Consultas populares

Un lío, eso de las consultas populares, y no sólo en la Cataluña agitada por los secesionistas. Aquí mismo, en Andalucía, un alcalde del PSOE se pasa por el forro el resultado de una ellas convocada conforme a la ley, en el paraíso serrano de Galaroza, y se niega a recuperar la gestión municipal del agua que exige la mayoría de los vecinos, hoy por hoy en manos de Giahsa, el gran montaje provincial de Huelva que “engrasa” a todos los partidos –y digo a todos—aparte de contribuir también con su óbolo a la merienda sindical. Es verdad que esas “consultas populares” no son vinculantes, pero también que saltarse a la torera la voluntad mayoritaria y expresa del pueblo no se le ocurre más que a un monterilla.

El paripé andaluz

Nunca me creí, como tampoco aquí “Belmonte”, que el rentoy de IU al PSOE-A fuera en serio. A pesar de que no pocos compañeros lo han aplaudido apreciando el mérito de la “Presidenta por accidente”, me impedía tragar esa sustancia su elemental inverosimilitud. ¿Cómo iba la IU de Valderas a tirar por la borda todo lo que ha conseguido cazar, por una vez y a fuerza de trágalas, en el coto del Poder. ¿Y cómo imaginar a esa Presidenta jugarse el pescuezo político replicando con rigor a la demagogia de IU? Nada, camelo. Uno y otro están condenados a cohabitar, como las parejas averiadas, desde que Almanzor perdió el tambor y las elecciones le dieron al PP la mayoría relativa. ¿Demagogia? Bueno, pues demagogia que, al fin y al cabo, la mancha de la mora con otra verde se quita y un decreto justiciero con otro inverso se cuadra. No habrá muchos casos como éste trajín de los dos decretos en un par de días, uno blanco y otro negro, como para no arriesgar el gris marengo de una izquierda sin más norte que el pairo. ¿Y cómo podría haber sido de otra manera, ya digo, si en el carajal partitocrático que estamos padeciendo, el Poder –esto es el Presupuesto– es lo único que cuenta, mientras que la juridicidad es hace ya tiempo algo marginal, trajinable y oportunista? Nada, ya digo, un chascarrillo bien traído en el que los compadres se reparten los papeles haciendo como que se pelean para quedarse solos en la venta. Ya daba una pista el propio título de la operación, “Utopía”, en estos tiempos del cólera ultraneoliberalísimo que engloba a socialdemócratas y hasta tardocomunistas, y en el que caben desde los cortesanos del millonario Slim hasta la pasmina del alcalde Gordillo y su “alter ego” Cañamero, juntos aunque no revueltos, o revueltos llegado el caso. Se han “quedado” con el pueblo, y les ha salido gratis, las cosas como son.

En fin, ahí están los hechos: aquí no ocurrido nada. Imagino lo que se habrán reído los “negociadores” de este nuevo pacto asomados al balcón de los telediarios nacionales. ¡Plantarse IU ante doña Susana! Más bien creo que éste ha sido un vodevil escrito a dos manos, que ha dejado la Ley a la altura del betún abreviando el camino hacia una nueva legislatura, sin exponer en ningún momento el interés de los socios. Quizá, más que un pacto, lo que aquí se cuece es un nuevo “régimen” y estos globos y fantoches no han sido más que el anuncio de una nueva feria en el cortijo andaluz.

