El año que viene

El año 2015 va a ser el año total. En él se anuncia ya que se controlará el déficit, que aumentará la inversión y, por fin, se recuperará a paso rápido el empleo, que es posible que se reforme la pobre Constitución o que, en Andalucía, la Junta ponga en marcha un plan del “Niño sano” que incluirá la información sobre sexualidad a los menores mientras se vigila atentamente su “desarrollo puberal”. ¡Qué año, el 2015! En lo que no parecen pensar los comprometidos es en que el 2015 lo tenemos ya encima, a un tiro de piedra, a tres o cuatro borrascas y anticiclones más procedentes de las Azores. Parece el mito del “reino feliz de los tiempos finales”. Nos vemos dentro de un año y ya hablaremos.

La mejor defensa

La mejor defensa –se ha dicho siempre—es un buen ataque. Nada de trincheras ni barricadas: una embestida recia es lo que se merece y precisa el atacante. Ahí tienen a Pujol en su Parlament, con los índices levantados al cielo de Jehová en el que se apiñan cúmulos y cirros, menuda bronca lanzada desde el fangal sobre sus apuradas señorías: no se trata de defenderse de las acusaciones sino de leerles la cartilla a los pringaos que osaron denunciar su patente rapiña. O ahí tiene a Chaves. Cuando este periódico denuncio el “pelotazo” otorgado bajo su firma y tras cambiar la Ley a toda prisa para permitirlo, Chaves no se amilanó sino que le puso una querella a los responsables del medio que, como era natural, perdió con todos los honores, de paso que desenmascaraba su “vera efigie”, ese rostro ceñudo en la adversidad tan propio de los próceres sobrevenidos. Cada vez que se les ocurra a ustedes comentar alguna novedad sobre los ERE, sobre Invercaria o sobre el saqueo de los Fondos de Formación, le saldrán con la consigna antípoda –¡la Gürtel, la Gürtel!—pronunciado como un mantra. Ladrones, los de la Derecha, los otros, en general, todos menos nosotros: “¡En el Cuerpo de Carabineros no hay cabrones!”, hacía gritar Valle al mamarracho de don Friolera, arquetipo sin saberlo de mucho prócer actual. Todo menos aceptar una crítica y menos, claro está, asumir sus consecuencias. Ahora la Junta pide a la multinacional de la hija de Chaves que devuelva su pasta aunque no sepamos aún en qué quedará la farsa catalana. Pero, de momento, ¡bronca que te crió! González, sin ir más lejos, pone la mano en el fuego por los dos, pero cada vez hay menos gente que la ponga por él. Ayer por mí hoy por ti…

Lo que no sé es qué será lo que resulte ahora que circula el dato de que Mas anduvo siempre al lado de Pujol en sus mangancias, pegado a la jareta desde un principio. Ni sé, como es lógico, lo que se habrán reído los de Matsa al recibir esa petición de reintegro, porque doy por descontado que se han tronchado de risa. Pero usted, por si acaso, ya sabe de qué va la vaina: en el supuesto de que lo acusen de algo, contraataque, y que le echen un galgo. Sigamos con Valle: “La España de cabo a rabo hemos de verla como está Barcelona”. La corrupción es un espejismo que sólo ven los ojos entrecerrados por el rencor. ¡Los dedos de Pujol, el ceño de Chaves! Comparado con ellos, Moisés sería un membrillo en el día de la ira.

Corruptos, ustedes

El presidente del Parlamento, Manuel Gracia, toda una vida en la política, sostiene la teoría de que la corrupción tiene su origen, no en el crimen de los gestores públicos, sino en la actitud inmoral de una ciudadanía que ha hecho de la permisividad “una corruptela diaria”. No se trata, pues, según Gracia, de que la Junta haya dilapidado miles de millones entre parientes y afectos sino de que usted y aquel otro señor hayan evadido el IVA en la factura del lampistero. No es sólo que no quieran ver –como ustedes pueden comprobar—sino que no ven de hecho lo que tienen ante los ojos. Pero este inmenso latrocinio público sería, en todo caso, causa y no efecto, de la trampa minúscula. No se le puede exigir la misma responsabilidad a Agamenón que a su porquero.

