Ni carne ni pescado

Pocas dudas tengo ya de que la concepción de la democracia como un sistema de representación básicamente bipolar está en esa aguda crisis anunciada hace años por más de uno, y sobre todo, por Bourdieu. Venimos viendo síntomas de ello hace tiempo pero ahora mismo acabamos de asistir en Francia el resultado de la desnaturalización del par derecha-izquierda a causa precisamente de su pretendida convergencia en el Centro, ese “no lugar” que sirve de coartada a unos y otros, como tuve ocasión  de argumentar alguna vez en mi libro sobre el tema. ¿Por qué un país ilustrado y que no acaba de cicatrizar las heridas abiertas por el extremismo derechista –y no me refiero sólo a Vichy–, por qué razón el país que produce más y mejor literatura sobre el fracaso del actual sistema representativo, acaba votando mayoritariamente a una extrema derecha montaraz, aparte de hereditaria, como la que representa la familia Le Pen? ¿Es que ya no hay una derecha de confianza para el electorado conservador ni una izquierda confiable para el progresista, o será que, puestos a mirar de cerca el panorama político, el votante no ve diferencia entre las dos manos, dado que, en especial, como consecuencia de la crisis económica, la acción política de unos y otros viene a ser el mismo perro con distintos collares? Al margen de que no se recuerde en la V República un bastinazo como el que ha sufrido Hollande –“el marido de Ségolène”, como dice su prensa satírica–, está claro como el agua que los electores entrevén ya a esas dos manos políticas como una sola y misma garra. ¡Claro que hay un modo conservador y un modo progresista de  concebir la realidad y su política! Lo que no hay es una diferencia básica –dicho sea desde las afueras del maniqueísmo—que le permita al elector dar su voto a quien de verdad lo representa.

 

Echemos la barba en remojo, nosotros, los españoles, mientras escuchamos a la izquierda “exigir” (¿) que se bajen los impuestos y suban las pensiones que ella misma congeló cuando gobernaba, y a los de enfrente subir las cargas que juraron y perjuraron que no subirían. Porque el hecho de que hoy en España la extrema derecha no sea más que simbólica y la extrema izquierda no pase de una banda anómica, no garantiza que pasado mañana no nos surja por ahí una “tercera vía” que sea algo más que los grupúsculos conocidos hasta ahora. Veo a través de los resultados franceses una inquietante cuestión propia, mientras desespero de que los que pueden reaccionen.

El pobre guerrero

Más o menos 10 millones de los antiguos tendrá que abonar la Junta de Andalucía al ex–director general de Empleo, Javier Guerrero, ese buco desahogado sobre el que, desde un principio, la Junta ha tratado de resumir las responsabilidades por el enorme mangazo del “fondo de reptiles”. Lo ha ordenado así el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) como consecuencia de los inhábiles procedimientos administrativos con que esa Junta trató de quitarse administrativamente de encima el mochuelo y fijarlo con fuerza en el hombro del imputado. EL TSJA debe de haber pensado que a ver por qué Guerrero iba a ser menos que quienes lo acompañaron en esa aventura que, contra toda evidencia, no es horizontal, como quieren los barandas, sino por completo vertical.

El quinto mandamiento

Las inquietantes noticias que llegan desde el convulso Egipto hablan de centenares, acaso de millares, de condenas a la última pena como medio de asfixiar a la oposición. Dudo, por eso, del informe de la Asociación de los Derechos del Hombre, que habla de esa pena como de una negra herencia del pasado que tiende con el tiempo a reducirse significativamente, aunque deba reconocer que su aplicación ha aumentado en el último año al menos en un centenar de casos, excluidas los innumerables suplicios chinos que permanecen ocultos como auténtico secreto de Estado, impenetrable incluso para las familias del reo. El informe sostiene que ese aumento registrado se debe, sobre todo, a la actitud de países como Irán e Irak, pero registra también la contribución de la Arabia Saudí, los Estados Unidos y Somalia, aparte de la reanudación de ejecuciones en Indonesia, Kuwait, Nigeria o Vietnam, países en los que las condenas pueden recaer en simples delitos de robo o tráfico de drogas y, por descontado, el adulterio o la blasfemia, en los que los castigos van desde la silla eléctrica al pelotón de fusilamiento pasando por  la decapitación, la horca o la inyección letal, una veces exhibidos en régimen de rigurosa invitación, como en los EEUU, en otras ocasiones perpetrado en la plaza pública, como es el caso de Arabia o Corea del Norte. En el informe se sugiere que las ejecuciones llevadas a cabo en China se cifren en millares, puestos a estimar que superan la suma de las del resto del mundo. Del lado positivo se indica que la pena capital se ha suspendido de hecho en Gambia, los emiratos árabes o el Pakistán y que, por supuesto, no se ha registrado ningún caso en el continente europeo. Una carnicería, no cabe duda, a pesar de lo cual los expertos mantienen la tesis de que la tendencia a la abolición progresa hasta el punto de que puede entreverse ya esa pena máxima como una práctica del pasado. Quien no se consuela es porque no quiere.

