Puertas abiertas

Ha habido unanimidad crítica frente a la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona que ha absuelto a los cafres que cercaron el Parlament impidiendo el acceso a los diputados y hasta agredieron, de palabra y de obra, a algunos de ellos. Unanimidad para considerarla una salida de pata de banco demagógica, no sólo porque es obvio que acosar a una asamblea legítima es un sacrilegio democrático, sino porque, encima, dar lecciones de sociología política a los otros poderes no deja de ser una llamativa presunción. Se salva el juez Marlasca que ha discrepado del bodrio en su voto particular, pero tanto el ponente como su “partanaire” vienen a implantar la peregrina teoría de que, estando los medios de comunicación en manos privadas, lo suyo es que el pueblo soberano –la “plebs” sin más pero también sin menos– campe por sus respetos y sea muy dueño de cerrar por las bravas una asamblea legítima, acosar a sus electos y hasta pintarle una marca en el vestido a una diputada –como a los judíos medievales de Venecia o a los modernos de Varsovia—sin que al pintor le caiga otra “pena” que la de “permanecer localizable” creo que cuatros días. ¡Ni pagarle el tinte, oigan! El bolivariano de Podemos no lo habría hecho de manera más radical.

De prosperar esta filosofía se habría dado, de hecho, barra libre a todos los “indignados” sin excepción, a acosar las Cámaras, o lo que viene a ser los mismo, a poner entre paréntesis el ejercicio democrático sin otro requisito que la expresión de ese sagrado derecho, superior a cualquier otro, que van siendo ya la libertades de expresión y manifestación por la que tanto luchamos en su día los que sufrimos su represión. Nada de una zona de exclusión, de una tierra de nadie, alrededor de los Parlamentos, como en tantos países democráticos, sino todo lo contrario: política de puertas abiertas a los no electos para desahogar su disforia irrumpiendo en el recinto políticamente sagrado. ¡Huy, si los pilla “el bueno de Marat”, como dice el de Podemos, huy si tuvieran que vérselas con el dúo Robespierre-Fouché estos “indignados” de profesión! La imagen de un “President” salvando el acoso a bordo de un helicóptero es el no va más y, sin embargo, ahí tienen a esos jueces ultrajacobinos abriendo de par en par las puertas del templo político a los parroquianos. Me gustaría ver a los mismos ropones en el caso de que la plebe invadiera sus tribunales. ¿Ustedes creen de verdad que se dejarían pintar la toga impunemente?

Salas de espera

Nadie duda de que nuestro sistema público de salud es razonablemente bueno si lo comparamos con otros que hay por ahí. Ha sido incapaz siempre, sin embargo, de rematar la faena en lo que se refiere a las listas de espera, y su precariedad queda a la vista en cuanto el verano aprieta o hay algún brote epidémico, en especial desde que la Junta metió la tijera a fondo en lo que sus responsables se niegan a reconocer como “recortes”. ¿Alguien cree que un enfermo puede esperar ¡30 horas! en una sala abarrotada (hasta con 90 personas) como estos días ocurre en el hospital de referencia de Huelva, el “Juan Ramón Jiménez”? Es una pena que estos fallos desacrediten una de los escasos logros de la autonomía.

¡Anda y púdrete!

En Baleares ha muerto un inmigrante tuberculoso. No por accidente, desde luego, sino desahuciado de los derechos elementales de todo ser humano por los poderes públicos. Alpha Pam, un senegalés del submundo mantero, no tenía “papeles”, es decir, era un “ilegal” y, en consecuencia no tenía derecho a ser asistido por nuestros médicos, a tenor de lo dispuesto en el famoso decreto de exclusión del Gobierno para frenar la oleada migratoria, es decir, que si quería ser asistido –eso le dijeron en el hospital correspondiente, el de Inca—debería pagar antes su tratamiento. ¿Qué no tenía donde caerse muerto? ¿Y qué le cuenta un tuberculoso de 26 años a la autoridad si ya se sabe que sin “papeles” no hay caridad que valga? Desde luego, tiene cojones dejar morirse a chorros a un tío en la flor de la vida con tal de no dar a torcer el brazo normativo, mientras hacemos la vista gorda con los turistas europeos que vienen a nuestros paraísos para tostarse un poco y, ya de paso, operarse de cataratas o de próstata. Pero ¡qué digo con los turistas pudiendo decir con los mangantes de la vida pública en general! Miren, con lo que le han largado a cada uno de los imputados en los ERE fraudulentos –incluso a uno solo—podría medicarse una legión de tísicos y sobraba para una buena valla con cuchillas, pero aquí parece decidida la prioridad de la calderilla sobre las grandes fortunas en fuga. Sin salir de Mallorca mismo, ¿se imaginan la de negritos enfermos que se podrían sanar en nuestros hospitales recuperando aunque fuera una miseria del enorme mangazo dado por los políticos locales en los últimos años?

