Ricos rampantes

Siempre hubo pobres y ricos. Es el argumento antiutópico por excelencia, la falsa prueba del 9 de la índole “natural” de la desigualdad. La Utopía –ahora que nadie sabe ya lo que es la Izquierda— no consiste en negar la mayor, sino en combatirla cada cual con los medios de que disponga. Es más, ahora hay más ricos que nunca, debido, sobre todo, a la emergencia de algunos países giganteos que han despertado de su largo sueño, lo que quiere decir que los pobres son más pobres –las estadísticas son abrumadoras—aparte de que lo parezcan por comparación con los ricos. En el informe que acaba de presentar OXFAM encontramos datos tremendos. Por ejemplo, que el 1 por ciento de los humanos posee la mitad de toda la riqueza de la Tierra o el aviso de que en un par de años, para 2016, ese 1 por ciento privilegiado poseerá más que el 99 por ciento restante, por cierto, con España a la cabeza. Para entonces, 70 millones de afortunados poseerá más que los 7.000 millones que para entonces habitarán el planeta. Eso es lo que hay. La cuspidificación de la riqueza, prevista por Marx, va a resultar más aguda y fina de lo que él pudo pensar en pleno XIX, un hecho que pone en evidencia que ni la revolución ni la evolución han logrado equilibrar algo el reparto de los bienes. Tras la ilusión de que la clase media habría de funcionar como contrapeso novelador, nos hemos despertado ante la evidencia de que el Sistema garantiza la desigualdad progresiva. Cómo será la cosa, que un grupo destacado de magnates solicitaron hace poco en Francia que se les subieran los impuestos. No les digo más.

Hoy, además, la fortuna goza del privilegio de la invisibilidad, oculta en secretísimos paraísos en lugar de estar a la vista de todos con signos tan visibles y agresivos como eran el latifundio o el castillo. Nadie –ni Hacienda—sabe –o no quiere saber—lo que tiene cada cual, lo cual anula el principal instrumento que podría ser una buena política fiscal en manos de gobiernos sensibles. Y encima, la Justicia no ha hallado aún un procedimiento razonablemente expeditivo para lograr que la endemia de la corrupción se detenga aunque sea para tomar aliento y mucho menos para garantizar el rescate de lo defraudado. Lo de los miles de niños que mueren de hambre cada minuto en el mundo se ha convertido en un cuento de las oenegés. Lo que no sé es que ocurrirá después de 2016. Y creo que los de Oxfam tampoco lo saben.

Impunidad mayor

Yo sé de sobra que hay un influyente sector entre nuestros penalistas que sostiene, seguro que con la mejor fe, que la normativa española es de lo más feroz comparada con otras europeas. También sé que hay muchedumbres que diariamente se quejan de que aquí la cárcel, máxima pena, está destinada más bien a los “robagallinas” de que hablaba hace poco tiempo nada menos que el presidente del TC y del CGPJ para ilustrar el anacronismo de nuestra ley penal. Ha entrado no poca gente conocida en la cárcel en los últimos años, es verdad, al menos tan verdad como que ha habido que pensar –recuérdese la lenidad con que se trató a los secuestradores de Estado del pobre Segundo Marey—que una cosa es la gente notoria, tal que Pantoja, Del Nido, Ortega Cano o el propio general ex-general Galindo, y otra la gran “pomada” política. Bárcenas se ha comido un buen marrón, cierto también, pero ahí tienen, para escándalo diario del pueblo llano, a la familia Pujol al completo o al marido de la Infanta, y no se qué va a ocurrir si el Tribunal Superior se toma en serio la conclusión de la juez Alaya sobre la responsabilidad colectiva de todo un gobierno como el andaluz que formó Chaves y heredó Griñán en un “caso” tan impresentable como el de los ERE y las prejubilaciones falsas. Aquí ha habido que movilizar desde el cura al alcalde para suplicar al Gobierno un indulto a favor de un pringao que, hacía bastantes años, había trapicheado con hachis mientras que en cada telediario hemos de resignarnos a ver al ex-“molt Honorable” y los suyos luciendo palmito de allá para acá. Parafraseando al padre Peyton, la familia que manga unida permanece unida. Y libre.

