La garduña nacional

Un mapa de España, provincializado, registrando los casos de corrupción conocidos. Hay en él diferencias significativas que expresan los números mejor que las palabras. Hay algunas regiones impolutas, como Cantabria, Navarra o La Rioja, las hay moderadas o discretas, como Castilla-León (2 casos) o Asturias (6 casos) y las hay corruptas al por mayor: Cataluña (38 casos) o Madrid (74). Y, en fin, ahí está Andalucía, encabezando el ránking con 114 casos. Tire cada cual de una esquina de la manta y, seguramente, sin manta nos quedaremos. Justo es repetir que Juan Guerra, el precursor, no pasó de ser un modesto artesano.

Una de marcianos

Mucho se está hablando del proyecto “Mars One” lanzado por una empresa holandesa y consistente en enviar cuatro tripulantes a Marte en 2024. La gran novedad del proyecto está en que esos astronautas, tras viajar siete meses, no podrán volver a la Tierra o, cuando menos, el proyecto no contempla ese objetivo, pues de lo que se trataría, al parecer, es solamente de establecer una colonia en aquel misterioso planeta e irla ampliando con el tiempo aunque no sabemos ni bien ni mal con qué objeto práctico. Hay problemas por resolver, claro, empezando por el de la regulación del oxígeno producido por las plantas propias, hoy por hoy desasistido de las tecnologías indispensables, o del problema, algo más prosaico, de reposición de los materiales necesarios para mantener la vida en un proyecto que ya de momento costaría nada menos que 4.500 millones de dólares. ¿Y quién querría apuntarse a tamaña desmesura? Pues mucha gente, en concreto unas 200.000 personas provenientes de 140 países y entre las cuales hay al menos catorce de nacionalidad española. Desde el MIT de Massachusetts nos llega la opinión científica de que esos nautas no podrían resistir en el planeta colonizado más allá de 68 días, tras los cuales comenzarían a morir asfixiados y faltos de materiales e instrumentos cuya reposición sería poco menos que imposible en la práctica. Por su parte, los rusos han experimentado ya experimentalmente ese viaje imaginario con resultados interesantes al parecer, aunque no tanto como los que entrevió Julio Verne, aquel profeta que decía que aquello que un hombre es capaz de imaginar, otro acabará haciéndolo.

Más tardía que la de la luna, la leyenda marciana comienza a finales del XIX y no cesa ya durante todo el siglo XX, a pesar de tantas evidencias como han acumulado los estudiosos a partir de la experiencia del “Mariner” y el “Apolo”, pero no ha bastado el conocimiento de la radical hostilidad ambiental de aquel planeta para liquidar el viejo sueño, al que, para que no falte de nada, se ha sumado con entusiasmo el premio Nobel de Física 1999, Gererd’t Hooft y hasta un físico español, José D. Díaz, que se declara dispuesto a morir en el intento con tal de pasar a la Historia y contribuir al progreso. Y es que el viaje es una ilusión constante de la especie incluso cuando carece de sentido. Un viajero de excepción como Lévi-Strauss encabezó sus “Tristes Trópicos” con una declaración elocuente: “Odio los viajes y los exploradores”…

Marcha anacrónica

Cuentan los corresponsales que las marchas de protesta a las bases norteamericanas de Rota y Morón están de capa caída, y es natural. Las reivindicaciones históricas tienen sentido sólo cuando se las propone en tiempo y forma, no cuando se fosilizan en el símbolo. Resulta raro que custe entender hoy que esas bases no significan ya que lo que significaron en otros tiempos, sobre todo en un momento en que la “amenaza” real resulta común para todo Occidente. Por eso languidece la protesta y mengua cada año más la asistencia de manifestantes, reducidos ya exclusivamente a los empecinados y a los profesionales.

Culpas y perdones

Está de moda la petición de perdón por quien se cree obligado a ello para resarcir a la comunidad del daño causado. Del papado vino la primera oleada de perdones solicitados, alguno a propósito de la condena de Galileo –¡tantos siglos después!–, otro a causa de la ambigüedad vaticana frente al Holocausto. Hemos visto a nuestros pontífices arrodillarse humildemente y besar el suelo de Auwschwitz en señal de penitencia, como hemos visto a altos dignatarios de la política –empezando por el rey Juan Carlos– escenificar en público sus peticiones de perdón en algunos casos imperdonables. Y esa ola ahora, en un plano menos trágico pero no menos grave, llega ahora a España donde, en unos pocos días y sin salir de Madrid, han entonado su palinodia –como ya hiciera Pujol– desde Rajoy a Sánchez y desde Esperanza Aguirre a Tomás Gómez, en un intento de enfriar el enorme cabreo popular provocado por la corrupción rampante. El problema es que ese requisito no basta para obtener la absolución, ni según el canon católico ni según el que comporta el propio sentido común, puesto que el mal hecho sólo se conjura una vez cumplimentado el propósito de enmienda que, en este ámbito político, no quiere decir otra cosa que la toma de medidas radicales capaces de castigar a los corruptos y recuperar lo afanado, que son dos requisitos difíciles de afrontar en esta coyuntura tanto por el PP como por el PSOE. Si esas dos fuerzas aún tan potentes no sean capaces de reconocer su culpa, no hay nada que hacer. ¿A que no han visto ustedes jamás ni al uno ni al otro denunciar a un chorizo propio antes de que desde fuera se le pusiera en evidencia? No basta con expulsar del partido al denunciado tras el escándalo –eso no es más que una higiene imprescindible–, sino que sería preciso hacerlo antes de que otros hagan estallar el caso.

