Memorias de guerra

Una iniciativa del Gobierno belga anda ofreciendo al viajero toda clase de facilidades para que recorra las huellas que Napoleón dejó en Valonia durante los cuatro días de junio que median entre su partida de Beaumont y su fatídica llegada a Waterloo, odisea de la que el año próximo se cumple el segundo centenario. Por su parte, el ayuntamiento de un pequeño pueblo del sur japonés, Minami-Kyushu, rampa de partida en su día de los pilotos kamikaces, se ha dirigido a la Unesco para solicitar que sean declaradas patrimonio de la Humanidad una colección de 333 cartas de despedida de aquellos pilotos, lo que ha provocado la natural reacción de protesta por parte de China y de Corea del Sur, víctimas inolvidables de la agresión nipona. No hay límites para la mala memoria, como se ve, en especial cuando ésta pueda contribuir a fomentar cierto turismo sadomaso especializado en revisitar los lugares de la tragedia, como si la guerra en sí misma fuera un acontecimiento a rememorar y no un episodio para el olvido. Quienes visiten Valonia encontrarán a su disposición un amplio repertorio de señalizaciones, mapas, guías y hasta circuitos “gps” que les permitirán revivir el dudoso placer de retratarse junto a la cama con bacinilla donde presuntamente durmió alguna noche el Emperador o alojarse en la posada donde hace dos siglos lo hicieran el agresor y su Estado Mayor camino del desastre final. Mientras que quienes lleguen a animarse a visitar el “Museo de la Paz (¿) de Minami-Kyushu puede que escuchen el lamento de un veterano kamikace fracasado, Tadamasa Itatsu, que nunca ha podido olvidar la vergüenza de no haber conseguido morir matando en nombre de su Emperador. La guerra sigue teniendo su atractivo morboso, por supuesto para quienes no hubieron de sufrirla.

 

No escarmienta la especie de sus locuras sino que se recrea en ellas alentada en ocasiones por el propio Poder y siempre por la desmemoria colectiva que con tanta facilidad entierra el horror y la miseria para plantar encima un equívoco bosque de interpretaciones. La locura napoleónica o el atentado nipón reviven siglos después reconvertidos en parques temáticos en los que el recto juicio y el imperativo de razón no tienen sitio que valga mientras el oscuro instinto que infiltra la curiosidad es saludado en nombre de la Cultura. Servidas por las oficinas de turismo, seduce esa guerra que Voltaire explicó que, como la medicina, es inevitablemente un  arte asesino y conjetural.

El salidero de la Junta

Probablemente la causa mayor del crecimiento de la deuda de la Junta, que alcanza ya casi los 20.000 millones de euros –más de un 13 por ciento del PIB andaluz– se deba a que esa deuda crece a un ritmo mucho mayor que sus ingresos. Pero el gran agujero sigue estando en las 53 empresas públicas, es decir, en la “Administración paralela” creada, entre otras cosas, para eludir los controles que según sus gestores ralentizan la gestión. Esos entes son la clientela electoral del partido en el poder, la gran mamela que ese poder ofrece, con dinero de todos, a quienes lo sostienen con  sus votos, y eso, lógicamente, tiene mal arreglo. Hablar de “sostenibilidad” en estas condiciones es pura retórica.

Panmujom

Casi setenta años después, el rescoldo de la Guerra Fría sigue vivo en Corea. Aquella guerra que marcó a mi generación no acabó nunca, como nunca acaban las guerras que se liquidan con un armisticio, es decir, con un trazo sobre un mapa que parte en dos al país de que se trate y en mil pedazos su entidad familiar. Todavía hay en Corea, en efecto, dos bandos familiares luchando por reencontrarse, padres separados de sus hijos, hermanos de sus hermanos, a todos los cuales el armisticio de Panmujom, la divisoria del Paralelo 38, ha arrebatado de cuajo su vida en la atmósfera irrespirable de una guerra congelada. Desde allí llegan noticias sobre el parón que ciertas maniobras militares han provocado en los planes, no ya de reagrupación familiar, sino al menos de reencuentro entre las parentelas rotas que, desde el año 2000, se viene pactando por grupos entre las dos mitades de la nación, a pesar de la evidencia de que la inmensa mayoría de los separados cuenta, a estas alturas, con una edad límite si es que no ha muerto ya. Son estremecedoras las imágenes de esos reencuentros, los rostros arrasados en lágrimas de quienes tratan de reconocer su sangre en otros rostros devastados, a su vez, por el tiempo y la miseria, el rumor entrañable de la fraternidad prohibida que no pudo ni imaginar Picasso cuando entrevió allí la fallida réplica de su “Guernica”. Y ahora puede que ni eso, dado que, con la excusa de la provocación, los dementes del Norte han encontrado un motivo suficiente para evitar el contacto, inevitablemente desmoralizador, de sus propios parias con sus afortunados parientes del Sur. Hay guerras de nunca acabar y ésta –como hasta no hace tanto la primero llamada de Indochina y luego de Vietnam—es, sin duda, una de ellas.

