Cuerpos y almas

El copresidente Griñán ha dicho que la Junta está con la huelga general pero “con unos servicios mínimos del 100 por cien”. El otro copresidente, Valderas, avisa de que será él mismo quién se autoimponga esos servicios mínimos. Las patronales de la construcción, acreedoras de 800 millones de euros que les debe la Junta, reprochan a ésta “que no sepa” siquiera el montante de esa deuda. El diputado Gordillo se niega a declarar en el TSJA porque sostiene que no se le ha permitido “preparar debidamente su defensa”. Diego Cañamero se siente un perseguido y lo explica diciendo que “nosotros (el SOC) somos los únicos que hablamos de lo que quiere la gente”. Andalucía bate su propio récord de paro registrado mientras en Empleo y en Presidencia no hay ojos ya más que para el papeleo de los ERE. En fin, Griñán dice que “su alma le pide repetir en las próximas elecciones autonómicas”.

Se buscan vírgenes

Unos productores cinematográficos han tenido la idea de rodar un documental sobre, cómo lo diría yo, en fin, sobre el precio de la virginidad. De toda la vida han zascandileado por ahí celestinas ofreciendo a los caprichosos la bicoca de una virgen garantizada, por más que sepamos desde siempre que nunca faltaron en esos ambientes las remendadoras de virgos, como decía Quevedo, pero estos experimentadores pretenden hacer su agosto a la vista de todos con el consentimiento de las susodichas. Así, una joven brasilera ha aceptado entregarse al adjudicado a cambio de 780.000 dólares y con unas condiciones expresas entre las que figuran que no habrá besos, ni testigos, ni otra fantasía que la del sacacorchos, que el “tempus amandi” no excederá de una hora y que la consumación del acto tendrá lugar a bordo de un avión en un vuelo entre Australia y EEUU. La joven en cuestión, Catarina Migliorini, ha dicho que empleará el dinero ganado con su cuerpo en pagar sus estudios universitarios y en un proyecto para aliviar la situación de las familias sin hogar aunque, eso sí, de puta nada, mucho ojo, dado que, a pesar de los graves indicios, entregarse por dinero una sola vez no supone profesionalizarse y menos tratándose de “una chica muy, muy romántica, que cree con todas sus fuerzas en el amor”. Puta por un día, todo lo más, distinción que a mí me parece un agravante en la medida en que nada y guarda la ropa, sin equipararse ni por asomo a las verdaderas meretrices que a lo peor cree la subastada que son meritorias y ejercen por gusto y no por necesidad. Vean hasta qué punto la ideología mercantilista puede manipular la ética y la moral de una sola tacada a nueve mil pies de altura.

Aparte de que la que hace un cesto hace ciento, confieso que la actitud de la brasilera me repugna tanto como indulgencia me inspiran las rabizas que andan por ahí haciendo la calle a fuerza de golpes de la vida, ésas que es tan poco probable que se entretuvieran en defender su imagen con las monsergas casuísticas que, por otra parte, no hacen sino descubrir la “fausse conscience” de esa puta por un día que se cree diferente y mejor que esas profesionales a las que san Agustín, que sabía de iba la vaina, situaba en las cloacas de la ciudad. Claro que para membrillo, el magnate desvirgador, esclavo como el que más de la quimera virginalista. Internet, como quien no quiere la cosa, ha liquidado el viejo oficio de la alcahueta.

Más nubarrones

El patio está para llorar, como diría el Rey, con lo que se va sabiendo de las corrupciones y, en especial, en lo que se refiere al “caso ERE”, al que ese juez suplente no poco benigno acaba de situar bajo techado decretando el secreto del sumario, porque cree ver en los expedientes de que dispone indicios de asociación ilícita, cohecho y blanqueo de dinero. ¡Y la juez Alaya de baja! Se pongan como se pongan, lo que empezó por un cohecho a un empresario se ha convertido en un terremoto de intensidad imprevisible que –al margen del paripé del Parlamento—ha dejado en el alero y agarrados a la brocha desde los Presidentes de la autonomía hasta, al parecer del juez sustituto, algún funcionario asociado a la gran estafa.

