Alta tensión

No podemos ignorar el hecho de que la corrupción es un carácter generalizado en el mundo del siglo XXI. Miren a Francia, donde hasta el candidato a la Presidencia lleva en las espaldas –algún predecesor suyo fue ya condenado en firme—no sé cuántos fardos indeseables, o a Italia, donde los jueces libran otra batalla frontal a una alta corrupción en cuyo reparto figuran desde políticos destacados (el ex-alcalde de Roma, por ejemplo) hasta empresarios distinguidos y funcionarios de todas las tallas. Los jueces italianos han designado a este último caso con la clave “il mondo di mezzo” –una evidente resonancia tolkieniana—y la realidad es que cada mañana aparecen nuevo titulares sobre las andanzas de esos corruptos. ¿Tal como aquí? Tal como aquí. Estos días el estupor versa sobre la petición del fiscal del “caso Noos” girando alrededor de la conversa sobre si hay derecho o no lo hay a que a la infanta, hija y hermana de un rey de España, le pasen la mano por el lomo delictivo con una tipificación eufemística mientras que a la mujer del otro socio la crujen por derecho. Cualquiera sabe –suelo decir en estos casos– pues tan evidente es que si la infanta se escapa pondrán de chupa de dómine a la Justicia como que si la inculpan no faltará quien achaque la decisión a las presiones mediáticas. Lo tienen crudo los instructores y los juzgadores, pero la opinión pública no debería distraerse con este grave caso olvidando la generalización de esa delincuencia de guante blanco. A los adalides de la teoría de la excepción –lo de los “cuatro golfos” de marras—les aguardan unos años de soponcio viendo, probablemente, como se derrumba su castillo de arena.

En España resulta imprescindible una catarsis, por muy demoledor que su escandaloso eco resulte para la “marca España”, y aunque esa catarsis ponga de relieve le extensión y profundidad de una corrupción que llega desde la Casa Real (la antigua) hasta el guardia civil sobornado por los narcos, pasando por todos y cada uno de los partidos que han tocado poder en los últimos decenios. Por eso mismo ninguno de estos últimos está dispuesto a propiciar una separación efectiva de los poderes del Estado desatando por completo las manos de jueces y fiscales. ¡Si hasta a los que han emergido denunciando la corrupción ajena les han bastado unos meses para poner el cazo! Sólo una Justicia libre podría ejecutar esa catarsis a la que los políticos, lamentablemente, se han negado en redondo a someterse.

El truco legal

Cada vez que se denuncia un contrato sospechoso se dice y repite desde todas las Administraciones en apuros –y llevamos años con la misma cantinela—que la adjudicación ha sido “legal”. ¡Como si nos supiéramos lo fácil que resulta montar la ficción legal desde un despacho! Se encarga el negocio a una empresa y ésta misma se encarga de enviar las propuestas de la competencia (siempre más caras), o bien se parte por gala en tres el negociazo para que las tres partes, o sea el todo, quepa en la norma exigente. La ingeniería truquista es de lo más elemental y, sin embargo, de lo más efectiva. El trile administrativo es hoy, en boca de los portavoces, idéntico al que manejaban Cortado y Rincón.

Dinero y patria

No acabo de entender bien la marimorena que se han organizado al saberse que un motero famoso ha fijado su residencia en Andorra para pagar menos impuestos. Se rasgan las vestiduras, se multiplican los recordatorios de antecedentes sacando a la luz nombres e imágenes de otros famosos que se declararon andorranos con tal de evitar la exacción de un Estado realmente insaciable, aunque no he visto ninguna alusión al caso aquel en el que las fotos delataron la visita de todo un ministro de Interior y de su Secretario de Estado a un banco del paraíso vecino. ¿De qué se extraña el personal –me pregunto—en un país donde la trampa es la norma y cuyos dirigentes más conspicuos –incluyendo a alguno con categoría de jefe de Estado y que a punto estuvo de gobernarnos—andan enredados en la mayor malversación de nuestra Historia? Desde que Cicerón sentenció aquello de “ubi bene ibi patria”, luego vulgarizado como “el dinero no tiene patria”, sabemos que los límites del patriotismo caben en la faltriquera, así como desde que en España la democracia está permitiendo sacar secretos a la luz del día tenemos la evidencia de que aquí, quien no tiene pasta oculta en algún paraíso, no es nadie. ¿No es lógico que ese centauro busque refugio en un paisito de conveniencia en el que pagará quince veces menos que en esta patria voraz, teniendo en cuenta el ejemplo perverso que diariamente le ofrecen los más altos responsables de la patria? En absoluto defiendo la trampa del motero pero en un Estado que ha renunciado hace tiempo a destapar la olla podrida de la defraudación no puede sorprender, en conciencia, la avaricia de un joven triunfador.