Una foto

No es la primera de ese género que vemos, desde luego. En las guerras abundan estas impúdicas exhibiciones de barbarie, en ocasiones capturadas por el objetivo indiscreto. Cuando el conflicto de Vietnam vimos en un reportaje a un grupo soldadesco celebrando un banquete con el hígado aderezado del soldado enemigo. Y desde Camboya nos llegaron más de una vez fotografías de soldados exhibiendo como trofeos, una en cada mano, las cabezas de los vencidos. La última, por el momento, nos llega desde Gambia y muestra a un salvaje militarizado mostrando con naturalidad como trofeos el sexo cercenado y una mano de su víctima. Son hechos que responden al simbolismo menor que inerva las guerras hasta convertirlas en salvajes con esas ocurrencias de furrieles y cabos que, por descontado, actúan convencidos de su impunidad y hasta cabe preguntarse si acaso también respaldados por su pseudomoral. Mostrar los atributos del vencido, más allá del ultraje y la profanación, revelan la maldad intrínseca de la violencia organizada tal como la entrevió Hannah Arendt, del mismo modo que merendarse el cuerpo rival no deja de sugerir cierta ominosa ritualidad que supera con mucho la ferocidad de la bestias. Y lo estremecedor, lo que nos abisma en la depresión, es la idea más que probable de que las potencias “civilizadas” no harán nada para sancionar esa bestialidad si es que, vistas malas y no buenas, no retiran sus tropas pacificadoras del escenario como ya ocurriera cuando el genocidio tutsi. En su día se dio por cierto y probado que el “emperador” amigo de Giscard conservaba en su nevera las vísceras y otras suculentas partes del cuerpo de una universitaria rebelde abatida, recordado sea para por repetir ahora las tristes anécdotas de Amín Dadá.

Esos procesos que de vez en cuando vemos en el TIP, por más espectaculares que parezcan, no son más que montajes testimoniales. Acaso no cabrían en esa Corte el rastro siniestro que tras de sí dejan las guerras, todas las guerras, y por supuestos, los bandos, todos los bandos. Un soldado mostrando indiferente el sexo y la mano de un vencido es la liturgia espontánea de la violencia, la imagen elocuente del fracaso humano, ante el que los poderes efectivos del mundo –cada cual con sus intereses—se inhiben asépticamente. A los demás, a cuantos nos estremecemos ante el testimonio inhumano no nos queda más que el escalofrío, el triste desconsuelo de comprobar el alcance ilimitado de la maldad humana.

Falso equilibrio

No sé si será auténtico o no pasará de mero paripé ensayado el sartenazo que la presidenta Díaz le ha dado al ala más demagógica de IU y, dentro de ella, a la consejera de Fomento y Vivienda, empeñada en pasar a la crónica autonómica como una Pasionaria de la señorita Pepis. Lo que si digo es que el gesto en sí era imprescindible porque malamente hubiera podido la Junta mantener siquiera una apariencia respetuosa con la Ley de permitir algo tan burdo como el montaje de la entrega de llaves a los okupas de un edificio. La Junta no es capaz hoy ni de gestionar su parque de viviendas públicas, de acuerdo. Pero echar por la calle de en medio de busca de la ovación peronista y saltarse la Ley descalifica a toda institución.

¿Estás ahí, Luis?

