Un juez habla alto

Alto y claro ha hablado el juez Del Arco, titular del Juzgado de Instrucción número 2 de los de Granada, sobre el abuso político que hacen las Administraciones de los PLD, es decir, de los puestos de libre disposición. El juez habla de “funcionarios afines”, califica de “sistema diabólico” al empleado para proveer los puestos del servicio público, denuncia la arbitrariedad sistemática del Poder político y pide nuevas normas capaces de “impedir estos abusos” acordes con la exigencia constitucional de igualdad, mérito y capacidad de los candidatos. Es como oír el eco de nuestros teóricos del XIX en pleno siglo XXI.

¡Estos liberales!

El eminente jurista Antonio Garrigues –dos mil “pasantes” en su nómina—ha explicado a este diario que su ideología no depende de su estatus sino de su convicción de que, tal como sostuvieron sus predecesores decimonónicos, ser liberal no es más que defender al individuo aplastado por el Sistema. Es más –dice Garrigues—“La ideología liberal ha triunfado. Los que hemos fracasado hemos sido los políticos liberales”. ¡Hombre, así cualquiera! Nadie discute que el credo liberal goza indudablemente de un esqueleto flexible, tanto que lo mismo admite la intervención económica del Poder que su inhibición en favor de la “Mano Invisible”, o sea, más o menos lo que hacen tanto el FMI como el Banco Mundial. Es verdad que los liberales nunca distinguieron bien entre la carne y el pescado y, por eso quizá, mientras Pío Nono lo descomulgaba y Sardá Salvany sostenía que “El liberalismo es pecado”, don Juan Valera podía decir aquello de “Yo no tengo nada de demócrata, al contrario… pero soy eminentemente liberal, no lo puedo remediar”. Le han preguntado a Garrigues cómo defendería las “tarjetas negras” de su correligionario Rato y Garrigues ha respondido que “diría que es una forma de salario, uno forma indirecta de pagar” pero que “protestaría por el desnudamiento infinito de la intimidad”. Ahí queda eso. El gremialismo es eso que dice el adagio: “Reunión de pastores, oveja muerta”.

¿En manos de quién estamos? Fíjense en que tres de los cuatro últimos presidentes del FMI –categoría de jefes de Estado, ojo–, tres han trastabillado: Strauss-Kahn –¡que iba embalado a la Presidencia de Francia!– forzando a una camarera negra de su exclusivo hotel, Christine Lagarde acusada del mangazo de Tapié en el lío del Crédit Lyonnais, y Rodrigo Rato –¡quién pudo haber sido el sucesor de Aznar, recuerden!—metido hasta las trancas en el mamoneo de las tarjetas incontroladas de Caja Madrid. ¡Como para comprarles un coche usado! Por lo demás, en la jugosa interviú a nuestro prócer hay verdades como puños –“Podemos es el castigo correcto a la falta de credibilidad de los partidos”, por ejemplo—y apotegmas tan deliciosos y cínicos como el que asegura que “Hay situaciones en las que la mentira es lo correcto”. Hay cosas que sólo se puede decir detrás de dos mil abogados. Que en un mundo como éste “la justicia universal ilimitada llevaría al desorden” es una de ellas. Garrigues, por ejemplo, puede decirlo sin despeinarse siquiera.

¡Cuánto mangante!

Un amigo mío, que es un guasa sin fronteras, ha enseñado a su hijo las fases tradicionales de la luna que, olvidadas las ocho fases llamadas científicas, queda así en la memoria del nene: luna nueva, cuarto creciente, luna llena y… ¡cuánto mangante! El PSOE acaba de expulsar provisionalmente del partido a diez destacados militantes, incluyendo al ex-ministro Virgilio Zapatero, y el PP se dispone a expulsar a otros diez entre los que estaría el propio Rodrigo Rato, todo un prócer con categoría de jefe de Estado. También han cogido la forzosa escoba en Comisiones Obreras de cuyo seno han salido tres dirigentes de peso y no es dudoso que UGT tenga que hacer lo mismo en su momento. ¡Era demasiado el rollo de las “tarjetas negras” –hay que tener poca vergüenza para sacar millones de pesetas de un cajero automático o para pagar lo que han pagado esos divinos aprovechando el caos—y es obvio que algo tienen que hacer estos partidos si no quieren que cualquier espontáneo como Podemos les desmonte el tinglado de la antigua farsa! Ahora bien, yo me pregunto si esas “tarjetas negras” eran las únicas que andaban por ahí descontroladas o habrá más, acaso muchas más, que pueden ir apareciendo poco a poco –ya lo verán—lo que pondría a los partidos, sindicatos, patronales, cajas de ahorro y demás beneficiados en el brete de seguir expulsando a los abusadores como el cirujano que comenzó por el uñero y acabó amputando el brazo. ¿Qué no? Esperen y ya veremos, porque más difícil era imaginar que un millonario estratosférico como Rato o un personaje tan severo como Virgilio Zapatero, anduvieran sisando como pringaos cualesquiera, y ahí tienen la triste realidad.

España es un albur o un barato, escribió Valle-Inclán, más o menos cuando aún era posible entre nosotros que un enredillo risible como el del famoso “estraperlo” provocara una crisis como la que acabó con Lerroux, es decir, cuando aún podía esperarse en España que, al menos en teoría, los actos de la vida pública se ajustaran a “la austeridad y a la ética que en la gestión de los negocios públicos se supone”. ¿A que da risa? Bueno, pues todavía hay por ahí listos que en cuanto se amaga con investigar algo penumbroso salen como basiliscos esgrimiendo la cantinela de la “causa general”. Que es justamente lo que habría que hacer en un país gangrenado hasta donde no sabemos. Monipodio sería hoy un artesano de la delincuencia, comparado con estos encorbatados del mangazo electrónico.

