El maletín del verdugo

El fenómeno de la tortura, del martirio infligido por el más fuerte al adversario indefenso, parece que respondiera a un arquetipo intemporal. Las mismas ocurrencias, idénticas maldades: hay pocas novedades en el repertorio de los verdugos. Un mismo espíritu pavoroso inspira la memoria de Hannah Arendt, Primo Levi, Giorgio Agamben o Robert Merle,  sabedores todos ellos, en definitiva, de que esa expresión supina del Mal responde a un repertorio corto de recursos, impuesto acaso por la limitación del propio cuerpo torturado. No hay “progreso” prácticamente entre el martiriologio clásico y el que el mundo descubrió horrorizado en Auschwitz o en Treblinka, réplicas serviles del utilizado por las diversas Inquisiciones. Voltaire recordaba en su requisitoria el caso del caballero de La Barre, el joven aristócrata al que, acusado de haber repetido canciones impías además de  no haberse levantado el sombrero al paso de una procesión, se le cortó una mano, se le arrancó la lengua y fue quemado poco a poco con el pretexto de hacerle confesar el número de sus pecados. No hay más que echar un vistazo al informe aparecido sobre las torturas perpetradas en los pretorios sirios de Al Asad para reencontrarnos con la misma relación de crueldades –cuerpos lacerados, lentos ahorcamientos, descargas eléctricas sobre cuerpos famélicos, casi inhumanos ya en su agonía—que tropezamos en cualquier otra ergástula. En su infame imaginación el verdugo quizá no sabe que repite el gesto inmemorial de sus antecesores respaldado por la misma sinrazón que animó a alguno a cercenar los pechos de una virgen, arrancar las uñas de un resistente o  exorbitar los ojos de un guerrero. El Mal es inmenso, las maldades, minúsculas y rutinarias.

 

El problema está en quién le pone el cascabel al gato en un “(des)orden internacional” dentro del que los EEUU mantienen ergástulas como Guantánamo, utiliza aviones-calabozos para torturar a sospechosos fuera del territorio nacional (en España, sin ir más lejos) o veja los prisioneros de guerra como hizo en Abu Ghraib. Asad es un tirano que cuenta a su favor con el hecho de que en su contra luche Al Qaeda pero, sobre todo, con la inaudita tolerancia de eso que llamamos Occidente. Y con el hecho de que todo Poder “comprende” esa desmesura que es, llegado el caso, su derecho al martirio ajeno. No lean, si pueden, esta última crónica, que no será la última, por supuesto, ni distinta de la anterior.

Vista de cerca

Lo va a tener fácil la oposición en el Parlamento andaluz para vapulear a la nueva Presidenta de la Junta. No es lo mismo, evidentemente, pasillear en un partido que enfrentarse a una tarea tan compleja como es la gobernación, y eso se le notó a la legua a Díaz en su primera comparecencia. Y es que no hay “política infusa” que valga ni puede esperarse grandes resultados de estos “appáratchiki” sin mayor formación que lo fían todo a la intuición y la suerte. Díaz dio, en su primera comparecencia, toda una lección de vacuidad que, con seguridad, se ha aprendido al dedillo la Oposición.

No me lo creo

Tropiezo en un medio que habitualmente respeto con un artículo que defiende la (para mí) increíble teoría de que la pobreza se ha reducido en el planeta un 80 por ciento desde 1970, hipótesis que el autor funda cuidadosamente en varias teorías no poco acreditadas pero que, en definitiva, a uno le parecen más bien que de lo que se trata es de exaltar al capitalismo y su “modo de producción”, como hubiéramos dicho hace cosa de treinta años. No soy quien para poner en tela de juicio las opiniones aducidas ni los gráficos corroboradores de semejante bonanza, pero en modo alguno me trago ésa al tener bien en cuenta los datos facilitados por la propia FAO, cuyo fracaso a la hora de minimizar la pobreza mundial es ya un lugar común. Que el PIB ha subido y mucho en la última centuria, a causa, excusado es decirlo, de la sideral mejora de las tecnologías, vale, pero ¿acaso no sabemos que el PIB es una engañifa si se emplean sus números fuera de contexto, de manera que acabemos haciendo bueno el chascarrillo de que si tu tiene diecinueve trajes y yo uno solo, la media entre los dos es de diez trajes por barba? ¡No me lo creo! ¿Cómo va a ser cierto que la mortalidad infantil ha descendido vertiginosamente si tenemos a la vista la experiencia de Médicos sin Frontera, pongo por caso, o las propias estadísticas de la ONU? Que no trago, en fin. Ahora bien, cuando me cuentan que el efecto contaminador del Sistema ha descendido llamativamente (en sus emisiones de CO2, por ejemplo) o que el acceso al agua potable está prácticamente superado, es que no me creo ni la mayor ni la menor. Pregunten en Manos Unidas, a la propia FAO, a las ONGs serias que se baten el cobre día a día en ese “mondo cane” y comprobarán que poner de ejemplo de mejora a países como Malawi, Congo, Somalia, Burundi o Nigeria constituye una auténtica temeridad si no un camelo entero y pleno.