 

Cualquier lector de ese aterrador informe caerá pronto en la cuenta de que la mayor responsabilidad en este asunto recae en los EEUU, un país que se propone como modelo cívico y democrático pero en el que, sólo en el año pasado, fueron ejecutadas unas cuarenta personas, o lo que es lo mismo, prácticamente casi una la semana. Amnesty International mantiene, sin embargo, la tesis de que el anacronismo reduce sin remedio esa institución feroz que Hugo consideraba el signo más característico de la barbarie.

El defensor, nervioso

Desde que ha trascendido que los recursos a la Oficina del Defensor del Pueblo han bajado notablemente tras el relevo de Chamizo, su sucesor, Jesús Maeztu, anda preocupado y un poco de los nervios, entiendo que sin motivo, porque es lógico que, tras las agitadas circunstancias del relevo y la ausencia de una personalidad como la de aquel, se haya producido algún desconcierto entre los usuarios. Maeztu debe hacerse el cuerpo a la realidad, que no es otra que la casi absoluta indiferencia de la Junta y demás instituciones ante su mediación y asumir que Chamizo le dejó el listón quizá demasiado alto. Aparte de que esa oficina, como la Cámara de Cuentas, estarán siempre condicionadas por sus inevitables dependencias del Poder. Ya verá Maeztu cómo se acostumbra pronto a la rutina impuesta por éste.

Los falsos pobres

Más de una vez he recordado la porfía barroca sobre la pobreza que mantuvieron, en plan más o menos arbitrista, plumas tan destacadas como el doctor Pérez de Herrera o fray Juan de Robles, y en un lejano libro mío tengo recogida esa distinción entre “falsos” y “verdaderos pobres” que se inventó ese arbitrismo en un momento en que la España estaba abarrotada, no sólo de pobres “naturales” sino de pobres sobrevenidos a consecuencia de las continuas guerras exteriores. Mi anécdota favorita en este terreno es la del invento para distinguirlos consistente en colgar del cuello del mendigo itinerante de unas “tablillas de bronce” (sic) que le servirían de legitimación ante las autoridades, pero hay otros muchos instrumento que se usan para depurar el auténtico número de desamparados que tiene un país, como son los matices técnicos que la jerga economista opone a la evidencia bruta de la miseria. Les pongo por caso al ministro Montoro –persona a la que respeto especialmente por reconocer la que le ha caído encima— que ha salido al paso del benemérito informe que publica periódicamente Cáritas para relativizar sus cálculos en el sentido de que, en virtud de la jerigonza economicista, no es pobreza todo lo que oscurece o, hablando en plata, que hay muchos menos pobres de los que censa esta admirable entidad cristiana. ¿Lo ven? Ya están ahí de nuevo los “falsos pobres”, o mejor, la racionalización, oh Freud, de la pobreza perpetrada desde el Poder, incómodo siempre con la parábola de Lázaro y el rico sencillamente porque ilustra su incapacidad absoluta o relativa. Un pobre es una cosa (sic) muy molesta para el que no lo es, a poco que éste tenga un mínimo de conciencia y el ministro Montoro ha cedido a esa tentación tecnicista para tratar de desacreditar lo que está de sobra acreditado, de la misma manera que nos insultara en otra ocasión asegurando que los salarios ¡han subido! en la España de la crisis.

 

Ya están, pues igualados los dos bandos del bipartidismo, teniendo en cuenta que hace años Matilde Fernández, siendo ministra “socialista”, le retiró la ayuda a Cáritas por ese mismo informe que le quita año tras año la venda de los ojos a todo el que no los tenga cerrados. Ni izquierdas ni derechas quieren pobres, como se ve, y creen que negarlos conduce a alguna parte. Quién sabe si en la intimidad echarán de menos las viejas “tablillas” con las que los teóricos de la monarquía señorial-feudal creyeron conjurar al fantasma de su fracaso.

Chollos vitalicios

Si la ley “regeneradora” de 2005 hubo de ser forzada a posteriori a eliminar los suntuosos privilegios con que se blindaba Chaves, a la que de Transparencia que ahora está en el obrador le han metido ya, en plan roscón de reyes, la coletilla de que, un poner, la presidenta Díaz dispondrá de por vida de una oficina y personal pagado por la Junta. Escuredo y Borbolla se buscaron la vida tras sus respectivas defenestraciones, pero parece que de ahí en adelante, empezando por Chaves y pasando por Griñán, todos los que nos manden tendrán despacho, coche, secretaria y chófer y nos pasarán la factura a nosotros. No cabe duda de que la España de las autonomías es una huerta sin vallar.