Vivir del turismo

Basta con echar una mirada a la EPA para entender que el crecimiento español actual se debe, ante todo, al éxito turístico. ¿Tiene sentido gravar con una tasa a nuestros visitantes siendo así? No lo parece, por más que se argumente que, bien administrada, su recaudación podría favorecer y mucho a la propia actividad turística al mejorar el patrimonio y los servicios. Depender del turismo, que es sector tan sensible, no cabe duda de que es arriesgado, pero ya me dirán qué hacer mientras se dependa tan radicalmente de su renta. Vivir del turismo no es lo ideal, pero vivir sin él, aquí y ahora, no es imaginable más que desde una equivocada avaricia o desde la barbarie ideológica. Los fundamentalistas de la turismofobia están jugando con fuego en casa ajena.

Ponerle un piso

Una de las ocurrencias más extravagantes de la Junta autónoma es la que supone pagarle el piso a los altos cargos que hayan de desplazarse más de 60 kilómetros para acudir a su despacho en Sevilla, y largarles, por si fuera poco, un complemento para cubrir el coste fiscal del regalito. ¿Por qué un trabajador –cualquier trabajador– andaluz que encuentre empleo en la capital de la región ha de costearse su vivienda mientras los barandas le pasan la factura a la alcancía común? Ellos dirán que estamos hablando del chocolate del loro, pero sumen alquileres y años ya verán lo que nos llevan costados a los contribuyentes estos próceres sobrevenidos. No es por el huevo, es por el fuero: imaginen que pensarán del tema los miles de desahuciados que se ven con sus muebles en plena calle.

El oficio de bisagra

No es fácil el oficio de bisagra política; exige imaginación, jeta y tanta cintura como requieran los cambios de viento. Miren lo que hace Ciudadanos –el criptosocio “para todo” de doña Susana— a propósito, por ejemplo, de la batalla por el impuesto de sucesiones: apoyar hoy su reducción al 99 por ciento propuesta por el PP, y sostener lo contrario ¡una semana más tarde! al caer en la cuenta de que esa imprescindible rebaja beneficiaría a los ricos. C’s se desmarca del PSOE cuando sabe que su pacto no peligra y rectifica en caso contrario. Valen para un fregado lo mismo que para un barrido, ésa es su gracia y ése su mérito. Curiosamente, de la perpetuación del “régimen” político en Andalucía tienen toda la responsabilidad los mismos –el PA, IU y ahora C’S– que vienen denunciándolo hace decenios.

Títulos gratis

Gran escándalo el recientemente provocado por el hallazgo de que la Junta viene concediendo títulos de ESO a alumnos con asignaturas pendientes. ¡Era lo que faltaba: conceder títulos gratis a los alumnos fracasados! ¿No era la Educación “prioridad absoluta” al menos desde el advenimiento de Griñán? Los profesores de Enseñanza Media han denunciado a la Administración autónoma por varios delitos que, según ellos, podrían constituir esos regalos con los que una política incapaz de salvar el gran atasco docente trata de camuflar sus efectos. ¿Vamos de mal en peor, se rinde la Junta ante la compleja situación juvenil? ¿Y qué hará la Justicia ante semejante arbitrariedad? Pues, a la espera del próximo soponcio del Informe Pisa, esperar a que escampe. Quizá ningún fracaso de la autonomía es comparable al hundimiento de la Educación pública.

El último tango

Durante la década de los años 70, muchos universitarios españoles y franceses, tuvimos abierta la cita en la, universidad de Pau, por el profesor y exiliado Manuel Tuñón de Lara, el Congreso de Historia Contemporánea de España, ocasión singular para la mayoría de asomarse a la nueva versión del pasado nacional que iba perfilándose ya y acabaría por cuajar, en especial en torno a la crónica del movimiento obrero en España. Recuerdo que fui a algunas de sus primeras convocatorias (¿73, 74?) acudiendo en coche desde Madrid en compañía de Gabriel Tortella, por entonces ya flamante profesor en los EEUU, Jean-Paul Botrel, a quien aguardaba una brillante carrera académica, y donde nos encontrábamos con entonces jóvenes profesores como Javier Tusell o Juan Ferreras, que ejercía en La Sorbona, o el generoso y joven maestro Elías Díaz. Nadie ignoraba que el evento era auspiciado por el PCE y en su ámbito podría encontrarse desde algún espía camuflado hasta la mesa donde un grupo etarra se empeñaba en captar voluntades pero, como ha ilustrado el propio Tortella en un precioso recordatorio, Tuñón mismo cuidaba de mantener separadas las ansias políticas del escenario investigador.

Eran los años en que muchos españolitos viajaban (con sus mujeres a cuesta) hasta Pau, Perpignan y otras localidades próximas a la frontera para asistir a la proyección del cine prohibido y muy señaladamente a la de “El último tango en París” que luego era discutida con celo en sus detalles en las reuniones posteriores celebradas en la terraza de “La Coupole”. Pero hay que reconocer –y ahí están las ediciones de sus sesiones editadas tras cada Congreso— el esfuerzo intelectual sin precedentes que supuso encarrilar una pormenorizada crónica del XIX español y, en particular, de la formación e historia del movimiento obrero a la que no fueron ajenos, entre otros, los trabajos complementarios de Antonio Elorza, Álvarez Junco, Carmen Iglesias o del desdichado A. M. Calero Amor.

Salir al exterior, respirar aires de libertad en la universidad francesa fue un privilegio de no pocos de nosotros, entre los cuales algunos alcanzamos a frecuentar en su propia casa la afectuosa amistad de Tuñón, lo que no nos impide hoy (a algunos) comprender la estrechez ideológica en que, a pesar de la mejor voluntad, todavía habíamos de movernos. Por la noche, en nuestros paseos a la orilla de la Gave du Pau, continuábamos nuestros maratones dialécticos espoleados por la virtud del “pastis” o del Calvados. Mirando atrás sin ira ni complacencia, no pocos echamos de menos aquellas oxigenantes excursiones en las que, por unos días, nos era dado desprendernos del asfixiante corsé generacional.

Gana Penélope

Poco a poco, la juez sustituta de Mercedes Alaya, ha ido desgranando la trabajosa instrucción de aquella hasta dejarla en poco menos que en nada. ¿Los ERE esos de los que ha hablado medía España y parte de la otra media, los cientos de millones perdidos? Bueno, pues resulta que no era para tanto–hay que reconocer la astucia estratégica del ex-fiscal-consejero Llera que es quien ha movido los hilos de este bululú– ya que, según Penélope, Alaya empapeló sin ton ni son a todo el que pidió una ayuda socio laboral o directa en el primer decenio de este siglo, por lo que les llama “víctimas”. El augurio más pesimista se hace realidad: todo este saqueo –pasado el mal trago del plenario en que comparacerán hasta dos presidentes y la tira de consejeros– quedará en agua de borrajas.