¿Quién irá a la cárcel, en conciencia, mientras los Pujol anden sueltos y apaleando millones sin poder explicar cómo ni de dónde los sacaron? Será duro, claro está, meter entre rejas a ese gran capo del clan y a su señora, pero mientras eso no ocurra ¿qué ropón va a dictar la incondicional sobre un mangante del común? Esa pregunta es la que late en el fondo de la preocupación ciudadana que el CIS sitúa ya en cabeza de nuestros comecocos. Aparte de que nos preguntemos dónde están esos dineros –los de todos, no sólo los pujolistas—y qué probabilidades hay de recuperarlos para el erario común. No hay mayor estampa de la impunidad que ese Pujol abucheado por los linchadores de turno. El “todos a la cárcel” de Berlanga va a resultar, pocos años después, una estupenda metáfora de esta vergüenza nacional

Trato al paciente

Si ayer nos hería la noticia de que treinta medicamentos autorizados como “genéricos” para ahorrar no eran de fiar y quedaban prohibidos, hoy es el centro de salud de Macael el que nos trae la chusca noticia de que a los pacientes de garganta se les exige llevar cuchara de casa ya que no ha sido posible conseguir del SAS los habituales depresores de lengua. ¡Conque no había “recortes” sino “ajustes”, ¿eh?! Los mismos que despilfarran el dinero a manos llenas nos dan medicinas fabricadas en China y por lo visto, sin garantías, pero, por si algo faltaba, nos obligan a llevar la cuchara propia en la visita al otorrino. Verán como en los meses venideros, mientras llegan las elecciones, nos pintan el paisaje de rosa.

La Val D´Arán

Tenía que ocurrir y ha ocurrido: el Parlament catalán ha dado luz verde al derecho de autodeterminación de “la val d’Arán”, el apartado paraíso leridano de diez mil habitantes que reclama, en la estela del secesionismo catalán, su propia “autonomía avanzada con capacidad ejecutiva y legislativa”, más que nada con objeto de defender y preservar su “identidad milenaria” y su lengua, el aranés, que, ay, apenas hablan hoy por hoy unos dos mil de ellos. Lo ha defendido el PP –no es coña– de la misma manera que el PP solicitó hace un par de años la autodeterminación de Tarragona y lo ha hecho con maneras muy familiares, como si se tratara de un ajuste doméstico, invocando la petición del alcalde del Valle, de nombre Pepito, como consta en el diario de sesiones de aquella Cámara, que bastante tiene, el hombre, con bregar con una situación socioeconómica nada envidiable para resolver la cual parece que confía en afirmar su autonomía occitana. Tenía que ocurrir, ya digo, porque no hay proceso de disolución fácil de limitar y puestos a presumir de lenguas propias y milenios de historia nada se opone, lógicamente, a que los araneses no quieran salir en el telediario menos que sus vecinos catalanes. ¿Cuántos identitarios más irán saliendo en España una vez que se enteren de que “la val d’Arán”, en “un plazo no superior a seis meses”, ha de celebrar su “consulta” para conocer la opinión de su pueblo sobre su “realidad nacional occitana”? No sé, no sé, pero para mí que este viejo país en almoneda se va pareciendo más cada día que pasa a la aldea de Astérix.

Leyendo la noticia me he afirmado en la convicción de que la realidad imita al arte al recordar que, allá por los años triunfales del gonzalismo, Pilar Miró dio libertad a Boadella para que fuera pensando en una serie televisiva a emitir en el entonces llamado Circuito Catalán, y en menos que canta un gallo, Boadella le presentó el producto de su imaginación, consistente en las peripecias de un minúsculo territorio catalán con ínfulas independentistas, que se llamaba “Silvania” porque sus habitantes –siempre respetando la sintaxis y el léxico y sin quitarse la barretina– no hablaban sino que silbaban su lengua aparte de confirmar inequívocamente su idiosincrasia mostrando una mancha que todos ellos llevaban, de nacimiento, en plena nalga. Las caricaturas del nacionalismo están tan tiradas como prueba la aquiescencia del PP y la simpática ocurrencia del alcalde Pepito Calbetó.

Secreto a voces

A la juez Alaya le ha costado unos años de su vida y medio trigémino llegar a la conclusión que comparte la inmensa mayoría de los ciudadanos orientados, a saber, que el funcionamiento fraudulento de la Junta, no sólo no podía ser cosas de “tres o cuatro golfos” sino que, por lógica y sentido común, había de ser un secreto a voces entre todos los miembros del Gobierno que presidió primero Chaves y luego Griñán. Lo cual, lo mismo puede servir para diluir el “caso” que para sentar un precedente desconocido hasta ahora, pero constituye, sin duda, un homenaje a la lógica procesal. “Bajo ningún concepto lógico o razonable” –dice la juez—puede sostenerse lo contrario”. La superioridad lo tiene crudo escapar a ese círculo temerario.

¡A la calle!

El esperpento de IU en el cogobierno que ha sostenido al PSOE de doña Susana ha acabado con el gesto de la presidenta mantenida de echarlos a la calle de una patada en el BOJA. Maíllo dice que lo que ocurre es que del PSOE no se puede fiar uno, pero lo dice ahora, cuando ya no tiene remedio e IU ha quedado en ridículo, expulsada del Gobierno de un plumazo, y encima ni siquiera descarta una eventual y futura nueva alianza. IU irritaba mucho como compañera de viaje y cómplice del “régimen” pero me temo que desde ahora será peor porque dejará de interesar incluso a los contumaces. Una nueva era nos aguarda y no sabemos ni dónde.