 

El largo parón de aquella contienda –con la que se forró la industria armamentística americana y el planeta entero naufragó de nuevo en el abismo maniqueo—ha puesto de relieve la tremenda superioridad del sistema de explotación capitalista sobre el régimen de explotación sovietizante que mantiene a pan y agua a un pueblo esclavizado, evidenciando una vez más la virtualidad de la teoría de Rudolf Bahro de que la competencia bélica ha sido y será el gran acierto de los liberales y el sempiterno error de los colectivistas. Contemplamos la emoción de esos parientes llorosos, abrazados a la nostalgia de una existencia perdida, que claman contra la falsa paz de unas contiendas sin otra causa que la ambición.

La “Gürtel” andaluza

Por lo que se sabe hasta ahora, la ramificación de la trama “Güertel” en Andalucía no resiste la comparación con las hasta ahora descubiertas por ahí. Aunque si resulta probado que aquí también se mangó dinero para financiar la política, al calificativo que corresponda a los mangantes y a quienes los autorizaron, hay que añadirle el de tontos de remate. En especial si se considera que en el PP se conoce el saqueo de los ERE desde hace mucho como se conoce ya públicamente el enorme montante de esa estafa tras la que está hasta el “apuntador”. Si es verdad que desde el PP mangaron “a plazos” para pagar facturas en un pueblo mientras enfrente ocurría lo que ocurría, serás como para mandar al paro a todos sus responsables.

El paraíso alemán

Aplicando el coeficiente de Gini –que mide estadísticamente la desigualdad en un país calificándolo del 0 al 1–, especialistas del Instituto Alemán para la Investigación Económica (DIW) han asignado nada menos que un 0’78 a la situación alemana. El paraíso dirigente, el país al que vuelan esperanzados nuestros jóvenes profesionales junto a los ganapanes turcos, resulta que esconde un foso profundo entre sus clases, sin duda, por lo visto, el más profundo de la Unión Europea. No terminan de alzar el vuelo los “Länder”, sus estados autonómicos, a pesar de las fabulosas contribuciones recibidas para relanzar sus economías, ni parece que haya modo de aproximar los haberes de los ciudadanos del Oeste, hoy por hoy dueños de un patrimonio medio de 94.000 euros, a los del Este, que apenas cuentan con 41.000 en el suyo, o de reducir la brecha entre varones y hembras, dado que al varón se le calcula una media de 27.000 euros más que a la hembra. Los ricos, eso sí, consta que van embalados y han hecho de la crisis una ocasión óptima respecto de la cual los expertos manejan cifras mareantes, mientras que los parados han visto cómo su patrimonio se reducía prácticamente a la mitad en tan sólo un decenio, nunca, en el mejor de los casos, superior a los 18.000 euros, una cifra todavía pasable si se tiene en cuenta que aproximadamente un tercio de la población del gran país no posee en este momento patrimonio alguno. ¿Cómo encajará en ese edén desequilibrado la inmigración cualificada que busca bajo sus palmerales el oasis que en su tierra no puede ni soñar? Eso no está claro del todo, pero si bien se espera que la elevación del salario medio decidido por Merkel y su socio socialmedócrata puede dar un empujón considerable a la población trabajadora, también hay voces agoreras que ven en esa medida un riesgo que podría sustanciarse en la pérdida de un millón de empleos que vendría a dar la puntilla a una sociedad tan desigual.

 

Asusta comprobar esos datos en la potencia que es el referente indiscutible de Europa y, sobre todo, la idea de que la crisis ha resquebrajado nuestro universo económico en términos que permiten intuir un futuro de lo más incierto. Lo que no sé es cuál sería el cuadro si aplicáramos ese coeficiente de Gini a la población española en esta hora temible. Ya hablaremos con nuestros jóvenes titulados cuando vuelvan de vacaciones y nos hablen de su experiencia en el paraíso soñado.

Lapidario desde el puente

“No tenemos que navegar por aguas movedizas”, María Dolores de Cospedal, secretaria general del PP. “La música de Paco de Lucía será eterna; durará años, incluso siglos”, Manuel Chaves, ex–presidente de la Junta de Andalucía. “Si algo nos ha enseñado el pasado es que unidos somos imparables”, Juan Ignacio Zoido, alcalde de Sevilla. “Estoy solo por memo e ingenuo”, Pedro Pacheco, ex-alcalde de Jerez. “Ya sé que el Gobierno de la Junta hace lo que ningún otro para paliar el sufrimiento de los ciudadanos”, Miguel Ríos, rockero. “La sociedad cambió; cambiemos nosotros”, Manuel Gracia, presidente del Parlamento dre Andalucía.