El único movimiento practicable en este ajedrez podrido sería una catársis que, para qué vamos a engañarnos, no están en condiciones de hacer hoy día ninguno de nuestros dos grandes referentes, porque eso sería como pedirles que se arrojen a la pira la mayoría de los altos dirigentes, conocedores todos, no lo duden, hasta de la letra chica deletreada por esta garduña. ¡No pidan perdón, tomen decisiones! ¡Tiren de la manta en lugar de andar sollozando por los rincones! ¡Hagan posible una Justicia rápida, expeditiva, que solvente los mangazos en tiempo y forma! Lo demás son cuentos y ceremonias de la complicidad.

Catorce cifras

Un tanto que, con toda seguridad, no olvidará el lector habitual de este periódico ha de ser la publicación en nuestra primera página del número exacto de la cuenta secreta que el alcalde de Barcelona, Xavier Trias, mantuvo en Suiza, más concretamente, en la Union de Banques Suisses (UBS). Si no lo hubiera publicado hubieran quedado posibles dudas en los televidentes que lo vieron y escucharon negar por activa y por pasiva la noticia anticipada aquí. Pero era cierta, no falsa; el falso es él. Ya de paso, en la misma edición, se revelaba aquí que quien lo fue casi todo en la comunidad de Madrid, Francisco Granados, tuvo y sigue teniendo dos cuentas en aquel civilizado paraíso que, al paso que va la burra, pinta tiene ya de acabar reconvertido en una de aquellas islas perdidas en el océano bajo cuyos cocoteros ocultaban sus codiciados cofres los piratas de la otra edad de oro del corso o el filibusterismo. ¿Tanta gente tiene cuentas secretas en el extranjero en este país atrapado por la crisis y saqueado por sus propios dirigentes? Da la impresión de que sí, en vista de que a cada patada que da la Guardia Civil –“¿Y qué coño es la UDEF!”, tuvo el cuajo de retrucar Jordi Pujol cuando aún se hacía llamar “molt honorable”—quedan al descubierto una pila de ellas. Hasta hay quien dice ya que si no tienes una cuenta secreta, lo que ocurre, sencillamente, es que no eres nadie.

La ruptura formal de la negociación entre PP y PSOE para buscarle un remedio a la corrupción no tiene, por eso mismo, nada de extraño: ni uno ni otro, desgraciadamente, a pesar de sus protestas de regeneración y de sus recientes estrategias de expulsiones selectivas a bote pronto, ignora que tiene el armario atestado de mangantes. ¿O es que es posible pactar la honradez entre dos bucaneros que, encima, andan empeñados en degradarse entre sí por todos los medios? Ni uno sólo de los afanadores descubiertos hasta ahora ha reconocido de entrada su pecado, lo que me preocupa más que nada como ciudadano expoliado que ve en esa negativa contumaz una consecuencia fatal: que no se recuperarán las fortunas robadas y ocultas bajo esas catorce cifras. Un ejército de parados en un país atónito contempla este asalto masivo al erario común, mientras sus líderes se enredan en juegos bizantinos, que si tú que si yo, y crece bajo sus pies la amenaza populista de ese bibianismo ilustrado que era el invitado que faltaba en el patio de Monipodio.

Diálogo, pero menos

La presidenta Díaz mantiene su cruzada madrileña, sin perder ocasión de enseñar por debajo de la puerta la patita de su hegemonía frente al improvisado Sánchez. Antier mismo se lució en aquella plaza, aunque protegida por un moderador que impidió celosamente que en el coloquio le llegara alguna pregunta sobre los ERE, las prejubilaciones falsas y todo lo demás. No era cosa de que le pidieran en público explicaciones sobre su mutismo frente a la comprometida situación de Chaves y Griñán pero dijo, por enésima vez, eso sí, que actuaría “con contundencia” contra la corrupción. Bueno, según y cómo, ya nos entendemos. El diálogo, como la guerra italiana, “è bello ma troppo incómodo”.