Uno de los nuestros

Vaya por delante que soy partidario de Obama. Sé que ha hecho o dejado de hacer cosas importantes y, lo que es peor, prometidas, por ejemplo dejar funcionando el campito de concentración de Guantánamo, andarse por las ramas a la hora de extender un sistema público de salud, no extirpar la discriminación racial –que aún subsiste, vaya si subsiste—poniendo a los blancos y a los negros, a los hispanos y a los chinos en un mismo plano de igualdad, que hubiera sido lo lógico en un Presidente negro. Pero sigo pensando que si arrancó como una suerte de alucinación colectiva, lo cierto es que ha sabido conservar la dignidad, y si es verdad que le dieron el Nobel de la Paz nada más tomar tierra y que se lo han conservado tras mantener varias guerras, oigan, la culpa al maestro armero. Por lo demás, no me fío del oponente porque no es conveniente fiar de quien comienza definiéndose por su credo religioso y menos aún si añade a ese credo, como mérito adicional, su condición de millonario con éxito. ¿O no es preferible un negro simpático a un mormón milloneti? Hay gustos para todos, faltaría más, pero ver a la señora Palin acudir en ayuda de Romney y al Tea Party haciéndole los coros, qué quieren que les diga: que se me ponen los pelos de punta. Para Tocqueville la religión constituía un factor clave a la hora de hacer realidad la democracia pero, ay, bien entendido que fuera del poder de los Gobiernos y siempre en un modelo laico, nunca laicista. No me fío, en política, de la persona (laica, se entiende) que al presentarse echa su credo por delante, como no me fío ni coincido con las que se presentan como laicistas activos. Y el oponente de Obama era uno de aquellos. Cada cosa en su sitio y Dios en la de todos, ¿no creen?

Aquí en España sabemos de qué hablamos desde los mismos tiempos de la Dictadura y algo tuve yo que ver en el acierto de mi añorado Luis Carandell cuando reprodujo en “Triunfo” un cartel del edificio de la Presidencia del Gobierno en tiempos de Carrero y López Rodó, que rezaba, con acierto siquiera anfibológico, este lapsus freudiano: “Prohibida la entrada a toda persona ajena a la obra”. Carandell le puso una mayúscula a la última palabra y acabó con la bisemia: aquello era un retrato político con todas las de la ley. Uno no sabe exactamente de qué secta es Obama pero eso es bueno en sí mismo. Por eso digo que, de haber podido, mi voto hubiera sido para el Presidente negro.

El sexo débil

Haya hecho lo que fuere, me da no sé qué ver como corren las lágrimas de Pantoja mientras lucen muy formales y derechos los políticos/as entrillados por la Justicia escoltados, en ocasiones, por abogados de lujo, y empestillados, en todo caso, en el silencio o la negación de los hechos perpetrados. Y no me parece nada bien que a una “abuela” famosa se la retrate al día siguiente en todos los medios mediáticos de la tribu como si fuera la única en este universo de mangantes y aprovechados, que, por lo general, vivaquea a la sombra del Poder o, incluso, actúa instalado en él. Hay que ver y escuchar las “defensas” de estos últimos o de sus portavoces para compararlas con las de otros –tan presuntos culpables como se quiera—pero que no disponen de aquella sombre protectora.

Deberes en casa

El antiguo debate sobre los deberes escolares del niño no tiene trazas de acabar superado nunca. Hay quien sostiene que abrumar al iniciando con tareas caseras equivale a privarle del tiempo libre que su imaginación y su legítimo bienestar requieren, y hay quien, por el contrario, mantiene el tradicional sistema que reserva para el aula la iniciación pero sin dejar de fomentar la voluntad del educando. El hasta ahora desafortunado Hollande ha proclamado el otro día en plena Sorbona su propósito de liberar a los chiquillos de esa carga vespertina so pretexto de igualar las oportunidades, dado que siempre habrá colegiales cuyo hogar aliente y ayude en la tarea de estudiar, y colegiales que no encontrarán en el suyo condiciones propicias. Eximir al alumno de deberes caseros sería, según Hollande, un modo de igualar las oportunidades y, en consecuencia, nada menos que aplicar a rajatabla el lema de la República, pues desde ese momento, es decir, en un régimen de trabajo intraescolar se abolirían las ventajas que ofrece un hogar desahogado y, en última instancia, una enseñanza complementaria pagada por papá. La imagen del escolar cargado con su mochila que, tras la merienda, debe reemprender la tarea es, desde luego, conmovedora, pero a pesar de todo tres cuartas partes de la población sondeada se muestra contraria a esta providencia, argumentando que incluso en el “país de la igualdad”, el Estado no debe extremar una estrategia de igualación que alcance el ámbito privado. Hay muchos caminos que conducen a la igualdad y que el Estado tiene en su mano explorar antes de promover medidas que posiblemente acabarían debilitando el esfuerzo estudiantil de la infancia.

La verdad es que entre las ilusiones persuasivas de Pestalozzi, la escuela sin puertas de Ivan Illich y la máxima bárbara y ancestral de que “la letra, con sangre entra”, no acabamos de dar con la clave que haga posible una educación primaria. Pero sobre todo ello planea el señuelo de una docencia blanda, en la que la disciplina desaparezca o se reduzca al mínimo, cuyos resultados están a la vista. Hollande podría buscar la igualdad reforzando una fiscalidad sin trampas antes que aventurarse en esas aulas que no son el único ni el gran factor que fomenta la desigualdad en un país que ha hecho del elitismo docente una institución proverbial.