El único argumento público que condenaría a los defraudadores sería el dictado por una mano implacable que forzara la evidencia de que en este país ya no manga “del rey abajo, ninguno”, es decir, todo lo contrario de lo que llevamos años comprobando cada mañana en el periódico. Lo del patriotismo es una pamema en este puerto de Arrebatacapas en el que hasta los ultracríticos y revolucionarios cobran en dinero negro o logran trabajos bien remunerados en los que luego, una vez cobrados, no dan palo al agua, y más en esta sociedad desmoralizada en la que los de arriba llaman “ingeniería” al trampantojo. Ese arrapiezo derrapando en las curvas para que la bandera tremole emotivamente no es la causa sino el efecto de nuestra secular condición defraudatoria. Uno más que debería ir a la trena pero, eso, solamente uno más.

Lo dice el socio

Hace más de un decenio que algunos, frente al enfado de muchos, nos venimos refiriendo a la autonomía andaluza como un “régimen”. Bien, pues ahora es el socio de Gobierno del PSOE, esto es, IU, la que por boca de sus máximos dirigentes le han explicado a unos estudiantes onubenses que, en efecto, de un “régimen” se trata y que la minoría del PSOE a la que ellos sostienen “ha agredido a la mayoría social de los andaluces con medidas a favor de intereses oligárquicos”. ¿Entonces por qué sostienen en el poder a quien Valderas definía hasta el día antes como “gobiernillo de corruptos”? Como en su día el PA, IU es la responsable de los males de ese “régimen” que ahora denuncian como si los acabaran de descubrir.

Locos por matar

Fue en 1995. Scott Panetti, un reo que había matado a sus suegros tres años antes, apareció ante el tribunal tejano vestido de cow-boy, exigió ejercer la defensa propia y citó como testigos a Kennedy, a Jesús de Nazaret y al papa entonces felizmente reinante. El hombre había sido diagnosticado formalmente como esquizofrénico pero ello ni disuadió ni al jurado ni al juez a la hora de dictar una sentencia de muerte que hasta el miércoles por la mañana no fue suspendida “in extremis” por un tribunal federal. Lo que está ocurriendo en Estados Unidos a este respecto es tan tremendo como indica el hecho de que, según los estudiosos del tema, la mitad de los últimos reos ajusticiados habían sido declarados previamente enfermos mentales severos o mostraban elocuentes signos de serlo, un hallazgo que no ha logrado disuadir a más del cuarenta por ciento de los ciudadanos encuestados de su empeño justiciero. Ni siquiera la prohibición dictada por el Tribunal Supremo del país en el año 86, que prohibía expresamente la ejecución de “insanes” (locos en general), ha logrado detener esta barbarie al haber resignado el Alto Tribunal en los jueces locales la facultad de declarar al reo capaz o incapaz de distinguir racionalmente entre el bien y el mal, es decir, de comprender la índole última de sus actos. En Texas, desde luego, tanto los tribunales como los jurados no están por la labor de hilar fino en la mente de los acusados. El que la hizo que la pague y a otra cosa.
A través del Death Penalty Information Center hemos sabido que, en opinión de los expertos, quince de cada cien alojados en el “corredor de la muerte” están, probablemente, más para allá que para acá, y por medio del Dallas Morning News, conocemos la opinión reflejada en el voto particular de uno de los jueces que han intervenido en el caso de Panetti –¡republicano, por más señas!– según la cual estas ejecuciones de anormales vulneran brutalmente la Constitución americana y ponen en cuestión la razón jurídica de la propia pena de muerte. Y es que en esa extraña democracia capaz de asumir su condición de gendarme universal, no es infrecuente la ejecución de dementes o menores de edad, por no hablar de la elocuente estadística penal en la que los reos negros sobrepasan de manera escandalosa a los blancos. ¡Un pirado vestido de vaquero y citando en su defensa al propio Cristo! Hacen falta más razones para bajar del cadalso a un reo en el país de la Libertad.

Las cosas de comer

Otra vez este título vergonzante, que se ha convertido en “ultima ratio” de todos los apurados: “¡A mí no me va a dar nadie lecciones contra la corrupción!” claman desde todos los partidos a pesar del peso de las evidencias. Y todo sigue su apacible curso por los senderos que se entrecruzan ante los ojos atónitos del ciudadano contribuyente. IU denuncia la corrupción del PSOE y hasta lo amenaza con llevarlo “ante la juez Alaya” pero… manteniendo el “pacto de progreso” y, ya de paso, metiendo la mano cuando se tercia. Denunciar la corrupción no es siquiera asignatura optativa cuando se trata, como Chaves advirtiera, de las “cosas de comer”.