Contar con la base

Desde los años 80 venimos oyendo en Andalucía vacuas proclamas a favor de profundizar el municipalismo: los Ayuntamientos están solos y la mayoría en la ruina, sin embargo, y sus alcaldes son menospreciados hasta el punto de no conseguir siquiera una audiencia de quien encabeza la Junta. Mañana los recibirá el ministro de Hacienda en una demostración de lo relativo que resulta el argumento de que la autonomía se justifica por su proximidad a la base ciudadana y sus instituciones. Todo un gesto del Gobienro de la nación que en absoluto suple la displicencia de Griñán sino que deja al descubierto el partidismo de un cogobiernillo regional decidido a negarle al adversario –hoy el PP tiene más del 65 por ciento de los concejos—el pan y la sal.

Hoja de coca

Cuando los trajines de la Expo del 92, hubo un malentendido estupendo a propósito de un comentario de la reina doña Sofía –evidentemente bien informada—que habló bien en público de la hoja de coca. Un clamor paleto se levantó entonces perplejo porque la soberana (es un decir) alentara el consumo de un vegetal que los paletos confundieron con la cocaína, es decir con el funesto alcaloide que se ha convertido en una de las drogas dominantes de la postmodernidad. Los indios peruanos y bolivianos, la gente desde el altiplano a Argentina, consume hojas de coca hace la intemerata, como lo prueba que ya en tratados del XVI –en la letra del mismísimo Inca Garcilaso—diera noticia favorable de ellas, considerándolas, con razón, como portadora de importantes nutrientes y, al mismo tiempo, como remedio de no pocos males, bien conocido por la medicina tradicional de la zona. Escrúpulos como el de nuestros catetos llevó a los expertos de la ONU a prohibir el consumo de esas hojas a los indígenas que, en buena medida, vivían de ellas, disparate tan espectacular que dio lugar a que Evo Morales llevara razón por una vez al protestar de lo que entonces designó como “un error histórico”. Pues bien, ahora la ONU acaba de ceder al introducir en el tratado internacional contra el consumo de estupefacientes la excepción de la popular hoja, gesto que ha permitido a Bolivia volver al redil que abandonó cuando la prohibición. Se ha dicho que sin la coca (la hoja se entiende) no hubiera sido posible la explotación colonial de los nativos ni probablemente su propia vida independiente en zonas donde esa prodigiosa planta suplía la falta de alimentos y medicinas esenciales. En los aviones que te llevan a Cuzco suelen repartirse esas hojas como remedio para el mal de altura. Al turismo se le consiente lo que se le niega a los sufridos indígenas.

Ni que decir tiene que los nativos han continuado mascando coca mezclada con ceniza
a pesar de la Convención de 1961 en que se la proscribió y dicen los que lo saben que de otra manera tal vez no habrían sobrevivido sanos y salvos. Y eso por no hablar de que la estricta política prohibicionista llevada a cabo en esos países ha sido el factor decisivo para el enriquecimiento exponencial de los narcos que se han pasado por el arco a la DEA americana cuando no han logrado implicar a sus agentes con provechosos acuerdos. La coca dicen los autores que es el pan de aquellos pobres y el ánimo de sus pueblos. Lo otro, el alcaloide maldito, es cosa de ricos y la prohibición ha tardado más de medio siglo en caer en esa cuenta.

El pulgar humano

Hablando precisamente sobre “El pulgar del panda”, Stephen J. Gould sostuvo que la teoría del “diseño ideal”, tan postulada por los creacionistas, era un camino que “un dios sensato jamás hubiera adoptado”. Son los hallazgos extravagantes de la Naturaleza junto con sus “soluciones” singulares, los auténticos factores de una evolución que ha ido perfeccionando las especies sin perjuicio de haber logrado también, en ocasiones, resultados aterradores. Me lo ha recordado la conclusión de unos sabios profesores de Utah de que los cambios ocurridos en la mano humana –como ya intuyera Farrington hace muchos años—han resultado cruciales para el desarrollo de la especie pero no siempre (que es un poco lo que pretendían Theilhard y sus seguidores) por aportar habilidades benéficas sino, a veces, también posibilidades indeseables. Esta última teoría proclama que en la transformación de la mano primate hacia la humana resulta determinante el acortamiento de la palma y sus dedos frente al alargamiento del pulgar, que en nada hubiera beneficiado a los braquiadores, pero que hizo posible al bípedo, una vez convertido en peatón, la rotunda imagen del puño cerrado: la evolución trajo con esas modificaciones la posibilidad de golpear con más eficacia, es decir, una ventaja adaptativa que no deja de ser potencialmente lesiva para una especie que, en otras circunstancias, podría haber sido pacífica. Es inútil adentrarse en esta cuestión desde el fundamentalismo, porque uno tras otro los nuevos descubrimientos van haciendo posible comprender que ese largo recorrido filogenético incluye mutaciones que suponen tanto ventajas como inconvenientes, un dilema que, a su vez, conduce a la hipótesis de que acaso ese carácter eventual del cambio garantiza el papel de la libertad entre los seres inteligentes. Lo sugiero por si acaso esta hipótesis neutral pudiera contribuir a acercar los dos bandos hoy enfrentados.