Rito y contagio

Hay iglesias en el África del ébola en las que, por justificado temor al contagio, se ha suprimido el saludo de la paz y en las que la comunión se administra siempre en la mano. En Benin, en Sierra Leona o en Senegal han enmudecido los hechiceros mientras la gente de la misión trabaja de sol a sol cuando no se contagia e incluso muere de pie entre los suyos. Como en Liberia o Guinea Conakry, como en el Congo, donde una cepa mutante se ha llevado por delante, visto y no visto, a cientos de enfermos. No puedo imaginar la movida mediática si una de esas víctimas, en lugar de un héroe o un santo anónimo fuera alguien habitual del papel cuché o acaso un político relevante contagiado por azar en el transcurso de una visita, pero ya ven lo sencilla que resulta la muerte de un misionero, de uno cualquiera de los mil seiscientos misioneros españoles que exponen sus vidas en África. La última, la del médico García Viejo, Hermano de san Juan de Dios, un veterano de quien consta –como parece que también constaba en el padre Pajares, el primer caído– que reducía su apostolado a su propio ejemplo, es decir, que jamás trató de convertir a nadie con palabras o presiones. Insisto, ¿imaginan la que se organizaría si se contagiara –¡nada digo de si llegara a morir!– alguna de las estrellas millonarias que de vez en cuando hacen bolos por tierras de misión?

Unos amigos de Justicia y Paz que acuden periódicamente a uno de los países mencionados me contaron cómo era preciso vigilar en las maternidades hospitalarias pare evitar que los nativos estrellaran contra un árbol al recién nacido que mostrara alguna deformidad. Y los familiares de García Viejo atestiguan que, en sus visitas veraniegas, renunciaba a incluir en su equipaje de vuelta cualquier cosa que no fueran los medicamentos, a veces elementales, que no llegan a aquellos infiernos. ¿Le dirá algo esta heroica renuncia a la Congregación para la Causa de los Santos, veremos alguna vez a estos mártires voluntarios encaramados en la peana de la memoria eclesiástica? Ni lo sé ni es eso –seguro—lo que hubiera aceptado la inmensa mayoría de ellos, gente entregada sin condiciones al prójimo en un compromiso que incluye su propia muerte, lo mismo que la legión de laicos que han encontrado en el concepto de “solidaridad” una suerte de “caridad” reciclada. No todo hombre es un lobo para el hombre, como quería Plauto, pero hay algunos que, como dijera Séneca, lo consideran sagrado.

Eco aplastante

Decía nuestro Santiago González ayer que cualquiera con entendederas normales entiende el gesto de la presidenta Díaz de exigir a la empresa representada por la hija de Chaves, Matsa, que devuelva la pasta que éste le regaló –1’7 millones de euros más intereses—cambiando la Ley contra el criterio de su propio Gobierno. Y añadía: “Lo que ya no se entiende es que Susana Díaz no ponga una querella para reclamar ese dinero a Chaves y solidariamente a los miembros del Gobierno que presidía”. ¡Pues, claro, lo que no sé es cómo no habíamos caído en ello! Sobre todo, cómo no había caído en ello el PP…

Fort Apache

Tras escuchar el análisis impecable de Antonio Elorza sobre la entidad del movimiento Podemos, el previsible diálogo contribuyó a confirmar las alarmas sugeridas por el analista. Una chica joven, visiblemente adoctrinada, intervino, chuleta en mano, para rebatir las críticas del ponente a los líderes de esa aventura y, en concreto, para neutralizar el comentario de Elorza sobre la famosa declaración del “conducator” Iglesias a una televisión iraní en la que hizo el elogio de la guillotina por ver en ella nada menos que el fundamento de la democracia en sus orígenes franceses. La chica no apreciaba nada inquietante en ello, sin embargo, y con crueldad fanática “explicó” y defendió el uso de aquel macabro artefacto recordando un adagio –“el refranero es sabio”, dijo ingenuamente—que heló la sangre al auditorio: “Muerto el perro, se acabó la rabia…”. Un momento antes, en su presentación del acto, Francisco Rosell, había confirmado la penúltima degollación filmada por la canalla del terrorismo islámico, provocando en el auditorio un escalofrío que, como se ve, no afecta lo más mínimo a algunos de nuestros jóvenes antisistema, aunque en gran parte del mundo libre, incluidos por una vez varios países sunitas, cunda la convicción de que urge liquidar esa barbarie con el concurso de todos los países civilizados. Los líderes de Podemos han mostrado públicamente su reconocimiento de la legitimidad de la violencia siempre, bien entendido, que no vaya dirigida contra ellos, ya que, en su opinión, hay una violencia reprobable y otra benéfica. La suya, naturalmente.

Encoge el ánimo el espectáculo de estos novísimos que han visto en las defensas del sistema democrático fallas que, al menos de momento, facilitan su penetración, que no ven problema alguno en el recurso a la violencia para relevar a la generación en el poder y que muestran su cinismo cuando dicen, por boca de su líder, que “se folla desnudo pero se liga vestido”. ¡Como para comprarles la burra! Elorza dice que él –que los conoce al dedillo—“no se fía ni un pelo” de su proyecto. La chica de nuestro debate, por el contrario, apostó por éste el resto sin excluir ni al verdugo. Todavía encogidos ante la imagen de la cabeza cercenada, pensamos en lo cerca que, después de todo, nos cae Argelia. Todo vale contras los “enemigos” de la revolución. Lo dicen los mismos que hablan de “el pobre Marat…”.