Test inquietante

La prueba del ADN ha pasado de ser un recurso en manos del criminólogo y del marido celoso a convertirse en un instrumento crucial de la antropología funeraria. Les contaba yo aquí mismo hace poco cómo unos sabios de ese campo habían logrado recuperar con certeza los restos de Ramiro el Monje distinguiéndolos de otros que en su tumba había acumulados, y estos días se está viviendo en Madrid, entre los muros de un convento trinitario, una apasionante búsqueda de los de don Miguel de Cervantes que, si no ando muy equivocado, tenía alguna hermana enterrada creo que era en Alcalá, y por tanto tal vez pudiera ser objeto de alguna pesquisa científica en este sentido. Pero, por si fuera poco, coinciden estos acontecimientos con la recuperación del libro de José María Zavala “Bastardos y Borbones” en los que el autor da noticia de un documento conservado, al parecer, en el ministerio de Justicia: la confesión de la reina María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV, de que ninguno de sus hijos vivos (tuvo veinticuatro embarazos en total durante su matrimonio) era de estirpe real, bombazo confiado “in articulo mortis” a su confesor fray Juan de Almaraz, al que Fernando VII, sorprendido por el documento y las pretensiones del fraile, encerró aislado en el castillo de Peñíscola. No se trata ya, pues, del caso de la descendencia de Isabel II –a don Alfonso XII se le conoció en su tiempo como el “Puigmoltejo” en alusión a su probable padre, el joven Puig Moltó—pues, en definitiva aquí es la reina la que trasmitía la herencia como eslabón de su estirpe, dado que María Luisa, aquel adefesio desdentado que Goya clavó inmisericorde en sus rasgos ruines, nada podía trasmitir como mera consorte. ¡Mira que si nos liamos a identificar regios “adeenes” –ahí está el Panteón Real de El Escorial—hasta llegar a la conclusión de que la herencia monárquica no es más que una ficción y, a veces, un secreto a voces!

Sí, el derecho hereditario de la Corona no es más que un simulacro simbólico, como el de muchas, incontables familias del común, pero no se puede negar que cumple su función estabilizadora –todo lo cuestionable que se quiera—lo mismo con bastardos que con legítimos. Veremos si los sabios encuentran ahora a Cervantes pero lo que está claro es que el homenaje le llega demasiado tarde al genio que murió en la miseria. Somos así, qué le vamos a hacer. Nuestro máximo genio lo sabía de sobra y por experiencia propia.

La estrella se apaga

Mal han quedado los “barones” del PSOE posicionados a favor de la presidenta Díaz en su aspiración evidente a dar el salto a la secretaría general de Madrid. Y mal debe de andar el PSOE cuando la retirada de una candidata sobrevenida y con la hoja de servicios y méritos por completo en blanco lo pone en ese brete. Mal momento, pues, para este bípode partitocrático, en el que ya hasta los más ambiciosos renuncian a capitanear el barco. ¿Qué la decisión es buena para Andalucía? Asumir eso en serio es probar que ni Díaz podría haber llegado a más, ni Andalucía a menos.

En nombre del padre

La audacia del papa Francisco, devociones aparte, está desbordando hasta las previsiones más optimistas. Vean la foto del pontífice entre el los jefes de Israel y Palestina, convocados en los jardines vaticanos para “orar juntos” por la paz, un plano inimaginable que viene a romper el emblema tradicional de la diplomacia papal, mostrando hasta qué punto es posible extender la influencia cuando se cuenta con un prestigio acrisolado y creciente. Cualquiera puede aventurar que un conflicto como el de Oriente Medio, tan antiguo como complejo, no va a resolverse ni mucho menos en términos simbólicos, pero el gesto del papa tiene la virtud de dejar en evidencia la componente religiosa que subyace a tantos otros motivos ciertamente materiales, al tiempo que devuelve el primer plano a un recurso tan desacreditado como es la piedad. ¿Rezar juntos en vez de empuñar las metralletas, reconocer implícitamente la identidad de la Trascendencia, confundidas por los hombres en una diversidad generadora de rivalidades inmemoriales? Conseguir esa foto supone mucho más que una anécdota por muy alejada que, rehén de tantos fanatismos, la paz entre esos pueblos pueda quedar aún, por frágil que resulte el gesto pacífico comparado con el estruendoso clamor de las batallas y por utópica que suene la súplica papal a los jefes políticos de que derriben los muros de la enemistad. Sobre el posado de esos tres orantes cobra realidad, por una vez, el mito de las “tres culturas” inervadas por las tres religiones.

