Malos comienzos

“Malos comienzos quieren los gitanos”, suele decirse, y a esa máxima parecen atenidos, ya desde el umbral, las minervas de Podemos: un líder que cobra en dinero negro, otro que disfruta una beca lejana sin dar palo al agua y, ahora también sindicalistas que incumplen rebeldes sus obligaciones atenidos a su exclusivo criterio. Hay que suponer que enseguida llegará el tío Paco con la rebaja y los chicos rebeldes recogerán velas, sobre todo una vez que Alemania les ha señalado la puerta de salida tal como ellos se la enseñaron en Madrid a los disidentes de su organización. La ejemplaridad a todos concierne pero muy en especial a quienes llegan al palenque esgrimiendo la suya como única. Muy “castizo”, después de todo, eso de predicar y no dar trigo. A lo peor hasta eso beneficia a estos hunos.

Ricos en crisis

Como un “dejà vu” me he asomado al magnífico suplemento de este diario dedicado a los ricos riquísimos del planeta, que son doscientos mal contados según las sesudas conjeturas lo mismo de la áurea revista Forbes que de la Agencia Tributaria española. Viene ilustrado en cabecera por un espléndido “Cellini, el reloj clásico según Rolex” pero a mí me ha traído a la cabeza la voz sabia y un punto discorde de don Enrique Gómez Arboleya mostrándonos en la Facultad, allá en los tiempos del cuplé, la imagen arquetípica de la desigualdad con su teoría de las famosas 200 familias que, en la práctica, poseían en exclusiva el Perú. Doscientos son también los millonetis que hoy se reparten la España a golpe de miliardo que es una unidad de cuenta que no existía, o al menos no circulaba, en los tiempos de don Enrique y resulta que, sólo en este último año crítico, sus fortunas han aumentado en un 3’6 por ciento, que es mucha tela se mire como se mire. ¿Es que la crisis, ruinas aparte, resulta una buena ocasión para forrarse? Pues por lo visto, sí. Nombres y apellidos, con sus respectivos rostros, aprietan las filas tras los Amancio Ortega, los Isidoro Álvarez, los Botín, vivos o difuntos, posando junto a sus colegas de la Internacional opulenta –los Slim, los Gates o los Buffet—que acuden inquietos a este panal de rica miel que es un país desbaratado por una crisis que no es nada automático o espontáneo, estoy convencido, sino el estudiado efecto de una Mano Invisible pero repleta de tumbagas.

A Job, el justo sufriente de Hus, le arrebató Satán, con el permiso del Señor, sus hijos y sus ganados pero cuando salió de la crisis –que de una crisis supina es imagen la tragedia de Job—lo recompensó dándole catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yunta de bueyes y seis borricas, además de devolverle su prole. Siempre anduvo este mundo mal repartido. Unicef dice, por ejemplo, que cada seis segundos muere de hambre un niño en el submundo mientras aquí se quejan los prudentes del “potlach” que acaba cada día en los contenedores de basura. Y los ricos, ya digo, a lo suyo, si hay expansión porque es lo lógico y si hay recesión mejor aún porque se rompe la alcancía y bien sabemos que las acequias del Mercado, contra toda lógica y roda física, llevan siempre al agua a los molinos más altos. España es de doscientas familias. No sé de qué “casta” está hablando Podemos.

Annus Horribilis

Se fue el año, como el gnomo por la ventana, dejando tras de sí una memoria enojosa. Bueno, según como se miren las cosas, porque dicen los que llevan las cuentas que hay mucho ganancioso por ahí que se ha puesto las botas con la ruina ajena y también, fíjense qué raro, que España es, por una vez, la locomotora de Europa o poco menos, la nación en la que el PIB crece más y en la que, a pesar de los pesares, más decrece el paro y más engorda la afiliación a la Seguridad Social. Nada nos ha descubierto 2014, sin embargo, que no sospecháramos hace un año, a saber, sobre todo, el hecho histórico de que el Sistema le ha ganado la partida al proyecto progresista echando a bajo (¿definitivamente?) el espíritu de la Utopía que, durante un par de siglos mal contados, había ido consolidando su campamento alrededor de la City. Saldremos de la crisis, es decir, reajustaremos el déficit, mantendremos maniatada la inflación, seguiremos creciendo a paso de tortuga mientras el Aquiles de las finanzas globales gana la meta a grandes zancadas aunque quizá el héroe no haya valorado como es debido el riesgo implícito en toda singularidad en la que se sobrepasa el límite soportable de la gravedad: ahí está el “Big Bang”. Y luego están los “rompecosas”, los que aprovechan el cabreo del nene para destrozar el juguete cuyo mecanismo no se entiende: en Italia, en Grecia y aquí, faltaría más. Sansón echando abajo el templo y pereciendo bajo los escombros nunca ha dejado de ser una tentación para los agraviados.

Y como agraviados hay para parar un tren, pues ahí andan ya los oportunistas aupados por algunos “castizos” como si fueran profetas. “Annus horribilis” con el “ejército de reserva” lampando por el seguro de paro, los fanáticos degollando a sus rehenes en nombre de su dios –¡bendito sea su santo nombre!–, las mafias traficando con sus víctimas reconvertidas en argonautas suicidas, los celosos rajando a sus mujeres, los Estados rescatando a los bancos y éstos desahuciando a los morosos, los sindicatos desnortados o corrompidos, los políticos en la picota y la última sonda logrando aterrizar sobre un cometa. “Está to mu malo”, como dicen en Cádiz, pero aguarden a ver qué ocurre en este manicomio si el Sistema llegara a quedar en manos de los “antisistema”, ¡vaya paradoja! Como no sea que los peces salgan para escuchar al papa Francisco, aviados vamos. El progreso es un mito “ilustrado”. No hay más que mirar alrededor para convencerse de ello.