En su comentario, el Journal of Experimental Biology relaciona esa capacidad de golpear duro adquirida por el hombre, con el éxito reproductivo de los machos (ignoro por qué no incluye a las hembras) ya que la eficacia agresiva habría de proporcionarles ventaja sobre los golpeados, que hay que suponer todavía no modificados por esa evolución, discurso que no deja de ser alambicado. ¿Está escrita la santa evolución con renglones torcidos? Hoy por hoy parece que ésa es la última palabra de la ciencia en esta enciclopedia a la que le faltan, sin duda, muchos capítulos.

Belmonte

El copresidente Valderas ha volado a Palestina para abrir allí una Casa de España –que ya son ganas de gastar y dar por saco—pero ha tenido que aguantar a pie firme la audición del himno nacional escrito por Pemán, no para el franquismo, como cree más de ignaro, sino para la Dictadura anterior, y que fue aprovechado por el falangismo que le puso “alzad los brazos” donde Pemán decía “alzad la frente”, y “los yugos y las flechas” en lugar del original “los yunques y la rueda”. La Historia es un ir y venir y gasta estas bromas. Una vez que Borbolla fue a Israel le contestó a una periodista que quiso saber el motivo del viaje: “Hemos ido porque nos ha dado la gana”. Valderas podría decir lo mismo a su vuelta sin faltar un ápice a la verdad.

Bichos contables

Del mismo modo que se ha afirmado en la epistemología actual que el observador científico no es ajeno sino que se implica de algún modo en el hecho físico observado, puede que no tarde en llegar la convención de que quienes investigan la naturaleza viva propenden a ver el animal observado desde una perspectiva antropocéntrica, esto es, proyectando su subjetividad, como si dijéramos, en el bicho observado. Así se ha afirmado un concepto de evolución no poco cuestionable por concebir la adaptación como el resultado de una suerte de voluntad de la especie en lugar de verla como un fenómeno perfectamente aleatorio, y en general, una práctica investigadora que atribuye intuitivamente al animal facultades noológicas del propio observador. Leo en este sentido que un equipo científico hispano-británico segura que el escarabajo macho de la harina “sabe contar” –algo que los primatólogos andan hace mucho empeñados en demostrar en algunos simios–, capacidad singularísima que dicen haber comprobado por el hecho de que cuando trata de aparearse con una hembra observa primero el número de competidores y a la vista de este dato permanece en la coyunda más o menos tiempo para evitar que otros cubridores “desplacen su esperma por completo”. ¿Lo ven? No hay quien pueda con esa proyección antropocéntrica que convence al sabio de que el escarabajo, como tal vez él mismo, es un ser consciente de su deber reproductivo y celoso de su descendencia, en lugar de un bicho instintivo que responde en exclusiva a los impulsos de su naturaleza, sin rozar siquiera la conjetura lógica. Siempre hubo caballos, perros y, por supuesto, monos “sabios” que, en definitiva, resultaron no ser más que bestias amaestradas , exceptuados sean los fantásticos “caballos sabios” que descubrió Gulliver en uno de sus viajes. Hay sabios que parecen convencidos de estas fabulaciones.

Hace muchos años conocí en el Centre Royaumont a una pareja de primatólogos enfrascados en enseñar las primeras letras a una famosa chimpancé que, en efecto, llegaba a conectar simbólicamente sujeto, verbo y predicado, cosa que interesó bastante a Edgar Morin y a Piattelli-Palmarini. Luego me enterado que aquel sabio intimó tanto con los monos que acabó divorciado y encerrado en el nosocomio. No conviene perder de vista el espacio entre el observador y el observado ni ese hecho fenomenal que es la especificidad intransferible del hombre. Al darwinismo le queda mucho por descubrir.

Nada por aquí, nada por allá

Nuestros dirigentes políticos han descubierto una revolucionaria contabilidad en la que encajan desde las facturas falsas a las obras no realizadas y desde los ERE fraudulentos hasta las prejubilaciones falsas, pasando por los “trabajadores fantasmas”. Tras estos últimos va olfateando diligente la Policía Nacional en un centro para discapacitados en el que parece que la gerente paga a su mucama metiéndola en la nómina o que hay trabajadores que figuran en ésta para engordar la soldada de los dirigentes, y aún es posible que se acabe descubriendo algún pelotazo de mayor cuantía en la propia constricción de las instalaciones. La vida pública andaluza se ha convertido en una inmensa mesa de trileros con las bendiciones de un “régimen” que supera ya los tres trienios.