La España desigual

No es verdad lo que dice el artículo 14 del Título I de la de la Constitución vigente, eso de que “todos los españoles son iguales ante la ley”. Las Constituciones dicen cosas estupendas, ya lo sabemos, cosas que el constituyente sabía que no eran más que brindis al sol como, por caso, aquella de que todo español tiene derecho a un trabajo o la famosa con que arrancaba el texto republicano afirmando algo tan irreal como que “España es una República de trabajadores de todas clases”. Por lo que está a la vista, las autonomías están triturando aquel principio de igualdad que antier mismo se ha visto quebrado de nuevo por la norma que autoriza a cada comunidad a decidir el plan de estudio de sus carreras universitarias, de manera que, en adelante, habrá carreras de tres años en algunos casos –como en muchos países europeos—complementables con “másteres” –ni siquiera disponemos de un concepto propio para esa novedad– y las habrá de cuatro cursos, desigualdad inconcebible porque supone que un español de Zamora pueda ser abogado o químico cursando un año menos que otro de Alicante. Hace poco, Francisco Rosell se explayaba en su colaboración dominical sobre el hecho insufrible y absurdo de que haya españoles que deban pagar en concepto de derechos reales por recibir su herencia un 1 por ciento en la mayoría de las regiones españolas, mientras en Andalucía, por ejemplo, se mantienen tipos que superan el 30 por ciento, injusto disparate que está provocando el éxodo fiscal de muchos ciudadanos en busca de la exención fiscal. Dos Españas, una vez más, en esta ocasión por obra de la arbitrariedad fiscal.

¿Cómo puede justificarse que un ciudadano de Huelva pague esa enorme carga mientras nada más pasar la frontera con Badajoz gozaría de generosas exenciones? ¿Por qué los ciudadanos de cuatro comunidades han de pagar en el Impuesto de Sucesiones lo que no pagan las otras 13? No sé si será cierto que miles de herederos andaluces han renunciado a herencias ante la dificultad de hacer frente a esa carga, pero el Consejo General del Notariado sostiene que las renuncias a herencias se han cuadruplicado perjudicando a miles de familias. Una situación, no cabe duda, contraria a lo dispuesto en la Constitución pero que la ensalada de taifas en que se ha acabado convirtiendo la vieja nación provoca sin que hasta ahora ningún poder le haya puesto coto. Los españoles no somos iguales ante la Ley ni por ésas ni por otras muchas razones.

Izquierda en la turmix

Al tiempo que Julio Anguita dice que “No hay nada más que hacer con el PSOE” y reprocha a la burlada IU haberle bailado el agua a la presidenta Díaz eludiendo investigar la corrupción, desde la cocina Podemos (literalmente) los antisistema se ofrecen para apuntalar al PSOE tras las elecciones andaluzas siempre que éste –ojo– de “un giro de 180 grados”, nada menos e IU, por su parte declara que irá “con descaro” en busca de los votantes del PSOE. Así anda la Izquierda de punta a punta, revuelta, enfrentada, anacrónica cuando no repetitiva. En el PP deberían cavilar en qué es lo que le impide embalarse por esa autopista tan despejada.

Emblemas elocuentes

No es nuevo el culto o la devoción popular por sus héroes criminales. La razón es que, como traté de explicar hace mucho, no resulta fácil ni siquiera a la evidencia liquidar la leyenda del malhechor generoso. En Colombia adoran Pablo Escobar después de muerto como en Chicago se ofrecen al turista escenificaciones más o menos falsarias de la vida gansteril de los años 20, y en los pueblos de la Andalucía interior no solamente perdura la ensoñación romántica sino que el viajero puede toparse con imágenes de bandidos célebres erigidas en sus plazas como si de hijos ilustres se tratara. En Ronda, junto a un Museo de Rilke, se riza el rizo hasta el punto de abrir un Museo del Bandolero, y en Grazalema el calendario municipal incluye “recreaciones históricas” en memoria de los malhechores que han pasado por héroes, como digo, en una tradición popular y aún académica que llega más o menos hasta la generación de los Eric J. Hobsbawn, Reglá y compañía. Lo curioso es que hoy, cuando nadie sensato comulga ya con esa rueda molinera, se mantenga esa leyenda venerada como la tradición más respetable, hasta el punto de que el pabellón oficial de Andalucía en Fitur hayan posado este año cuatro figurantes disfrazados de bandidos, con catite, trabuco y manta zamorana terciada sobre el hombro, faltaría más, y hasta con sus patillas de hacha para que no decaiga. ¿A quién se la habrá ocurrido en una Junta tan acosada judicialmente por la cosa del bandidaje de cuello blanco colocar a esas criaturas en primer plano, como si del emblema de la Andalucía de los ERE, del saqueo de los Fondos de Formación o las mangancias de Invercaria se tratara?

La verdad es que con propagandistas así no necesitamos enemigos que, como el propio Pujol, insistan en reproducirnos la matrícula cambiada que es la mísera herencia que nos legó el romanticismo populachero. ¿No dicen que Andalucía es “imparable”, dónde está esa juventud vanguardista de la que se habla en los mítines, es que no hay símbolo mejor de nuestra tierra que la imagen del forajido y el emblema de la delincuencia? Es como si los vascos exhibieran en su pabellón a un grupo de encapuchados o como si los gallegos osaran identificar lo suyo con el perfil del narco sesteando en su pazo. Una vergüenza, sencillamente, en la que lo peor de todo es que las innúmeras embajadas oficiales ni siquiera hayan reparado en la inconveniencia de esa broma tan bufa, ay, como quizá elocuente.