Dicen que han hecho una película sobre esa tragedia, pero a mí me parece que lo imprescindible en este caso no es tanto una buena película como una causa –“general” si hiciera falta—a todos los poderosos responsables, que no son sólo los de Madrid ni los de Palma, sino los de Bruselas y Estrasburgo, culpables todos, por acción u omisión, de incumplir una obligación tan elemental. No pasará nada, sin embargo, va lo que quieran a que la noticia de Alpha Pam, el pobre, no llega al equinoccio de verano. ¡Anda y púdrete! ¡Pues no nos faltaba más que acoger en nuestras consultas atestadas a esa patulea, con tanta frecuencia enferma a causa del hambre, del éxodo y del hacinamiento! Europa es una implacable madrastra. Y nosotros su vanguardia avizor. Los saltos desesperados de la valla ya no interesan ni al telediario.

Maniqueísmo andaluz

La presidenta Díaz ha cancelado la entrevista que tenía apalabrada con un grupo de parados andaluces. La causa, haberse reunido antes con el Presidente del PP andaluz, gravísimo delito, como pueden imaginar, desde la óptica de estos maniqueos radicales que nos (des)gobiernan. Estás conmigo o estás contra mí, ya saben, todo ello dicho entre sonrisas dentífricas y vagas promesas. Ver a doña Susana ahí arriba es ya motivo sobrado de estupor, pero contemplarla exigiendo la exclusiva es, realmente, un escándalo. Ni ella podría haber soñado con llegar a tanto, ni los andaluces podrían haber temido con llegar a menos.

Pasión del fútbol

Comento con Amando de Miguel y Paco Rosell las grandes evidencias que, una vez más el Mundial está revelando. La condición de “koiné” pasional del fútbol, ese lenguaje universal capaz de atraer audiencias inimaginables para cualquiera. El silencio vergonzante con que la España –como otros países principales– trata de olvidar la catástrofe de Maracaná y el hecho de que ese fracaso haya ampliado el margen a los discrepantes, en especial a los que justifican su falta de afición como consecuencia natural de su cultura. Y casi al mismo tiempo tropiezo en la prensa alemana, junto al lamento nacional por la debacle de la selección argelina, con la foto de Camus arrodillado ante el fotógrafo y con el balón en la mano, aquel Camus joven que un día confesó a un amigo que si hubiera podido elegir entre literatura y fútbol, hubiera elegido el segundo. Amando, que hace una sociología demótica, pegada al terreno, nos pregunta retóricamente qué religión en el mundo sería capaz de atrapar en sus redes a masas como las que siguen enloquecidas al fútbol, esas muchedumbres alucinadas que nos dejan ver en sus “travellings” las retransmisiones televisivas, semblantes “entusiasmados” en el sentido griego del concepto, esto es, presos de la divinidad. Y yo le recuerdo que Camus llegó a decir, para escándalo de cultos y biempensantes, que todo lo que sabía de moral lo había aprendido en el fútbol, como destilado de esa ordalía que es el partido. Dicen que el hombre es un animal mítico y no hay más que ver esos primeros planos desaforados para convencerse.

Hasta Obama posó como hincha para apoyar a su equipo y había que ver su cara desconcertada tras la derrota, ahora que el “soccer” empieza a conquistar masas en su país, y parece que quien más quien menos, la mayoría de nuestros responsables públicos, han estado discretamente atentos al campeonato, aparte de que en Rusia el fiasco de la selección haya llegado a la Duma, al Parlamento, a petición de un grupo de diputados forofos. ¿Qué partido sería capaz hoy de reunir esa hinchada? ¿A qué dirigente “divinizaría” el gentío como los argentinos a Maradona? Quedamos conformes en que ese deporte/negocio es hoy un asunto de Estado y, si nos apuran, un culto nuevo, una teología menor de la paganidad irracional y pujante. Dijo Malraux que el siglo XXI sería religioso o no sería. Todo este berenjenal indica que no le faltaba buena parte de razón.

Jóvenes viejos

Curioso: la generación que ahora anda bajándose del tren profesó primero la fe revolucionaria y luego la enterró. Más curioso todavía: los maniquís de serie de la penúltima Izquierda –fíjense en lo que se parecen todos: Iglesias, Garzón o Sánchez—proponen ahora, en cambio, exhumarla. Siempre hemos tenido en España una “revolución pendiente”, pero ahora quienes la reclaman no son los ropavejeros de la derecha extremada, sino los que viven de la rebusca en el basural democrático que ha producido la crisis, con un ojo puesto en Venezuela y el otro en el papel cuché. Ni en la peor pesadilla hubiéramos podido imaginar que nuestros jóvenes sucesores serían tan antiguos. Ni tan peligrosos.