Primarias con forceps

Cuesta creer en la aparición, a plazo forzado, del antagonista que el coordinador de IU, Antonio Maíllo, necesitaba como el agua para dar credibilidad al invento de las “primarias”. Ya es difícil pensar en el propio Maíllo como candidato a la presidencia de la Junta –y no porque falten modelos flojos con los que comparar–, pero tragarse la parusía de don Laureano Seco es demasiado para el cuerpo. “Esto no es un paripé” se desgañitan desde dentro los actores. No cabría mejor prueba en contrario que esa misma protesta.

Física indígena

El indigenismo sudamericano ha alcanzado su cota máxima en Bolivia con la decisión del Gobierno de invertir el sentido de las agujas del reloj, de manera que, en adelante, marquen el tiempo de derecha a izquierda y no, como es tradicional, en el sentido contrario, justo ahora que tanta gente discute ese “efecto Coriolis” que haría girar el agua del lavabo, en el hemisferio sur, en la dirección contraria a la que sigue en el hemisferio norte. Quiere distinguirse Bolivia del resto del mundo imponiendo su “reloj del Sur” hasta el punto de que el Senado del país ha solicitado a quien corresponda una aplicación que permita el uso de relojes invertidos en los teléfonos móviles, en cierto modo como una especie de mensaje a la especie humana en favor de una dudosa tecnología propia que, en cualquier caso, no afectaría en absoluto al transcurso del tiempo. ¿Se puede llevar más lejos la ingenuidad lugareña y el terco afán de singularidad que de modo tan profundo marca a ciertos movimientos indigenistas? De momento, en plena fachada de la Asamblea Nacional, ya ha sido instalado un reloj cuyas manecillas recorren el círculo al revés, es decir, de derecha a izquierda, como si se pretendiera enfrentar tercamente la realidad sureña a la vieja civilización del Norte pero sin otro resultado que la singularidad misma, y doscientos relojes de esa naturaleza han sido distribuidos entre los miembros del G-7 reunidos en Santa Cruz este mismo mes de junio.

No habrá en toda la teoría del devenir, probablemente, nada tan bizarro como esta ocurrencia que nada tiene que ver con la misteriosa índole de esa dimensión humana que es el tiempo, tan escondida, tan huidiza, de la que san Agustín decía que mientras nadie le preguntara por su significado él sabía a ciencia cierta en qué consistía, pero que dejaba de saberlo en cuanto alguien se lo preguntara, más o menos lo mismo que Rousseau cifró en dos versículos famosos en los que llamó al tiempo “imagen móvil de la eternidad inmóvil”. Pocas ingenuidades como la creer que existe alguna diferencia entre el tiempo contado al derecho y el contado al revés que viene a ser como mudar de orilla para contemplar la corriente del río, que es siempre la misma con independencia del espectador. Nunca se vio, eso sí, un reto tan inútil ni una ficción tan grave como ese intento de engañarse a sí mismo invirtiendo un circuito sobre el que, como desde el origen del mundo, el tráfico seguirá discurriendo indiferente.

El Parlamento caro

Ahora resulta que, además de inútil bajo la férula del “régimen”, el Parlamento de Andalucía es uno de los más caros de España. Pagamos lo que tenemos sólo por oír lejanamente el rumor de una Cámara que, por su propia constitución y desde que nació, no controla al Gobierno sino que lo apoya, es decir, por mantener en pie un mero aunque prohibitivo simulacro de autogobierno democrático. Se comprende el distanciamiento de la opinión y hasta el rechazo de una política que, mientras no cambie el paso y el reglamento, seguirá siendo tan cara como prescindible.

En nombre de Dios

Me honran invitándome a firmar un manifiesto contra la violencia “usurpant la foi” en el que compruebo firmas de peso, algunas imponentes (Luc Ferry, Maurice Godelier), junto a numerosas pertenecientes a personajes religiosos. Lo ha lanzado nada menos que Jacques Attali movido por la inquietud frente a la oleada de la violencia integrista y, en especial, por el reciente cuádruple atentado que perpetró en el museo judío de Bruselas un terrorista enloquecido. Lo que en el texto se pide es que se combata esa violencia ignorante empezando por la lectura sin prejuicios de los textos que, desde las diversas tradiciones religiosas, respetan la dignidad y se aferran a la cultura. “Ningún pueblo, ninguna doctrina, ninguna religión, ninguna ideología, ninguna ciencia, ninguna cultura” puede pretender el monopolio de la Verdad. Ninguno de ellos, por otra parte, podrá sobrevivir “sin respetar, escuchar, compartir, cambiar o aprender” de los otros. En fin, ningún ser humano “puede ser reducido a una sola dimensión, sea ésta religiosa, étnica, sexual o política”. Y no poco ingenuamente, los signatarios –laicos y religiosos — se postulan como un grupo permanente que ha de constituir “una red de vigilancia y de resistencia para defender y respetar estos principios”. No está nada mal para comenzar una guerra santa en la que diariamente andamos perdiendo batallas.

