Tren a la Moncloa

Ya está: se acabó el cogobierno, los comunistas han quedado como la Chata, nadie ha puesto un dedo sobre la corrupción ni ha invertido un euro en Andalucía, y el PSOE, más personalizado que nunca, inicia su asalto a la Moncloa para después de unas municipales y unas autonómicas que han de ser su doble prólogo. Nunca estuvimos en un alambre más expuesto ni con un balancín tan chico. La autonomía puede esperar, en todo caso, porque si Díaz falla aquí, se acabó el carbón, y si gana, se subirá al tren en marcha. El tren a la Moncloa, por descontado, porque nada hay que nos vuelva más ciegos que la ambición.

Juntos, mejor

Varios corresponsales (lo menos tres) discrepan de mi criterio y me reprochan haber insistido en que la reacción mundial ante el atentado de “Charlie Hebdo” no resulta proporcional a la mostrada por esos mismos países frente a la tragedia del terrorismo hispano, como si ello implicara algún desdén por la tragedia de los periodistas franceses. Pues no, nada de eso. Lo único que dije y en lo que insisto es que a ese bloque que se ha plantado en París para escenificar la unión de todos, no lo habíamos visto por aquí ni mientras los feroces atentados de ETA nos abrumaron con su crueldad ni tampoco con ocasión de la masacre de Atocha perpetrada sabe Dios por quién y con qué respaldos. Nadie dijo entonces, como con razón dice ahora el “premier” Valls, que estuviéramos en guerra, ni movió un dedo para unificar una estrategia como la que ahora se intenta, dándole al problema del terror esa dimensión universal que es la única que permite una réplica también planetaria, como nadie acertó tampoco a ver en la barbarie terrorista una amenaza colectiva porque ella no consiste en incidentes aislados sino en un choque de civilizaciones. ¿Se tocó a rebato en Europa cuando los muertos se amontonaron en el Hipercor catalán? No sólo hay que contestar que no sino que es preciso añadir que –aparte de la presunta colaboración soviética– la colaboración policial con Francia no llegó a producirse hasta que el Gobierno español decidió comprar el AVE a Francia y no a Alemania como, al parecer, estaba previsto.

Celebro sin reservas que, por fin, eso que entendemos por Occidente se decida a cerrar filas sin complejos frente a un desafío perfectamente conocido y localizable. Si algo similar se hubiera hecho cuando España era la víctima puede que otro gallo nos cantara a nosotros y a ellos, e incluso que la amenaza yihadista fuera –más allá de las consecuencias de las infaustas guerras de Irak—mucho menos consistente de lo que es hoy día y, ya de paso, imaginemos que también la ralea de ETA, hoy institucionalizada, ésa que amenaza a la Guardia Civil y homenajea a Bolinaga, puede que ni existiera. Y no es que uno espere milagros de estas convenciones, pero al menos se ha erigido como razón de la nueva solidaridad internacional el convencimiento elemental de que la amenaza del terror concierne a todos, entre otras cosas porque la amenaza está dentro. Lo que quise decir era que la solidaridad con España quién sabe si hubiera podido evitar la guerra de Valls.

Casti connubii

En todo el mundo civilizado, esto es, en la parte del planeta mejor desarrollada y, en consecuencia, más opulenta, las jóvenes parejas decidieron hace tiempo limitar drásticamente la prole. En China incluso se prohibió un segundo hijo –antes se usaba enterrar vivas a las niñas recién nacidas—y sólo ahora, tras el “boom” conseguido por el “comunismo capitalista”, se ha abierto la mano. Nuestras poblaciones envejecen hasta poner en peligro su supervivencia mientras el mundo pobre multiplica sus bocas hambrientas ante la indiferencia de los instalados. En África las tasas de crecimiento son descabelladas y es notorio que el pontificado ha venido oponiéndose desde siempre al beneficio que supone la educación sexual y el uso de preservativos incluso en circunstancias tan tremendas como la explosión del sida. Encíclica tras encíclica –desde León XIII a Juan Pablo II pasando por Pío XI y Pablo VI—la doctrina de la iglesia se ha mantenido inconmovible hasta la petrificación frente a las estrategias neomalthusianas que se sugerían desde la acera de enfrente. ¿Quién no recuerda las polémicas sobre el método Ogino y las que giraban en torno al uso de los anticonceptivos, mecánicos o anovuladores? La reproducción incondicional ha sido la barbacana de unos fundamentalismos indiferentes ante el problema familiar.

