Juegos y números

Ahora resulta que la ocurrencia del entrenador Van Gaal de sustituir a su portero titular por el suplente a escasos segundos del final no obedecía a un capricho o treta del entrenador sino a un calculado plan que remonta sus orígenes a la obra de un matemático especialista en teoría de los juegos, John Nash, premiado con el Nobel del año 94, puesta al día por un profesor bilbaíno, Ignacio Palacios, que enseña en la London School of Economics además de asesorar a su Athletic y a la selección nacional de Holanda, única que accedió a comprarle le burra. Palacios ha reunido una base de 1.400 grabaciones de penaltis, estudiando la cual ha ido sacando conclusiones tales como que el equipo que primero lanza el castigo lleva ventaja, lo mismo que la llevan los jugadores jóvenes sobre los mayores y los más frescos sobre los cansados, aunque parece, vistos los porcentajes que ofrece, que en términos relativamente insignificantes. Todo indica, no obstante, que esas observaciones científicas, ya aplicadas en campos tan diversos como la ciencia política o la biología, son poco concluyentes en el estudio de la liturgia del penalti, en la que se han ido incluyendo sucesivamente, primero los corrillos calcados de las canchas yanquis y luego las actitudes devotas expresadas en plegarias y reverencias –hay un jugador del actual campeón de la Liga que suele arrodillarse mirando a la Meca en estos casos—en inextricable mescolanza con una cierta histeria contagiosa que corta el resuello a la grada y, ya de paso, a la audiencia televisiva. Ya saben los bachilleres para qué sirven, entre otras cosas, las temibles matemáticas.

Realmente las conclusiones de la teoría en cuestión no son precisamente u hallazgo, mientras se mantenga en observaciones tan elementales como la de que el jugador suele tender a ejecutar el disparo con su “pierna buena” y que el portero, frente a él, tenderá a lanzarse con preferencia también hacia el lado que le marca su tendencia, pero no me digan que el mero hecho de que en el ambiente cargado de los vestuarios flote el fantasma de algoritmos y teoremas no es ya una curiosa ilustración del papanatismo que es capaz de dar de sí un negocio tan fulgurante como el balompié. La broma ésa de que el fútbol es una ciencia exacta, digna de cualquier Valdano, no queda ya tan lejos, después de todo. ¿No inventó Pascal la ruleta? Quién sabe si para el próximo mundial habrá que entrenar con ábacos antes de saltar a la cancha.

La década prodigiosa

No resulta exagerado llamar así a los últimos diez años teniendo en cuenta el desmesurado saqueo de los fondos públicos perpetrado presuntamente por la Junta de Andalucía, primero en el terreno de los ERE, luego con el laberinto de la formación de parados y, por último (de momento), en las Unidades Territoriales de Empleo, Desarrollo Local y Tecnológico (Utedlt). No se dejen embaucar por las cifras en euros y traduzcan a pesetas: verán como esa enormidad defraudada, de no haberlo sido, tendría hoy a Andalucía muy lejos de este fondo de reptiles, al que no ha de volver, probablemente, ni un centavo de lo mangado. La impunidad práctica que ha beneficiado hasta ahora a los defraudadores constituye el mayor escándalo registrado en los anales de esta democracia de mínimos.

Puertas abiertas

Ha habido unanimidad crítica frente a la sentencia de la Audiencia Provincial de Barcelona que ha absuelto a los cafres que cercaron el Parlament impidiendo el acceso a los diputados y hasta agredieron, de palabra y de obra, a algunos de ellos. Unanimidad para considerarla una salida de pata de banco demagógica, no sólo porque es obvio que acosar a una asamblea legítima es un sacrilegio democrático, sino porque, encima, dar lecciones de sociología política a los otros poderes no deja de ser una llamativa presunción. Se salva el juez Marlasca que ha discrepado del bodrio en su voto particular, pero tanto el ponente como su “partanaire” vienen a implantar la peregrina teoría de que, estando los medios de comunicación en manos privadas, lo suyo es que el pueblo soberano –la “plebs” sin más pero también sin menos– campe por sus respetos y sea muy dueño de cerrar por las bravas una asamblea legítima, acosar a sus electos y hasta pintarle una marca en el vestido a una diputada –como a los judíos medievales de Venecia o a los modernos de Varsovia—sin que al pintor le caiga otra “pena” que la de “permanecer localizable” creo que cuatros días. ¡Ni pagarle el tinte, oigan! El bolivariano de Podemos no lo habría hecho de manera más radical.

