dado, no le sacan la cabeza, es que algo no funciona bien tampoco en su partido. Seguro que Juanma Moreno, como dicen los confianzudos, se estará frotando las manos ante unas previsiones tan estimulantes.

Coto cerrado

Parece ser que el Gobierno se dispone a modificar la ley de Inmigración a cuyos defectos funcionales atribuye situaciones tan dramática como la vivida en Ceuta días atrás, cuando, en el intento de abordar nuestra costa, perdieron la vida ahogadas en el mar nueve personas. Hay declaraciones contradictorias sobre el suceso –desdeño ahora las críticas de una Oposición que en su día actuó de manera similar–, incluso entre la dirección de las fuerza policiales que intervinieron, las de la Guardia Civil, y el propio ministro de Interior, al haber negado aquel y admitido éste la utilización disuasoria de disparos con pelotas de goma para frenar a los desfallecidos “invasores”. Y también, como en cada ocasión en que el tema resurge, se oyen vehementes reclamaciones a la Unión Europea de cuya acción decidida se espera la única solución posible a esa marea humana que aguarda en el alfoz de nuestras ciudades africanas el momento propicio para saltar a este imaginario paraíso. Las imágenes que hemos podido ver, son realmente espantosas, y muestran hasta qué punto toda esa farfolla de la solidaridad descubre su inutilidad práctica. A qué engañarnos, la nueva Europa se cierra a cal y canto frente a ella, por más discursos que prodigue mostrando su mano acogedora, pero situaciones como la trágica de Lampedusa o la nuestra de Ceuta prueban que el flujo inmigrante no se va a detener en ningún caso augurando futuras catástrofes como las mencionadas.

 

Lo que está claro es que, debate socioeconómico aparte, estos episodios inadmisibles proclaman, por su parte, el fracaso de esa idea de Europa como clave y cumbre de la civilización y, en consecuencia, como matriz de unos derechos humanos universales en los que –ésa es la única verdad—casi nadie piensa en serio. Porque no es España, como no es Italia, la que cierra la puerta ante la riada africana y asiática, sino una Unión Europea que no está dispuesta a aceptar el imperativo multinacional en que se cifra la última esperanza de los países pobres, por más que no carezca de sentido la alarma creciente en las sociedades desarrolladas. Y eso, no hay que darle vueltas, es, en el fondo, xenofobia si es que no llega a ser incluso racismo puro y duro por parte de quienes ven amenazados su monopolio del bienestar. ¿En qué términos estaríamos hablando si los muertos en el intento hubieran sido nueve blancos europeos? En esta pregunta se encierra las requisitoria más dura contra la tragedia del exclusivismo.

Prisas para todos

La segunda visita de la presidenta Díaz al Rey ha dejado más que escamados a sus rivales directos, ante la posibilidad de que su objeto fuera tratar (o, sin más, comunicarle) su intención de convocar elecciones autonómicas anticipadas. Y hay que reconocer que la cosa tendría sentido pleno dado que Díaz se ha visto elevada en un imprevisto globo que lo suyo sería aprovechar antes de que se consolide el candidato rival y, por supuesto, antes de que estalle sin remedio alguno de los “casos” de corrupción que, de hecho, la tienen cercada. La foto encantada de esa republicana junto al Rey habla por sí sola.

La única verdadera

Crecen los rumores sobre la presunta conversión al Islam del líder separatista radical Oriol Junqueras. Según uno de los múltiples que pululan en Internet, un político marroquí, Abdelkarim Buceta, ha revelado que esa conversión ha sido uno de los secretos mejor guardados del entorno del líder catalán, asegurando que, en los últimos tiempos, Junqueras ha sido adoctrinado por alguna autoridad religiosa residente en Cataluña además de haber seguido un curso intensivo de recitación del Corán. Pero en la misma Red he escuchado con atención una charla suya, en la que explica con detalle la naturaleza de su fe todavía (diciembre de 2013) cristiana, al parecer, es decir, de la que anima su espíritu, más que por la reflexión intelectual, por efecto de una experiencia “de carácter personal y familiar”, que, en resumidas cuentas, le proporcionó  unos “valores culturales universales” que son propios del cristianismo por más que éste, como experiencia final, desborde sus límites. Dice Junqueras que son esos valores los que animan su acción política y que, en caso de contradicción entre su conciencia y aquella acción, él elegiría su conciencia. Da gusto oírle, el gesto reposado, desgranar una tras otras esas convicciones profundas a las que, sin embargo, parece que se dispone a cambiar la etiqueta quizá porque crea que, como se dijera hace poco desde Terra Lliure, el Islam es un poderoso “instrumento revolucionario”. Como Garaudy en su tiempo, salvadas todas las distancias, Junqueras parece que va a pasar desde el radicalismo izquierdista al catolicismo y de éste a la fe mahometana antes de consumar su intento de romper España, ese corral del Occidente corrompido, y echar al mar incógnito su balsa de piedra. Vaya con Dios.

 

Confieso que siempre me intrigó el fenómeno de la conversión islamista de gentes que proceden de la izquierda por más que me resista a aceptar que el setenta por ciento de los conversos españoles en los tres últimos lustros proceda de la izquierda radical o… de los nacionalismos. Gustavo Bueno ha contado con detalle en “El Catoblepas” la conversión al Islam de Blas Infante, quien dijo también, más o menos, que su nacionalismo “antes que andaluz” era “humano”. Confieso mi estupor. Una vez vi a Garaudy –a quien acompañábamos algunos antiguos fervorosos—echarse por tierra en Córdoba para rezar apuntando a La Meca. Algo no encaja del todo, aunque ignoro si en mi  cerebro o en los suyos.

Prisas para todos

La segunda visita de la presidenta Díaz al Rey ha dejado más que escamados a sus rivales directos, ante la posibilidad de que su objeto fuera tratar (o, sin más, comunicarle) su intención de convocar elecciones autonómicas anticipadas. Y hay que reconocer que la cosa tendría sentido pleno dado que Díaz se ha visto elevada en un imprevisto globo que lo suyo sería aprovechar antes de que se consolide el candidato rival y, por supuesto, antes de que estalle sin remedio alguno de los “casos” de corrupción que, de hecho, la tienen cercada. La foto encantada de esa republicana junto al Rey habla por sí sola.