Justicia y política

El Tribunal Superior de Justicia de Andalucía (TSJA) ha asegurado, por boca de su presidente, que la institución no meneará el “caso ERE” más de lo que exija el puro trámite, no sea cosa de que influya en las elecciones, esto es, de que perjudique al partido en el poder, el PSOE. Por su parte, el Tribunal Supremo, al aplazar nuevamente el recurso de Sandokán, abre la puerta a que ese condenado vuelva a ser elegible y, como lo es ahora, incluso jefe de la oposición municipal. ¡Y uno que creía ingenuamente en que los tiempos de la Justicia y los de la Política eran paralelos y no tangentes o aún secantes! A mí me va dando la impresión de que, como en la visión de Tales, son paralelas entre paralelas.

Ricos rampantes

Siempre hubo pobres y ricos. Es el argumento antiutópico por excelencia, la falsa prueba del 9 de la índole “natural” de la desigualdad. La Utopía –ahora que nadie sabe ya lo que es la Izquierda— no consiste en negar la mayor, sino en combatirla cada cual con los medios de que disponga. Es más, ahora hay más ricos que nunca, debido, sobre todo, a la emergencia de algunos países giganteos que han despertado de su largo sueño, lo que quiere decir que los pobres son más pobres –las estadísticas son abrumadoras—aparte de que lo parezcan por comparación con los ricos. En el informe que acaba de presentar OXFAM encontramos datos tremendos. Por ejemplo, que el 1 por ciento de los humanos posee la mitad de toda la riqueza de la Tierra o el aviso de que en un par de años, para 2016, ese 1 por ciento privilegiado poseerá más que el 99 por ciento restante, por cierto, con España a la cabeza. Para entonces, 70 millones de afortunados poseerá más que los 7.000 millones que para entonces habitarán el planeta. Eso es lo que hay. La cuspidificación de la riqueza, prevista por Marx, va a resultar más aguda y fina de lo que él pudo pensar en pleno XIX, un hecho que pone en evidencia que ni la revolución ni la evolución han logrado equilibrar algo el reparto de los bienes. Tras la ilusión de que la clase media habría de funcionar como contrapeso novelador, nos hemos despertado ante la evidencia de que el Sistema garantiza la desigualdad progresiva. Cómo será la cosa, que un grupo destacado de magnates solicitaron hace poco en Francia que se les subieran los impuestos. No les digo más.

Hoy, además, la fortuna goza del privilegio de la invisibilidad, oculta en secretísimos paraísos en lugar de estar a la vista de todos con signos tan visibles y agresivos como eran el latifundio o el castillo. Nadie –ni Hacienda—sabe –o no quiere saber—lo que tiene cada cual, lo cual anula el principal instrumento que podría ser una buena política fiscal en manos de gobiernos sensibles. Y encima, la Justicia no ha hallado aún un procedimiento razonablemente expeditivo para lograr que la endemia de la corrupción se detenga aunque sea para tomar aliento y mucho menos para garantizar el rescate de lo defraudado. Lo de los miles de niños que mueren de hambre cada minuto en el mundo se ha convertido en un cuento de las oenegés. Lo que no sé es que ocurrirá después de 2016. Y creo que los de Oxfam tampoco lo saben.

Impunidad mayor

Yo sé de sobra que hay un influyente sector entre nuestros penalistas que sostiene, seguro que con la mejor fe, que la normativa española es de lo más feroz comparada con otras europeas. También sé que hay muchedumbres que diariamente se quejan de que aquí la cárcel, máxima pena, está destinada más bien a los “robagallinas” de que hablaba hace poco tiempo nada menos que el presidente del TC y del CGPJ para ilustrar el anacronismo de nuestra ley penal. Ha entrado no poca gente conocida en la cárcel en los últimos años, es verdad, al menos tan verdad como que ha habido que pensar –recuérdese la lenidad con que se trató a los secuestradores de Estado del pobre Segundo Marey—que una cosa es la gente notoria, tal que Pantoja, Del Nido, Ortega Cano o el propio general ex-general Galindo, y otra la gran “pomada” política. Bárcenas se ha comido un buen marrón, cierto también, pero ahí tienen, para escándalo diario del pueblo llano, a la familia Pujol al completo o al marido de la Infanta, y no se qué va a ocurrir si el Tribunal Superior se toma en serio la conclusión de la juez Alaya sobre la responsabilidad colectiva de todo un gobierno como el andaluz que formó Chaves y heredó Griñán en un “caso” tan impresentable como el de los ERE y las prejubilaciones falsas. Aquí ha habido que movilizar desde el cura al alcalde para suplicar al Gobierno un indulto a favor de un pringao que, hacía bastantes años, había trapicheado con hachis mientras que en cada telediario hemos de resignarnos a ver al ex-“molt Honorable” y los suyos luciendo palmito de allá para acá. Parafraseando al padre Peyton, la familia que manga unida permanece unida. Y libre.

¿Quién irá a la cárcel, en conciencia, mientras los Pujol anden sueltos y apaleando millones sin poder explicar cómo ni de dónde los sacaron? Será duro, claro está, meter entre rejas a ese gran capo del clan y a su señora, pero mientras eso no ocurra ¿qué ropón va a dictar la incondicional sobre un mangante del común? Esa pregunta es la que late en el fondo de la preocupación ciudadana que el CIS sitúa ya en cabeza de nuestros comecocos. Aparte de que nos preguntemos dónde están esos dineros –los de todos, no sólo los pujolistas—y qué probabilidades hay de recuperarlos para el erario común. No hay mayor estampa de la impunidad que ese Pujol abucheado por los linchadores de turno. El “todos a la cárcel” de Berlanga va a resultar, pocos años después, una estupenda metáfora de esta vergüenza nacional