Publicado en El Mundo

No puedo escribir un obituario, ni una sola línea en memoria de Luis Olivencia, el joven amigo, el entusiasta, el amigo cosmopolita, compañero mercurial de mi página, en la que ha ido desgranado, semana tras semana, artículos rotundos en los que brillaba el hondo conocimiento de la cultura y de la política europea, especialmente de la alemana, tus defensas del hombre y sus derechos, tu tácita apología de la razón, que escribo así, con minúscula, porque sospecho que es como a ti te hubiera gustado verla escrita. Ni puedo ni quiero, querido Luis, conciencia derecha, prudente gracianesco, consejero inestimable. Al fin y a al cabo, ha sido poco tiempo el que se me ha concedido tu presencia, pero no tan pequeño como para que en él no cupieran el abrazo sincero, unas copas colmadas, ni unas felices coincidencias de criterio, ni algunos gestos de los que era forzoso deducir tu hombría de bien. Iba a contar…, pero no, no lo cuento, prefiero recordarte vivo, atento allí donde estés –quiero decir allí “donde estás”—a tus problemas, que alguna vez fueron los míos generosamente acogidos por ti, no quiero invocarte entre tinieblas sino a plena luz, para seguir viéndote en tu oronda sugestión austriaca, en la placidez sedante de tus ojos claros presidiendo tu juicio más sereno. ¿Estás ahí, Luis? Dime cómo encontrarte, en qué tranquila dimensión velas tu sueño de vigilias, pendiente de los tuyos, de los demás, de la vida en torno que tantas miserias conlleva, cómo engañaremos a tu buen padre para que no se nos desconsuele del todo, él que tantas veces nos ha animado con su humor clamoroso y al que imagino doblado por el dolor, querido Luis. La muerte es una sombra, un espejismo, porque yo te sé vivo, como siempre, plácido y apasionado a un tiempo, tan hecho a la mesura y a la cordialidad. No me contestes, no hace falta, a este “tuit” estirado que se me escapa del alma todavía conmovida por la extraña noticia de tu ausencia, que ya te digo que para mí es presencia y es consuelo y es la seguridad trascendente en la que ambos creo que creímos mientras nos echábamos al coleto un trago profundo de solera para que tu evocaras la afición a la cerveza, esa fijación tuya, tan tudesca, y tan sevillana, mientras me hablabas del ventarrón de Tarifa o de los atardeceres de la montaña europea. Te voy a echar de menos, con todo y tenerte tan presente, sobre todo los miércoles, cuando mire mi propia página y extrañe la ausencia de tus iluminaciones sobre Europa, tus cuitas sobre España y hasta tu entrañable disgusto por Andalucía. Querido Luis, hasta luego. El miércoles, me lo temo, buscaré en mi página tu artículo brillante, tus debelaciones de la Merkel o tus avisos sobre el futuro xenófobo de la pobre Europa, y encontraré tu rastro, ¡vaya si lo encontraré!, aunque me cueste alguna lágrima y el sobreesfuerzo de ponerme de pie y seguir adelante, siempre adelante, que es lo que tu hubieras querido.

Mártires hodiernos

No todos los mártires cristianos mueren en el circo devorado por fieras hambrientas ni en la ergástula torturados por torvos sayones. Los hay también hoy día que caen en los “pogromos” provocados por los hindúes o en las persecuciones desatadas por el terror islamista. En la martirizada ciudad de Homs, en la Siria rebelde, acaban de asesinar a palos y rematar con un par de tiros en la cabeza a un jesuita excepcional, el padre Francis, que se había negado a abandonar el país, para no abandonar a su parroquia, unas doscientas familias cristianas que resisten el doble asedio de la mayoría suní y de la rama alauita del Islam aliada del régimen terrorista del el Asad. No se sabe pues quien fue el verdugo ni si pertenecía al bando progubernamental o a la coalición rebelde y el Vaticano, por su parte, regido hoy por un jesuita, se ha apresurado a declarar su “orgullo y gratitud” por ese pastor fiel a su rebaño que ha abatido el lobo anónimo. El mártir era famoso, además de por su fidelidad, por sus esfuerzos constantes por aliviar la situación crítica que viven sus comunidades –“Estamos hambrientos” escribía lacónicamente en Facebook hace pocos días–, no muy diferentes de la que padecen hoy muchos hermanos suyos en un puñado de países atrapados en la espiral enloquecida del odio religioso. Francis Van der Lugt debería subir a los altares, en buena lógica, en un tiempo récord, hoy por hoy reservado a espíritus más convencionales e influyentes. Ustedes me entienden.

Hace unos meses, el padre Francis declaraba a una agencia que la razón de su resistencia consistía en que él era el único sacerdote y el único extranjero que no había escapado de Homs, aunque él –decía—no se consideraba un extranjero sino “un árabe entre los árabes”, un solitario y un abandonado más entre tantos como soportan la bárbara agresión ante la más que relativa indiferencia de eso que llamamos Occidente. ¿Habrá en este caso una beatificación-exprés como otras que yo me sé y nos sabemos casi todos, o se enredará la causa del nuevo mártir en las redes burocráticas de un Vaticano que, ciertamente, está experimentando cambios profundos? Doctores tiene la Iglesia, seguro, pero no dudo de que muchos cristianos actuales verían en ese reconocimiento un homenaje extensivo a los cientos de mártires ante los que el famoso “orden internacional” se muestra inexplicablemente inactivo. Gente buena como ese mártir santo no debería precisar siquiera de un postulador.