El gen leninista

Mucho antes de reconducir su reflexión histórica y posicionarse frente al exclusivismo marxista, le escuché decir al maestro François Furet que los partidos, todos y cada uno de los partidos, portaban en su cariotipo lo que en su entorno se llamaba, más o menos en broma, “el gen leninista”. Quería decirse con eso que, en el marco de la competición de la democracia contemporánea, no hay partido que consiga sobrevivir dejando a un lado el “centralismo democrático”, o séase, el precepto de llevar el paso ajustado al tambor. No hay partido bien organizado que no sea, siquiera entre los pliegues de su voluntad genética, un poco o un mucho leninista, cosa que no creo que necesite demostración a la vista de tantas crisis internas resueltas con purgas y tantas disidencias liquidadas con el óstrako. UPyD, un poner, juraba por sus mengues que iba a evitar toda mala práctica de los partidos existentes y, ya ven, a la menor de cambio, ha puesto en la calle nada menos que a su portavoz en la Eurocámara. En IU-CA acaban de rebelarse los “condenados de la tierra” seducidos desde el principio por la psicodelia de Podemos y se declaran ya dispuestos a romper la coalición, quizá porque no le hacen ascos a la actitud del propio Podemos, que lo mismo le señala la puerta –literalmente– a los disidentes de su asamblea de Madrid, que aguanta el cisma de tres de sus cinco eurodiputados, confiado como va surfeando la ola de las corrupciones. No sólo Lenin decoraba su intimidad con el ronroneo gato. La realidad es que en esta democracia, el que no tiene gato confidente va al agua.

Existe un leninismo pequeño-burgués como existe uno “gauchista”. Lo que no hay –porque no funcionará a medio o largo plazo—es un partido comprometido a fuego con la democracia interna. Ningún líder tolera la disidencia ni renuncia al “culto a la personalidad” o, al menos, ninguno lo ha hecho, desde Pericles a Ceaucescu. En todo partido ocurre –dijo Stendhal hablando de Napoleón—que mientras más “esprit” tiene un militante más lejos se siente de la organización, algo que comprobamos sin dificultad, siquiera sea en voz baja, un día sí y otro también. Nadie quiere al lado a quien le pueda hacer sombra y, si me apuran, menos que nadie los asambleístas. Así ha sido siempre, cuando el partido suponía más que nada un sacrificio y cuando se ha convertido en un espléndido chollo. Igual creía el pobre Sosa Wagner que más allá del Pirineo convencional ataban los perros con longaniza.

¿El zorro y el gallinero?

Al final va a resultar que lo del desgobierno económico de la Junta no es que no sea un invento de “cuatro golfos” (Chaves), sino que más o menos sería una práctica generalizada que afectaba a la Junta en peso. La Cámara de Cuentas –que da una de cal y otra de arena—acaba de echar sobre Luciano Alonso –justo el consejero que “supervisa” las mangancias en Formación—la dura acusación de que, bajo su mandato en Turismo, se repartió pasta sin justificar, se comprometieron pagos sin consignación, se evitó la publicidad del BOJA o se prorrogaron cuando convino convenios no vigentes. ¿El zorro en el gallinero? Con todos los respetos, don Luciano tendría que rebatir esa acusación o, por lo menos, dejar su puesto de supervisión de los demás.

Hacia el Nirvana

Mi amigo me confía su decisión de no leer más periódicos ni escuchar más telediarios. “¿Para qué? –se interroga–, ¿para enterarme de nuevos casos de saqueo o de la catástrofe del día?” Es una decisión meditada, no un calentón, una respuesta desolada frente a esta vida pública cada día más insufrible. “¿Tiene algún sentido amargarse la vida ante el espectáculo de la impunidad de tanto presunto, para qué quiero enterarme de alguna infamia peor que la de las tarjetas negras, que sin duda saltará cualquier día de estos?”. Esta democracia, reducida a la elección cuatrienal, no es que no sea siquiera mínimamente participativa, sino que consiste tan sólo en una liturgia destinada a legitimar el poder mediante esa ficción sufragista. ¿Recuerdan el “leiv motiv” de los folclóricos, aquello de “yo no soy político” que lo mismo servía para un roto que para un descosido? Pues así vamos a terminar en este corral de cabras como no cambien mucho las cosas y se vean a las clara algunos “ejemplares”. Presidentes y sindicalistas, patronos y cogecosas, hasta un ex-director general de la Policía o un sujeto con categoría de jefe de Estado andan por ahí arrastrados por una Opinión que si algo no acaba de entender es su impunidad, y en ello hay que ver la causa de esta defección masiva de la ciudadanía que no aguanta más la tragicomedia política. Los antisistema tienen madura la fruta, no cabe duda, por agraz que pueda resultar su aportación y por muy alta que sea la evidencia de que ellos no son más que los mismos perros con collares nuevos. El “nirvana”, pues, el vacío mental, como respuesta a la demostrada incompetencia partidista. Y que sea lo que Dios quiera.

¿Se le puede pedir otra cosa al peatón que ve la película de Caja Madrid, la de los ERE, la de Gürtel, la de los Fondos de Formación, la de las Cajas de Ahorro, la del desastre de las Diputaciones, la de…? Hombre, siempre se le puede recordar que los organismos internacionales celebran ahora que España es el único país de la Zona Euro que crece y no mengua, que la prima de riesgo o el precio del dinero están en bajos históricos, ¿pero qué tiene eso que ver con los apuros para llegar a fin de mes contrastados con las mangancias psicodélicas perpetradas por todo el país? El mínimo deber ciudadano, el propio voto, está hoy en el alero mientras la masa crítica parece decidida a ver los partidos de la Champion League debajo de la manta.