 

Se puede comprender que uno barra, incluso inconscientemente, para su propia casa, pero no veo cómo pretender que la “ratio de muertes” en el siglo XX fue, “pese a todas las guerras y genocidios, nueve veces menor que en los tiempos de las guerras tribales” o decir que los conflictos armados, las violaciones o el abuso de menores están decreciendo por todas partes. ¿Cómo insistir en que, a pesar de la crisis, la cifra de pobres ha descendido en las últimas décadas? Entiendo con cierta tristeza, que el capitalismo, con semejantes paraninfos, maldita la necesidad que tiene de argumentos.

La bici revolucionaria

El idilio de IU con la bici lleva camino de acabar en legendario. Más allá del experimento llevado a cabo en Sevilla, la coalición se propone ahora, desde el gobierno de la Junta, gastarse 421’4 millones de euros en la construcción de una red de más de 5.000 kilómetros al servicio de los ciclistas de las capitales y grandes poblaciones andaluzas. Es la nueva ideología, la que cambia la colectivización por el carril bici, objetivo revolucionario donde los haya. La consejera comunista de Fomento ha llegado a decir que “la revolución de la bici es posible aquí y ahora” dado que, a su juicio, el biciclo es “la palanca del cambio del modelo productivo que Andalucía aspira a poner en marcha”. Uno no sabe nunca si hablan en serio o están de coña.

Jaque a la ley

Del grado de sofocación que padece la ciudadanía y la peligrosa crisis de la confianza política da una idea la benevolencia con que estos días se está respondiendo a la insurrección ciudadana de Burgos luego replicada en otras ciudades. Ni siquiera la rendición del Ayuntamiento legítimo a las primeras exigencias ha bastado para contener un movimiento no poco explosivo ya que, de manera casi inmediata, han surgido nuevas reivindicaciones para continuar el conflicto. Y si se ha hablado de “rendición” no ha sido a título retórico ya que, en buena lógica democrática, quien toma las decisiones en una democracia representativa son las instituciones libremente legitimadas por el propio pueblo, pero no una parte del pueblo ni siquiera el pueblo entero. ¿Por qué un barrio de una ciudad ha de imponer su voluntad a la un consistorio que a toda la ciudad representa? Imaginemos el caso en que la mitad de los burgaleses se inclinaran por la continuidad del proyecto municipal y la otra mitad se opusiera a él: ¿qué tendría que hacer el Ayuntamiento, cómo escapar a esa trampa sin salida? Pues de ninguna manera, porque la representación democrática –esa cesión temporal de soberanía del pueblo a la elite gobernante—se articula precisamente para superar los riesgos de un régimen asambleario en cuyo marco resulta difícilmente imaginable una acción política continuada. Designando a sus representantes, los ciudadanos no asumen ninguna “servidumbre voluntaria” sino que apuestan por una convivencia institucional que hay que suponer fiel reflejo aritmético de la voluntad popular.

 

Ningún barrio ni ninguna ciudad tiene derecho a oponerse a la acción política legítima mientras ésta se ejercite en el marco de la Ley. Otra cosa sería (es) pura arbitrariedad, exponer la democracia a un vaivén demagógico que el poder legítimo no debe tolerar porque supone si propia negación. Cuando el alcalde de Burgos dice que ha elegido “la convivencia entre sus ciudadanos” se olvida de que con ese eufemismo ha liquidado de hecho su imprescindible autoridad. Por más gastada que esté la confianza pública, por lamentable que sea la imagen de la política real, el remedio no puede consistir en revocar por la fuerza la autoridad legítima, única garantía política y legal del gobierno representativo. Los que tildan de autoritario este argumento tienen un pie fuera de la Constitución y el otro también. “Vox populi, vox Dei”. Eso sólo vale para Alcuino y para la petenera.

Miopía política

Dicen desde IU haberse percatado de        que el PSOE, su socio en el Gobierno de Andalucía, está “girando a la Derecha”, no sé si ilustrando su discurso oportunista en las fotos de la Presidenta del bracete del banquero Botín o del tiburón financiero Alierta. Por su parte, intramuros de la propia IU, ese “rebelde primitivo” (E. Hosbawn) que es al alcalde-diputado Gordillo, crecido por la benevolencia del TSJA para con sus asaltos peronistas a los súper o las fincas privadas, alega lo propio de la coalición comunista: que se está escorando hacia la Derecha. Pero a la hora del cobro, todos y cada uno pasa por ventanilla sin rechistar. Doña Susana puede dormir tranquila con este socio desactivado.