Llega el fantasma

En el Ayuntamiento de Cádiz, los radicales de “Podemos”, tan asamblearios ellos (en principio), han violentado el Pleno municipal con maneras injustificables y la consecuente indumentaria “lumpen”. Casi al mismo tiempo, en Grecia la insensatez le ponía el Poder a huevo a sus colegas de “Syriza” y, claro está, las Bolsas se derrumbaban en todo el mundo arruinando no sólo a los especuladores sino, de paso, a medio planeta. Un fantasma recorre Europa, como diría Marx, con el cuento del envergue de que la patria se salva llevando al Parlamento diputados con pinta de gorrillas. Ya escampará, seguramente. Y si no escampa, vayan atándose el flotador.

Jamón de Jabugo

La ocurrencia del alcalde Jabugo de procurar la declaración de nuestro jamón de toda la vida “Patrimonio Inmaterial de la Humanidad” va a dar mucho que hablar, sobre todo si la consigue. En este negocio de la inmaterialidad del patrimonio creo yo que tiene mucho que ver Antonio Burgos, quien versó sobre esa materia, allá por 1985, en su discurso de entrada en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras –el rollo de la Unesco no comienza hasta el 2001—aunque él recuerda siempre, honradamente, que a él le había propuesto ese concepto el maestro Santiago Amón, que tanto nos enseñó a tantos desde su inmensa cultura. Desde ese 2001 al que me he referido, la Unesco ha hecho un uso poco riguroso del concepto y ha incluido en su relación de esos bienes universales lo mismo al flamenco que a los castellets, igual a la dieta mediterránea que al tango, sin olvidar el silbo gomero y la deslumbrante plaza Yamaa el Fna de Marrakech, donde lo mismo se tropieza uno con un cuentacuentos que con un encantador de serpientes o con un chapero.

Pero volvamos a Jabugo y a su benemérito alcalde, José Luis Ramos, aunque sólo sea para decirle que, por mucho abuso que se haya hecho para conseguir la ambiguación de lo inmaterial, nunca habíamos asistido a una propuesta tan audaz como la suya. ¿El jamón de nuestras ferias y de nuestros bocatas, “inmaterial”? Si todavía hubiera dicho “oral” –por aquello de “os-oris”, la boca latina—la cosa tendría un pase, pero lo de inmaterial, querido alcalde, es que ni pega ni llega, en especial cuando uno sabe de qué va lo que se cuece en la dehesa. “Del cerdo, hasta los andares”: cuando uno los va visto contonearse por esas altas dehesas sobre sus cuatro joyas motrices, hozando sin pausa bajo las encinas o vadeando apurados el lodazal, lo tiene crudo para imaginarlos privados de su suculenta materia.

¡Y yo que creo que lo mejor que se podría hacer por el jamón es esconderlo, dejarlo dormir en la fresca alhacena, sustraído a la tentación irresistible del mercado global, lo mismo que dicen que la China esconde sus “huevos de cien años” y los sátrapas africanos sus diamantes de sangre! Va a poner usted por las nubes el cuarto y mitad del “pata negra” dejando para los nativos con mejor derecho el producto de recebo. En fin, todo sea por Jabugo, feudo del diputado Talero que fue el primer ecologista que se rompió en España cuando todavía la “nouvelle cuisine” no había inventado nada comparable al jamón.

Regias razones

Como no vive, por desgracia, el gran genealogista Selva Nevada, consulto con un amigo experto en derecho nobiliario a propósito de ese runrún generalizado que exige a la infanta Cristina, en tertulias y conciliábulos, que renuncie a sus derechos sucesorios a la corona española. “¿Pero qué derechos son esos – me contesta el experto—, si en España no hay más heredero constitucional que el heredero, al margen de que, si se dieran ciertas circunstancias, la corona, siguiendo la inercia del derecho civil común, pudiera corresponder a ésta o a aquella señoría? Porque no existen hoy “reyes de armas”, que si no cualquiera de ellos nos aseguraría que una línea sucesoria existe, por ejemplo, en Inglaterra, dentro de la cual se consagra el derecho de cada eventual heredero rigurosamente numerado, pero no en esta España nuestra donde hasta se ha dado el caso de tener que buscar por medio mundo para encontrar a un Amadeo.
Ahora bien, lo que tiene mandanga es que el Rey aún no le haya retirado a la pareja el título ducal y su tratamiento—que eso sí que puede hacerlo él con un simple ordeno y mando–, sobre todo para que un sujeto como el Urdangarín ése no tenga ya ocasión de hacer chistes obscenos. No me cuento entre los denigradores que se muerden las uñas alborozados ante la desdichada situación de la Infanta, pero incluso por completo desde fuera de ese ámbito, un republicano sin República como yo, entiende que, por mero respeto a las instituciones, no es admisible que se sienten en el banquillo dos duques imputados.

¿Por qué nadie reclama eso, es decir, que se le retiren las coronas ducales al matrimonio Urdangarín, en lugar de clamar por una renuncia que, de hecho, no renunciaría a nada por tratarse de un derecho inexistente? Es como si Cayetano de Alba, por caso, provocara la hilaridad nacional renunciando al ducado de Alba, lo cual no sería posible sino dándose inverosímiles eventualidades, afortunadamente, de lo más improbables . No nos dejemos engañar por efectos “casticistas” como el provocado por la muerte de Cayetana de Alba, pues eso, como Ortega explicó en “Papeles de Velázquez y Goya”, viene de lejos, desde aquel XVIII en que nuestros nobles no compitieron en un palenque estamental sino en teatros, colmados y bailes de candil. No entiendo cómo el Rey no se ha percatado, a estas peligrosas alturas, de que estos últimos serán siempre menos peligrosos que un banquillo o una picota.