Las dos manos

Leo en la portada de nuestro periódico un titular tremendo: “Los empresarios suspenden a los políticos por la corrupción”. Me quedo algo perplejo pero cuando salgo se me viene a la cabeza la vieja imagen de las dos manos, la que da y la que coge, imprescindibles ambas para que se produzca el intercambio. Si uno no quiere, dos no riñen, dice el refrán, y puede añadirse el apotegma griego “Dádivas quebrantan peñas”, sobre el que el profesor Juan Jiménez Fernández ha puesto hace poco un incisivo acento. ¡Vamos, hombre! La “clase política” está hecha unos zorros, más allá o más acá de que muchos de sus miembros conserven la honestidad intacta pero, ay, comprenderán ustedes que la estimativa pública acabe por romper la baraja del comedimiento cuando sobre ella cae a plomo esta tormenta de “casos”. Ahora bien, ¿qué me cuentan de la clase empresarial? ¿Acaso existiría corrupción entre los políticos si los empresarios no cedieran (o incluso fomentaran) el indigno trato? No señor, no existiría, y lo digo consciente de que me muevo en el plano de la política ficción: que para que un político se convierta en un mangante es indispensable la colaboración de un empresario medrador, su justa media naranja, es cosa conocida de antiguo y ahí está ese adagio griego para probarlo. Dinero y Poder siempre caminaron juntos y en muchas ocasiones revueltos por la propia naturaleza de las cosas. César, Olivares o Yeltsin constituyen tres ejemplos señeros. A ver por qué creen que el amigo del alma de González no es ya el Lebrijano sino Carlos Slim.

¿Con qué cara recriminan los bancos (¡y las Cajas!), las constructoras o las eléctricas, pongamos por caso, a los mismos con los que ellos han cerrado tratos tantas veces para repartirse la manteca? ¿Cómo quejarse de que un AVE acabara costando el doble de lo presupuestado si sabemos lo que ocurrió con el “convoluto”? ¿No hablaba Sainte- Beuve, incluso de “une certaine corruption agréable”? Suspenso para los políticos, vale, pero también para quienes con ellos sostienen a pulso el tinglado del agio: los empresarios. Y habría que reservar alguna sanción moral para el mismísimo pueblo soberano, tan protestón pero tan connivente y “comprensivo” en el fondo con la sepsia de los de arriba, como lo prueba la frecuente reelección de políticos condenados. Bastante tienen los políticos con su cruz y su cara. No les carguemos encima con las responsabilidades ajenas.

Pobres andaluces

Demoledor informe de Cáritas sobre la situación de los necesitados en nuestra comunidad. Un millón de ciudadanos –más de trescientos mil hogares—acampan ya en la exclusión social y casi el triple corre el riesgo de caer en ella a medida que se tambalea por no dar más de sí la solidaridad familiar. ¿La crisis? Recuerda el informe que había mucho andaluz excluido antes de que ésta estallara por lo que apunta a que el hecho es consecuencia de las políticas mantenidas durante varios decenios. Tanto hablar de la economía sumergida y va a resultar que sin ella el tinglado se habría venido abajo hace tiempo.

Manos sucias

El gran asunto que se airea en la campaña para las elecciones generales que se celebrarán en Rumania el 2 y el 16 de este mes no es otro que la corrupción. También allí, como entre nosotros, la Dirección Nacional Anticorrupción, fundada por una de las candidatas, Monica Macovei, ha removido el fango hasta dar con una amplia trama de corruptos perteneciente en su mayoría al entorno del primer ministro Victor Ponta, que sigue siendo, a pesar de todo, el gran favorito para esos comicios. También allí, en fin, han acabado en el trullo altos barones locales y alcaldes distinguidos junto con otros altos cargos de la vida pública, clavo al que se aferra Macovei, para postularse como la única opción honesta que se ofrece al electorado. “Iremos a votar –dice la propaganda de Macovei— porque no queremos seguir siendo gobernados por ladrones, y porque esta terrible enfermedad nacional, esta metástasis, debe ser extirpada”. Tal cual, idéntico al mensaje que aquí resuena y trae por la calle de la Amargura al sistema bipartidista, los mismos términos y razones, más o menos, que estamos oyendo aquí constantemente. Una escritora destacada en el país, Daniela Ratiu, clama en su blog: “¿Cómo ha podido usted (señor primer ministro) convivir con el cáncer de la corrupción, por el amor de Dios?”. Pues ha podido, eso es todo, y además, no hay respuesta a esa impertinente pregunta. Tal cual, ya digo, aunque esté feo el comparar, ahora que los “presuntos” no caben ya en los calabozos de nuestras comisarías.

