Asar la manteca

Ni a quien tal hizo, ni siquiera al Frente Popular en su día, ni a nadie en sus cabales se le había ocurrido hasta ahora reclamar a la Iglesia las catedrales que, hace siglos, le dio la Corona. A la alcaldesa de Córdoba, sin embargo, así como a un vasto sector de una izquierda en bancarrota ideológica, sí que se le ha ocurrido hacerlo ahora como si, en Córdoba por ejemplo, no hubiera problemas suficientes. Esta opinión mía la comparto no sólo con el Gobierno de la Nación sino también con los servicios jurídicos del concejo cordobés, pero se ve que el desconcierto –que es tan mal consejero- induce a semejantes disparates, para argumentar los cuales esa primera dama acaba de fichar -¡huy, qué miedo!- nada menos que a Mayor Zaragoza. Me imagino la sonrisa de Julio Anguita…

Asar la manteca

Ni a quien tal hizo, ni siquiera al Frente Popular en su día, ni a nadie en sus cabales se le había ocurrido hasta ahora reclamar a la Iglesia las catedrales que, hace siglos, le dio la Corona. A la alcaldesa de Córdoba, sin embargo, así como a un vasto sector de una izquierda en bancarrota ideológica, sí que se le ha ocurrido hacerlo ahora como si, en Córdoba por ejemplo, no hubiera problemas suficientes. Esta opinión mía la comparto no sólo con el Gobierno de la Nación sino también con los servicios jurídicos del concejo cordobés, pero se ve que el desconcierto –que es tan mal consejero- induce a semejantes disparates, para argumentar los cuales esa primera dama acaba de fichar -¡huy, qué miedo!- nada menos que a Mayor Zaragoza. Me imagino la sonrisa de Julio Anguita…

Semana inhábil

De aquí al domingo, día en que se celebrarán las famosas primarias y el futuro del susanato, olvídense de la política autonómica. No habrá esta semana más que bronca partidista, empujón y zancadilla, en el mejor de los casos, que es lo que a ellos les interesa. Lo que interesa a los andaluces puede (y tendrá que) esperar. Olvídense, digo, los regantes que necesitan el agua de mayo, los acreedores de la Junta que estiran su paciencia, los “dependientes” que aguardan sus ayudas, los aspirantes a la igualdad fiscal ante la herencia e, incluso, esa justicia que reclama inútilmente a la Junta siquiera el monto del saqueo. El lunes veremos qué futuro nos aguarda, incluso a doña Susana, y desde luego, en alguna medida, también a los españoles contribuyentes.

Más vale tarde…

…que nunca, cierto. Lo digo por la decisión de la Audiencia Provincial de Sevilla de apartar al magistrado Pedro Izquierdo del “caso ERE”, evitando con ello la grave y obvia “apariencia de parcialidad” que sugiere el hecho de que quien fue nombrado alto cargo y actuó a las órdenes de dos justiciables sea precisamente quien los juzgue. Lo que me pregunto es por qué ha tardado tanto la Audiencia en percatarse de que la primera desprestigiada en ese caso sería ella misma. Yo no me preguntaría a quién se le ha ocurrido la cuerda solución sino a quien se le ocurrió el absurdo problema. Y ahora, pues a ver qué bola –“fría”, seguro—sale del bombo y a quien le cae encima el marrón. Únicmente entonces quedaremos tranquilos, porque ya advirtió Shakespeare que sólo “está bien lo que bien acaba”.

La sangre de un maestro

Alguien me envió desde el diario “Madrid” –por entonces cuna de nuestras vanguardias- el libro que acababa de publicar un joven profesor valenciano, Francisco Tomás y Valiente, por entonces creo que ya catedrático de Historia del Derecho. Desde su título, el “Derecho Penal de la Monarquía Absoluta”, la obra era tentadora y a un tiempo provocaba el desvío inherente a todo ensayo erudito como, sin duda, debía de ser aquel. Lo leí, sin embargo, de una sentada –recuerdo que en una escapada a los altos de El Escorial- anotando como un poseso tantas sugerencias y hallazgos como ofrecía su autor con la simple pero incontestable tesis de que es la apropiación del Derecho Penal el factor sociopolítico sobre el que fragua y cristaliza la monarquía absoluta frente al sistema medieval de la reparación o venganza privada. Enseguida vi que aquel joven era un sabio de muchos saberes que, como luego comprobaría, iban desde los fundamentos jurídicos clásicos a la realidad inquisitorial pasando por ese fenómeno esencial para entender la modernidad española que fue la desamortización, por no hablar de la figura del “valido”.

Con Tomás y Valiente –si se me permite, con Paco Tomás- no había distancias porque él las abolía de un amable trallazo con su expresiva proximidad y su rara sencillez. Nos encontramos repetidamente en cafés y terrazas madrileños y fue, desde luego, ese privilegio el que me permitió recensionar como pude aquel ensayo clave. Luego hablamos mucho sobre el siglo XVII y la dichosa figura del “valido” –él no coincidía del todo, en este punto, con mi ortodoxia maravalliana- y más tarde tuve oportunidad de coeditar su trabajo sobre la desamortización pero, sobre todo, recordaré siempre sus espeluznantes visiones de la tortura mientras esa bárbara práctica funcionó en España.

Una mañana de febrero del 96 me llamó con urgencia Víctor Márquez para anunciarme su asesinato: lo había ultimado ETA -¡con qué motivo, Dios santo!- disparándole en la cabeza mientras hablaba por teléfono en su despacho con el maestro Elías Díaz. Ha habido muchos crímenes sin sentido en esos años de plomo, pero ninguno me conmovió tanto como este atentado por entero gratuito. Su amigo Bartolomé Clavero ha escrito con detalle sobre esta tragedia lunática pero mucho me temo que ni su evidente confraternidad bastó para calibrar este crimen sin sentido. Resulta inconsolable la idea de que a Paco Tomás le arrebataran su segunda madurez, la que hubiera constituido, no tengo sobre ello la menor duda, uno de los grandes hitos del pensamiento histórico-jurídico español contemporáneo.

Mano de santo

Para la delincuencia de cuello blanco, al menos, la prescripción viene a ser mano de santo. Ni llevo ya la cuenta de los implicados en el ERE cuyos presuntos delitos han prescrito pero, al paso que va la burra, lo suyo será que el inmenso enredo de la corrupción del “régimen” andaluz acabe liquidándose en una “cremá” general”. Último indicio: el diputado sociata Carmelo Gómez, al que la propia juez sustituta contempló como autor de una conducta que constituiría delitos de cohecho y falsedad documental, se irá también de rositas al estimar la Fiscalía Anticorrupción que, tras los 14 meses que tardó esta magistrada en actuar a su requerimiento, ambos habrían prescrito ya. “¡Viva España con honra!”, decían los del 68, “To er mundo e güeno”. Va lo que quieran a que este inmenso estafón queda, finalmente, en agua de borrajas.