El negocio politico

Sólo en una semana nos han llovido noticias desoladoras sobre la actuación de esa clase política cuyo rechazo por parte de los ciudadanos tanto preocupa a la sociología vulgar. Hemos leído, para empezar, el auto de un juez en el que se pone en evidencia el abuso de su condición familiar de quien hasta ahora formaba parte de la Familia Real. Nos hemos enterado de que en el Tribunal de Cuentas del Reino se amontonan hasta cien enchufados procedentes de la parentela dirigente, otro caso de nepotismo descomunal aunque, por desgracia, no puede decirse que resulte insólito. Tan desmoralizador si cabe es el caso de Magdalena Álvarez, una imputada por graves delitos en el “caso ERE” que, por dimitir en última instancia, a un paso ya de su destitución formal, recibirá del Banco Europeo de Inversiones, es decir, de los contribuyentes europeos, una compensación de 10.000 euros mensuales hasta que le llegue la hora de la jubilación y, tras ésta, una pensión vitalicia de 4.600 euros, es decir, de más del doble de la máxima que puede percibir un jubilado español del común. También está la peripecia de UGT, finalmente acusada hasta por la propia “Junta hermana”, cuyo alcance inconcebible ha demostrado presuntamente la Guardia Civil. Y en fin, acaba de descubrírsenos que nuestros eurodiputados, además de viajar en “bussines” y percibir sus fastuosos ingresos, han participado en un fondo de pensiones gestionado en Luxemburgo aportando cantidades mucho menores que las que les arrimaba su institución. ¿Cabe esperar que el hombre de la calle, el abrumado contribuyente, el pensionista que sobrevive en régimen de asfixia, mantengan su confianza en unos responsables políticos tan descaradamente privilegiados y tan “legalmente” rapaces? No en un país de parados y mileuristas, eso es seguro, que está asistiendo, encima, a la degradación de unas elites cada día menos cualificadas.

El desmadre electoral que se está produciendo a la izquierda de la izquierda no es, seguramente, más que el pródromo de un rechazo que podría poner en peligro al propio régimen representativo y no se podrá decir que a los rechazadores les han faltado motivos en un panorama dominado por el abuso y la corrupción. Ha desaparecido por completo la noción de la política como servicio, hoy reducida sencillamente al negocio de la política. Lo que sería extravagante es que el gentío mantuviera su fe en ese estamento “extractor” que es incapaz incluso de percatarse de su propio desprestigio.

Premio al presunto

Le decíamos el otro día a Elisa de la Nuez, en el debate sobre el agio y el deterioro de las instituciones celebrado en las “Charlas de El Mundo”, que siempre hubo corrupción en España pero nunca tanta. Y ahí tienen el caso de Magdalena Álvarez, la “lady Aviaco” soberbia cuyo lema es “antes partía que doblá”, que, forzada a dimitir en el BEI a causa de su grave imputación en el “caso ERE”, percibirá por irse “voluntaria” nada menos que 10.000 euros mensuales hasta su jubilación y 4.600 euros de por vida una vez que ésta se produzca. Lo raro es que este tinglado se sostenga en pie sobre cimientos semejantes.

Vista de cerca

Con el tiempo iremos descubriendo los auténticos rasgos del rostro de “Podemos”, es decir, de su líder, Pablo Iglesias. Lo veremos fruncir la frente y achinar su mirada sobre el objetivo, hasta ahora amable, pero, qué duda cabe, poco a poco más incómodo. En el blog de Santiago González, ese talentazo, tienen a su disposición el video con que el joven líder ilustra –¡en la televisión iraní, no se lo pierdan!—la idea de democracia que nos trae y que no es otra que la del Terror francés en cuyo marco hace un taimado elogio de la guillotina para concluir que la pena de muerte debe de ser igual de clemente –o de inclemente—con altos y bajo, con pobres y ricos. Y ahora se ha dejado caer con la teoría de que los ruines asesinatos de ETA tienen “sus explicaciones” que será preciso tener en cuenta para buscar una salida negociada al conflicto. Ya lo ven, todo un líder de las “tricoteusses” y de los “sans culottes”, todo un admirador de los asesinos en serie que convirtieron en irreversible aquella Revolución a base de guillotinarse unos a otros, y encima un dependiente de la pesadilla bolivariana –¡como Verstrynge sin ir más lejos!—y del castrismo senil, que no olvida siquiera a los mullah persas. ¡Vaya una Izquierda que nos ha salido como un brote reventón en el olmo viejo, hendido por el rayo y en su mitad podrido, que es hoy ese conglomerado irreconocible! Más de uno ha de lamentar su voto irascible cuando ya no tenga remedio.