He dicho “presuntos” por más que un jurista como Joaquín Moekel me tenga dicho y repetido que no abuse de esa prudencia ya que el derecho español no presume culpabilidades sino, exclusivamente, la inocencia, que es otra forma de aducir el argumento empleado por el PP en sus recientes determinaciones de separar a los acusados por la Justicia sin esperar a que, con el tiempo y una caña, se resuelvan sus respectivos pleitos, mueran sus actores claves o prescriban las acciones, que de todo eso hubo y hay en la viña del señor. Contra el escepticismo de “Juan Español” hay que insistir en que ya va habiendo mucho importante en nuestras celdas y, con toda verosimilitud, que muchos más va a haber cuando la tortuga de la Justicia llegue al Sur y se ponga a devorar los miles de folios acumulados en los Juzgados. En Rumanía, los medios reclaman –como en la Italia de los años 90—“mani belite”, esto es, manos limpias. ¿No les dije que tal cual?

La garduña nacional

Un mapa de España, provincializado, registrando los casos de corrupción conocidos. Hay en él diferencias significativas que expresan los números mejor que las palabras. Hay algunas regiones impolutas, como Cantabria, Navarra o La Rioja, las hay moderadas o discretas, como Castilla-León (2 casos) o Asturias (6 casos) y las hay corruptas al por mayor: Cataluña (38 casos) o Madrid (74). Y, en fin, ahí está Andalucía, encabezando el ránking con 114 casos. Tire cada cual de una esquina de la manta y, seguramente, sin manta nos quedaremos. Justo es repetir que Juan Guerra, el precursor, no pasó de ser un modesto artesano.

Una de marcianos

Mucho se está hablando del proyecto “Mars One” lanzado por una empresa holandesa y consistente en enviar cuatro tripulantes a Marte en 2024. La gran novedad del proyecto está en que esos astronautas, tras viajar siete meses, no podrán volver a la Tierra o, cuando menos, el proyecto no contempla ese objetivo, pues de lo que se trataría, al parecer, es solamente de establecer una colonia en aquel misterioso planeta e irla ampliando con el tiempo aunque no sabemos ni bien ni mal con qué objeto práctico. Hay problemas por resolver, claro, empezando por el de la regulación del oxígeno producido por las plantas propias, hoy por hoy desasistido de las tecnologías indispensables, o del problema, algo más prosaico, de reposición de los materiales necesarios para mantener la vida en un proyecto que ya de momento costaría nada menos que 4.500 millones de dólares. ¿Y quién querría apuntarse a tamaña desmesura? Pues mucha gente, en concreto unas 200.000 personas provenientes de 140 países y entre las cuales hay al menos catorce de nacionalidad española. Desde el MIT de Massachusetts nos llega la opinión científica de que esos nautas no podrían resistir en el planeta colonizado más allá de 68 días, tras los cuales comenzarían a morir asfixiados y faltos de materiales e instrumentos cuya reposición sería poco menos que imposible en la práctica. Por su parte, los rusos han experimentado ya experimentalmente ese viaje imaginario con resultados interesantes al parecer, aunque no tanto como los que entrevió Julio Verne, aquel profeta que decía que aquello que un hombre es capaz de imaginar, otro acabará haciéndolo.

Más tardía que la de la luna, la leyenda marciana comienza a finales del XIX y no cesa ya durante todo el siglo XX, a pesar de tantas evidencias como han acumulado los estudiosos a partir de la experiencia del “Mariner” y el “Apolo”, pero no ha bastado el conocimiento de la radical hostilidad ambiental de aquel planeta para liquidar el viejo sueño, al que, para que no falte de nada, se ha sumado con entusiasmo el premio Nobel de Física 1999, Gererd’t Hooft y hasta un físico español, José D. Díaz, que se declara dispuesto a morir en el intento con tal de pasar a la Historia y contribuir al progreso. Y es que el viaje es una ilusión constante de la especie incluso cuando carece de sentido. Un viajero de excepción como Lévi-Strauss encabezó sus “Tristes Trópicos” con una declaración elocuente: “Odio los viajes y los exploradores”…

Marcha anacrónica

Cuentan los corresponsales que las marchas de protesta a las bases norteamericanas de Rota y Morón están de capa caída, y es natural. Las reivindicaciones históricas tienen sentido sólo cuando se las propone en tiempo y forma, no cuando se fosilizan en el símbolo. Resulta raro que custe entender hoy que esas bases no significan ya que lo que significaron en otros tiempos, sobre todo en un momento en que la “amenaza” real resulta común para todo Occidente. Por eso languidece la protesta y mengua cada año más la asistencia de manifestantes, reducidos ya exclusivamente a los empecinados y a los profesionales.