Cara nueva

Cuando era todavía flamante concejal casi solitaria de Valverde del Camino, escribimos que Loles López, la nueva secretaria general del PP, tenía por delante una larga e importante carrera, y no sólo en el nivel municipal. Y ahí está, dicho sea no para presumir de profeta sino para avisar de nuevo a quienes no la conozcan de que, al fin, llegan a la vida pública las nuevas cohortes generacionales, con la convicción y el brío con que las retrataba, hace casi un siglo, su olvidado paisano José Nogales en “Las tres cosas del tío Juan”. En medio de las íntimas dificultades que hoy padece, auguramos de nuevo a Loles un futuro quién sabe si vertiginoso.

Nuestras vidas

En poco menos de dos semanas se me han ido, como del rayo, Félix Grande y Paco de Lucía. Se me viene encima el recuerdo como un alud, aquellas tardes juveniles en la casa madrileña del primero, allá por los altos de Cuatro Caminos, apiñados en el saloncito que se hacía cuchitril a fuerza de humanidad, con Paca Aguirre regentando la alegría y compartiendo con todos su despensa, la guitarra de Paco –que acababa de acompañar a Camarón en su primer disco—sonando como un regajo fantástico, a lo mejor la guasa de Quiñones de por medio, un Savater todavía mozo que nos sorprendía a todos con su “Nihilismo y acción”, la ironía inacabable de Gala y el gesto adusto y sensual de Eladio Cabañero rumiando sus desamores, Lupe aún por nacer o recién nacida, la imagen de Falú trasegando sin prisa ni pausa su botellón, la mirada inquieta de José Alberto Santiago sintetizada en el azul celeste de los ojos de su mujer, el escepticismo profundo de Antonio Martínez-Menchén frente al éxito de sus “Cinco Variaciones”, todo un universo “brillante y hambriento” (¡que se lo pregunten a Paca!) que de pronto guardaba un silencio litúrgico para que resonara el bajo profundo de Félix desentrañando un poema de Vallejo o los versos subidos de “Blanco Spirituals” o de “Música amenazada”, la sorna ronca y sabia de Luis Rosales porfiando sobre Cervantes o sobre el padre Molina, y Tito Kurutchet con sus tragedias, la tribu exiliada de los argentinos y los chilenos todavía en plena diáspora, y tanta y tanta gente, tanto amigo, tanta vida por delante, tanta falseta de Paco recorriendo el alma como un escalofrío cuando todavía la muerte era para todos apenas una palabra ajena y la vida un trabajo gozoso, amores y fraternidades, y Félix recitando –“un fox lento, diluido, dominical, tristoide (pobres perros)/ música blanda, hinchada de violines asexuados,/ que viaja remando hacia la noche que se aproxima, oh Carol”—sobre los arpegios de Paco y el quejío hondo de nuestra ingenuidad.

 

Una noche fuimos al Wellington, ya de recogida, y al entrar nos asaltó el Diamante Rubio: “Paco, por tu madre, dame algo que, al fin y al cabo, los dos vivimos del “toque”. Y Paco, que tenía un corazón que no le cabía en la caja de la guitarra, se echó mano al bolsillo y le dio lo que llevaba, un dineral. Y Félix –“…cuán presto se va el placer, como se pasa la vida…”—y Paca desviviéndose, tejiendo y destejiendo en Ítaca, hoy ya todos de vuelta, Troya sólo en la nostalgia.

Maíllo dixit

En una extensa entrevista publicada aquí antier, el coordinador general de IU-CA, Antonio Maíllo, se explaya en ocurrencias que parecen confirmar la impresión que este hombre agradable nos produce de entrada: que no da para más de lo que da. A él le ha tocado aguantar el tirón de los “frentistas” apalancados en la Junta y da la sensación de que poco puede hacer para superar su resistencia: con las cosas de comer no se juega; dice que el PSOE es el que está en equilibrio pero eso no se lo cree ni él; dice que si UGT ha mangado (de CCOO no habla) debe excluírsela de la ayuda pública; dice querer transparencia frente a la corrupción pero se atiene a la doctrina minimalista que sostiene como una evidencia que la comisión de los ERE no dejó cabo suelto. Lo dicho: cada uno da para lo que da. Pretender otra cosa es ilusión o puro voluntarismo.