Haría falta un Ranke imaginativo para situar adecuadamente al papa Francisco en la nómina, no siempre edificante, de la estirpe de Pedro, y no sólo por lo que lleva hecho sino por la que parece ineluctable deriva de un pontificado reformador en pleno proceso de secularización universal, y cuando, además, ese relativismo contra el que tanto se clama encuentra su mejor aliado en la actitud inmovilista que, en el fondo y más allá de las estrategias publicitarias, han caracterizado la era postconciliar. ¿Quién podría pensar en la oración como punto de partida de la paz, quién hubiera sido capaz de imaginar a Simon Peres y a Abu Mazen flanqueando al papa de Roma y enfrentados, siquiera de manera momentánea, a un solo Dios protector? Reconforta contemplar ese rezo que cuestiona, aunque sea por un momento, esta última guerra de religión que subyace como un polvorín bajo los cimientos del nuevo siglo.

Autócracias doradas

En mi opinión, el sindicato Comisiones Obreras (CCOO) debe aclarar con rigor las tremendas denuncias –no se puede denunciar a todas y a locas– que ha formulado contra la presidenta de la Autoridad Portuaria de Huelva, la muy cuestionada Manuela de Paz, caballo en cacharrería desde que estrenó el cargo despidiendo al Secretario General y demás cargos técnicos por el sencillo procedimiento de enviarles un burofax o manteniendo en un despacho del Puerto a una enchufada del partido de cuya nómina parece que se hizo cargo una empresa suministradora básica de la institución. Estos personajes sobrevenidos, que reclaman un ramo de flores por semana para embellecer su despacho, son la cara descarada de la autocracia que, en el fondo, genera todo “régimen”.

Podre en Venecia

Estos días “Il Gazzettino” de Venecia viene que echa chispas a propósito del mangazo escandaloso perpetrado por una pandilla de políticos de la derecha y de la izquierda, a dos manos, en torno al gigantesco “Proyecto Moisés”, el invento de la barrera sumergible en la Laguna que iba a salvar a la vieja ciudad de sus frecuentes inundaciones. A la cárcel han ido a parar treinta y cinco altas personalidades entre las que se incluyen desde una eurodiputada al mismísimo alcalde, pasando por varios responsables del Tribunal de Aguas o de la consejería de Infraestructuras, el ex–gobernador del Véneto o un consejero de Economía del propio Gobierno, todos enfangados en una trama a la que la Fiscalía atribuye delitos de corrupción, financiación ilegal, fraude fiscal y lavado de dinero, gracias todas ellas por las que, en tiempos de la Signoría, habrían acabado descabezados en plena Piazzetta, entre las columnas del león de San Marcos y del cocodrilo de san Teodoro. Oigan, ¿será que esto no tiene ya arreglo, será posible que la corrupción sea condición inseparable de la gestión pública, acabaremos convencidos de que la venalidad es, a su vez, condición propia del ser humano, criatura vulnerable donde las haya frente al brillo del oro? Yo no lo sé, desde luego, pero miro a mi alrededor y no tengo que ir muy lejos para tropezar aquí mismo con fulleros y mangantes de alto copete llevándose el manso con independencia del signo político bajo el que actúen, pues me concederán que lo que está ocurriendo en Andalucía, por ejemplo, es de traca, como de traca fue el “Gürtel” famoso, las mangancias valencianas y el expolio catalán. Aunque en Venecia, por lo que leo, al menos los trileros van a la cárcel del tirón, sin que haya títulos ni galones que valgan, mientras que aquí todo sucede con mayor escrúpulo y cuidado cuando se trata de condenar a “los de arriba”, como decía Azuela.

Nadie lo diría, ésa es la verdad, divagando por aquel laberinto lacustre de viejos palacios y callejones de sombra reflejados en el verde oscuro del agua imperturbable, y menos contemplando la inmensa perspectiva de San Marcos o esos rincones recoletos en los que el silencio se adensa espiritual hasta embargar el alma. “Il Gazzettino” viene que trina, ya les digo, por lo que, para nosotros, es calderilla, fíjense en lo que son las cosas. Los mercachifles de Venecia son unos pringaos al lado de los nuestros/as.

El dinero de nadie

La secretaria general del PP, Loles López, (y no pierdan de vista a esa incansable que tiene mucho camino por delante), ha expuesto en rueda de prensa que la complicidad descarada de la Junta con el “sindicato hermano”, la UGT, no fue sino un caso más del “reparto” de la política llamada “de concertación”. Y un caso realmente original: el de la subvención concedida por la Junta a la Faffe –es decir, a sí misma—sin que mediara siquiera petición de ayuda. No quieren “causa general” pero es lo que se merecen. Lo que aquí ha ocurrido en el último decenio descalifica a un “régimen” y a sus manijeros en términos que nunca pudimos sospechar siquiera.