El problema es que no tiene sentido alguno enredarse con esas “claves políticas fundamentales” que él dice que ETA posee porque la memoria justa de la obra de ETA no incluye debate ideológico alguno sino tiros en la nuca o bombas-lapa, encanallados secuestros y chantajes económicos. Y una Izquierda que pretenda vestirnos el muñeco de otra guisa no hará sino descalificarse a sí misma ante la inmensa mayoría de los españoles que consideramos que un cáncer –el ejemplo es del propio Iglesias—es un cáncer por muchas vueltas que se le den al tema. Esta es la novedad que nos ha traído la crisis político-moral que ha ido devorando el subconsciente nacional. Lo malo es que no vamos a verlo de una vez, sino poco a poco, como cuando se nos enseña un puzzle desordenado que desafía nuestra visión y nuestra paciencia. Para las elecciones tienen el logotipo cantado: una guillotina y un pasamontañas. Veremos si los siguen votando a ciegas los desesperados del Sistema.

Crisis sindical

Lo que está ocurriendo en los sindicatos, y en concreto ahora en la UGT, no se arreglará dejando correr el tiempo ni despidiendo a algún trabajador incómodo para el “aparato”. Si se confirma lo que dice la Guardia Civil, ese sindicato pionero debería refundarse, comenzando por echar a la calle a la plana mayor que ha consentido el saqueo sistemático que denuncian los investigadores. Los “agentes sociales” se han subido al tren de las corrupciones, ni que decir tiene que con el consentimiento siquiera tácito del poder político y, en consecuencia, se han deslegitimado como tales. Los mercachifles de la paz social han destruido una de las instituciones imprescindibles para el funcionamiento del Estado. Su castigo, por eso, debería ser implacable.

El minuto de gloria

El PP se ha quedado solo a la hora de votar el aforamiento del Rey dimisionario. Ni siquiera va a acompañarlo el PSOE, que se abstendrá para dejar contentos a sus repúblicos residuales. Los diez mil aforados que hay en España pueden respirar tranquilos o, quién sabe, empezar a preocuparse por un privilegio masivo que llega desde el presidente del Gobierno hasta el último concejal lugareño. Arcadi Espada nos dice donde Carlos Herrera que quiere que se sepa que él es contrario al aforamiento del Rey padre. Uno, como repúblico “a natura”, le contesta (o) lo contrario, que yo soy decidido partidario de salvar esta incompresible imprevisión constitucional y gubernamental, no porque me parezca bien el aforamiento de nadie sino porque temo más que a una vara verde a la legión de espontáneos que aprovecharán la ocasión para obtener su minuto de gloria denunciando o querellándose contra el ex-monarca pero todavía también Rey. Y ahí lo tienen ya: hay uno que se ha ido al Juzgado a denunciar la intervención de don Juan Carlos en el 23-F, supina necedad que no irá a ninguna parte pero que garantiza al espontáneo la popularidad en el toldo veraniego, algo tan esperable, dada la impunidad práctica de los denunciantes falsos en este país. Otra cosa sería plantearnos de una vez abolir en masa esos aforamientos para devolver la Justicia a sus jueces naturales. ¿Por qué un diputado puede espetarle impunemente a la Guardia Civil que no se deja hacer el test de la alcoholemia porque para eso es quien es? Pues porque porque sabía que su denuncia no habría de caer en manos del juez más próximo sino en el engranaje politizado al máximo de los Altos Tribunales electos por los propios políticos. ¿Es igual la Justicia para todos, como aseguró el monarca saliente alguna vez? No, no lo es ni puede serlo a poco que seamos precavidos. Dejarlo a él al alcance de los espontáneos sería –a la vista está ya—abrir la caja de los truenos no para mejorar la Justicia sino para organizar la de Dios.

Afórese, de momento, a esos personajes aunque sólo sea para reparar la imprevisión mayúscula de nuestros políticos. Y refórmese luego la Constitución, si así les place, que, ciertamente, ya es hora, tanto en lo sustancial como en lo adjetivo. Porque lo que nos faltaba era ver al Rey dimisionario con un pie en los platós de la ignominia mientras 10.000 jerarcas y mindundis se saben respaldados por una jurisdicción especial, más lejana, más lenta y, por supuesto, más politizada.

La Real gana

La presidenta Díaz ha decidido con toda evidencia tender un tupido velo sobre los manejos de UGT y, en especial, sobre los mangazos debidos a facturas falsas, por los que no le pedirá cuentas de momento y menos devolución de la pasta. Por eso dicen desde la Oposición –lo dice la secretaria general, Loles López—que lo único que piden es que se trate igual a esos mangantes que a un andaluz cualquiera, una demanda, evidentemente, muy puesta en razón y que resume muy bien la frase de Loles: “Al final, la Presidenta aplicará la real ley de lo que le dé la gana”. Una pena, porque eso complica a la propia Presidenta –casi tanto como su propia firma bajo una de las ayudas problemáticas– en un saqueo ajeno mientras no se decida a tratar como merecen a los saqueadores.