Arde Kiev

En mi opinión se simplifica al presentar el conflicto ucraniano como un pulso entre el Este pro-ruso y el oeste pro-europeo, o como un suceso exclusivo de Kiev, esa urbe dilatada junto al meandro colosal del río Dnieper. Cuando yo conocí la ciudad –en plena “perestroika”—el ambiente, castigado por la amenaza reciente de Chernóbil, era el de una ciudad soviética más que, contemplada desde el promontorio donde ese erige el cenotafio a los caídos de sus muchas guerras, llamaba la atención por la enormidad de su reserva verde –casi un sesenta por ciento del territorio urbano—y la belleza de esos brazos del río dibujando en el confín un extraño concierto. Sus calles limpias, su plaza –la de hoy—despejada e inmensa, en la que abría sus puertas el museo de Lenin y un comercio languideciente en el que los empleados exhibían su habilidad con el ábaco, nos dispersaban por unas calles silenciosas por las que algunos espiábamos el espectro de Bulgakov y la sombra del “ejército Blanco”. El pasado de Ucrania no es tan simplificable, pero lo cierto es que en la actualidad el país se enfrenta a una guerra civil en la que ambos bandos ignoran el axioma de Lucano: en una guerra civil, hasta la victoria es una derrota. ¿Se percata la Unión europea de que Ucrania es una potencia atómica desde que la URSS se desmembró? Da miedo pensar en la posibilidad de que unos locos o unos arrebatados, que tanto da una cosa como la otra, lleguen a enfrentarse a muerte en esa tierra que fue la cuna de Rusia (su primera capital) y ha pasado a manos de unas oligarquías depredadoras tras la que algunos llaman independencia. Anatole France mantuvo la execrable teoría de que la guerra civil era la menos detestable porque en ella, al menos, los combatientes sabían por qué se enfrentaban. En Ucrania –como quizá en Venezuela, toquemos madera—podría demostrarse en breve lo equivocado que estaba el “solitario de Estambul”.

 

Lo sólito de las informaciones terribles han logrado aliviar el sentimiento de terror que, de hecho, trasmiten los telediarios un par de veces al día. Ese enfrentamiento de Kiev, sin ir más lejos, resulta incomprensible y hasta se presta hasta las más peregrinas interpretaciones de los conspiranoicos. Pero el país entero, que no es sólo Kiev, contempla como nosotros un combate ininteligible que la corrupción de todos los contendientes convierte en deplorable. La primera capital de Rusia arde sin remedio. Se ha pagado un alto precio por la desmembración de la URSS.

Maíllo dixit

En una extensa entrevista publicada aquí antier, el coordinador general de IU-CA, Antonio Maíllo, se explaya en ocurrencias que parecen confirmar la impresión de que este hombre agradable nos produce de entrada: que no da para más de lo que da. A él le ha tocado aguantar el tirón de los “frentistas” apalancados en la Junta y da la sensación de que poco puede hacer para superar su resistencia: con las cosas de comer no se juega; dice que el PSOE es el que está en equilibrio pero eso no se lo cree ni él; dice que si UGT ha mangado (de CCOO no habla) debe excluírsela de la ayuda pública; dice querer transparencia frente a la corrupción pero se atiene a la doctrina minimalista que sostiene como una evidencia que la comisión de los ERE no dejó cabo suelto. Lo dicho: cada uno da para lo que da. Pretender otra cosa es ilusión o puro voluntarismo.

Historias fabulosas

Una tele privada ha obsequiado en la noche del domingo a su audiencia —“prime time”, claro—con un falso reportaje sobre el golpe de Estado del 23-F en el que han participado de figurantes destacados políticos de la tribu. El golpe habría sido un montaje concertado desde el Rey hasta Garci pasando por todos los capos de los partidos para dramatizar al máximo una situación ya de por sí dramática, como aquella, inflando un globo ansiógeno entre los espectadores más crédulos para, al final, pincharlo y a otra cosa. Menos Tejero, al que habrían comprado ¡por 23 millones! (no se pierdan el símbolo numerológico), todos, hasta los pobreticos guardias civiles que acabaron escapando por la ventana como vulgares rateros,  estaban al tanto de una conspiración de tomo y lomo. Bien, ahora ya saben hasta los lentos que todo era un simple juego para tangar a los pardillos, pero, para mí, fíjense qué curioso, lo único reprobable en ese programa es lo verosímil que resultaba todo, la lógica lubricada que permitía creer que, de hecho, la plana mayor estuviera de acuerdo en contarle al pueblo una de “cuchillos largos” en busca de una catarsis democrática. ¿Por qué no creer en ese plan si sabemos que Armada propuso a Múgica y éste informó a su partido de un proyecto de golpe blando del que habría de salir un Gobierno de concentración nacional, comunistas incluidos? ¿Cómo no se habrían percatado los participantes en la broma de que el pueblo llano, las masas, vamos, creen a pie juntillas que el Rey tuvo, sin duda, “algo” que ver en el pronunciamiento y que los EEUU no le hubieran hecho ascos a un zambombazo bien templado? ¡Nada igual desde que Orson Welles amedrentó a su país emitiendo por la radio “la guerra de los mundos”, con sus platillos volantes y sus invasores (precisamente) verdes!

 

Normal, totalmente normal, cuanto aparecía en la ficción, aunque costara tragarse el cambalache de Tejero o los marrones que se comieron en silencio Milans en su celda y Armada cultivando camelias en su pazo gallego. ¿Cómo dudar de que, de ser cierta la iniciativa, los periodistas entrevistados no se hubieran prestado a seguirla? ¿Y cómo no desconfiar de unos políticos que no han necesitado de semejante vileza para arruinar el prestigio de su clase? Ah, y una cosa más: se me ocurren treinta guiones similares pero en el que los participantes, sin excepción, no hubieran osado colaborar. Después de todo ¿qué es la Verdad? La pregunta de Pilatos, como se ve, sigue en pie.