Punto en boca

No es la primera vez ni será, probablemente, la última en que la Junta autónoma represalia al funcionario que osa ejercer su inalienable deber de independencia. Ahí tienen al “testigo protegido” (¿) que denunció la presunta merienda de los fondos de educación por parte de sindicatos y empresarios, soportando el “apartheid” –ejemplarizante a más de vengativo– al que le ha sometido la jerarquía del “régimen”. ¡A quién se le ocurre denunciar el mangazo y la orgía administrativa de la Junta como si la libertad estuviera garantizada en la Función Pública! Presidente hubo que dijo en el Parlamento que el funcionario estaba ahí para obedecer al partido gobernante, ¿lo recuerdan? Y está claro que sus sucesores no han cambiado ese criterio caciquista sino todo lo contrario.

Blimunda no se rinde

Cuando el Nobel cayó sobre Saramago hubo, junto a las voces de júbilo de muchos que siempre lo creímos uno de los grandes narradores del siglo XX, otras que públicamente maltrataron su mérito. Hay gustos para todo. El mío fue ferviente desde que, a mediado de los 80, leí “El año de la muerte de Ricardo Reis”, al que acudí –lo confieso— atraído por el heterónimo de Pessoa y también por la insistencia entusiasta de Félix Grande. No cabía duda de que el autor poseía un talento fuera de lo común y un poderoso instinto para la intriga literaria, algo que enseguida confirmé ante su “Memorial del convento”, escrita anteriormente y que, todavía no traducida al español, hube de procurarme aún en la versión portuguesa de la editorial Caminho. Entre ambas me sumergieron en dos mundo distintos provocándome el propósito de conocer a fondo el conjunto de una obra que el propio autor, con su exquisita y generosa cortesía, me dejó en mi hotel lisboeta. El eco de las viejas voces portuguesas –Eça de Queiroz, Coelho, y finalmente el propio Pessoa—resonaba diáfano en la prosa inteligente del nuevo maestro que nos llegaba casi al tiempo que Lobo Antunes, Cardoso Pires y otros autores que nos impresionaron, no me pregunten por qué, menos que Saramago.

¿No temes que un éxito tan fulgurante se te suba a la cabeza?, le pregunto en un recoleto mesón de la Madragoa, en el Bairro Alto, y José me contesta que no, que lo protege su edad y su experiencia. ¿Cómo he de entender tu coherencia casi pertinaz, tu fidelidad a tus ideas? Y sin inmutarse –esta vez en un mitin también en Lisboa– me argumenta que si el mundo no ha cambiado y sigue sumido en la injusticia, ¿por qué iba a cambiar él sus ideas colectivistas? Blimunda, aquella heroína fantástica del “Memorial”, no se rinde. Todo lo contrario: se encarniza con la pluma, su sumerge cada vez a mayor profundidad en la condición humana, se asoma al cine, incluso estrena óperas.

Con el reconocimiento general, recibe también sus pullas. Sobre todo tras publicar su versión del Evangelio que, incluso quienes discrepamos de su letra y de su música, no podemos aceptar que recibiera tan encarnizada reacción. Recuerdo la noticia –porque aquello no era un obituario ni mucho menos— que dio a su muerte la prensa vaticana, tan innecesariamente vitriólica, tan rencorosa… Si “La balsa de piedra” resulta tan actual, después de todo, o la etopeya “Levantado do chao” sigue conmoviéndonos, sus últimas obras –de tan hilados tonos sabatianos— constituyen una auténtica aproximación antropológica al enigma humano, al misterio de la vida. “Yo no tengo tiempo ya para vanidades”, me decía alguna vez en mi casa. Para mí un hombre de su complexión moral y su vigor intelectual no lo habría tenido nunca.

El formol autonómico

Desde sus orígenes, la autonomía andaluza ha funcionado como un formol en el que momificar los problemas públicos. Las grandes reformas prometidas –la agraria, la de la sanidad, la de la función pública…– por ahí andan hace más de treinta años, eternizando nuestras cuitas. Y mil momias de más, pero acaso ninguna tan desconcertante como la interminable agonía de los trabajadores del “caso Delphi” que, cuento tras cuento, llevan arrastrando ya décadas, sin que la Junta haya sido capaz de cumplir sus promesas ni de renunciar a sus trucos. Ahí tienen todavía a sus trabajadores dando tumbos de frustación en fracaso y de Juzgado en Juzgado, viva imagen de la incapacidad de gestión y del electoralismo juntero. La inepcia del Régimen eterniza nuestros problemas, atenta sólo a su supervivencia.

Dos PSOEs

Desde el PSOE sanchista resuena la rancia concepción de “Galeusca”, esto es, la insolidaria sandez de que naciones lo que se dice naciones, no hay más que tres en España, a saber, Galicia, Eukadi y Catauña, la imaginaria “Galeusca” republicana que nos salío por un pico no sólo a los sandios, sino a todos los españoles. Hay que elogiar a la presidenta Díaz –que baila el chotis en un ladrillo– tanto como a la jefa de los podemitas andaluces, su rechazo de esta idea caduca, injusta e ahistórica, y resulta extraño, en cambio, el silencio “conservarta” del PP ante este jaque a la patria común. El “régimen” se pare en dos, por lo visto, y ya veremos cómo se pegan luego esas mitades, pero Andalucía –“la Frontera” medieval– vive a ser de nuevo el bastión de la España común.

Disputada tarta

Véase cómo el subconsciente nos traiciona y descubre lo oculto: tras la reunión de los partidos con la Presidenta para tratar sobre la financiación, la jefa de Podemos ha dicho que doña Susana la ha convencido a ella y a la tambaleante dirección de IU-CA, de que “se trata de ampliar la tarta y no de pelearse por los pedazos”. ¿Lo ven? ¡La tarta y el reparto! Desde siempre, pero más que nunca desde que apareció la autonomía, los políticos ven en la gestión de la vida pública, antes que nada y sobre cualquier otra imagen, un obrador en el que montar y repartirse luego entre ellos la suculenta tarta. Para el contribuyente siempre quedarán las migajas. Todo confirma el dicho –tan insolidario— de que la caridad bien ordenada empieza por uno mismo.

A la fuerza ahorcan

Parece que, al fin, doña Susana se verá obligada por su “socio para todo”, Ciudadanos (C’s), a renunciar a la absurda singularidad andaluza que supone nuestro carísimo impuesto de sucesiones, pues traga o el socio se vería en un compromiso grave al ser ésta su exigencia más divulgada, viéndose forzado a no apoyar la aprobación de los nuevos Presupuestos. Con retranca de lince viejo, el Director de este diario, dejaba ayer en el aire la posibilidad de que este giro estuviera pactado, pero lo esté o no, ignoro si los “ricos” saldrán perdiendo mucho –como afirma la demagogia juntera— tanto como estoy seguro de que, a estas alturas, un buen montón de andaluces peatonales se habrán arruinado ya. Mejor tarde que nunca, en todo caso, en esta Andalucía Cenicienta.