El oficio de bisagra

No es fácil el oficio de bisagra política; exige imaginación, jeta y tanta cintura como requieran los cambios de viento. Miren lo que hace Ciudadanos –el criptosocio “para todo” de doña Susana— a propósito, por ejemplo, de la batalla por el impuesto de sucesiones: apoyar hoy su reducción al 99 por ciento propuesta por el PP, y sostener lo contrario ¡una semana más tarde! al caer en la cuenta de que esa imprescindible rebaja beneficiaría a los ricos. C’s se desmarca del PSOE cuando sabe que su pacto no peligra y rectifica en caso contrario. Valen para un fregado lo mismo que para un barrido, ésa es su gracia y ése su mérito. Curiosamente, de la perpetuación del “régimen” político en Andalucía tienen toda la responsabilidad los mismos –el PA, IU y ahora C’S– que vienen denunciándolo hace decenios.

Títulos gratis

Gran escándalo el recientemente provocado por el hallazgo de que la Junta viene concediendo títulos de ESO a alumnos con asignaturas pendientes. ¡Era lo que faltaba: conceder títulos gratis a los alumnos fracasados! ¿No era la Educación “prioridad absoluta” al menos desde el advenimiento de Griñán? Los profesores de Enseñanza Media han denunciado a la Administración autónoma por varios delitos que, según ellos, podrían constituir esos regalos con los que una política incapaz de salvar el gran atasco docente trata de camuflar sus efectos. ¿Vamos de mal en peor, se rinde la Junta ante la compleja situación juvenil? ¿Y qué hará la Justicia ante semejante arbitrariedad? Pues, a la espera del próximo soponcio del Informe Pisa, esperar a que escampe. Quizá ningún fracaso de la autonomía es comparable al hundimiento de la Educación pública.

El último tango

Durante la década de los años 70, muchos universitarios españoles y franceses, tuvimos abierta la cita en la, universidad de Pau, por el profesor y exiliado Manuel Tuñón de Lara, el Congreso de Historia Contemporánea de España, ocasión singular para la mayoría de asomarse a la nueva versión del pasado nacional que iba perfilándose ya y acabaría por cuajar, en especial en torno a la crónica del movimiento obrero en España. Recuerdo que fui a algunas de sus primeras convocatorias (¿73, 74?) acudiendo en coche desde Madrid en compañía de Gabriel Tortella, por entonces ya flamante profesor en los EEUU, Jean-Paul Botrel, a quien aguardaba una brillante carrera académica, y donde nos encontrábamos con entonces jóvenes profesores como Javier Tusell o Juan Ferreras, que ejercía en La Sorbona, o el generoso y joven maestro Elías Díaz. Nadie ignoraba que el evento era auspiciado por el PCE y en su ámbito podría encontrarse desde algún espía camuflado hasta la mesa donde un grupo etarra se empeñaba en captar voluntades pero, como ha ilustrado el propio Tortella en un precioso recordatorio, Tuñón mismo cuidaba de mantener separadas las ansias políticas del escenario investigador.

Eran los años en que muchos españolitos viajaban (con sus mujeres a cuesta) hasta Pau, Perpignan y otras localidades próximas a la frontera para asistir a la proyección del cine prohibido y muy señaladamente a la de “El último tango en París” que luego era discutida con celo en sus detalles en las reuniones posteriores celebradas en la terraza de “La Coupole”. Pero hay que reconocer –y ahí están las ediciones de sus sesiones editadas tras cada Congreso— el esfuerzo intelectual sin precedentes que supuso encarrilar una pormenorizada crónica del XIX español y, en particular, de la formación e historia del movimiento obrero a la que no fueron ajenos, entre otros, los trabajos complementarios de Antonio Elorza, Álvarez Junco, Carmen Iglesias o del desdichado A. M. Calero Amor.

Salir al exterior, respirar aires de libertad en la universidad francesa fue un privilegio de no pocos de nosotros, entre los cuales algunos alcanzamos a frecuentar en su propia casa la afectuosa amistad de Tuñón, lo que no nos impide hoy (a algunos) comprender la estrechez ideológica en que, a pesar de la mejor voluntad, todavía habíamos de movernos. Por la noche, en nuestros paseos a la orilla de la Gave du Pau, continuábamos nuestros maratones dialécticos espoleados por la virtud del “pastis” o del Calvados. Mirando atrás sin ira ni complacencia, no pocos echamos de menos aquellas oxigenantes excursiones en las que, por unos días, nos era dado desprendernos del asfixiante corsé generacional.

Gana Penélope

Poco a poco, la juez sustituta de Mercedes Alaya, ha ido desgranando la trabajosa instrucción de aquella hasta dejarla en poco menos que en nada. ¿Los ERE esos de los que ha hablado medía España y parte de la otra media, los cientos de millones perdidos? Bueno, pues resulta que no era para tanto–hay que reconocer la astucia estratégica del ex-fiscal-consejero Llera que es quien ha movido los hilos de este bululú– ya que, según Penélope, Alaya empapeló sin ton ni son a todo el que pidió una ayuda socio laboral o directa en el primer decenio de este siglo, por lo que les llama “víctimas”. El augurio más pesimista se hace realidad: todo este saqueo –pasado el mal trago del plenario en que comparacerán hasta dos presidentes y la tira de consejeros– quedará en agua de borrajas.

Sol y sombra

Esta dicho y repetido que la sanidad pública de la Junta es un buen sistema con graves defectos. Un caso: se informa de que sólo en el sevillano hospital Virgen del Rocío se han llevado a cabo más de cien implantes de riñón, tanto en adultos como en niños, en el primer trimestre de este año. Frente a este otro: un ciudadano (un sacerdote por más señas) sufre una crisis aguda en plena calle y, una vez superado el intrincado filtraje telefónico, es recogido por una ambulancia que lo traslada a ese mismo centro. ¿Y saben cuánto debió esperar en su escalofriante sala de Urgencias para ser recibido, al fin, por un “residente”? Pues ¡7 horas 7! Lo dicho, un buen sistema pero con graves, gravísimos, fallos. Si eso pasa en la capital de la región, calculen lo que puede ocurrir por esos pueblos y aldeas de Dios.

“Nostra culpa”

De la dudosa imagen –“simpáticos”, “grasiosos”, pero vagos y trapaceros—no hay que buscar la culpa fuera de casa: es, en gran medida, de ciertos andaluces. Ahí nos tienen manteniendo la mayor tasa de desempleo en España, consintiendo que Kichi de Cádiz, el alcalde antisistema, no rinda las cuentas de su Ayuntamiento o los “illuminati” del sindicato del diputado Cañamero ofreciendo urnas a la sedición catalana, mientras la limpieza del monte está paralizada hace años en una región que soporta los mayores incendios de su historia. Seguramente nunca vivió Andalucía tanto desgobierno en manos de gente tan menuda ni lo pagó a tan alto precio. El descrédito de la autonomía se trasluce sin remedio sin que se vea por ninguna parte un signo de esperanza. No se culpe de ese drama a los de fuera. Con mirar a los de dentro tenemos de sobra.