Crimen y bienestar

Es posible que Finlandia sea uno de los países mejor situados económicamente en el (des)concierto de la UE. Tiene grandes recursos, una industria creciente a pesar de la crisis sufrida por el país a principios de los 90, sus exportaciones crecen mientras aumentan las inversiones extranjeras, y todo ello permite presumir un desarrollo –no olvidemos que el país conserva la triple A de las agencias de notación—superior al de los demás miembros de la comunidad. En una sociedad tan favorecida las cárceles no tienen puertas ni barrotes, los vigilantes no llevan armas y apenas uniforme, quizá porque la población penal sea muy baja –en un país de cinco millones de habitantes tan sólo 2.700 presos—que entiende la privación de libertad como una medida extrema y las condiciones de reclusión como un sistema de aislamiento que no tiene por qué ser aflictivo. Es una maravilla Finlandia, en este sentido, y sin embargo, sus estadísticas de crímenes de sangre es muy superior a la del resto de los países europeos, y suelen indicar que la causa de los homicidios ha de acharársele al paro (¡) y al elevado consumo de alcohol. Lejos ya del modelo penal y penitenciario heredado de Rusia, los finlandeses empiezan a cuestionarse la extraña realidad de que en un país tan propicio las violencias mortales crezcan hasta alcanzar el actual récord, y no falta quien oponga a la filosofía penal del Estado la opción más dura de otros países. Enfrente está, sin embargo, –lo leo (traducido) del periódico Hufvudstadsbladet—el bando buenista que, a pesar de la evidencia estadística, insiste en el carácter genético y, en consecuencia, ve unas conductas desviadas que no serían sino el resultado de una herencia que conlleva una débil producción de seratonina  y débiles tasas de glucosa en sangre, inocente desdicha que, aliada al efecto del alcohol, explicaría lo que está ocurriendo.

 

El mejor de los mundos posibles leibnitziano, el ideal del doctor Pangloss y ese otro buenismo sobre el que la cayó como un vitriolo la ironía de Voltaire, resulta, pues, que funciona en el mercado pero que falla en la vida cotidiana por culpa de los malditos genes o acaso también por la escasa luminosidad, el aislamiento de su cultura –apenas conocemos otro escritor que Mika Waltari—y el fracaso de ese témpano que es el humanismo nórdico. El hombre no siempre es consecuente con las oportunidades de los sistemas sociales más civilizados.

Que conste en acta

“Lam propuesta de Zarrías (miembro de la Comisión Federal del PSOE) , no es la del PSOE”, Mario Jiménez, secretario general de PSOE-A. “Llevarse doscientos euros sin pagar no es delito”, Directora General de Vivienda (IU). Los ERE fraudulentos son como el PSOE. Si te tocan, te joes”, Juan Lanzas, comisionista del PSOE imputado en el caso. “No me enteré de nada, no me acuerdo de nada y nunca recibí aviso de ilegalidad por parte de la Intervención General”, Magdalena Álvarez, exministra y exconsejera de Hacienda. “Ni yo ni los otros nos hemos llevado un céntimo, ni directa ni indirectamente, de los 9 millones de euros recibidos, Ángel Rodríguez de la Borbolla. Me enteré de las Ere fraudulentos y las prejubilaciones falsas por la prensa”, Manuel Chaves, ex-presidente del Gobierno y de la Junta.

Mal de otoño

Para mi Hormi

Ni nos hemos percatado de la llegada del otoño, con sus pasos mullidos, casi imperceptibles, acortando los días y dejando que la luz fracase en los visillos, regalándonos acaso las últimas frutas, las olivas vareadas con destreza, la uva placentera, las primeras castañas todavía inaccesibles dentro de su erizo, ese primer jersey que huele al largo sueño de la naftalina y que prevenimos ante las ráfagas inaugurales del frío y de la lluvia –recuerdo de la madre–, los días recogiendo el ocaso con inaudita prisa, rojos encendidos, malvas indecibles, nimbos como corderos, galas del abedul que incendia el bosque, victoria trabajada del cobre en el inmenso parque de los parques, nostalgias del pinar donde arrulla la tórtola y estremecen las piñas dejando caer su fruto, “la vida desnudándose” que entrevió Juan Ramón, la fragancia del membrillo en el huerto, el diálogo entre la rama y la alberca, maestro Salinas, Gerardo, Baudelaire perdulario y certero, Verlaine sobrecogido por los largos suspiros de los violines –“les sanglots longs du violon de l’ automne…”–, nuestro humor que renquea, quizá la noche en blanco, el médico que traduce en química toda esa poética explicándonos que este milagro, que toda esta tristeza, que esta ansiedad sin fin no son sino capricho de los neurotransmisores, que si la serotonina, que si la dopamina, bien, ya vale, pero qué hace el pastor bajo el chaparrón a solas con su rebaño, el poeta acorralado por los grises triunfantes, el pobre peatón que arrecia el paso desconcertado por este airón y aquel morado efímero que alcanza a ver aún coronando el ocaso en pugna con el tachón turquesa y los cirros blanquísimos que despiden el día breve del equinoccio, sordos ruidos que anuncian el cíclico destino de la vida y la muerte.

