Sangre en las manos

Vemos en la televisión un breve retazo de lo ocurrido en Melilla por primera vez en este año de gracia: dos asaltos de inmigrantes a la “valla”, uno en la alta madrugada, el otro al amanecer. Eran como 300 de los que sólo 60 han logrado entrar en el “paraíso”, que paraíso es nuestra Melilla comparado con el monte Gurugú, y los que vemos en pantalla llevan las manos chorreando sangre, efecto de los cortes profundos de las “concertinas –¡oh, el eufemismo impagable!–, o sea, de las cuchillas colocadas como “disuasorias” por el Gobierno del PSOE y mantenidas por el del PP. Sangre en las manos, pero en las de las propias víctimas, ya que aquí los verdugos (que no son los guardias de frontera) quedan lejos, allá en sus ministerios. Samaritanos del 061 les vendan las manos como pueden, les cosen las tajadas entre un clamor de ayes, hacen lo que pueden, y menos mal, porque en otras ocasiones, en 2009 y en Ceuta, algún paria dejó su cadáver colgando de la “defensa” tras seccionarse una arteria con ella. El señor ministro, que mea agua bendita, dice que esas cuchillas son nada y menos, que no producen sino “erosiones leves y superficiales”: no hay como juzgar pedrada en ojo ajeno. Pero la Unión Federal de Policía segura –apaguen si hay niños delante—que “las ‘concertinas’ son mortales” potencialmente. En fin, 60 lo han logrado y señalan al cielo –no saben la que les espera– como dando las gracias, quizá porque vienen de lejos, porque han cruzado un continente a través incluso de desiertos, empeñados hasta las cejas con las mafias que, más tarde, cuando se tercie, los llevarán en cualquier palangana hasta Algeciras o hasta donde se pueda, incluyendo el abismo marino. No nos acordamos ya de aquellos trenes de ida y vuelta en que la madre Europa nos devolvía a nuestros emigrantes.

 

Sangre en las manos, un drama bordeando la tragedia, negritos indefensos de Nigeria, de Mali, de Uganda, de Congo, criaturas que huyen de las guerras y del hambre para ganar el cielo desarrollado vendiendo imitaciones de marcas caras. Los he visto en París, en Venecia, en Londres, olvidados ya de las cuchillas, enjugada la sangre como si se tratara de un peaje legítimo, de una alcabala de pobres –congo, mandinga, carabalí, como decía Nicolás Guillén–, intacta la ilusión, que más “cornás” da el hambre. Sangre en las manos y por todo el cuerpo. Y el ministro, que mea agua bendita, dice que son heridas superficiales, meras erosiones…

Otro apagón

Mucha transparencia, toda la transparencia, pero a oscuras. Y si no, ahí tienen a PSOE e IU apagando la luz en el Parlamento para que no pueda investigarse la corrupción en un pleno monográfico como pide la oposición conservadora, que también tiene que callar lo suyo. El portavoz de esa “izquierda a la izquierda”, señor Castro, lo ha justificado de un modo notable: “Esos plenos que se piden no tienen cabida en este periodo, peso sí en el correlato (sic) del periodo ordinario de febrero”. A un clavo ardiendo se aferran y uno se pregunta por qué si los mangazos, que sepamos de momento, no van con ellos. ¡Que negocio ha hecho el PSOE, total por unas cuantas consejerías!

La anomía que viene

En Burgos se han producido graves incidentes entre manifestantes vecinales y policías. La razón, que los primeros –no todos los vecinos del barrio, claro, sino un grupo activista—han logrado parar la construcción de un boulevard por parte del Ayuntamiento, con gran despliegue de acciones violentas, como rotura de vallas, incendios de muebles urbanos y demás números de repertorio. Lo discutimos en la radio, con Carlos Herrera, más o menos conformes en que los proyectos urbanísticos competen en exclusiva las instituciones, las cuales deben someterse, a su vez, a las condiciones que impone la ley, y no a un inverosímil criterio de unanimidad ni a una imposición minoritaria. En Granada, por su parte, un grupo de háckers invade la web del arzobispado y cuelga en ella una violenta réplica no sólo a la publicación de cierto intolerable  libro machista, sino, ya de paso, contra el Opus Dei y al propio Gobierno. ¿No es verdad que estamos viviendo una etapa de desconcierto frente al papel legítimo (y por tanto, también a los límites) de las llamadas “redes sociales” o de la piratería informática? Creo, modestamente, que sí, a pesar de que cualquier postura adoptada en este sentido será relacionada sin transición con la desprestigiada censura. No, muchos no pedimos censura sino, simplemente, una valla rousseauniana que detenga la libertad de algunos allí donde comienza la de otro. Y en Burgos, lo que llevamos visto –como en tantos sitios en los últimos tiempos—es que cierto libertarismo bohemio confunde la democracia representativa, que es la tenemos, con la asamblearia para la que, a juzgar por lo que estamos viviendo, esas minorías no están preparadas.