Flaubert, que era como era, llegó a decir que al hombre no le era posible hacer nada grande sin el fanatismo. Y don Marcelino, que respiraba por su propia herida, sostenía que sin fanatismo no había milagro que valga ni en filosofía ni en ninguna otra ciencia humana. Más claro lo tenía don Miguel de Unamuno cuando dijo que “no se puede defender el cristianismo a cristazos”. No cabe duda, en todo caso, de que el fanatismo es fruto de la ignorancia así como la tolerancia lo es de la cultura, doble axioma del que cabe deducir con escaso margen para la duda que la Humanidad actual va a resultar una de las menos instruidas de su vieja crónica. Por eso resulta esperanzador toparse con un gesto como el de nuestros manifestantes en un momento de tan rara radicalización, en el que la propia vida humana degrada su valor cada hora que pasa a juzgar por el atroz noticiario que nos llega. El papa Francisco ha condenado el uso violento del nombre de Dios al tiempo que un imán chiíta convoca a los suyos para su guerra santa contra los sunníes. Las guerras de religión están de moda en pleno siglo XXI.

El negocio politico

Sólo en una semana nos han llovido noticias desoladoras sobre la actuación de esa clase política cuyo rechazo por parte de los ciudadanos tanto preocupa a la sociología vulgar. Hemos leído, para empezar, el auto de un juez en el que se pone en evidencia el abuso de su condición familiar de quien hasta ahora formaba parte de la Familia Real. Nos hemos enterado de que en el Tribunal de Cuentas del Reino se amontonan hasta cien enchufados procedentes de la parentela dirigente, otro caso de nepotismo descomunal aunque, por desgracia, no puede decirse que resulte insólito. Tan desmoralizador si cabe es el caso de Magdalena Álvarez, una imputada por graves delitos en el “caso ERE” que, por dimitir en última instancia, a un paso ya de su destitución formal, recibirá del Banco Europeo de Inversiones, es decir, de los contribuyentes europeos, una compensación de 10.000 euros mensuales hasta que le llegue la hora de la jubilación y, tras ésta, una pensión vitalicia de 4.600 euros, es decir, de más del doble de la máxima que puede percibir un jubilado español del común. También está la peripecia de UGT, finalmente acusada hasta por la propia “Junta hermana”, cuyo alcance inconcebible ha demostrado presuntamente la Guardia Civil. Y en fin, acaba de descubrírsenos que nuestros eurodiputados, además de viajar en “bussines” y percibir sus fastuosos ingresos, han participado en un fondo de pensiones gestionado en Luxemburgo aportando cantidades mucho menores que las que les arrimaba su institución. ¿Cabe esperar que el hombre de la calle, el abrumado contribuyente, el pensionista que sobrevive en régimen de asfixia, mantengan su confianza en unos responsables políticos tan descaradamente privilegiados y tan “legalmente” rapaces? No en un país de parados y mileuristas, eso es seguro, que está asistiendo, encima, a la degradación de unas elites cada día menos cualificadas.

El desmadre electoral que se está produciendo a la izquierda de la izquierda no es, seguramente, más que el pródromo de un rechazo que podría poner en peligro al propio régimen representativo y no se podrá decir que a los rechazadores les han faltado motivos en un panorama dominado por el abuso y la corrupción. Ha desaparecido por completo la noción de la política como servicio, hoy reducida sencillamente al negocio de la política. Lo que sería extravagante es que el gentío mantuviera su fe en ese estamento “extractor” que es incapaz incluso de percatarse de su propio desprestigio.

Premio al presunto

Le decíamos el otro día a Elisa de la Nuez, en el debate sobre el agio y el deterioro de las instituciones celebrado en las “Charlas de El Mundo”, que siempre hubo corrupción en España pero nunca tanta. Y ahí tienen el caso de Magdalena Álvarez, la “lady Aviaco” soberbia cuyo lema es “antes partía que doblá”, que, forzada a dimitir en el BEI a causa de su grave imputación en el “caso ERE”, percibirá por irse “voluntaria” nada menos que 10.000 euros mensuales hasta su jubilación y 4.600 euros de por vida una vez que ésta se produzca. Lo raro es que este tinglado se sostenga en pie sobre cimientos semejantes.