Hombres y plantas, la Creación entera, se encoge trastornada, no somos nadie — unos menos que otros, ciertamente–, pero nadie en resumen, peleles ideales en manos de la hormona, sensibles a la luz que es esta vida pautada por las fechas, carne de calendario, hoy alegres, mañana, tristes como la luna al final de su ciclo o como la oropéndola que gime mañanera o el cuco que replica con rigor cronométrico, ay otoño fatal, lírico envite, paraninfo del arte de la vida, maestro de la nostalgia, vendimiador del alma, teología de la química, remanso en el camino. No somos nadie siendo lo que es posible, y vamos por la elipse recorriendo los cielos íntimos del misterio.

El valor de la prensa

¿Repasamos la lista de altos dirigentes políticos que “se enteraron por la prensa” de sus respectivos casos? ¿Les recordamos que la responsabilidad “in vigilando” no exceptúa a ninguno ellos o, mejor, nos limitamos a mostrar su profundo desprecio ético y la realidad de su impunidades? La comisión parlamentaria sobre el saqueo de los ERE ha tenido que oír de Chaves, una vez más, el conocido argumento de su mirífica inocencia, rota, al fin, por una prensa canallesca que, con toda seguridad, tiene ya claro hace mucho quién es quién, de verdad, Alí Babá y quién pasaba por allí. La Comisión ha convertido el Parlamento en un circo, pero el triple salto mortal sólo hemos de verlo en el Juzgado el día –diez certus an incertus quandum—en que la jueza Alaya culmine su excepcional labor. Hasta entonces sólo queda entretenerse con los payasos.

Las clases medias

En los comedores gratuitos que organiza la caridad (creo que ahora se dice “solidaridad”) andan preocupados por el aumento constante de su clientela de “clase media”. Se ve lógica el hambre del pobre, o como se decía antes, del proletariado, pero la del ciudadano instalado en esa zona de nadie al que se refirió Aristóteles (“Política”, IV) al definirla vaga pero expresivamente entre la de los muy ricos y la de los que nada tienen. Ver a un emigrante o a un proletario en paro acudir a un comedor público escandaliza menos a nuestra generalizada conciencia pequeño-burguesa y, de paso, nos permite entender la profundidad de una crisis, tras la cual, según los expertos de “Cáritas”, lo que está cambiando no se va a recuperar. Está en crisis la ideología que ve en las clases medias una especie de colchón para amortiguar el conflicto social, y en España una suerte de estratificación ideal que aportaría al proceso de la vida el imprescindible equilibrio, lo que supone un regreso al análisis marxista que reduce la sociedad post-estamental a un par de clases enfrentadas cuyo encontronazo sería la única clave para entender la Historia. Hace casi dos siglos que Andrés Borrego defendió el régimen mesocrático como la solución del conflicto al ver en las clases medias (siempre en plural) un factor de integración que reduciría al máximo la tensión, pero no han sido sólo él o Pastor Díaz los padrinos de esa idea. “Las clases medias son víctimas de la concentración monopolística de la industria y de las revoluciones populares” y están destinadas a la proletarización: conservo en mis apuntes de Facultad este concepto tremendo que no vayan a creer que es de cuño marxista, sino de Manuel Fraga, que expresaba así la propensión de la dictadura hacia un régimen sustentado en esas clases medias. Hoy, en fin, una inexplicable ceguera de la burguesía financiera explicaría una crisis en las que, en efecto, la proletarización es la consecuencia obligada.

La sociedad desigual tiende por instinto al brusco contraste de los estados sociales mientras la conciencia y la estética mesocráticas acaba volatilizada en el comedor de caridad sin percatarse siquiera de su proletarización de hecho. Amos y tecnócratas están jugando con fuego. “Cáritas” atendió el año pasado a más de un millón de desesperados. Este es el mayor fracaso del Sistema registrado desde la Guerra Civil. Toquemos madera.

La prescripción, ese truco

Es un escándalo la serie de casos de corrupción demostrados que acaban decayendo al prescribir el delito. La última broma la hemos conocido en la noticia de que al alcalde del pueblo almeriense de Ohanes (PSOE), al que una cámara grabó mientras su cohechador le entregaba casi 30.000 euros a cambio de lo de siempre, de la manteca política aplicada al urbanismo, le ha prescrito el mangazo. Bien, pues ese alcalde se va de rositas y aquí no ha pasado nada, a pesar de la grosera cinta grabada y el coloquio mantenido entre los dos cohechadores. Demasiado sencillo para el ciudadano de a pie, por más atestados que estén los Juzgados. Estos batacazos son el mayor factor de desencanto de la gente, cada día más escéptica y cabreada con la impunidad de los políticos.