Todos mangando

Vean y escuchen a ese empresario, González Baró, que a fuerza de mordidas hizo de su empresa la gran adjudicataria del famoso “Plan E” de ZP. Dice el tío que pagó 700.000 euros en una caja de zapatos –observen la cutrez y el desahogo—y asegura que si la mayoría de la pasta fue a parar a manos da la coalición municipal PSOE-IU, también le largó fiesta a gobiernos locales del PP. O sea, que todos mangando: ahí tienen la razón última de la cleptocracia, el complejo motivo de que la corrupción –con leyes de “transparencia” o sin ellas– campe por sus respetos. Es desolador pero así es.

Aquel precedente

Pese a las diferencias entre la situación de las dictaduras española y portuguesa, ahí queda la sensación generacional de que la “revolución de los Claveles”, funcionó como un precedente del cambio español. Mi generación vivió con vehemencia aquella oportunidad liberadora que la citaba en Lisboa para actuar de figurante en el gran drama de la revuelta inesperada y que demostró hasta qué punto son vulnerables las dictaduras que lo tienen todo atado y bien atado. El súbito olvido de Salazar, la rendición –en plan Breda—de Caetano al general Spínola pertrechado de su mocóculo, nos sugería la posibilidad de una solución similar en una dictadura española todavía consistente, y su posterior evolución radical prácticamente en mano de los comunistas de Álvaro Cunhal, se encargarían de probarnos pronto que allá no era posible ningún milagro de Transición pacífica y ordenada como la que se conmemora estos días en España tras la muerte de Suárez, sobre todo desde que el PSP se encargó de desmontar la escopeta militar y envolverla en paños calientes. Cuarenta años después, el desengaño portugués puede servir de consuelo a los maximalistas españoles que por entonces lamentaban nuestro retraso con respecto al país vecino. Se diga lo que se quiera, y liquidado por el propio tiempo el factor romántico, no cabe duda de que el modelo portugués supuso un fracaso rotundo comparado con la Transición española. Cuando ésta se produjo aquí no vinieron, como nosotros fuimos allá, los exploradores de un cambio que ya para entonces se habían desengañado en masa.

Todo era muy distinto entre Portugal y España por más que nuestros entusiasmos juveniles se empeñaran en reproducir simbólicamente aquí aquella revolución fracasada, desde los dirigentes hasta la feroz policía política, la PIDE, y desde la oligarquía –por completo extractiva y con sus fortunas a buen recaudo en el extranjero—hasta un régimen senil y desbordado por una rara modernidad a la que resultaba extravagante verla posar en los Jerónimos junto al mausoleo de Pessoa. En cuarenta años ha habido tiempo de sobra para el desengaño tanto en Portugal como en España, pero en absoluto procede la identificación entre ambas democracias. Somos nosotros los que calzamos cuarenta tacos más y el consiguiente fardo de experiencias buenas y malas sobre la espalda. Nosotros, los de entonces, que ya no somos los mismos ni nos queda ilusión para retratarnos puño en alto en el Rossio o en la Praça do Comércio.

Consultas populares

Un lío, eso de las consultas populares, y no sólo en la Cataluña agitada por los secesionistas. Aquí mismo, en Andalucía, un alcalde del PSOE se pasa por el forro el resultado de una ellas convocada conforme a la ley, en el paraíso serrano de Galaroza, y se niega a recuperar la gestión municipal del agua que exige la mayoría de los vecinos, hoy por hoy en manos de Giahsa, el gran montaje provincial de Huelva que “engrasa” a todos los partidos –y digo a todos—aparte de contribuir también con su óbolo a la merienda sindical. Es verdad que esas “consultas populares” no son vinculantes, pero también que saltarse a la torera la voluntad mayoritaria y expresa del pueblo no se le ocurre más que a un monterilla.

El paripé andaluz

Nunca me creí, como tampoco aquí “Belmonte”, que el rentoy de IU al PSOE-A fuera en serio. A pesar de que no pocos compañeros lo han aplaudido apreciando el mérito de la “Presidenta por accidente”, me impedía tragar esa sustancia su elemental inverosimilitud. ¿Cómo iba la IU de Valderas a tirar por la borda todo lo que ha conseguido cazar, por una vez y a fuerza de trágalas, en el coto del Poder. ¿Y cómo imaginar a esa Presidenta jugarse el pescuezo político replicando con rigor a la demagogia de IU? Nada, camelo. Uno y otro están condenados a cohabitar, como las parejas averiadas, desde que Almanzor perdió el tambor y las elecciones le dieron al PP la mayoría relativa. ¿Demagogia? Bueno, pues demagogia que, al fin y al cabo, la mancha de la mora con otra verde se quita y un decreto justiciero con otro inverso se cuadra. No habrá muchos casos como éste trajín de los dos decretos en un par de días, uno blanco y otro negro, como para no arriesgar el gris marengo de una izquierda sin más norte que el pairo. ¿Y cómo podría haber sido de otra manera, ya digo, si en el carajal partitocrático que estamos padeciendo, el Poder –esto es el Presupuesto– es lo único que cuenta, mientras que la juridicidad es hace ya tiempo algo marginal, trajinable y oportunista? Nada, ya digo, un chascarrillo bien traído en el que los compadres se reparten los papeles haciendo como que se pelean para quedarse solos en la venta. Ya daba una pista el propio título de la operación, “Utopía”, en estos tiempos del cólera ultraneoliberalísimo que engloba a socialdemócratas y hasta tardocomunistas, y en el que caben desde los cortesanos del millonario Slim hasta la pasmina del alcalde Gordillo y su “alter ego” Cañamero, juntos aunque no revueltos, o revueltos llegado el caso. Se han “quedado” con el pueblo, y les ha salido gratis, las cosas como son.