 

Recuerdo que Dos Passos decía que si la libertad pudiera gestionar por sí misma sus asuntos se habría convertido, de hecho, en simple democracia. El problema es que no puede –seamos serios—sin el apoyo instrumental de la representación, es decir, de los elegidos libremente y, por eso mismo, responsables de sus decisiones. Se paralizaría, no digo ya Burgos, sino Eurasia, si las decisiones municipales tuvieran que ser aprobadas por la totalidad. Pero en ello parece que andamos experimentando sin mucho ni poco sentido de la responsabilidad cívica. Profundizar la democracia nada tiene que ver con la revuelta que predica, por ejemplo, un Llamazares aquí pero no en Cuba. El régimen de libertades exige su tiempo para arraigar en las conciencias. El de los reventadores, no.

Inefable consejero

El exfiscal y consejero de Justicia, Emilio de Llera, ha proclamado solemnemente una tremenda pregunta: “¿Quién es el Tribunal –ha dicho– para criticar la acción política de este Gobierno?”. A lo que habría que contestarle, por muchas razones, con otra igual de contundente: “¿Quién es el consejero, por muy fiscal que sea, para juzgar a los jueces?” De Llera está en el Gobierno (que es como él llama a la Junta) para achicar el agua que entra torrencial por la vía que abrieron en el casco autonómico los ERE fraudulentos y las prejubilaciones falsas, razón por la que le ha dado caña cuarenta veces, dando la cara o de tapadillo, a la juez Alaya. Juzgue el lector quién es quién en este enredo fenomenal.

Cherchez la femme

Hay un lado oscuro de la opinión que se pirra por las historietas “verdes” de los prohombres, en especial, de los políticos. Hace poco fue el incidente de la autofoto de la presidenta noruega y Obama la que permitió divulgar a los cuatro puntos cardinales la imagen hirsuta de la cabreada esposa y hasta su decisión de interponerse físicamente entre los dos fotografiados. ¡Qué le gusta un chisme a “homo sapiens”! Aznar acaba de ganar un pleito por el que le deberán ser abonados unos cuantos millones reparadores de cierto comentario televisivo en el que se le atribuía una relación imaginaria y estos mismos días, la revista “Closer” está dando un pelotazo de aquí te espero con la publicación de las fotos del idilio del presidente Hollande con una “comunicadora” de buen ver, Julie Gayer, víctima de un “coup de coeur” irrefrenable. No hay presidente en aquel país del amor en quien no se fije el alcahuete hasta averiguar sus idas y venidas. A Mitterrand no lograron amedrentarle con la historia, cierta por supuesto, de las dos familias, y a Chirac es fama que se le conocía en el mundillo político como “monsieur Trois Minutes”, por la celeridad de unas relaciones que él, como Napoleón, supeditaba siempre al deber dedicándoles el tiempo imprescindible para la satisfacción libidinal. En los EEUU –no hace falta siquiera que recordemos el caso Lewinski—esas aventuras se toleran mal en política mientras que en España, por ejemplo, se aceptan, valga la paradoja, con máxima flexibilidad de criterio, y si no, ahí está el caso reciente del monarca cazador para probar hasta qué punto nos protege un trasfondo mental machista que, a mi juicio, no es exclusivamente masculino.

 

Aquí el notición del verano ha sido todos estos años el harén marbellí de los príncipes árabes, incluyendo al Gadaffi que por allá plantó en alguna ocasión  su tienda con las doscientas doncellas de su guardia femenina, pero sólo por el efecto exótico que sugiere la poligamia en el imaginario de nuestros envidiosos monógamos. Lo que parece que nos permitiría esbozar la peregrina ley de que la tolerancia sexista se produce en función de ciertas incapacidades y no “ex abundantia cordis”, o sea, todo lo contrario de la liberalidad que pudiera esperarse en primera instancia. A Strauss-Khan, por poner un caso, no se lo carga la aventura sino la sordidez de unas circunstancias que poco tienen ya que ver con eso que vagamente, tanto unos como otros, llamamos el amor.

Contra las víctimas

En una universidad sevillana ha tenido lugar un encuentro en el que el expresidente ZP le ha tascado el freno al exjuez Garzón con motivo de la propuesta de éste último de crear una “Comisión de la Verdad”, no conforme siquiera con el tinglado de la llamada “memoria histórica”. Y en medio de ese fuego cruzado – pero “fuego amigo”, en todo caso–, el exjuez se ha pronunciado contra el hecho sevillano secular de nominar las calles con nombres de Vírgenes. Me limito a reseñar lo ocurrido y que juzgue el lector, pero no sin sugerir la carga de rencor que anima algunos proyectos disconformes con que, hace cuarenta años, “estallara la paz” en este torturado país.