De prosperar esta filosofía se habría dado, de hecho, barra libre a todos los “indignados” sin excepción, a acosar las Cámaras, o lo que viene a ser los mismo, a poner entre paréntesis el ejercicio democrático sin otro requisito que la expresión de ese sagrado derecho, superior a cualquier otro, que van siendo ya la libertades de expresión y manifestación por la que tanto luchamos en su día los que sufrimos su represión. Nada de una zona de exclusión, de una tierra de nadie, alrededor de los Parlamentos, como en tantos países democráticos, sino todo lo contrario: política de puertas abiertas a los no electos para desahogar su disforia irrumpiendo en el recinto políticamente sagrado. ¡Huy, si los pilla “el bueno de Marat”, como dice el de Podemos, huy si tuvieran que vérselas con el dúo Robespierre-Fouché estos “indignados” de profesión! La imagen de un “President” salvando el acoso a bordo de un helicóptero es el no va más y, sin embargo, ahí tienen a esos jueces ultrajacobinos abriendo de par en par las puertas del templo político a los parroquianos. Me gustaría ver a los mismos ropones en el caso de que la plebe invadiera sus tribunales. ¿Ustedes creen de verdad que se dejarían pintar la toga impunemente?

Salas de espera

Nadie duda de que nuestro sistema público de salud es razonablemente bueno si lo comparamos con otros que hay por ahí. Ha sido incapaz siempre, sin embargo, de rematar la faena en lo que se refiere a las listas de espera, y su precariedad queda a la vista en cuanto el verano aprieta o hay algún brote epidémico, en especial desde que la Junta metió la tijera a fondo en lo que sus responsables se niegan a reconocer como “recortes”. ¿Alguien cree que un enfermo puede esperar ¡30 horas! en una sala abarrotada (hasta con 90 personas) como estos días ocurre en el hospital de referencia de Huelva, el “Juan Ramón Jiménez”? Es una pena que estos fallos desacrediten una de los escasos logros de la autonomía.

¡Anda y púdrete!

En Baleares ha muerto un inmigrante tuberculoso. No por accidente, desde luego, sino desahuciado de los derechos elementales de todo ser humano por los poderes públicos. Alpha Pam, un senegalés del submundo mantero, no tenía “papeles”, es decir, era un “ilegal” y, en consecuencia no tenía derecho a ser asistido por nuestros médicos, a tenor de lo dispuesto en el famoso decreto de exclusión del Gobierno para frenar la oleada migratoria, es decir, que si quería ser asistido –eso le dijeron en el hospital correspondiente, el de Inca—debería pagar antes su tratamiento. ¿Qué no tenía donde caerse muerto? ¿Y qué le cuenta un tuberculoso de 26 años a la autoridad si ya se sabe que sin “papeles” no hay caridad que valga? Desde luego, tiene cojones dejar morirse a chorros a un tío en la flor de la vida con tal de no dar a torcer el brazo normativo, mientras hacemos la vista gorda con los turistas europeos que vienen a nuestros paraísos para tostarse un poco y, ya de paso, operarse de cataratas o de próstata. Pero ¡qué digo con los turistas pudiendo decir con los mangantes de la vida pública en general! Miren, con lo que le han largado a cada uno de los imputados en los ERE fraudulentos –incluso a uno solo—podría medicarse una legión de tísicos y sobraba para una buena valla con cuchillas, pero aquí parece decidida la prioridad de la calderilla sobre las grandes fortunas en fuga. Sin salir de Mallorca mismo, ¿se imaginan la de negritos enfermos que se podrían sanar en nuestros hospitales recuperando aunque fuera una miseria del enorme mangazo dado por los políticos locales en los últimos años?

Dicen que han hecho una película sobre esa tragedia, pero a mí me parece que lo imprescindible en este caso no es tanto una buena película como una causa –“general” si hiciera falta—a todos los poderosos responsables, que no son sólo los de Madrid ni los de Palma, sino los de Bruselas y Estrasburgo, culpables todos, por acción u omisión, de incumplir una obligación tan elemental. No pasará nada, sin embargo, va lo que quieran a que la noticia de Alpha Pam, el pobre, no llega al equinoccio de verano. ¡Anda y púdrete! ¡Pues no nos faltaba más que acoger en nuestras consultas atestadas a esa patulea, con tanta frecuencia enferma a causa del hambre, del éxodo y del hacinamiento! Europa es una implacable madrastra. Y nosotros su vanguardia avizor. Los saltos desesperados de la valla ya no interesan ni al telediario.

Maniqueísmo andaluz

La presidenta Díaz ha cancelado la entrevista que tenía apalabrada con un grupo de parados andaluces. La causa, haberse reunido antes con el Presidente del PP andaluz, gravísimo delito, como pueden imaginar, desde la óptica de estos maniqueos radicales que nos (des)gobiernan. Estás conmigo o estás contra mí, ya saben, todo ello dicho entre sonrisas dentífricas y vagas promesas. Ver a doña Susana ahí arriba es ya motivo sobrado de estupor, pero contemplarla exigiendo la exclusiva es, realmente, un escándalo. Ni ella podría haber soñado con llegar a tanto, ni los andaluces podrían haber temido con llegar a menos.