El papa Francisco ha dicho mientras volaba de regreso de Filipinas que los cristianos no somos conejos, añadiendo que él conoce varios métodos admisibles de planificación familiar, y a una madre pobre de siete hijos embarazada de un octavo le ha espetado sin ambages que “eso es una irresponsabilidad”, preguntándole si se proponía “dejar huérfanos a los otros siete”. No se puede remover los cimientos de una tradición doctrinal ni mostrar más humanidad con menos palabras, pero es obvio que esta novísima teología de la vida conyugal va a levantar ampollas en vastos sectores más papistas que el papa. El manoseado concepto de la “paternidad responsable” se vuelve claro y humano cuando el papa lo diferencia de la idea de “tener hijos en serie”, vengan o no con su pan bajo el brazo, tantas veces para agobiar de por vida a esos “castos esposos” de que hablaba Pío XI. ¿Se está percatando el mundo de la revolución pacífica pero expeditiva de este inesperado papa? Se juega la vida, desde luego, pero estoy convencido de que la mejor forma de levantar al cielo la cabeza consiste en poner con fuerza los pies en la tierra.

Cielo encapotado

Desde que los ropones han roto el juguete de la impunidad con sus duras peticiones de pena a los implicados en la Gürtel, la jindama crece a ojos vista en el ámbito de los pendientes de los ERE que, encima, ven medrosos que se adelanten las autonómicas quedando ellos en la calle y sin fuero. Me consta que hay jueces y fiscales contentos de que así sea, hartos ya de tanto escepticismo popular y del tópico de que aquí no van a la cárcel más que los robagallinas. Cielo encapotado, pues, aunque tengo la convicción de que la mangancia no ha de acabarse ni por ésas. Es difícil detener el carro que rueda cuesta abajo. Y tan cuesta abajo va el nuestro que hasta los robespierres de Podemos se han aprendido ya el rito de la cucharada y paso atrás.

El otro terrorismo

Desde que ETA funciona institucionalmente va extendiéndose el equívoco de que ha estallado la paz. Y no hay tal, en cierto sentido, puesto que el llamado proyecto abertzale continúa con su hoja de ruta con la diferencia de que ahora a costa del presupuesto español en lugar de financiarse del bandidaje. ETA está ahí, no podemos olvidarlo, por más débil que pueda ser en este momento su alcance “militar”, como lo demuestran los hechos recientes. Uno de ellos, la oposición de Bildu en el Parlamento vasco a la aprobación de un texto de protesta y apoyo a las víctimas de París. Otro, no menos significativo, la detención por parte de la Guardia Civil de los abogados de ETA a los que no sólo acusa del delito de pertenencia a banda armada sino de simples defraudadores fiscales –aquí ya hasta los terroristas defraudan a Hacienda—que se encargaban, entre otras cosas, de controlar el colectivo de presos vascos para mantenerlos firmes en la disciplina de la banda. Y en fin, las palabras de un máximo responsable de Sortu y parlamentario de Bildu concluyendo para uso de su parroquia un tremendo objetivo –“Hay que dar jaque mate a la Guardia Civil”—que si en boca de cualquiera es un disparate, en la de terrorista asociado es claramente una amenaza, por no hablar de los infames homenajes a Bolinaga. ¿Ven cómo ETA está ahí, travestida pero idéntica, nunca desarmada e imprevisible, pero todavía luciendo en el rostro las señales del pasamontañas?
Nos costará entender en el futuro las debilidades partidistas que hicieron posible la reconversión de la banda abiertamente criminal en un entramado de instituciones con cabida en el modelo político constitucional, la cobardía de algunos y el oportunismo de muchos, por no hablar de los “ultracorrectos” para los que un bandido nada más disparar su trabuco se transforma social y jurídicamente en algo sacro mientras sus víctimas van al hoyo. Y si no, a ver cómo interpretan ese “jaque-mate” que dice el etarra de guante blanco que habría que darle a la Guardia Civil, esa despreciable semántica común a todos los terrorismos –Corcuera habló alguna vez de “dar matarile”, Queipo de “dar café”…—pero que hoy, por desgracia, se recoge legítimamente en los diarios parlamentarios. Por lo demás, ¿alguna vez se manifestó Europa contra nuestras tragedias como lo ha hecho España ante la matanza de París? ¡Nunca! Ya estamos viendo, sin embargo, cómo se las gastan por ahí fuera con los matarifes.

IU, de rodillas

IU se ha bajado de hinojos en cuanto la Presidenta Díaz ha mentado la bicha de la convocatoria de elecciones. ¡Se acabó la bicoca! Pero en lugar de alzar la cabeza y exigir que, antes de cerrar el chiringuito, se depuren responsabilidades –por ejemplo, del saqueo de los fondos de Formación—la coalición , por boca de Valderas, ha pronunciado una frase memorable; “Permitidme que no hable de eso”. Junto a él, el portavoz del Gobierno esquivaba la cuestión del saqueo de repitiendo ese mantra inocuo que ha hecho fortuna: “El que tenga que pagar, que lo pague”. Gran razón llevaba Chaves aquella vez que dijo que “con las cosas de comer no su juega”.