En fin, ahí están los hechos: aquí no ocurrido nada. Imagino lo que se habrán reído los “negociadores” de este nuevo pacto asomados al balcón de los telediarios nacionales. ¡Plantarse IU ante doña Susana! Más bien creo que éste ha sido un vodevil escrito a dos manos, que ha dejado la Ley a la altura del betún abreviando el camino hacia una nueva legislatura, sin exponer en ningún momento el interés de los socios. Quizá, más que un pacto, lo que aquí se cuece es un nuevo “régimen” y estos globos y fantoches no han sido más que el anuncio de una nueva feria en el cortijo andaluz.

Una foto

No es la primera de ese género que vemos, desde luego. En las guerras abundan estas impúdicas exhibiciones de barbarie, en ocasiones capturadas por el objetivo indiscreto. Cuando el conflicto de Vietnam vimos en un reportaje a un grupo soldadesco celebrando un banquete con el hígado aderezado del soldado enemigo. Y desde Camboya nos llegaron más de una vez fotografías de soldados exhibiendo como trofeos, una en cada mano, las cabezas de los vencidos. La última, por el momento, nos llega desde Gambia y muestra a un salvaje militarizado mostrando con naturalidad como trofeos el sexo cercenado y una mano de su víctima. Son hechos que responden al simbolismo menor que inerva las guerras hasta convertirlas en salvajes con esas ocurrencias de furrieles y cabos que, por descontado, actúan convencidos de su impunidad y hasta cabe preguntarse si acaso también respaldados por su pseudomoral. Mostrar los atributos del vencido, más allá del ultraje y la profanación, revelan la maldad intrínseca de la violencia organizada tal como la entrevió Hannah Arendt, del mismo modo que merendarse el cuerpo rival no deja de sugerir cierta ominosa ritualidad que supera con mucho la ferocidad de la bestias. Y lo estremecedor, lo que nos abisma en la depresión, es la idea más que probable de que las potencias “civilizadas” no harán nada para sancionar esa bestialidad si es que, vistas malas y no buenas, no retiran sus tropas pacificadoras del escenario como ya ocurriera cuando el genocidio tutsi. En su día se dio por cierto y probado que el “emperador” amigo de Giscard conservaba en su nevera las vísceras y otras suculentas partes del cuerpo de una universitaria rebelde abatida, recordado sea para por repetir ahora las tristes anécdotas de Amín Dadá.

Esos procesos que de vez en cuando vemos en el TIP, por más espectaculares que parezcan, no son más que montajes testimoniales. Acaso no cabrían en esa Corte el rastro siniestro que tras de sí dejan las guerras, todas las guerras, y por supuestos, los bandos, todos los bandos. Un soldado mostrando indiferente el sexo y la mano de un vencido es la liturgia espontánea de la violencia, la imagen elocuente del fracaso humano, ante el que los poderes efectivos del mundo –cada cual con sus intereses—se inhiben asépticamente. A los demás, a cuantos nos estremecemos ante el testimonio inhumano no nos queda más que el escalofrío, el triste desconsuelo de comprobar el alcance ilimitado de la maldad humana.

Falso equilibrio

No sé si será auténtico o no pasará de mero paripé ensayado el sartenazo que la presidenta Díaz le ha dado al ala más demagógica de IU y, dentro de ella, a la consejera de Fomento y Vivienda, empeñada en pasar a la crónica autonómica como una Pasionaria de la señorita Pepis. Lo que si digo es que el gesto en sí era imprescindible porque malamente hubiera podido la Junta mantener siquiera una apariencia respetuosa con la Ley de permitir algo tan burdo como el montaje de la entrega de llaves a los okupas de un edificio. La Junta no es capaz hoy ni de gestionar su parque de viviendas públicas, de acuerdo. Pero echar por la calle de en medio de busca de la ovación peronista y saltarse la Ley descalifica a toda institución.